• Por Sara Sofía Rojas

Música y “periodistas musicales” que no saben de música escribiendo sobre ella. Un ensayo nada perio


Siempre que le comento a Ignacio (el editor de este portal) lo que planeo hacer con una nota, me da vía libre. Hoy, más que nunca, agradezco sus “Sí. Todo lo que tú quieras” y “Tienes toda la libertad. Confío en lo que vas a escribir plenamente”. Y es que, aunque quizá luego termine disgustándome el haber escrito esto así, ‘que me mate el mar, antes que el sistema’.

Le pido disculpas al lector si se va con algo diferente a lo que esperaba, si termina conociendo más de mí que de la música, pero es que la experiencia musical es una, única y personal. Y, esta vez, tengo ganas de todo, menos de un texto periodístico disfrazado con una objetividad a leguas inexistente, repleto de un montón de términos musicales que a veces ni sé de dónde saco o de información que puede encontrar googleando. Además, no es que el panorama periodístico mundial me esté dando muchas alegrías últimamente.

* * *

Entiendo la “incertidumbre” como la falta de conocimiento seguro, certero o claro de algo. En ese sentido, no sé si me disgusta o no la que me genera constante y últimamente la música. Una que no es una, sino unas, muchas y a grandes escalas. Incertidumbres. Y, si bien no puedo comprender ni tampoco distinguir completamente justo ahora, sé, por lo menos, que la incertidumbre que me producen las respuestas de un interlocutor en una entrevista me causa más conflicto que las demás.

Esta vez la fuente de la incertidumbre fue Daniel Michel, bajista y director musical de La BOA. Me recibió en la cocina de una casa gigante, tomándose una cerveza y fumándose uno, luego dos y hasta tres cigarrillos. La casa está ubicada en una calle que visité con frecuencia durante los últimos 3 años, sin saber que estuvo siempre allí. Es una casa que hace las veces de estudio y ensayadero de la banda bajo el rubro de MamboNegroRecords. Es una casa, que no es una, sino media: Michel me recibió en la cocina de media casa.

MamboNegroRecords, la mitad izquierda de la casa de colores verde, amarillo y rojo

No me acordaba de la última vez que había hecho una entrevista musical, pues llevaba buen rato huyéndoles. No quería conformarme con transmitir información. No quiero conformarme con transmtitir información. Así que, aún con cinco páginas de notas y media hora de charla grabada, prefiero concéntrame en lo que llegó a mí en ese intento por reconciliarme con la entrevista.

Cuando llegué a mi casa, después de la charla, saturadísima de información, y al terminar de escribir los primeros párrafos de lo que sea que termine siendo esto, tome un post-it y escribí dos cosas “Neo Periodismo Musical” y “Periodistas que solo escriben para el gremio periodístico”, luego lo pegué en mi espejo.

Ese papel fue lo primero que vi al despertar y, ahora que lo pienso mejor: ¿qué es el periodismo musical?, ¿se hace periodismo musical?, ¿qué significa tenerlo? Y si no lo tenemos, ¿por qué existiría un NEO periodismo musical? No pretendo dar respuesta a todas esas preguntas, realmente me gustan más abiertas y como preguntas sujetas a cualquier interpretación, antes que resueltas.

El no entendimiento musical: Música y “periodistas musicales” que no saben de música escribiendo sobre ella

Si el “periodismo” de por sí y solo ya me causa conflicto, al que se le determina o el que se autodetermina musical, me causa el doble de dudas. El problema con ese último, creo yo, parte de mi inexperiencia musical, de nunca haber tenido un contacto con la música en el ámbito “académico”, de no saber tocar un instrumento. Son cosas que me recrimino constantemente.

Hace no mucho alguien me manifestó lo chévere que le parecía que escribiera de música por lo difícil que creía el traducir a palabras una experiencia musical. Pero para mí, y por ser una experiencia tan personal, cualquiera podría hacerlo. Y es que, en últimas, se trata de traducir esa experiencia única a los demás para que la sientan, o para que la contrasten frente a la suya para ver qué sale de ahí. Se trata de comprender el poder de las palabras y usarlo a tu favor.

Una charla post Rock al Parque de este año con Robi Draco Rosa me dejó que “el intelecto lo destruye todo porque la música es para sentirla, y no para entenderla”. Y bajo esa visión, he seguido escribiendo, porque a mí no se me hace necesario “saber de Música”, con M mayúscula, para poder hablar de ella.

La entrevista

La reflexión venía gestándose hace rato en mi cabeza, pero no fue sino hasta que volví a enfrentarme a la entrevista musical que tomó forma, que me cansé de estármela preguntando. La charla con Daniel Michel, y la llamaré charla porque me parece pertinente renunciar a la entrevista desde hoy, fue el detonante.

Si hablamos de la entrevista la razón por la que no puedo con ella es por la dinámica que maneja, empezando porque desde su planeación le causa inconvenientes a todo el que está involucrado en su realización. Cuadrar tiempos, planear preguntas, contrapreguntas, plantear respuestas, tener que pensar cómo actuar para lucir como alguien que sabe del tema, o que por lo menos no se es un completo ignorante de este, etcétera, etcétera, etcétera.

Además de lo incómodo que me resulta el hecho de “robarle tiempo” a un entrevistado. Con todo eso encima, igual me senté la cocina de la media casa con mis preguntas, pensadas con anterioridad, como me lo ha enseñado el periodismo, y empecé a hacerlas una a una. Las preguntas, las dejo a su imaginación e intelecto musical.

La incertidumbre

Repartidos en lo que vendrían siendo la sala y el comedor estaban los 10 músicos. Ensayan 6 horas a la semana, aunque no siempre ahí abajo. Se les paga por ensayar, no por tocar en vivo, dijo Michel; aunque de primerazo parezcan depender el uno del otro. 10 personas son 10 cabezas, 10 universos diferentes que si en algo concuerdan es en que tocan porque quieren, porque les nace, porque la música los toca y no porque les toca. Cuando se juntan, la fuerza que emana la media casa no está muy lejos de la de un en vivo, se ensaya primero con todos los instrumentos, el resto entra después.

Uno de los mayores exponentes del Afrobeat, género con el que empezó a trabajar La BOA un par de años atrás fue Fela Kuti quien, tomando diferentes elementos del funk, el soul y el jazz, hizo una crítica a los procesos de colonización de los gobiernos de turno en Nigeria. La postura política en el Afrobeat es clara y la de La BOA, creo, también. Más que trabajar la idea de cómo deberían funcionar las instituciones de un Estado (como en una postura política), trabaja la de la no acomodación a las dinámicas del mercado musical. La postura del riesgo.

Lanzar temas que se basan en reglas de construcción diferentes, el no contemplar de reducir su formato para tener más posibilidades de tocar, frenar el lanzamiento de un álbum casi un año para pulirlo hasta que se esté satisfecho, y el hecho de no lanzar un álbum antes de tocarlo en vivo para mantener la experiencia pura, son dinámicas contrarias a las actuales. El hecho de saber que se es de nicho, que la música alternativa e independiente es difícil y que llegar a encontrársela porque sí no es cosa fácil cuando, como bien dice Michel, “Internet te juega la contraria” es mantenerse en una postura de riesgo.

La incertidumbre para La BOA viene en forma de 10 músicos que terminan juntos en función a la música, que se reúnen a explorar e intentar atar sus ideas días enteros. Que pasan de ser los abanderados del Afrobeat a optar por una exploración un poco más electrónica como lanzándose al vacío, como probando suerte, aun sabiendo lo inminente del riego.

* * *

Cosas como esas son las que me permite ver mí no entendimiento musical, las que no necesitan ir más allá de los sentidos para ser contadas, que nacen de una charla, y no de una entrevista. De saber escuchar, antes que hablar, de estar en la posición del constante aprendiz. Y aunque el entendimiento musical, ligado a lo académico, se hace necesario una que otra vez, lo verdaderamente valioso está un poco antes de eso, en comprender ese primer acercamiento a las cosas, y en lo que esas cosas terminan convirtiéndose para uno.


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