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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

La banda del bisonte, más humana entre luces y sombras



La banda del Bisonte emergió en 2018 con un debut discográfico potente y emocionante que lleva por nombre Memorias, un título que tiene sentido si tomamos en consideración que la agrupación fue establecida por los hijos de un grupo de amigos universitarios que los antecede por décadas en un lazo fraterno y honesto. Años de creación y ensayo le han dado a este proyecto antioqueño la posibilidad de crear una música coqueta y sofisticada que bebe del indie mundial para crear una estética urbanita, explosiva y refinada con una denominación de origen propia que los destaca en la capital antioqueña. El sonido de La banda del Bisonte no se parece a nada que hayamos oído y es un proyecto que está dispuesto a redefinirse con cada lanzamiento, como demostraron con su EP de 2020 El escondite de los que nada tienen y su canción con la compositora manizalita La Muchacha, “Nómada”. Ahora, la banda se encuentra presentando el potente Claroscuro, un EP de seis canciones cargado de visceralidad cotidiana y profusas reflexiones sobre la arquitectura musical.


Claroscuro, que no tiene nada que ver con el decepcionante álbum de Aterciopelados, es un EP en el que la banda evidencia sus aprendizajes durante el periodo de encierro, así como da la bienvenida formal a Otto Díaz, cuyo aporte suma sobremanera a un nuevo sonido que aprende del silencio y el respiro para construir composiciones monumentales y conmovedoras. Pocos días antes de su exitosa presentación en el Festival Estéreo Picnic, hablamos con Miguel Spitaletta y Daniel Betancur, dos de los fundadores de la agrupación para revisar su camino de cinco años en el indie colombiano, revisar su última producción y comentar su paso en 2022 por el Vive Latino.


Partamos de este momento que fue Hermoso Ruido en 2019, cuando estaban presentando Memorias, un álbum que iba por muchas direcciones buscando una identidad propia. No así ya en El escondite de los que nada tienen, en el que hay ayor claridad sobre qué buscaban. Cuéntenme cómo fue la preparación de ese EP que, no por salir en 2020, es un lanzamiento pandémico.


Daniel: De todas formas, fue un proceso de exploración que continuaba lo que había sido Memorias. En Memorias sí hay una cantidad de relatos, de vivencias de otro tipo de personajes, con experiencias narrativas en tercera persona. En El escondite empezamos a trabajar en nosotros mismos, en lo que sentimos, a dónde nos llevan cada una de nuestras reflexiones. Canciones como “Orquídea” y “Flashback” nos empiezan a hablar de estados de ánimo nuestros, de algo más personal.


Miguel: Ahí es importante también saber que es un asunto más introspectivo. Ahí es donde está el quiebre con Claroscuro. Nosotros en Memorias jugábamos con poesía libre. El asunto de las letras era un poco más volado. Y a partir de El escondite hasta Claroscuro ya empezamos a pensar en cómo llegarle a la gente y buscar que fueran canciones más cercanas. Están todos los sentimientos cotidianos ahí. El escondite ya empieza a marcar ese camino con una canción de amor como “Orquídea” y “Flashback” y llegamos a Claroscuro con esa óptica de hacerlo más cotidiano. Precisamente es un disco que tiene un concepto muy bacano, basado en la teoría de la pintura, pero llega a lo cotidiano en el sentido de que a veces la vida tiene un montón de luz y a veces es sombras. A partir de ese concepto salieron todas esas canciones y por eso está ese contrapunto y contraste del amor y el desamor en todo el disco. Creo que estas canciones tienen un hilo conductor, de hecho hay titulaciones muy parecidas (“La despedida”, “Último encuentro”), entonces también son canciones más nuestras. En este EP nos estamos deshaciendo de estos fantasmas de relaciones, unas fallidas, otras no tanto. Estamos soltando todo eso.


Daniel: Cabe resaltar que, previo a vivir nosotros este proceso de hacer Claroscuro, tuvimos otro tipo de experiencias que incluso marcaron otro punto de exploración de la banda como fue, después de lanzar El escondite, sacar canciones como “Nómada”, “Fantasmas” y “Ficciones”. Lanzar esos sencillos nos ayudó a nosotros en el sentido de pensar de que debíamos buscar dentro de nosotros mismos frente al proceso de producción musical. No con la mentoría de un productor necesariamente, sin una persona que nos estuviera diciendo “esto debe ser así”. Fue también una cuestión de carácter con relación a la música, de saber qué queríamos, teniendo un Norte más claro. Fue complejo. Con todo este asunto de la pandemia lo lleva a uno a preguntarse cosas sobre lo que venía haciendo. Fue pensar mucho las cosas.

Miguel: Y trabajar con un productor como Danton en El escondite también nos llevó a saber que podíamos hacer cosas nosotros también. La banda la fundamos Daniel, Jerónimo que es su hermano y yo. Pero después llegaron Otto y Simón, manes que estudiaron música que se convirtieron en pieza clave para la sonoridad que tenemos. Yo creo que en “Nómada” ya está ese quiebre con relación al sonido.





Entonces cuéntenme de “Nómada”. Porque es un punto de quiebre interesante en el que hay una mirada hacia el otro. Y la hicieron con Isabel, La Muchacha. ¿Cómo fue este encuentro y qué aprendizajes les lega? Después de todo, cada persona tiene una sensibilidad particular que complementa su visión de mundo.

Miguel: A la Muchacha la conocimos aquí en Medellín en un festival que hacen de cantautores que se llama el Tesituras. Para nosotros fue impresionante verla con una guitarrita y una voz. A partir de ese momento se creó una relación muy bonita y sabíamos que teníamos que hacer algo. Ella se mudó a Bogotá y nosotros seguimos conversando, sobre todo Jerónimo, y ya en pandemia nos dimos cuenta de que teníamos que hablar de lo que estaba pasando. Nos encontramos con este tema de la migración, de la gente que no tiene un techo. A mí me gustó mucho la idea de entrada, porque yo quería hacer una letra así. Nos reuníamos digitalmente, pero no funcionaba. Era una cosa muy tediosa y estábamos en la incertidumbre de principios de la pandemia de no saber hacia dónde íbamos. Teníamos una melodía en un charango que quedó grabado, que lo toca Simón. La Muchacha nos dijo “Parce, esto no está funcionando. Yo voy a ir a Medellín”.


Daniel: Nosotros pensamos de una qué hacer porque, si bien había pico y cédula, cada uno se estaba quedando con los papás y estaba el problema de recibir visitas. Todas las restricciones, el contacto y el tapabocas, te limitan. Se creaba una prisión mental. Así es que nos fuimos a un espacio en el que estuviéramos por fuera del Covid, en el que no pensásemos en la enfermedad, sino en la relación bonita que se podía crear entre ella y nosotros. Nos fuimos a una finca, en Copacabana, a las afueras de Medellín y fue allá donde se construyó eso. Fue muy espontáneo.


Miguel: Teníamos letra, no había un coro. La Muchacha: es una máquina de hacer canciones impresionante. Ella simplemente cogió una guitarra, y sobre la base que teníamos, con Dani empezó a cantar algo. A mí de una se me ocurrió el coro “y el aire que me vuelve a encontrar”. Ella hizo la primera parte. Habíamos pensado hacer la canción en décimas y, en últimas, Isa propuso que hablásemos desde el cuerpo. Eso me pareció increíble: “Mano pa’ destapar lo miserable del tiempo”. Me pegué de ese recurso para narrar ese contexto social violento que estaba atravesando el país y fue el momento en el que la Banda del bisonte se alejó de las canciones de amor, para hablar de algo que nos toca a todos, de una realidad que influye en nosotros. Esa era nuestra forma de protestar, pero desde la música. Fue muy bonito. También grabamos “El blues de los tombos” que es una composición completamente de ella.



Y es bonito que eso haya sucedido, porque quería preguntarles cómo se piensa hoy La banda del bisonte desde lo humano. Ustedes han crecido como individuos a la par de como músicos. Entonces me interesa saber cómo esos descubrimientos detonan en Claroscuro.


Miguel: Creo que el asunto es que hay una madurez musical que también viene reflejada desde el humano. La cuestión de sentarse a discutir la canción es un asunto muy humano. Somos cinco creando. Dani y yo siempre estamos pensando letras, pero al hablar, por ejemplo, Otto propone decir las cosas de otra manera, de una forma más cercana. Creo que el lado humano de Claroscuro está en eso: en que pensamos en que las letras, si bien tienen una carga poética muy fuerte, son letras que la gente va a entender muy fácilmente. Canciones anteriores como “Ficciones” tienen letras un poco más confusas. Pero nos gusta también porque la interpretación siempre va a ser distinta por parte de la gente. Un tema como “Claroscuro” lo pueden llevar a cualquier otro lado distinto al que nosotros pensábamos. Y eso es lo que nos parece bacano, en últimas. Humanamente, buscamos entendernos a nosotros mismos. Este año nos vamos a concentrar en componer un disco para sacarlo el otro año. Somos cinco y el nuevo proceso es que cada uno llegue con una letra y una canción. Tal vez teníamos como abandonado el lado puro de la música que es sentarse con una guitarra y empezar a escribir. Es algo muy humano. Y tal vez estábamos haciendo la música al revés: estábamos pensando en arreglos.


Daniel: Partiendo de lo complejo a la simplicidad. Creo que primero debería ser que se llegue con una idea. No se trata de estandarizar eso, pero tal vez sí partir de una materia prima, de algo que sea un discurso más sentido. La Muchacha, por ejemplo, construye canciones así. Uno siente que hay cercanía dentro de la voz, dentro de esa guitarra: todo te está hablando todo el tiempo. Es importante poder llegar a eso, poder rescatar eso.


Miguel: Eso fue darnos cuenta de cómo funcionábamos. Seamos conscientes de por qué una canción no nace de una guitarra y una voz y de cada uno. Creo que ese proceso de madurez va a coger otro vuelo distinto con lo que hagamos de ahora en adelante. También es una exploración y nos gusta. Eso nos parece interesante del proceso que vamos a empezar a vivir. Mira que Claroscuro es un EP de seis canciones y nos demoramos más de un año grabándolo. Nosotros no estamos en esas mierdas de cumplirle al algoritmo, pero en últimas sí tenemos que hacer música. Va a ser muy bonito reunir a cinco individuos pensando en torno a una unidad.


El EP enseña un poco eso. Hay un crecimiento en la forma de componer y una responsabilidad por lo que la canción pide, antes de cumplirle al puto algoritmo.


Daniel: No sólo por la canción, sino por nosotros mismos. Hablo desde lo particular, pero en canciones de la primera etapa de la banda, en la de Memorias¸ como “Ruido al aire” o “Siempre fue un vicio”, en las que soy voz principal, las voces tienden a ser demasiado planas. En Claroscuro hablamos todos y empezamos a exigirnos todos mucho más. Empezamos a mirar otro tipo de trazos en la manera como estaba tirando la voz para ver cómo podíamos transmitir o evocar otro tipo de sentimientos. “Claroscuro” empieza con una voz y una guitarra más introspectiva, de una manera más íntima. Es un proceso de crecimiento personal.


Miguel: Eso fue muy bacano porque también Dani que tiene parte en las canciones de alguna manera más rudas, como “Siempre fue un vicio”, fue quien dijo todo. Fuimos a un concierto de Conociendo Rusia y, después de ver la interpretación vocal del man, empezamos a tirar melodías vocales dentro de su registro. A mí, desde el bajo, me interesó llegar a otras figuras. Fue un reto para todos. Pensar, por ejemplo, que la batería no suene tan parecida a lo que ya estaba. Este EP tiene algo con los sintetizadores que también son muy envolventes y que demuestra la participación de Otto, quien llega a la banda desde “Nómada”. Entonces los sintetizadores tienen una voz ahí importante.


Daniel: También estaba ese interés de prestarle atención a la arquitectura de la canción y de cómo cada elemento empieza a ser parte de un todo. Canciones como “La despedida” suceden cosas, como cuando uno está con su pareja y se van desnudando, poco a poco. Aparece el bajo, luego llega la guitarra, van apareciendo elementos a medida que va apareciendo la canción. No es como que todo lo botamos de chorro. Es una cantidad de información que abruma a veces. Como en “Ficciones”, que no se sabe muy bien qué está a servicio de qué. Si en una conversación todo el mundo está hablando al tiempo no se entiende nada. A eso quisimos llegamos con Claroscuro.





Una buena canción de rock entiende el valor del silencio y busca respirar también. Y creo que han avanzado mucho en el tema de darle espacios a las canciones, lo que permite que sean más interesantes, que el público tenga una mejor experiencia de su sonido.


Miguel: Totalmente. “Claroscuro”, por ejemplo, fue una canción en la que Otto y Simón llegaron con el riff del final. Y eso estaba presente en toda el corte. Cuando llegamos a la finca-estudio con José Pablo, que es un productor del putas, dijo que la canción que necesitaba respirar. Entonces empezamos desde abajo. En este EP nos empezamos a cuestionar todo ese tipo de cosas. Vamos desnudando lentamente la canción. Muy bacano que sea rockero, pero queríamos que llegara a otro punto. Un tema como lejanía, por ejemplo, tiene cosas tomadas del pop. En últimas no importa un carajo el género, sino pensar en la canción, en qué necesita la canción.


Para cerrar, hablemos de Vive Latino en 2022. ¿Cómo llegaron allí como una de las bandas más jóvenes y cómo fue ser parte, como agrupación y público, de este festival?


Miguel: Eso fue increíble para nosotros y salió después de que tocáramos en el Altavoz, el festival más grande de Medellín. Llegamos por intercambio al Vive Latino. Tres de la tarde tocamos en la Carpa Intolerante del sello Intolerancia. Salvador nos vio en Altavoz y decidió llevarnos. Esa fue la oportunidad de la vida. México en cuanto cultura nos lleva años. Se respira por todos lados. Me acuerdo de que un martes estaba tocando IDLES y en el otro The Drums y en el otro José González. La experiencia de conocer también otros artistas en México fue brutal. Son consumidores constantes de música.


Llegamos emocionados y nerviosos, con esa responsabilidad de mostrar quiénes éramos. Había gente que ya nos había escuchado. Uno siempre ve que en México hay tantos oyentes, pero no sabe si es cierto. Sí había una docena de personas que se sabían los temas. La gente se iba acercando y se llenó. Al final, muy bonito, nos terminaron coreando: “¡Bisonte, bisonte, bisonte!”, fue brutal. Tuvimos ahí a Julieta Venegas en camerinos, la conocimos, a los Auténticos Decadentes. Disfrutarlo como espectadores también brutal. Ver el espectáculo de C. Tangana, de Black Pumas. Aprovechamos para eso y fortalecer relaciones. Fue ir a hacer lazos. De hecho, grabamos un tema en el estudio de Randy, el baterista de Molotov, We Rock. No lo sacamos, pero queda la experiencia.



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