• Ignacio Mayorga Alzate

Búha 2030 se disfraza de fuego en “Tengo un sol”, su nuevo sencillo


Decir que Búha 2030 es una rara avis in terris es un sobreentendido. Hace mucho no sucedía algo tan inquietante en el panorama musical colombiano, algo tan interesante, algo tan difícil de nombrar. Y no es que la categoría sea siempre pertinente, pues cuando una forma de arte es tan contundente y estremecedora sobran las palabras. No es hipérbole. Cuando la banda de pastusos radicados en Bogotá debutó a principios de 2019 con “Fea monosílaba” no supimos que decir y quizá debimos haber reaccionado más a tiempo, pero con un solo corte no pudimos comprender todo el cuadro. No es que “Eva”, que siguió unos meses después, diera muchas más pistas del mensaje que la banda quería comunicar. Es raro que no le exijamos las mismas explicaciones a las canciones de los 40 Principales, pero tales son las dinámicas del cerebral mundo de la música alternativa. En todo caso, Búha 2030 está de regreso y ello debería ser suficiente.


Una cosa es clara: la música de Búha 2030 es una amalgama de finísimas imágenes poéticas que retratan la experiencia femenina, o mejor, una experiencia femenina: la de la muy inteligente Gabriela Ponce, una joven promesa de la música nacional que llegó desde la tierra del Galeras para comerse el mundo nocturno de la capital. “Tengo un sol”, cuarto sencillo de la banda que estrenó hace algunos días, es quizás su corte más evidente, pero no por ello no posee el bellísimo encanto de producciones anteriores. La canción abre con un saxo calmo de Joe Days, exmiembro fundador de Acid Yesit, que se complementa con la batería acompasada de Camila Moreno, de Gil de Gils, a quien Ponce, vocalista del proyecto, conoció cuando trabajó en Bardo de Odio a Botero hace un par de años. La canción transita por momentos que recuerdan el ska latino y al jazz moderno, mientras Ponce hace piruetas vocales.


La canción plantea una reflexión bellísima sobre las relaciones humanas. Y es que a veces tanta luz es solo un disfraz que llevamos en público para no mostrar realmente todos nuestros colores. En ese sentido, la voz poética busca protegerse del otro y lo hace no ya escondiéndose entre las sombras sino brillando como el sol para cegarnos y que no podamos descifrar si en su rostro lleva estampada una sonrisa o una mueca de pesadumbre. Es una canción que parece más divertida por el ritmo, pero guarda una melancolía hermosa y frágil. Búha 2030 constantemente se está reinventando y por ello se ha convertido en una de las bandas con mayor proyección de la escena alternativa, según nuestra opinión no especializada. Las imágenes de Gabriela Ponce encuentran siempre las formas barrocas del sonido para producirnos extrañamiento que, rápidamente, se convierte en una obsesión por ver qué más esconde bajo su ala. Escúchenla aquí.



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