• Por: María Luisa Guevara T.

Por esta noche, MOTORAMA regresa a Bogotá


Una atmósfera de sintetizadores que parece atraer la bruma de los días fríos, la percusión tenue y milimetrada que construye una escalera para las caminantes y distintivas líneas de bajo, las melodías lentas y brillantes de las guitarras y los acordes rasgueados que juegan al borde del acantilado para encontrarse, finalmente, con la presencia fantasmal de una voz atrayente y ensimismada que descifró las palabras olvidadas en la hambrienta vigilia. Así suena Motorama, agrupación actualmente conformada por Vladislav Parshin, Maxim Polivan, Irene Parshina y Oleg Chernov, que se formó en el 2005 en la ciudad Rostov-on-Don ubicada en Rusia.

Por su particular sonido, que encapsula la influencia de la primera onda del post-punk, se les ha etiquetado como el "Joy Division ruso". Sin embargo, la creación de su esfera musical es mucho más amplia. Aunque Motorama se define a sí misma como “una banda atada al rock soviético y al new wave de los sesenta, setenta y ochenta, pero en inglés”, es necesario recodar que su influencia se nutre de actos como The Velvet Underground, The Birthday Party, posteriormente Nick Cave & The Bad Seeds, Killing Joke y The Cure, pero, al mismo tiempo, al ir más allá de lo conocido por oído anglosajón, Motorama definitivamente hace tributo a bandas como Kinó, activa desde 1980 en San Petersburgo, Kofe, fundada en San Petesburgo en 1983, Megapolis, conformada en Moscú alrededor de 1986, Nikolai Kopernik, activa desde el mismo año y Molotov Kokteil, en movimiento desde 1988 y originaria de Voronezh.

Motorama, a través de sus dos EP’s y cinco álbumes de estudio, ha explorado el espíritu del new wave para crear una dimensión propia en la que el sonido dinámico de la instrumentación y las voces dan lugar a un “groove” que invita a bailar y a sentir el misterio opaco, crudo y desnudo de un ambiente progresivo de emociones en donde, sin lugar a duda, los límites borrosos y definidos entre la melancolía, la tristeza, la agitación, el estruendo y el recuerdo pasan fugazmente balanceados entre lo visible e invisible.

México tuvo la oportunidad de recibir a Motorama con dos fechas en septiembre de 2012, pero no fue sino hasta el 2015 que la banda rusa pisó territorio suramericano con una fecha en Bogotá y tres fechas en Perú dentro de la gira LatinTour que presentó al álbum Poverty. Luego de cuatro años, que vieron salir a la luz Dialogues (2016) y Many Nights (2018), nos reencontraremos con la agrupación rusa el jueves 16 de mayo en Asilo Bar, en donde antes se presentaron. Será la segunda parte de una cita ineludible para flotar suavemente al ritmo de su música espectral en un encuentro nocturno que promete ser “a child of a black sun”.


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