• Ignacio Mayorga Alzate

“Galguerías” de El Kalvo recoge el tóxico sustento diario del colombiano promedio


El Kalvo tiene rimas para rato. El año pasado nos voló la cabeza con sus agudas reflexiones sobre lo cotidiano cuando unió esfuerzo con Mismo Perro para Atarbán, un EP inquietante que nacía de unos textos apócrifos del poeta colombiano León De Greiff, al que también le ha cantado, por ejemplo, Edson Velandia. Este año, en marzo, El Kalvo presentó Bitute, una recolección de sencillos que fueron saliendo de manera independiente: “Trueno”, “Montaña adentro”, “Entramado”, “Tiburón de agua dulce” y “Gladiador”. Era un EP cargado de fuerza, proteína, reflexiones vitales. Seguidamente, en junio, El Kalvo estrenó la otra parte de la moneda: Galguerías, un EP lleno de pesada cotidianidad nacional, que reflexiona sobre las porquerías que nos embuten a la fuerza por la garganta los malos patrones (siendo el mayor de estos nuestro querido y ausente presidente), recoge paisajes anónimos en los que se desarrollan dramas complejos y denuncia las tendencias de la narco cultura y la obsesión por los productos culturales yanquis dentro de la escena del hip hop nacional.


Galguerías es un esfuerzo polifónico en el que varias manos presentan una mixtura de sonidos, como esos rumba pack de papas, chicharrones y platanitos que compramos en los supermercados antes de una parranda. Los beats son de Mismo Perro (“Polombia” y “Abducción”), Nano Carulla aka Hobbez (“Nancy”), Demink Beats (“Balaca”) Hi-Kymon (“Champú”) y Brain Bonaparte (“Ampolla”), lo que permite que Galguerías tenga un sonido heterodoxo y dinámico, transitando por distintos paisajes sónicos dentro del género y permitiéndose licencias instrumentales y compositivas que enriquecen la apuesta musical en seis cortes implacables y explosivos, un puñetazo al estómago atestado de colesterol y grasa. Pasando con naturalidad del boom bap al rock con predominio de guitarras y luego a la electrónica, El Kalvo no se conforma con profanar las formas rítmicas, sino que también coquetea con figuras en la métrica y el estilo que demuestran por qué es uno de los mejores de este juego en nuestro país.


Galguerías abre sobre un beat de Mismo Perro, perfecto para introducir el tema social de su reguero de porquerías edulcoradas. “Polombia” aprovecha otro más de los deslices semánticos del presidente Duque para reflexionar sobre una Colombia paraca, pobre y paupérrima. Es el corte más social del trabajo, un himno de denuncia social y una protesta que se extiende a varios de los problemas del país más feliz del mundo: corrupción, politequería, precariedad, inequidad y dineros desaparecidos. “Polombia” es un tratado de sociología para entender por qué esté país se lo llevo el Viruñas al infierno latinoamericano. En el contexto actual, “Polombia” resulta absolutamente necesaria para reflexionar en torno a la figura del gobernante eterno, ahora injustamente encarcelado en una parcela de tierra enorme.


“Nancy” plantea un beat de Hobbez que sirve como puente entre la primera canción y este relato urbano de violencia, traición y criminalidad. El Kalvo es experto en el arte de contar de historias, prestando una atención al detalle que nos transporta inmediatamente a la tienda popular anónima que sirve como escenario para el relato. “Nancy” cuenta el relato de una mujer que sobrevive a un atraco y aprovecha, de paso, para vengar su honra de la traición del chabacán que tiene como pareja. La canción sirve para reflexionar sobre la misoginia endémica, la violencia rutinaria del día a día y la precariedad de la burocracia policial que traspapela los hechos, los datos y las razones de la muerte. Es un barrio cualquiera, una tienda cualquiera y, a la manera de Maestra vida de Rubén Blades, la música es solo una excusa. El Kalvo es un observador de la vida cotidiana y aquí se hace evidente que lo mismo que puede reflexionar sobre sus propias debilidades, hace lo mismo para referirse a los lados más oscuros del corazón humano en personajes imaginarios que, de cualquier manera, están basados en el día a día de nuestro país.


“Balaca” está construido sobre una producción de Deminik Beats y, a la manera de los cuentos de Mario Bennedeti, convierte en héroe al oficinista del común. La canción es una reflexión sobre el trabajo insufrible de los call centers, sobre la mentira de “sé tu propio jefe” y la precariedad laboral en un país desigual. Con ingenio e ironía, El Kalvo nos pone en los zapatos gastados del oficinista, reflexionando sobre cómo hemos invisibilizado al otro a través del servicio de atención al cliente, lo que hace que quieres trabajan de esta manera también pierdan el sentido de su propia identidad. A pesar de lo mundano del relato, el rapero colombiano logra construir figuras inquietantes con diálogos con la cultura pop, referenciando a Matrix, construyendo un universo simbólico en el que la humanidad está al servicio de las máquinas. Abrumador.


Hi-Kymon fue el encargado de construir el beat de “Champú”, un lento e introspectivo murmullo minimalista que, ya de manera menos irónica, El Kalvo reflexiona sobre la carrera de la rata en el sistema capitalista, esa carrera continua en una rueda de hámster que no nos lleva más lejos, pero sí nos agota hasta la muerte. En medio de trompetas calmas, El Kalvo reflexiona sobre el absurdo de darle nuestro tiempo y vida a un trabajo en el que no somos felices para pagar una vida que nos dijeron que era la que teníamos que vivir. Es una reflexión sobre cómo nos vamos envenenando día a día, con productos tóxicos, con empleos tóxicos, con actitudes tóxicas en conciertos y eventos sociales. Como siempre, una canción de El Kalvo no versa sobre un solo tema, sino que partiendo de un lugar mundano, desarrolla un flujo de consciencia que lo lleva a un monólogo en el que observa y critica muchas cosas, como un Finnegan’s Wake criollo y emputado.


Mismo perro vuelve sobre “Abducción”, uno de los cortes más cercanos a la esencia de Bitute. Con aire casi industrial, El Kalvo presenta un sueño extraño entre jadeos y suspiros de ahogo para luego llevarnos a ese sentimiento de desconexión entre el hombre urbano y el mundo natural. Es un retrato en primera persona de la ansiedad que nos roba el sueño, sobre la paranoia que hace que nuestro más privado ya no sea de descanso y recuperación, sino de miedo y pánico. Un hombre asustado en la mitad de un cuarto oscuro, mientras las luces de la calle se cuelan entre las persianas con ruidos y sirenas, es una imagen aterradora y cotidiana que deviene del sufrir cada jornada las consecuencias de un sistema desigual, una fábrica de salchichas de proporciones pantagruélicas que nos tritura para deglutirnos hechos papilla al final del día hábil.


Cerrando el EP, sobre un beat de Brain Bonaparte, “Ampolla” se desenmarca de la crítica social para referirse a la escena del hip hop y el rap local, enfocada en construir una identidad narcisista y deshonesta. Es el único corte competitivo del EP, aunque también reflexiona sobre el contenido lírico de los productos culturales, recordando que el hip hop primero es denuncia antes que ostentación. El Kalvo no se yergue como el único MC valioso, pero sí reconoce el tiempo que lleva en el juego y lo que ha visto. Es una pulla compleja para repensar el contexto del género en nuestro país, atacando a los nuevos raperos ataviados de cabeza a pies con marcas internacionales, como una revista de compra por catálogo. Así, también es importante la reflexión sobre lo local, lo propio y lo auténtico. “Sus mejores ponches son citas y les faltan comillas”. Ouch. El Kalvo bota fuego de manera calma conforme brinca la barra y juega con la métrica con excelsa habilidad: su poesía es el fuego que quema la piel, dejando ampollas sobre los tatuajes de moda de quienes se rayan primero el cachete que el pecho, para ser vistos.


Galguerías es un EP fascinante y versátil construido sobre instrumentales lóbregos y minimalista, lo que permita que la cadencia de la voz de El Kalvo respire y juegue entre laberintos poderosamente fabricados. Es una producción que demuestra el ingenio de uno de los creadores bogotanos más inteligentes y perspicaces del juego. Deconstruyendo la narrativa usual del género y sin posar de príncipe o héroe, El Kalvo construye reflexiones dolorosas y divertidamente dolorosas. Es un EP para recapacitar de todo lo que nos estamos empachando mientras como zombis nos sentamos frente al televisor a ver cómo nos matan y cómo la cagamos en el minuto último del partido de fútbol. Es una información nutricional, una caja que te explica por qué si te sigues tragando toda esa porquería te vas a ir al carajo. Por favor, escúchenlo.