• Ignacio Mayorga Alzate

La sonora Mazurén se une a Chicha Libre para honrar a líder indígena Cristina Bautista

Actualizado: nov 10


El panorama de la nueva música tropical colombiana estaría incompleto si en él no se incluyera el nombre de La Sonora Mazurén. Este conjunto de 7 piezas ha sabido recuperar el sonido de los años de la discografía tropical suramericana para mezclarlo con el vertiginoso ritmo de la vida bogotana. En el sonido de esta banda, conformada por diversos músicos venidos de todas partes del espectro sonoro nacional, converge la cumbia local con la chicha peruana y el funk y fuzz africano, empacado todo en una explosiva energía que se materializa para no dejar indiferente a ningún bailador. Así, desde hace tres años, esta orquesta dinámica se ha convertido en uno de los actos esenciales del under bogotano, una parada obligada para todo quien se precie de saber mover el esqueleto, para todo melómano empedernido, para todo trasnochador irredento.


Desde hace algún tiempo la banda radicada en Bogotá ha venido trabajando en la configuración de un catálogo con voz propia al presentar clásicos del extenso catálogo latinoamericano y bebiendo de algunos clásicos redescubiertos a la luz de su propia sensibilidad musical. Este año, La Sonora Mazurén presentó, de la mano de sello In-Correcto, su primera placa discográfica que retoma y presenta algunos de sus momentos más memorables en vivo. Recogiendo presentaciones memorables del conjunto, cuando su fuerza interpretativa llega al clímax de la maestría, Maratónico sandungón nos trajo un poquito de luz en medio de la pandemia con sus sonidos de alegre tropicalidad. Sin embargo, la banda sabe que a veces hay momentos para celebrar, pero también de reflexión y de indignación nacional. Por ello, junto al ensamble neoyorquino Chicha Libre, La Sonora Mazurén lanzó la semana pasada “Caminito de mi pueblo”, un homenaje a la memoria de la líder social e indígena Cristina Bautista en el aniversario de su asesinato.


Bautista hizo parte de la resistencia indígena como líder, gobernadora y defensora de los derechos de la tierra. Siempre habló alto y claro sobre la violencia dirigida contra su comunidad y, quizás por ello, fue vil e impunemente asesinada a sus 42 años junto a cuatro guardias indígenas desarmados el 29 de octubre de 2019. El lanzamiento se enmarca en el contexto de la llegada de la Minga a la capital para exigir los derechos de los pueblos originarios en un país que los ha abandonado históricamente. El indígena en Colomba es una imagen conceptual, un otro idealizado para darle peso a un relato republicano que habla de pluralidad, multiculturalismo y riqueza en expresiones culturales. Pero es un otro que adorna los murales espantosos de Acuña en el Hotel Tequendama, no una parte de nosotros ubicados en el discurso central que reconocemos. Esto tiene que cambiar. La voz de Cristina Bautista es una de las muchas que componen un coro de muertos que claman justicia y enmienda. Basta ya. Escúchennos.