• Por Ignacio Mayorga Alzate

Tres bandas claves de la movida capitalina cierran el año con una explosión de rock


Quiero empezar con un lugar común: el rock no ha muerto. Colombia es un país en el que el género está más vivo que nunca, que lucha por sobrevivir en una escena en la que, cada vez más, la gente olvidó cómo usar una riñonera, esa prenda absurda que sirve a los padres para sacar monedas en los paseos familiares y sacarse de encima a los vendedores de cocadas, las matronas que hacen masajes con aceite de coco y los conjuntos de vallenato que pululan en las playas atestadas de cachacos de piel de rana sabanera. No es por trazar comparaciones odiosas, pero lo cierto es que los nuevos sonidos urbanos se han quedado con la prevalencia del tiempo de escucha, movilizan importantes aforos y tienen un lugar cada vez más predominante en la radio alternativa. Sin embargo, muchos músicos locales siguen apostándole al género primeramente rebelde, aquel que puso a temblar los corazones de jovencitas mojigatas con las primeras presentaciones de los 4 de Liverpool en los sesenta y que, en décadas sucedáneas, ha aprendido a transmutarse, reinventarse y aprovechar su esencia siempre lúdica para mantener una vigencia significativa en los listados y en la movida cultural en general.

En la capital existen algunas de las bandas más interesantes en materia de exploración de este lenguaje sonoro. Agrupaciones que influenciadas por el cancionero de autor argentino (como Urdaneta o Pablo Trujillo) o más volcadas hacia los sonidos del indie del nuevo milenio (como Lika Nova o Bliss), han continuado explorando este campo estético siempre fértil, construyendo sobre una tradición de décadas del género en nuestro país para narrar experiencias urbanas, historias de amor o desamor en las que la guitarra tiene un lugar protagonista. Un fenómeno interesante que acaece a nivel local es que cada vez más las bandas de rock han aprendido de las estrategias logísticas que hizo que el hip hop o el reggaetón tengan la relevancia cultural que hoy tienen. Y es que, como con estas dinámicas, las bandas locales han aprendido que somos más grandes cuando aunamos esfuerzos. Por eso, cada vez más, las bandas han aprendido a dejar de lado el ego y el afán de figuración para construir, conjuntamente, una escena. Por eso, para su respectivo último concierto, tres de las bandas locales más fuertes han decidido reunirse en las tarimas de Boogalooop para cerrar un año lleno de éxitos cosechados con el esfuerzo.

La Sociedad de la sombrilla, Piel Camaleón y Lika Nova estarán botando la casa por la ventana este jueves 22 de noviembre. La Sociedad de la sombrilla, formada en 2013, no se ha quedado callada un solo segundo desde la publicación de Mamá, mira lo que hice de 2015 y con el regreso este año con Resiste, un esfuerzo maduro con un sonido marcado hacia la guitarra que es, sin embargo, una exploración vital del resto de los instrumentos que componen al conjunto. Con una trayectoria estable y un sonido que bebe lo mismo de las letras de Cerati como la estruendosa persona de Royal Blood, este acto bogotano tiene entre sus manos uno de los proyectos más enérgicos del rock local, presentándose en importantes tarimas como el Circo del Cónsul o el Día del Rock y haciendo parte activa del circuito de bares de rock de la capital, dándolo todo en cada una de sus presentaciones, revitalizando a cualquier incauto que podría compartir esa visión que, en aras de intentar ser moderna se está volviendo arcaica a fuerza de repetición, quiere convencernos que el rock está muerto. Lika Nova, también, cierra un año de importantes hitos, una gira extensa en aras de la promoción de su esfuerzo discográfico del año pasado, Sangre de prófugo, lanzamiento que los puso en el radar a fuerza de canciones líricamente inquietantes y un sonido en el que la guitarra líder de Luis Felipe Rojas y Brian Coronado se concatena idóneamente con el juego en los teclados de David Useche, permitiéndole a la banda explorar un sonido introspectivo y muy personal que se ha convertido en un sello reconocible de identidad musical. En su corta carrera musical, Lika Nova ha alcanzado importantes reconocimientos a fuerza de empuje e inteligencia social, lo que los llevó a abrir para Diamante Eléctrico y Telebit el año pasado y hacer parte de las bandas seleccionadas para el Rock al Parque 2018, momento en que demostraron que ninguna tarima les queda grande y que siempre, a través de entrega y talento, logran conectar con su fuerza interpretativa con el corazón de sus escuchas y de la audiencia desprevenida. Cerrando esta tríada rockera, se estará presentando Piel Camaleón, banda formada en 2014 que, con su debut discográfico Antropófago, se ha hecho un lugar clave en nuestra escena. Con visos de funk y beats elegantes generados desde una drum machine, pero siempre fieles a un sonido dinámico y versátil que nace de entender el rock como un género mutante y siempre en transformación, Piel Camaleón es fiel a su lugar de enunciación y sabe adaptarse a las circunstancias de su entorno para crear colores únicos y emocionantes. Esta será la oportunidad perfecta para conocer un adelanto de su próximo trabajo de estudio, a estrenarse en 2019.

El rock, que es energía desbordada, no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Por ello es vital que, como escena, apoyemos el emprendimiento de una nueva generación de creadores que, sin el apoyo de grandes disqueras o con un presupuesto de promoción desmedido, están dándole forma a los nuevos sonidos de una metrópoli siempre en movimiento. Nos vemos en Boogaloop este 22 de noviembre. El rock late y palpita. Allá nos vemos.


0 vistas