• Ignacio Mayorga Alzate

La zanahoria mutante llega a la escena colombiana con “Éramos 33”


Cartagena, debido a una tóxica visión centralista del país, casi siempre termina relegada al lugar de la economía turística. Sin embargo, los cachacos desconocemos de cabo a rabo toda la cultura que impregna sus murallas históricas, las historias que se cuecen cuando el sol se ahoga en el horizonte del mar y, sobre todo, la fructífera escena musical que brota en cada una de sus calles históricas. No teman: antes de que puedan volver a tomar un avión para ensuciar las playas de arena diáfana, les presentamos el último proyecto de esta ciudad del Bolívar, La zanahoria mutante, que hace poco estrenó su primer sencillo: “Éramos 33”. Formada a finales del 2013 en Cartagena de Indias por un mototaxista adicto a la sopa de melones ciegos, un cachaco champetu’o y una chica selvática, La zanahoria mutante es una banda que no compone canciones de amor y que se pregunta por la identidad de una ciudad que huele a extranjero y a niño yuppi mochilero. "Al Cartagenero se le acusa y se le señala de no querer a su ciudad, pero cómo poder exigirle aprecio por una ciudad que le dio la espalda y se encargó de marginarlo, robándole el mar", explican.


“Éramos 33” está basada en una de esas tragedias que suelen ocurrir en muchas zonas del país, aquellas que algunos mal llaman “macondianas” o propias del “realismo mágico”: esto es real y es trágico y pasó aquí, en nuestro país colorido y alegre. Aura y El Cacha escribieron la canción luego de que, en Fundación, Magdalena, un bus que transportaba niños se prendiera fuego y el conductor “se volara”. Aprendiendo las lecciones de René Segura de Odio a Botero, La zanahoria mutante cuenta la historia de estos 33 niños que perdieron la vida entre flamas. Inspirados por el sonido del punk y el grunge, la banda construye una estética explosiva y enérgica. "Ya existía un riff de guitarra, un poco agrio, un poco rabioso, un poco descontento... Cuando nos enteramos de la tragedia de Fundación, nos llenamos de impotencia, de ojos llorosos y decidimos usar ese riff para tomar una fotografía de lo sucedido, abandonamos la ketamina y diseñamos la letra. Queríamos algo que impidiera que lo ocurrido en fundación se convirtiera en una noticia pasajera", explica la banda. La producción musical de "Éramos 33" fue hecha por la propia banda con la visión de Camilo Manchego en la ingeniería de mezcla y el acompañamiento de Halley James en la masterización.


"Hay un imaginario telenovelesco de lo que es la Costa Caribe colombiana. Queremos narrar de manera honesta y sin caricaturizar al costeño, sus vivencias, sus tragedias, sus éxitos y sus desgracias", explica la Zanahoria Mutante. El sonido de la banda es incómodo, asfixiante y portentoso. A veces miramos las playas en postales y no sentimos el calor del infierno en su punto más álgido de sol. La banda trae las verdades de la vida por fuera del paraíso turístico, un lugar al que se escapa, pero del que sus habitantes no pueden escapar. Sin recurrir a la fórmula del exotismo tropical, La zanahoria mutante plantea una propuesta de valor contundente, misma que ya han llevado a varios bares de la ciudad en la que habitan. La banda presentará su primer trabajo discográfico más adelante con cortes importantes de su catálogo como “El Cagaplaya” (Crónicas de un cachaco con arena en las medias), “Socorro-Bosque-Manga” (un grito de auxilio en medio de un atraco de bus) y alguno que otro tema sobre el mototaxismo como un estilo de vida digno. Conozcan a La zanahoria mutante, que viene con toda.