• Ignacio Mayorga Alzate

Cerrero une esfuerzos con el León Pardo para un EP vital y emocionante


La carrera del proyecto de Cerrero ha estado marcada por la colaboración, uniendo esfuerzos con músicos de la escena electrónica como Uji, Mitú o Nicola Cruz o con luminarios del folclor latinoamericano como Lucía Pulido, Los Gaiteros de Ovejas, Los Gaiteros de San Jacinto o el Sexteto Tabalá. Ahora, el productor y DJ se une con el León Pardo, reputado intérprete de la gaita y la trompeta para Canción para un amigo, un EP extenso que lleva la experiencia en vivo de los shows de Cerrero a la experiencia de escucha, permitiéndonos ver cómo entiende la fusión electrónica, la música como herramienta para diluir el tiempo y el arte de la colaboración en el que ninguna de las dos partes se impone sobre la otra. Jorge Emilio Pardo nació en Cartagena bajo un sol ardiente y el sonido de instrumentos de vientos. Desde muy pequeño se interesó por el saxofón, aunque terminase interpretando la trompeta por una cuestión azarosa que lo llevaría al instrumento con el que se hizo famoso junto a proyectos como Velandia y la Tigra u Ondatrópica. Luego llegaría a las gaitas, por herencia de su madre oriunda del departamento de Bolívar. Aunque su título es en trompeta clásica y composición sinfónica, el León Pardo ha sabido darle la vuelta a su educación, construyendo una propuesta sólida y un sonido único que ha transgredido las formas interpretativas de su instrumento insigne. A través de sus esfuerzos y exploraciones la trompeta cobra una vida única, ríe o llora con una personalidad propia, conmueve o invita al baile con emoción y desparpajo. En diciembre de 2017, Pardo presentó Cumbia ácida, un documento esencial de la nueva cumbia nacional. Su colaboración con Cerrero es un esfuerzo notable.


Hablamos con Diego Gómez sobre su nuevo EP junto al músico cartagenero. Esta nota, además, sirve para adentrarnos en su entendimiento de la música electrónica y las músicas raizales del territorio colombiano. Nos contó cómo nació su relación con Pardo y lo que busca proyectar con este proyecto, que se ha convertido en materia esencial para descubrir todo un nuevo mundo que, irónicamente, es el mundo antiguo de las tradiciones más arraigadas de nuestra música folclórica.


Quisiera empezar preguntándote por cómo nace Cerrero, cuál es la intención central del proyecto y cómo se relaciona con la promesa de valor de Llorona Records.

Nunca se me va a olvidar la primera vez que escuché a un DJ y que fui a una fiesta con sonido poderoso, luces y toda la vuelta. Eso fue en el 1999 en el antiguo Club de Cartagena, en Getsemaní. Estaba con dos de mis mejores amigos, fue una noche increíble, todo era nuevo. He estado recordando esa época, mucha nostalgia en estos días de pandemia. El título del EP salió de ahí. Fui afortunado de vivir lo que considero fue la época de oro del house y el techno en Bogotá a principios de los 2000, todo ese movimiento me impactó tanto que apenas pude compré unas tornamesas Technics usadas y empecé a coleccionar discos. Las canciones de esos vinilos eran largas. Me impresionaba que el tema principal siempre ocupaba todo un lado de un 12", se tomaban su tiempo, los bajos te hacían temblar. Ese también fue el momento en que llegó Sidestepper y lo cambió todo. El mismo sonido, las luces y el evento que le montaban a Frankie Bones estaba al servicio de Sidestepper y, de paso, de Petrona Martínez y los Gaiteros de San Jacinto.

Me cuesta trabajo encontrar en el computador un entorno inspirador para hacer música, hay demasiada información y, de alguna manera, creo que eso apaga la creatividad. Cuando tuve la oportunidad me compré un sampler, un Elektron Digitakt, y Cerrero nació para darle un nombre y un lugar a la música que empecé a hacer en ese aparato y la consola análoga que tenemos en Llorona. El trabajo con Llorona Records me permite tener acceso a grabaciones que son un tesoro y en la escuela en que crecí de productores de dub, el llamado es a ampliar el horizonte de ese registro manipulando y transformando las grabaciones en algo nuevo, tomar un rol creativo en el proceso. Mientras hacemos los discos de Los Gaiteros de San Jacinto o de Canalón de Timbiquí yo estoy escuchando mil loops y cosas que son la base de canciones totalmente diferentes que sueño con hacer algún día.

Cerrero es un espacio mío para hacer música, un proyecto que responde a una búsqueda estética y, sobre todo, al ejercicio de hacer música solo. De alguna manera recoge el espíritu de Llorona Records: música raíz y futuro, pero por otro lado es algo necesario para mí. Al trabajar haciendo discos uno está al servicio de los artistas: me hacía falta poder hacer y grabar mi música, las cosas que se me ocurren y que cuentan mi historia.

¿Cómo reconcilias el lenguaje de la música folclórica con los nuevos sonidos de la electrónica?

Hay muchos elementos en común entre algunas músicas tradicionales y la electrónica; armonía, ritmo, forma y, sobre todo, el sentido que tiene el ritual de reunirse a hacer y escuchar música. Cada música tiene su tradición, también hay mucho que aprender en la tradición electrónica, en este momento esa tradición nos está dando las herramientas para descubrir de nuevo nuestra tradición y conectarla con un movimiento global. Mi historia me permitió vivir y acercarme a varias tradiciones, la electrónica, la música caribeña, el reggae, el dub, la gaita, en los últimos años la música de marimba, para reconciliarme conmigo debo hacer algo de música que me permita contar esa historia [Risas].

En ese sentido, ¿sientes que tu música es un diálogo con la naturaleza o más bien una interpretación de los sonidos de ella?

Creo que el sonido de la naturaleza nos enseña mucho y nos recuerda siempre como romper las formas y la estética que nos impone el mainstream gringo. Es vital escuchar la naturaleza, se aprende mucho haciendo grabaciones de campo, buscando patrones de repetición en los sonidos y las melodías. En la medida en que trabajo con samples, voy recolectando pedacitos de sonido y los organizo de manera que cuentan una historia. Luego los manipulo con herramientas que emulan el fenómeno del sonido en el espacio, el eco, la reverberación, los envolventes, cómo se desgasta el sonido en el tiempo. De alguna forma jugamos a recrear algo que está pasando todo el tiempo en nuestro entorno, pero también a imaginar y crear paisajes sonoros distintos, forzar los límites.




¿Cómo se dio la colaboración con el León Pardo?

La primera vez que tuve la oportunidad de grabar a el León fue en el 2011 cuando quisimos hacer con Edson Velandia un disco de Velandia y la tigra en vivo en Latora 4 Brazos, Grandes fracasos vol. 1. El trabajo nunca se lanzó, está guardado. Para los curiosos hay algunos videos en Vimeo. Después nos encontramos en la Isla de Providencia para la grabación de Baile Bucanero de Ondatrópica, en ese momento ya nos empezamos a volver más cercanos. Me impresionó siempre ver cómo Jorge le entrega el alma a su instrumento cuando toca, son uno solo. La gaita y la trompeta de el León tienen la honestidad de la tierra en la garganta, eso se siente cuando uno escucha a los gaiteros de verdad, pero además su formación en la academia y su experiencia le han permitido conocer y entender muy bien otros lenguajes, lo cual hace de su personalidad como músico algo único. Siempre me deja claro que la gaita y la trompeta son mundos muy distintos, se aprenden en lugares y de formas diferentes. Él sabe que la "academia" no se le puede meter a la gaita, la ciencia del indio viene de otro lugar. Cuando lo invité a conocer el proyecto y le pareció buena idea que tocáramos juntos me sentí muy afortunado.

¿Qué te emocionaba de trabajar con el sonido de las gaitas?

Crecí escuchando música del César y la costa en general por mis padres. Tengo recuerdos de niño durmiendo en dos sillas mientras mis papás parrandeaban al ritmo del Binomio de Oro y la Niña Emilia en Gamarra y La Gloria a orillas del Río Magdalena, cada año íbamos en carro a visitar a la familia de mi mamá. Siempre tuve esa cercanía con ese mundo tan distinto a Bogotá. Poco a poco después de la rebeldía adolescente detonada por la influencia gringa del rock fui volviendo a buscar esa música que es la de casa. La motivación del nacimiento de Llorona Records fue poder aportar desde lo que somos y hacemos a que músicos como Los Gaiteros de San Jacinto volvieran a tener un equipo de apoyo. En ese camino nos hicimos amigos, aprendiendo y entendiendo la mística detrás del mundo gaitero. Luego tuve la oportunidad de hacer realidad el sueño del disco de Dub de Gaita, buscar el espacio de encuentro para esos dos mundos, el dub y la gaita. En Cerrero sigo explorando lo que se empezó ahí, pero desde las posibilidades de la electrónica. Todo hace parte de un inmenso respeto por los Gaiteros, por lo que representan, por la historia que nos cuentan, por la información que nos está entregando ese instrumento. Son músicas únicas que nacieron aquí, su sonido es el lamento y la alegría de lo que somos, la música campesina es un símbolo de resistencia e independencia.

En los anteriores lanzamientos de Cerrero la propuesta de la voz estaba muy marcada, en este EP casi que desaparece o se convierte en un instrumento más, a la manera de Kanye West en proyectos como 808’s and Heartbreak o Yeezus, ¿cuáles son las reflexiones que guían estas decisiones?

Estas canciones nacieron para los conciertos y festivales a los que nos comenzaron a invitar. Cuando empezó a moverse el proyecto tenía un repertorio muy reducido, entonces montaba cosas muy rápido en las máquinas y con lo que tenía a la mano. En esas el León se unió al proyecto y empezamos a tocar, creo que por eso estas canciones son casi instrumentales y también son extensas. Lo que quedó grabado responde a lo que empezamos a hacer en vivo. A veces preparábamos 10 canciones para un concierto de una hora y resultábamos tocando solo 4. Cuando la gente se conecta el tiempo pasa a un segundo plano. La música electrónica y el dub le dan ese espacio de protagonismo al instrumental, a veces creo que es un ejercicio contra el ego, la voz y el hombre siempre en el centro, en el techno puro es muy difícil encontrar voz. A mí me gusta mucho escribir letras y Cerrero me ha dado el espacio de ponerle música a cosas que venía escribiendo, pero también disfruto mucho ese silencio de no escuchar la voz como símbolo presente de nuestra presencia en todo. Ese minimalismo de la electrónica permite perderse en la repetición, para mí es lo más cercano a meditar.

El trabajo de los vientos en “Todo te lo llevaste” es sobresaliente. ¿Cómo reconcilias los cobres con la cera de la gaita?

Hay canciones que funcionan mejor con la gaita y canciones en donde la forma de tocar la trompeta de el León simplemente las lleva a un lugar absolutamente increíble. En todo caso tenemos claro que estamos haciendo música electrónica y que es importante que tanto la gaita como la trompeta entren y se piensen desde ese mundo. El error, para mí, es pensar que esto se trata de poner a un gaitero a tocar sobre una pista, esa es nuestra conversación eterna con el León: cómo la gaita logra entrar en el lenguaje de la electrónica, cómo se toca desde esa lógica y cómo la consola, los filtros y el dub nos permiten traducir la gaita a ese mundo para crear algo distinto pero coherente. Lo mismo pasa con la trompeta, es tal vez imposible, pero le digo al León que muchas veces quisiera que tocara la trompeta más como la gaita, tratar de evitar los lugares comunes y siento que en esta canción se logró algo bien bonito.

Por último, ¿cómo crees que la electrónica ha auxiliado el rescate de las músicas tradicionales, no solo de Colombia, sino del resto del continente?

Algo muy importante para que las músicas tradicionales sigan fortaleciéndose y manteniéndose vitales es que su audiencia crezca y que su discurso, que representa la forma de vida del campo, la armonía con la naturaleza y nuestra historia llegue a más personas. Los jóvenes que están tocando gaita en San Jacinto o marimba en Guapi están igual viendo lo que pasa en el mundo en sus celulares y es natural que quieran conocer y conectarse con lo que pasa afuera, ese dialogo local-global se ha vuelto crucial actualmente. Si la música tradicional también es ese super poder que permite eso, si ese oficio además de ser vital para la comunidad permite conectarnos con personas en todo el mundo a quienes les interesan estos oficios y saberes, la motivación va a ser más grande para mantenerlos vivos y fuertes. La música electrónica tiene un público grandísimo y la electrónica latinoamericana ha encontrado una voz propia en ese encuentro con nuestros lenguajes y los códigos de este territorio. En la medida en que haya un diálogo justo que nos permita conocernos y acercarnos a todos los involucrados creo que siempre el resultado será positivo.



63 vistas