• Por Ignacio Mayorga Alzate

“Lado B”, viaje al interior del alma de Moügli


La crónica, una de las formas más elevadas de la literatura de viajes, ha cimentado una importante producción de relatos en el continente americano. El contacto con un mundo nuevo, pletórico de especies vegetales y animales hasta entonces desconocidas, las costumbres foráneas de un grupo social completamente ajeno a las lógicas de Occidente, cómodos en su desnudez y completamente conectados con el universo telúrico y primordial, además de la riqueza de colores que sorprendían el ojo del explorador ibérico, se convirtieron en la espina dorsal de un género que cultivaron hasta el cansancio Bernal Díaz del Castillo o Bartolomé de las Casas tras un primer contacto entre civilizaciones. Luego, en el siglo XIX y tras la independencia de la Corona Española, este tipo de relatos adquirió una trascendencia fundamental en el sentido en que permitía promover y entender el territorio que ahora conformaría y esta tierra polifónica y rica en ritmos, plantas, aves y ríos. En este sentido, el río Magdalena se convirtió en la figura central de una nueva generación de narradores que, motivados por los fenómenos económicos y social que convertían este enclave fluvial en figura clave del desarrollo de un país, hicieron de sus aguas el testigo mudo de toda una región en transformación y continúo movimiento. Manuel María Madiedo, Luis Segundo de Silvestre, Jaime Buitrago, Rafael Caneva o Ramón Manrique hicieron del Magdalena una figura poderosa por la que transitaban toda una serie de actores de esta nueva Colombia. Más de un siglo después, Moügli regresó a este río ancestral para convertirlo en la columna líquida de su producción musical, en el alma de su propia crónica sonora.

En agosto pasado, el dúo conformado por Samuel Lizarralde y Juan Pablo Delgado presentó lo que sería su debut discográfico, un poderoso EP que lleva por nombre Lado A. Este EP, que recoge cuatro temas, presentaba en clave la historia de un viajero desde una perspectiva geográfica, enmarcando un recorrido físico que parte de la sierra, baja por el Chocó y el Tolima para culminar en Boyacá. Los jóvenes músicos son doctos en el oficio de la producción y recogieron en esta primera aventura musical las diversas sonoridades de las regiones que proponían en su recorrido. Era su prerrogativa la de representar la amplia diversidad cultural que colinda en Colombia. Para tal efecto, el río Magdalena funcionaba acertadamente como punto de encuentro de once departamentos. Pero, si en medio de su programación electrónica cohabitaban los ritmos folclóricos de nuestra tradición cultural, también lo hacían los rumores de la tierra y de los cielos que se desdoblan por el croquis nacional. Así, aves, olas, susurros de selva y barro convergían dentro de la particular fusión de Moügli.

Lado A presentaba un recorrido geográfico a través del río Magdalena. Como en la literatura de viajes, la ópera prima de Moügli introducía un mágico recorrido entre parajes y veredas, entre ríos y montañas. Sin embargo, aunque el viaje se planteaba como una experiencia física, lo cierto es que, a través de la transformación en los ritmos y la música, intuíamos también un cambio en la voz que realizaba este recorrido. Nunca es la misma persona la que parte que la que arriba. Moügli había logrado crear en Lado A paisajes altamente evocativos, un recorrido sonoro cargado de mística que recogía las voces de los ancestros desperdigadas entre la vegetación centenaria.

Ahora, continuando con toda la transformación que padecen los viajeros, el dúo ha presentado Lado B, la segunda parte de esta epopeya selvática que, antes que enfocarse en los cambios de la fauna y la flora que desfilan frente a los ojos del fatigado viajero, se centra en los cambios internos que producen estas experiencias en nuestras propias percepciones del mundo. Si Heráclito no erraba, nunca nos bañamos dos veces en el mismo río y esta figura fundamental de su filosofía sirve para explicar también las mutaciones subjetivas que todos experimentamos a diario, más aún si estamos sujetos a estímulos tan espiritualmente cargados como es una travesía por el territorio geográfico colombiano.

Lado B es un esfuerzo coral, un EP cargado de voces que lleva a Moügli a dimensiones más extremas en su experimentación sonora. Grabado en Nativo Records, estudio que regenta este dúo de emprendedores, la producción los encuentra anudando esfuerzos con el color único de la voz de Edna Arcila (Doña Pedrina de Pedrina y Río), la cantadora de Gamero Nidia Góngora y su Orquesta Afrobeat, Shaka de los muy champetudos Tribu Baharú (con quienes compartirán tarima en la edición de 2018 del Festival Estéreo Picnic), Nidia Góngora (avezada artista quien junto a Canalón de Timbiquí ha llevado la música de la marimba de chonta a pasear mucho más lejos de nuestras propias fronteras geográficas) y Mateo Kingman, joven cantautor ecuatoriano quien recientemente llegó a nuestro territorio de visita con su música.

Recientemente Moügli salió en su primera gira internacional que los llevó por siete venues claves en Los Ángeles, Nueva York y Miami. En esta aventura registrada en sus redes sociales, los músicos tuvieron la oportunidad de poner a prueba el poder de su sonido por fuera de la familiaridad de nuestra geografía y pulir su show en vivo con las dificultades que implica un esfuerzo de esta envergadura desde la auto gestión. El experimento fue fructífero y hoy más personas tararean sus canciones sin entender la magnitud poética de sus líricas, pero absolutamente hipnotizados por la evocación climática y atmosférica que genera el zambullirse sin miramientos en el mágico universo acuático de este enorme dúo. Con Lado B se confirma lo que ya habíamos entendido con el lanzamiento de “Manglar” como primer sencillo en 2016: Moügli ha llegado para quedarse, para sentar cómo será la nueva movida de las músicas colombianas en futuro, para conectarnos con esos sonidos que nos pertenecen, que nos hacen vibrar y nos hacen únicos y que a veces, desafortunadamente, olvidamos.


36 vistas