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  • Ignacio Mayorga Alzate

Diez álbumes para recordar la música española de 2022



Desde hace un tiempo ampliamos el radar de nuestro cubrimiento para empezar a trabajar los lanzamientos del resto del mundo. Durante años hemos hecho un esfuerzo por entrevistar a algunos de los músicos más importantes del continente y de España, pero no fue sino hasta el 2020 de reinventarse que comenzamos a colaborar más abiertamente con creadores de todo el mundo. Así es que, como no podía ser de otra forma, escogimos los lanzamientos del país europeo que más nos gustaron en 2022. Decir que algo es mejor que lo otro es una opinión que no nos interesa dar, pero siempre tratamos de traer el foco sobre creadores que nos han legado interesantes composiciones que consideramos podrían ser de su agrado. Buscando generar conversación y trazar nuevos puentes más allá del mainstream, no incluiremos Motomami por una razón sencilla: no nos gusta. Creemos que opinar distinto también está bien. Acá diez discos que quizás no escucharon y que creeos deberían. Bienvenido un nuevo año lleno de música.


Adiós Amores – Sus mejores canciones


Ana Villadares e Imán Amar han dado forma a un paciente ejercicio de nostalgia en Adiós Amores. La banda empezó a presentar delicados sencillos a principio de 2020 y lentamente se fue abriendo un espacio en el nuevo indie español. Pocas bandas pueden darse el gusto de decir que todas las canciones de su álbum debut son joyas, pero Adiós Amores ha cuidado tanto cada lanzamiento que cada corte de su debut discográfico es poco menos que perfecto. Jugando con una serie de referentes que abordan desde el sonido yeyé de la década de los setenta, pasando por el surf y las guitarras psicodélicas del emergente art rock norteamericano, además del flamenco y la canción de autor española, el dúo ha creado una hermosa criatura salida de un sueño en estéreo. Su uso inteligente y heterodoxo de los teclados, la melancolía de sus cuerdas clásicas concatenadas con guitarras que languidecen y la preciosa y precisa arquitectura de sus letras hace que Sus mejores canciones se erija fascinante entre los nuevos sonidos andaluces.

Balcanes – Gloria eterna


Después de una serie de cortos EPs, la banda asturiana regresa con su primer álbum, un diamante bruto, brutísimo, al que quieren pulir a fuerza de martillazos, serruchos afilados y fuego impertérrito. Conjurando las formas más extremas del post punk incisivo, el industrial macabro y experimental a la manera de Genesis P-Orridge, hardcore desesperado y el lado más contestario y desesperado del rock, Balcanes ha creado un monumento al ruido, al vacío a la desidia y a la rabiosa melancolía. Retratando el lado más distópico, y real, de la condición moderna, la banda se jacta cínica de un futuro que nos prometieron y que nunca llegó, una promesa que se contradijo en su concreción. Es un álbum de nueve cortes que apenas y se extiende por media hora. Pero ya se sabe que toda temporada en el infierno se siente más extensa. Es una apoteosis del ruido y el deshielo. Una joya del ruido moderno. Gloria eterna es la burla a esa reconfortante idea de que una vez muertos estaremos en paz. Después de este disco, no estamos tan seguros.


Cariño – Cariño


En su segundo trabajo discográfico, Cariño se erige como uno de los actos más inteligentes del totntipop español contemporáneo. Esa etiqueta peyorativa, post-movida, que mentaron sobre actos como Meteosat, La monja enana y, principalmente, sobre los Fresones rebeldes, se resignifica desde un lugar de poder y sinceridad en esta banda que las pone en un lugar central del indie español. Auxiliadas en la producción por Juan Pedrayes (Axolotes Mexicanos, Carolina Durante), este trío se la juega por la creación de un sonido infeccioso en el que crea su propia escuela sobre las bases de un sonido que les inquieta, pero que redefinen a punta de ingenio propio y hacen único. Cariño condensa la inteligencia lírica y compositiva de una banda que se ha hecho central dentro del nuevo panorama español. Cariño es una fuerza viva que se toma muy en serio esa actitud de no tomarse nada en serio. Sus canciones son refrescantes, enérgicas y emotivas, además de un referente para todas las nuevas bandas de pop de habla hispana.


Carolina Durante – Cuatro chavales


Continuando la exploración de un sonido que los convirtió en una sensación alternativa con su debut discográfico, los Carolina Durante pegaron al principio del año pasado con su segundo LP, un disco en el que prueban que los dos putos dos años de encierro (en el que les correspondía girar a lo bestia luego de las altas expectativas que habían creado) les sirviron para afinar y afilarse. El cuarteto apuesta por esa veta punk rock/shoegaze incómoda e irónica, pero los músicos se saben más versados, más libres, más cómodos en su piel de ídolos generacionales. Las letras siguen siendo una maravilla del humor negro, mientras que en lo melódico la banda ha progresado de manera sobresaliente, probando que para ellos la broma y el desparpajo se queda fuera del local de ensayo, en el que construyen responsablemente el futuro del rock madrileño. Y, sin embargo, es un disco sin pretensiones de grandilocuencia, es una colección de doce cortes contundentes que retratan el hastío de la existencia moderna, con esas complicadas dinámicas de la visión neoliberal respirándonos en la nuca. Es rock rebelde y de raza. No se necesita más para crear un disco histórico y contundente.


Depresión sonora – El arte de morir muy despacio


Que Marcos Crespo decidiera lanzar su proyecto musical durante pandemia fue la mejor idea que el músico de Vallecas podría haber tenido. Depresión sonora llegó con su vampira identidad musical a estremecer las largas horas de encierro y melancolía. Pero ese apenas era el comienzo. En su primer larga duración el joven músico prueba que no solo está prestándole atención al inquietante sonido del post punk soviético, sino que deja ver otra serie de influencias que van desde el pop sofisticado de los new romantics, hasta los sonidos bakala de la década de los noventa y principios del 2000 de España. Dividiendo su álbum en tres guías conceptuales, el español expande su sonido lejos de las fórmulas y construye retratos muy humanos de poesía nocturna. El arte de morir muy despacio es la primera consagración de un músico que muy pronto se convirtió en el consentido de la prensa independiente y que redobla la apuesta jugando por fuera de su zona de confort, incorporando teclados a su basa de spoken-word, sumando en la inteligencia instrumental de cada corte, creando poemas efervescentes de ceniza sobre el pentagrama.


Ilegales – La lucha por la vida


Cuarenta años lleva Ilegales haciendo ruido en la música extrema española. En su momento, la banda asturiana se hizo con el éxito inmediato al ser una de las pocas agrupaciones, si no la única, que sabía tocar con experticia sus instrumentos. En el centro, la voz carismática y contestaria de Jorge Martínez, aunada irremediablemente a una guitarra afilada y provocativa. La banda podría haber celebrado sus cuatro décadas en el ruedo reeditando su famoso debut Ilegales, que los consagró en la historia. Y lo hizo a finales de este año, buscando maquetas alucinantes, presentaciones en vivo aceleradas y anfetamínicas, un gabinete de curiosidades ruidosas y inherentemente punk. Antes, sin embargo, Martínez compuso un disco entero que decidió compartir con músicos del ayer y hoy de la música española. La colaboraciones son osadas (la gente no estaba muy contenta de ver a Dani Martí o a El niño de Elche en los créditos), pero todas son espectaculares y vibrantes. Hasta las más sospechosas. Casi todo el catálogo es inédito, salvo por “Ángel exterminador”, al que Bunbury le da un giro cabaretero y sofisticado y “Mi copa y yo”, que deviene tangera en la voz del Salmón, “Si no luchas te matas”, que le va como arete al lóbulo a Evaristo Páramos, además de una reversión de “Mi vida entre las hormigas”, corte original del documental sobre Martínez, con la carismática Luz Casal, una chica Almodóvar como la que más. Es un disco arriesgado. Es una apuesta que paga.


Los Planetas – Las canciones del agua


De Granada para el mundo, parecen querer decir Los Planetas en su décima placa discográfica. Las primeras cuatro canciones de este nuevo trabajo, por el que tuvimos casi cinco años, son una celebración de la tierra de la que viene la agrupación: primero abre con un poema adolorido del enorme Lorca, luego reversionan al trapero Khaled para luego virar hacia una celebración folclórica de su tierra en manos del guitarrista Edu Espín (hijo de Carmen Linares) para cerrar la tetralogía de su tierra con un homenaje a Carlos Cano, quien recuperó varias formas olvidadas del sur peninsular. Las cinco canciones restantes son una reflexión de frente al mundo, ya un poco más disipada la pandemia, y las reflexiones que nos sobreviven luego de estos años solitarios. Es un disco de factura bellísima y una forma de consagrar los casi treinta años de una banda imprescindible del indie español, granadino. Es un disco hecho con atención al detalle y sofisticado en sus formas. La voz de Jota quebrada por el tiempo en que estuvo callada, pero el corazón latiendo vibrante como el que más. Los Planetas son universales.

María Rodés – Fuimos los dos


María Rodés narra la ruptura amorosa como quien retrata la caída de pétalos mustios de una flor otrora bella. Y hay en ese cadáver vegetal que sobrevive una belleza detenida, un instante de plenitud. La polifacética escritora catalana pega por tercer año consecutivo con una colección entrañable de canciones (en 2021 grabó un álbum de influencia country con la Estrella de David, Contigo; mientras que en 2020 utilizaba la figura de la bruja como símbolo femenino y feminista en el exacto Lilith). En Fuimos los dos la española se deja influenciar por ritmos latinoamericanos y con una delicada propuesta de tintes electrónicos que perfuman los intersticios melódicos entre poemas, construyendo un álbum sofisticado y urgente que conmueve y fascina como cada uno de los procesos de su obra. A veces ingenuo, otras tantas acongojado y melancólico, pero siempre resplandeciente e hipnótico, Fuimos los dos es un esfuerzo preciosista de una experta en filigranas, una elegía a la ruptura como punto de inicio de nuevos viajes y aventuras. Rodés es una de las voces españolas que hay que escuchar y a la que volver una y otra vez.


Nacho Vegas – Mundos inmóviles derrumbándose


Hay una diferencia significativa entre elegir la soledad y verse obligado a padecerla. Vegas lo entendió muy bien y lo plasmó en su último álbum, estrenado en enero de 2022. Algo de ello confirmó en una reciente entrevista que nos concedió debido a su participación en Rock al Parque. Además, aunque se esperaba, hubo de rearmar su banda tras la salida de los miembros de León Benavente que hacían parte de su armatoste instrumental. El resultado es un disco íntimo y urgente en el que el cantautor asturiano se siente cómodo en su desnudez, en el que insiste en un mensaje de urgencia política que nunca roza el panfleto, en el que redescubre que somos capaces de expresar el don de la ternura. De añorarnos. De cuidarnos. Mundos inmóviles derrumbándose es un disco de una belleza melancólica, como es costumbre en la obra de Vegas, pero lo encuentra en un punto poético tan humano y puro que cada gemido en su voz es una invitación al llanto, a mirarnos a los ojos y decirnos “coño, aquí estoy y te veo”. Es uno de los discos más hermosos a los que ha dado forma con sus enormes manos de orfebre musical.


Santa Salut – DISCORDIA


Santa Salut es parte de la nueva realeza del rap español. Desde muy joven empezó a jugar con las rimas y las formas y ahora puede montarse sobre barras improbables para dar cátedra de poesía de asfalto. Discordia es un documento exquisito dividido en tres partes (Desde el cielo, Llegada a la tierra, Caída al infierno) que encuentra a la nativa de Sabadell reflexionando sobre las diversas formas del amor y la experiencia en un registro que juega lo mismo con la guitarra flamenca, la base 808 del trap, el drill y las atmosféricas e hipnóticas melodías electrónica. Es un señor álbum cargado de emoción en el que la cantante también se permite una declaración de principios al rapear también en catalán, recordando con orgullo el espacio vital de ella y sus ancestros. Santa Salut aún está definiendo un estilo propio y por eso se permite la experimentación lúdica en cada corte, actitud que muchos músicos más consagrados deberían explorar, pues en su obra no hay lugar cómodo y cada corte es un desafío de texturas, rimas y cadencias. Además, después de lo que vimos en Hip Hop al Parque, es claro que esta mujer es una fuerza natural ingobernable, una energía avasalladora desatada sobre las tablas.





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