• Ignacio Mayorga Alzate

Íntimo y visceral, así es el debut de siempre perdida: “Florero”



Para quienes extrañamos los eventos independientes el nombre de Ivanna Palacio es clave. Durante años ha sido parte de algunas de las agrupaciones de música alternativa más sobresalientes del under capitalino. Es la culpable de darle sensibilidad poética con su letra y su voz a Encarta 98, además de hacer parte de Cruel Cruel y tocar el bajo en Electric Mistakes en su nueva aliteración con la que viajaron a México. Incluso, algunos tuvieron la fortuna de verla con su proyecto solista, siempre perdida, en un puñado de fechas en las que ha venido presentando sus canciones. Ahora, por fin, tenemos acceso a su primera canción en plataformas. Se trata de “En un mar”, una balada ensoñadora en la que su voz meliflua está en primer plano de una mezcla ensoñadora y melancólica, una canción cargada de sentimiento que es conmovedora hasta el llanto. Vamos por partes.

siempre perdida empezó a tomar forma en 2018 cuando Palacio empezó a escribir una serie de canciones muy personales, basadas plenamente en su experiencia vital. En este sentido, la importancia de bandas como Bon Iver, Sufjan Stevens o Phoebe Bridgers en sus sesiones de escucha privadas le ayudaron a definir un proyecto que, hacia finales de agosto, se cristalizó con su primer EP: Florero. Aunque en un principio siempre perdida no era un proyecto concreto, empezó a oficializarse hacia finales de 2018 cuando Corriendo, una banda de Medellín que adora, le propuso aparecer en un tema. Así, decidió que sus créditos apareciesen con el alias que se ha convertido en una nueva persona escénica. Ya con algo bajo el nombre de siempre perdida, esta nueva faceta musical era algo tangible, algo que existía y sobre el que se podía seguir construyendo. En 2019 la cantante empezó a escribir canciones de manera más consciente, publicando en YouTube, “31:03”, una especie de demo que le permitió abrazar este nuevo alias creativo, tomar confianza y empezar a preparar su EP debut. En junio del año pasado Palacio se presentó en vivo por primera vez con siempre perdida. Allí empezó la conversación para acceder a su material en plataformas de streaming, pero el proyecto aún no tenía mucha producción, pues Palacio era quien quería estar al frente de él. En este punto de la historia aparecieron dos amigos de la música, Andrés García y David Dueñas, para auxiliarla en la producción de los cortes.

Las canciones no se sienten sobreproducidas, le permiten a Palacio explorar los colores de su poderosa voz, que es dulce y recatada, pero llena de sentimiento y congoja. El álbum recurre a la producción de sonidos tomados de un universo cotidiano: vasos, cajas, etcétera. Así, Florero suena personal y propio, como Julie Ruin, primer proyecto solista de Kathleen Hannah luego de la disolución de Bikini Kill. Las canciones son personales, tangibles, palpables y es muy sencillo conectar con el sentimiento referido. Los malos críticos tienden a decir que una ópera prima tiene la virtud de sus defectos y este espantoso lugar común opera veraz para el lanzamiento de siempre perdida. Hay una suerte de ingenuidad compositiva que lo hace visceral e íntimo. Palacio no recurre a la metáfora compleja, sino que prefiere la imagen concreta para construir una estética melancólica de una belleza rara y exótica. Pienso en un gato tímido que a veces se acerca para dejarse consentir, pero que huye al primer atisbo de ruido o a un movimiento brusco. Es una música sensible, pero puede escucharse a todo volumen, pues la producción es tremenda.

Al ser “En un mar” la canción con la que siempre perdida empieza sus presentaciones, era pertinente que fuese también la primera en salir y la que abriera Florero. “En un mar” es una carta de presentación que reúne todos los elementos de la propuesta de valor de siempre perdida: la voz y la guitarra en un plano central, la sensibilidad hecha acordes delicados y frágiles. Es una pompa de jabón meditabunda que recorre la habitación plagada de recuerdos para luego explotar en espuma sobre una fotografía antigua. “En un mar” es una canción de desamor poco usual, pues retrata no el idilio de un amor perdido, sino la insatisfacción que despierta una relación que pudo ser y no llegó a cristalizarse. Musical y poéticamente tiene un motivo recurrente, como estar atrapado en un remolino marítimo que nos hunde hacia el fondo. “En un mar” es el primer testimonio de un proyecto emocionante y vibrante, uno que nace de la necesidad del arte como catarsis y el ritual de la composición como un ejercicio de psico análisis personal en el que, a partir de disolución del ego en un alter ego, tenemos acceso a un reflejo de nuestro ser desdoblado en la hoja de papel que otrora fue blanca y hoy coloreamos con nuestras pasiones más personales. La voz de Palacio en primer plano genera una emoción sincera, primero dulce y rota, luego explosiva y llena de sentimiento. La orquestación, esta progresión del arpegio que se repite, genera un documento minimalista en el que ninguna nota sobra, sino que todo el conjunto nos va guiando hacia un clímax emocionante y enérgico, como un naufragio en tormenta, como un tsunami sobre las costas. Es una pieza cargada de energía vital, estremecedora sí, pero viva sobre todas las cosas, honesta. Real.

Seguidamente aparece “No me he estado cuidando”, el segundo sencillo que Palacio presentó como anticipo del álbum. “No me he estado cuidando” presenta una producción más íntima y acústica que “En un mar”. Frente a la complejidad metafórica de su primer sencillo, la compositora prefiere la literalidad en este segundo corte en el que nos abre un espacio de corazón y de sus conversaciones mentales, en las que tiene la fortaleza para reconocer que no ha sido responsable con el cuidado de su salud mental y apela a otro invisible para que le dé una mano para encontrar un espacio de sosiego y calma. “No me he estado cuidando” tiene una orquestación minimalista con una guitarra acústica y la voz de Palacio en el primer plano como única arma contra un mundo en el que a veces es muy difícil encontrar la paz. Hacia al final de la composición, unas programaciones digitales concatenan con el rasgueo de una guitarra eléctrica para alcanzar un clímax calmo en el que la voz de siempre perdida brilla con toda su frágil humanidad y delicadeza.

“Florero” nombra el EP y hace parte de la segunda mitad del debut solista de siempre perdida. Nunca su voz sonó tan frágil acompañada de bajos espectrales y reverbs mínimos y disonantes, lo que le da a su poderío vocal una fuerza impresionante. Es una de las canciones más oscuras de un disco que de cualquier manera es melancólico hasta la médula. El piano acompaña la melodía, como si se tratara de una caja de música empolvada en una caja de muñecas con la que nadie más jugó. Aquí las voces están más intervenidas para generar un efecto de anhelo y desesperanza, pero nunca hasta el punto en el que la identidad de su timbre se confunda con una cosa que no es ella. Los fraseos son más largos y delicados, más angustiosos y tristes. Es devastadora y hermosa, una postal de otra época que nos dio felicidad y que ahora apolillada y sepia desdibujó nuestra sonrisa del cartón gastado. La imagen del florero fracturado, que ya no cumple la función de reverdecer el espacio es pertinente y adecuada, mientras se va construyendo un relato que alcanza su final en un punto anticlimático y acongojado. Aquí no hay kintsgugi que valga, esto es una despedida dolorosa y trágica.

Cerrando el EP está la canción más estándar, “Pienso en ti”. Antes de que piensen que se trata de una balada común, sin embargo, vale la pena escucharla atentamente pues es la más dinámica y explosiva, la más apasionada y herida. La progresión instrumental rasga y devora la piel con fauces de alimaña infecta, se incrusta en la piel, arde, da escozor. En definitiva, es eficiente y hermosa, como cada joya de este EP maravilloso. El tema es para hartos conocido: el desamor, la herida, el olvido, la toxicidad de volver a unos brazos que no tienen calor para nosotros. Empero, siempre perdida le sabe dar la vuelta de tuerca necesaria para que no suene a fórmula, sino que parezca la primera canción de desamor escrita en la historia, el relato más íntimo del trauma que produce el olvido.

Florero es un EP dinámico y emotivo, la primera carta de amor de una siempre perdida desconsolada y herida. Hay una cualidad heroica en poder brindarle a sus canciones el vestido orquestal que merecen y un valor enorme en que la música haya decidido salir de manera tan desnuda y visceral al mercado musical con su música. En una región en el que las voces de las mujeres en la música son cada vez más fuertes y sinceras, siempre perdida se convierte en un nuevo referente para el progreso de nuestra historia musical. Son canciones hechas desde el alma y con el corazón. Solo por eso ya es valioso, pues es atrevido y contestario. Pero, más allá de la valentía, es un producto redondo y bien logrado, una constatación de que esta es una de las voces más fuertes e inteligentes de la alternativa en Colombia. Es putamente hermoso. Vayan a oírlo.