• Por Ignacio Mayorga Alzate

Inspector Cluzo cosecha lo que siembra. Una entrevista con el cálido dúo francés


The Inspector Cluzo es uno de los ensambles franceses más interesantes de la última década. Nacido de la necesidad de tocar sin bajista, debido a que el músico que asumía estas funciones en Wolfunkind pocas veces llegaba a los ensayos, el dúo conformado por Laurent Lacrouts (guitarra) y Mathieu Jourdain (batería) decidió crear un sonido visceral, audaz y raizal que bebía de las influencias más tempranas del rock como el blues y el country, siguiendo la fórmula de importantes actos como los White Stripes o los posterioes The Black Keys que, aunque vendrían después, comparten la crudeza de un sonido que los lleva a convertir sus canciones en poderosos vehículos de energía y visceralidad. Con la conformación de su propio sello discográfico, Fuck the Bass Player, The Inspector Cluzo se ha hecho un importante nombre en la escena alternativa francesa, llevando su sonido a algunos de los festivales más importantes del globo y logrando vender más de 100000 copias de sus álbumes prensados, una verdadera proeza para el mercado independiente.

Y es que es precisamente este término el que define la estética y el motivo vital de la banda: la independencia. Con cerca de 900 conciertos en su haber y casi sesenta países tachados del mapamundi, The Inspector Cluzo ha llegado por su propia cuenta sin representación ni agentes a comerse el mundo con su mezcla de carácter revival del funk, el groove, el soul y el rock and roll, logrando un impacto verdadero en cada una de sus presentaciones. Empero, esta naturaleza se extrapola a todos los aspectos de su vida pues, desde hace varios años Lacrouts y Jourdain renunciaron a la vida en la metrópoli y compraron su propia granja en la que cultivan sus alimentos con semillas propias y en donde han establecido un pequeño estudio de grabación como base de operaciones.

En 2018 los rockfarmers celebraron una década de trabajo con el lanzamiento de We the People of the Soil, un álbum exquisito que celebra la existencia de los verdaderos ecologistas del planeta, aquellos que trabajan a diario la tierra con sus manos y extraen de sus hondos misterios la comida que llega a nuestras mesas. Producido en Nashville por el rey del sonido analógico y ganador en varias ocasiones del Grammy Vance Powell (Jack White, Arctic Monkeys, Chris Stapleton), We The People Of The Soil fue grabado y mezclado en 12 días, en una consola de 8 canales, sin computadores; tal y como suelen hacerlo ellos, un grupo que definió su buena reputación tocando a 4 manos, sin set list, en conciertos intuitivos que los llevaron ya por todas las esquinas del mundo, haciendo música tan orgánica como las verduras que producen en su propia granja en la histórica región de Gascuña (Gasconha) al suroeste de Francia

Celebrando este décimo aniversario The Inspector Cluzo llegó por segunda vez a Colombia para participar en dos de las tarimas públicas más importantes de nuestro país. En agosto se presentaron en el Escenario Eco de Rock al Parque y en noviembre estuvieron en el Altavoz de Medellín, en donde compartieron tarima con agrupaciones de la talla de Hepcat, Bad Manners o The Adicts. Antes, se habían presentado Unirock de Cali en 2014. Aprovechamos la visita de esta banda francesa para hablar con su baterista, Mathieu Jourdain, sobre We the People of the Soil, la sostenibilidad ecológica en los grandes festivales y el peligro de las semillas de Monsanto. Hacía un par de días se había publicado el cartel del Vive Latino en México y la banda se encontraba anhelante de pisar por primera vez el país azteca, al que llegarán en marzo de este año para tocar junto a Bunbury, Café Tacvba, Draco Rosa, Bomba Estéreo y Caifanes, entre muchos otros.

Para empezar, me estaba preguntando dado que tocaron en Rock al Parque y luego en el Altavoz, en Medellín, después de haber estado en Cali hace algunos años para un show pequeño, ¿cómo se siente regresar a Colombia por la puerta grande y participar en dos de los festivales más importantes del país?

Nos sentimos muy bien porque la respuesta de la repuesta de la audiencia colombiana fue muy buena a nuestra música. No sabíamos que podíamos tener una conexión así. Somos de la parte latina de Francia, en el Suroeste, en Mont-de-Marsan, entonces pensamos que quizás habría una conexión con la audiencia colombiana, que podíamos experimentar eso en los dos shows y de hecho lo hicimos, pero no creímos que tanto. Tuvimos una excelente respuesta de la audiencia que no esperábamos. Así es que estamos felices y, por supuesto, volveremos.

Sé que ustedes tocan mucho en España. ¿Es similar el público en España o en Latinoamérica o cómo se sienten ustedes con relación a esta audiencia?

Es diferente. En España y en Europa no se conectan tanto con el elemento en cuestión. No ves el realismo mágico [en castellano] que viene de aquí, no en España. Es diferente, aunque siempre es bueno tocar en España, no me malinterpretes, nos gusta tocar en todos lados y conocer a todo el mundo. Pero aquí sentimos algo más. Quiero decir, en Colombia, en Chile y en Argentina, próximamente en México, esperamos llegar ya allí, ya veremos cómo nos va.

Seguramente les irá bien. Quisiera saber, ustedes tocan en muchos festivales, pero también tienen una preocupación ambiental fuerte: ¿cómo se alinea esto con su punto de vista personal, a la luz de que los festivales tienen un impacto grande en el medio ambiente?

Sí. Ya sabes, es muy importante como ser humano el preservar el planeta. Porque el planeta nos alimenta y eso es lo que hacemos. En vez de decir “esto está mal, está mal, deberíamos hacer esto o lo otro”, nosotros lo hacemos de verdad. Nosotros somos granjeros, construimos una granja para alimentarnos a nosotros mismos porque para nosotros ese es el futuro: si quieres ser independiente tienes que alimentarte a ti mismo. Encontrar tu propio pedazo de tierra y cultivar tus propios vegetales, criar tus propios animales para tu consumo o lo que sea, y esa es la mejor manera de asegurarte de que eres respetuoso con la naturaleza y el medio ambiente.

Sí, de acuerdo. Pero, yo me refería a los festivales, el uso de plástico, la basura, el daño que genera el montar la infraestructura. ¿Cómo se siente para ustedes, unos ambientalistas, ser parte de una experiencia que no necesariamente está cuidando la tierra?

Sí, sabemos que es una lástima que la gente no se preocupe por eso, que no lo tenga en sus genes. Obviamente no tienes que tirar una botella de plástico al suelo. Hay que preservar el planeta y asegurarte de no generar mucha basura, porque eso es difícil de reciclar. Eso sucede en algunos festivales. Afortunadamente, en Europa, algunos festivales se están tornando más amigables con el planeta. Tratan de reutilizar su basura, les preocupa el reciclar, no venden envases plásticos que la gente pueda tirar. Están tratando de ayudar. Quiero decir, se trata de la gente misma. Tienen que tenerlo en su mente. No es difícil. Tienes que entender que obviamente no tienes que maltratar el planeta. Nosotros obramos con confianza y esperamos que la gente finalmente entienda que no se trata de ellos, es para el futuro de su semilla, para sus nietos o tataranietos. Ellos son los que pagarán por estas conductas malvadas.

Hablemos ahora del disco, The People of the Soil. Sé que lo grabaron en Nashville y que fue una sesión análoga, en cinta. ¿Es esta la manera en la que trabajan usualmente en su estudio?

Sí. Algunos de los álbumes anteriores los grabamos en nuestro estudio casero y los mezclamos en otro lado. Contratamos a alguien mejor que nosotros para hacerlo. En este fuimos aún más lejos y tratamos de ver qué pasaría si íbamos a un mejor estudio y trabajábamos con un gran ingeniero, Vance Powell. El maestro de toda la tecnología análoga. Eso nos permitió llegar a un nivel completamente distinto. Pudimos tocar y oír lo que no podíamos lograr en casa. Él tiene una experiencia muchísimo mayor y sabe qué es lo que necesita hacerse. Es un conocimiento que no adquieres en solo un par de años: es necesaria muchísima experiencia para poder lograr un sonido así. Amamos trabajar con él y él también lo disfrutó mucho. Él es el maestro del sonido análogo. Por eso fuimos hacia él y estamos muy felices. El siguiente disco, sin duda, también lo haremos con él.

En la música folk, el country o el blues el mundo natural tiene una presencia importante en las letras, es como un personaje más de las historias: el río, el bosque, el pantano. ¿Cómo se siente regresar al núcleo del sonido rockero, a la raíz, que tiene esta relación romántica con la naturaleza?

Exactamente. Es una relación romántica con la naturaleza porque nuestra música viene del blues, y éste viene, a su vez, de los esclavos africanos que caminaban descalzos y bajo el sol en las plantaciones de los Estados Unidos. Estaban muy cercanos al suelo, a la tierra, y empezaron a tocar la música de esta manera. Y nosotros estamos simplemente haciendo lo mismo, buscando la música, componiéndola desde el lugar en el que vivimos, la granja, o cuando viajamos por el mundo, conociendo a la gente que trabaja con la tierra. Nos gusta hablar con los campesinos y sabemos que con seguridad volveremos a Colombia y conoceremos a los campesinos cerca a Medellín porque nos lo han propuesto. Ir a tocar algunos shows en los pueblos y veredas. Queremos sentirnos realmente cerca de la tierra. Así es como lo hacemos.

Siguiendo esta línea, ¿el ser un granjero tiene alguna influencia en la manera en la que compones o te acercas a la música?

Sí, completamente [risas]. En el lado musical somos completamente independientes: componemos nuestra música, la grabamos, nos encargamos de la contratación de los shows, somos nuestra propia disquera, somos nuestros manager. Diseñamos nuestras propias estrategias. Hacemos lo mismo con nuestra granja. Es nuestra. Queremos ser independientes, como lo hacemos con nuestra música. Nos aseguramos de tener nuestras propias semillas, que no compramos, no depender de una compañía como Monsanto. Ellos quieren acaparar todas las semillas y las propiedades. No queremos eso y le decimos a la gente también que no lo hagan. “Chicos, esto es un juego importante: necesitamos ser los dueños de nuestras propias semillas. De lo contrario, será una pesadilla porque no seremos más independientes, tendremos que comprarles a las grandes compañías”. Ese es el futuro: si quieres tener tus propias legumbres y tienes que comprarle las semillas a alguien más, no tiene mucho sentido. Tienes que capaz de producir tus propias semillas, para tu hijo o para el futuro. Es igual en la música.

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