• Ignacio Mayorga Alzate

Catalina Ávila bebe de muchas influencias para su nueva composición, “Macorina”


Aunque Catalina Ávila está educada en las artes dramáticas lleva cerca de 20 años detrás de los tambores y, en general, de cualquier instrumento de percusión, en una investigación rítmica que nunca se ha detenido y la ha llevado al estudio de la música sefardí, rusa, brasilera, británica o argentina, así como de las raíces de nuestro folclor nacional. De las chisgas con Héctor Buitrago pasó a hacer parte de Aterciopelados y los acompañó en ese icónico regreso en el Rock al Parque de 2014. Después de su aventura con Héctor y Andrea acompañó en su primer momento a Pedrina y Rio, antes de la separación del dúo, y luego colaboró con Pedrina para la reversión de un corte del primer álbum de Ávila, Origen. En 2018 año regresó con su aventura solista, un álbum construido en garage band en una tablet, que se ha convertido en un hito de las músicas femeninas nacionales, el anteriormente señalado Origen. Además de colaborar con artistas internacionales como Alejandro y María Laura, la percusionista colombiana se ha mantenido firme creando algunas de las músicas más inquietantes y arcanas de nuestro territorio, presentando a principios de marzo su nuevo sencillo, “Macorina”.


La canción es un homenaje a la fallecida Chavela Vargas, quien inmortalizó a una de las mujeres más interesantes de la primera mitad del siglo veinte cubano. María Calvo, “La Macorina” fue la primera mujer en obtener un pase de conducción en la conservadora isla y se popularizó en la opulenta sociedad cubana de las primeras décadas del pasado siglo por ser una prestigiosa dama de compañía, amante del ex-presidente, José Miguel Gómez, y curandera con manos mágicas muy solicitadas. Calvo fue un personaje de leyenda que vivió plenamente su libertad femenina en un momento en que era mal visto el no casarse, frecuentar el Tropicana y vivir en medio de la exuberante noche tropical. Vargas musicalizó un poema de Alfonso Carmín para honrarla e, incluso, sus músicos se llamaron los Macorinos y es el conjunto con el que Natalia Lafourcade ha revitalizado su carrera para convertirse en uno de los nombres claves de la música latinoamericana.


La reversión de Ávila presenta un arreglo minimalista lleno de encanto en el que su voz se entreteje con un contrabajo moderado y una guitarra nostálgica, revistiendo su canción con un halo fantasmagórico y emocionante que hiela la sangre. Sobre la base rítmica se mezclan fragmentos de la más importante ópera de Bizet, Carmen, particularmente de “La habanera”, momento del primer acto en el que conocemos a nuestra fatal protagonista. Este detalle, por supuesto, no es casual, en el sentido de que es aquí precisamente cuando Carmen confiesa sin reparos de moral cristiana su libertinaje como motor de vida y abraza su erotismo como cadencia vital que pone en movimiento su cuerpo en el orden social. De la misma manera, la Macorina vivió sin reparos en medio de las habladurías y los celos una vida llena de lujos y miserias posteriores en las que fue realmente libre, pese a su tardío arrepentimiento en el ocaso de sus últimos días. Catalina Ávila ha creado una canción preciosa y sin pretensiones, un bello homenaje a dos mujeres poderosas y libres. Conozcan lo nuevo de Ávila y prepárense para su próximo disco, en el que “Macorina” es su primer adelanto.



23 vistas