• Ignacio Mayorga Alzate

Cerrero une esfuerzos con Coladera, un ensamble brasilero-portugués, para 2 versiones de “Sutileza"


Diego Gómez es uno de los productores y músicos más importantes para todo el surgimiento de la movida electro folclórica que, desde hace más de diez años, ha puesto a Colombia en el mapa sonoro en la edad del EDM, lo que desencadenó, años después, la visita Will Smith a Ibagué y que el actor se interesara en estos sonidos para trabajar con Bomba Estérero, además de ayudar a renovar el interés del público internacional por entender que sucedía en estas tierras mágicas, exotizadas para bien o para mal bajo el rubro de “realismo mágico”. Con Llorona Records Gómez ha rescatado la herencia de Los Gaiteros de San Jacinto, los ha vestido con inquietantes ropajes electrónicos con la conformación de Dub de Gaita, ha desenterrado la música de Providencia al auxiliar a Elkin Robinson en su aventura creole o servido como una de esas manos que se han sumado a la movida neo picotera al producir a Boom Full Meke. Antes había auxiliado a Li Saumet a dar sus primeros pasos en la música con Mister Gomes en Bombay, antes de que la cantante de Santa Marta uniera esfuerzos con Simón Mejía en ese largo camino musical que ha sido Bomba Estéreo. En 2017 Gómez presentó su última encarnación sonora, Cerrero, regalándonos desde entonces una serie de canciones vitales para la nueva escena colombiana.


La carrera del proyecto de Cerrero ha estado marcada por la colaboración, uniendo esfuerzos con músicos de la escena electrónica como Uji, Mitú o Nicola Cruz o con luminarios del folclor latinoamericano como Lucía Pulido, Los Gaiteros de Ovejas, Los Gaiteros de San Jacinto o el Sexteto Tabalá. Ahora, hacia finales de abril, llegó una ofrenda doble a cargo de Coladera, un ensamble brasilero-portugués que explora los lenguajes de la guitarra española y lunfarda en un registro reflexivo e intimista. “Sutileza”, como se llama la composición, llega con dos aliteraciones. La primera, la versión oficial si se quiere, explora el sonido del instrumento de cuerdas con una percusión africana hipnótica que se entreteje cálidamente, como un abrazo cansado en la madrugada, con unos coros sencillos y delicados. Esta versión tiene más complejidad atmosférica, un tejido de materia digital y orgánica que construye una larga red para pescar sueños en el flujo de la consciencia humana. La versión alborada es de una identidad más tímida y minimalista, pero con igual energía conmovedora y pura.


El trabajo de Coladera le da una dimensión estética nueva al proyecto, que anteriormente había explorado los sonidos de gaitas de la región Caribe colombiana, particularmente la de Sucre y Bolívar. El trabajo de finas guitarras plantea un viaje reflexivo y ensoñador en dos cortes similares sobre los que se construye un nuevo lenguaje musical. La posibilidad de integrar el discurso musical europeo, que es la herencia de las músicas de cuerdas en Latinoamérica, le da a Cerrero una redondez en su apuesta creativa, reconociendo un elemento que a la luz del poscolonialismo se ha venido ignorando en la identidad latina. Y es que sí, hay una influencia importante en nuestros discursos folclóricos de los pueblos indígenas originarios y de los pueblos afro traídos a la fuerza, pero también una importancia de las músicas europeas en la consolidación de ritmos vitales para nuestra cultura como son el bolero o la trova. En todo caso, sin entrar a polarizar, Cerrero ha creado de nuevo una pieza (dos) de una factura exquisita, permitiendo que la apuesta cultural de la electrónica colombiana continúe trascendiendo. No dejen de escucharla aquí.



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