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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

Lucía Tacchetti, maletas ligeras y un álbum imprescindible



Lucía Tacchetti es una de las voces más interesantes del electropop argentino reciente. Como siempre, las etiquetas constriñen, más en el caso de una artista tan prolífica, metódica e hipnótica como la oriunda de Bahía Blanca. Por ello, decir electropop es quedarse un poco en un vacío nominativo, pues la música que ha venido construyendo durante años la productora y compositora aborda una serie de sonoridades inquietantes que le da una calidad única a su propuesta estética. Con ELETÉ de 2020 Tacchetti alcanzó una difusión importante en la prensa especializada, aunque su nombre era ya harto conocido para artistas como Javiera Mena o Él mató a un policía motorizado, además de haber generado un impacto considerable en el panorama indie latinoamericano.


Pero es con FLAPS, el álbum que presentó hace unas semanas, que Tacchetti llega a lo más alto del cielo y a toda velocidad, surcando océanos de dudas e incertidumbres para construir un sonido que, desde la máquina, se siente visceral y humano. Para este disco Tacchetti se valió de la figura que lo nombra, los dispositivos a modo de aletas que están diseñados para que los aviones puedan volar a baja velocidad y con toda seguridad, por lo que inherente a estas nueve nuevas canciones está adscrito el motivo del viaje. Y es que precisamente FLAPS nace del traslado físico de la productora de Buenos Aires a Madrid, donde ha establecido un nuevo nido.


Por eso el disco parte de un lugar distinto que, además, funciona sobre otros andamiajes: al dejar atrás su residencia en la capital argentina Tacchetti sólo pudo llevar consigo los instrumentos que la acompañan en tarima, por lo que su sonido está pensado desde lo analógico y presenta una nueva artesanía sonora en la carrera de la argentina. Con colaboraciones sobresalientes y un sonido más crudo y honesto, Lucía Tacchetti no aminora en FLAPS la velocidad, sino que parece querer llegar más allá de las fronteras del éter y construir un lugar propio en el espacio. Hablamos con la argentina sobre el viaje, la música en la capital española y el valor de construir un universo con pocos elementos.


Quería empezar preguntándote sobre en qué lugar mental y musical te encontrabas cuando empezaste a trabajar en FLAPS. Estaba el sueño de vivir en otro país, pero igual fue un momento extraño el de la mudanza, pues aún era pandemia. ¿Qué querías buscar a nivel musical?


Tal cual como dijiste, estaba en ese proceso de venirme a vivir acá a Madrid. Era parte de un sueño, un deseo de vivir en otro país. Yo ya vivía en otra ciudad, porque no soy de Buenos Aires, y ya había tenido ese salto de dejar a mi familia y a mi casa en Rosario diez años antes. Pero siempre había tenido el deseo de probar otro país, otra cultura, otras costumbres y eso se juntó con que, en 2021 cuando me vine, comenzaba el invierno argentino y se cerraban un poco más las puertas para los conciertos. Entonces se juntaban dos cosas importantes, por lo que tomé la decisión de venir a aquí. Tenía algunas cosas confirmadas, unos festivales, pero en ese momento todo era con sillas, todo bastante extraño. Fue un poco lo que me dio el impulso. A veces necesitamos de la excusa para decir “voy”. Estaba mentalmente en ese proceso: feliz de cumplir un sueño, pero en un momento súper raro. No es lo mismo llegar a una ciudad nueva que todavía no está al cien por ciento operativa. Pero, tuvo su encanto también porque había un poco menos de turismo y me la pasé caminando por la ciudad. Todo eso se ve reflejado sí o sí en el álbum que hice porque todas las letras las hice durante esos primeros meses. Yo lo escucho y me lleva al cien por ciento a ese estado. Para mí los discos son como fotos de un momento. Y este disco refleja muy bien esta fijación.



Siento que es un álbum en el que desnudas mucho el sonido y que encuentras en una economía de recursos una forma muy elegante de construir canciones. Quizás eso también tenga algo que ver con dejar atrás cosas con el viaje, porque no todo cabe en una maleta, en un sentido literal y metafórico.


Total. Este disco para mí es muy visual. Porque en todo el equipaje que me traje lo que más me ocupó espacio, lógicamente, fueron mis herramientas de trabajo, mis instrumentos y sintetizadores. Fue como montar todo el disco basándome en esas cosas. Yo antes tenía un computador de escritorio y cuando decidí hacer este viaje pasé a tener mi primer portátil que iba a utilizar para componer. Eso también me dio un montón de libertades. Es como que me achiqué quizás en lo técnico porque sólo tenía una consola y el portátil, pero siempre tuve el hardware, que es algo que me identifica. Pero se achicó en términos de producción y eso me pareció súper especial porque creo que desde los límites muchas veces nace una creatividad muy poderosa. Tengo este sintetizador para bajos, este para arpegiadores y este hace los ritmos. Quise que el disco tuviera sí o sí esos elementos y no querías usar muchos samples digitales. En FLAPS quería traer la sensación del directo al disco y, como la sensación en vivo la dan los instrumentos con los que llegué aquí, todo terminó tomando esa forma. Al final el equipaje que llevé fue el que me terminó dando esa libertad para hacer este disco.


Cuando uno tiene todo no sabe muy bien por dónde empezar. Con dos colores puedes construir muchas cosas maravillosas.


Sí, sí. A veces me sucede en el momento de producir o de componer que tengo esta sensación de “Puedes hacer lo que quieras con todo”. Porque desde el computador puedes acceder a cualquier instrumento, a cualquier biblioteca que te genera un arpa del año 1800. Al final, tienes en tus manos, supuestamente, infinita cantidad de instrumentos. Y ya, en el directo, no tengo esa cantidad de cosas. Con lo que finalmente ejecuto mi música es con los instrumentos que más conozco y a los que más cariño les tengo. Me parece súper interesante eso. Sirve también un poco para cualquier cosa en la que uno esté durante un proceso creativo: si logras encontrar tu eje, el lugar en el que concentrar tus energías, ahí empieza a nacer algo nuevo.



Total. Y este ejercicio de la paleta reducida lo llevas también a los videoclips que trabajaste con Duelo. El videoarte está en ellos en un lugar muy central. Me gustaría saber cómo llegaron a la construcción de estos cortos, cómo fue la dinámica creativa.


En el área de videoclips me gusta que los directores siempre me den primero su visión de lo que escuchan del álbum y después les cuento un poco cuál era mi percepción a la hora de hacerlo. Mi eje desde el comienzo era esto del movimiento, el salir de tu zona de comodidad, aprender cosas nuevas. El movimiento era el eje en este álbum y también la introspección, esta dualidad. El haber encontrado el nombre del álbum termina dando la estética de los aviones, los aeropuertos, las situaciones en tren, todo lo que representan esos no-lugares en los que a mí me gusta pensar, esos sitios por los que pasa mucha gente y a la vez estamos un poco solos. Son espacios de mucha felicidad o de mucha angustia y son lugares muy especiales para mí. Entonces la estética de los videos también tenía que acompañar eso. Fue increíble porque encontramos un simulador de avión y pudimos grabar allí. El eje era, necesariamente, el movimiento.


Hay una calidad retro en el sonido y es interesante porque toda la comunicación está orientada a esta idea de “Lucía se reencuentra” o “ Conozcan a la nueva Lucía”. Quería saber cómo este sonido con un dejo nostálgico apela a esta Lucía presente y cómo se inscribe en este proceso de redescubrimiento personal y artístico.


Es extraño porque considero que siempre estoy en la búsqueda de saber quién soy, qué quiero ser, si soy feliz o no. Todos estos discos tienen esta cosa de “esta es mi mejor versión”. Por suerte siempre voy sintiendo que voy evolucionando. Una parte mía, de mi esencia, ya es así. Sí es verdad que es un disco que, al haberlo producido, siento que tiene muchísimo de mí y de todos estos años de aprendizajes, de tocar muchísimo en directo. Aprendí mucho de montar mis sets en vivo porque eso fue finalmente lo que me enseñó a producir. En eso sí siento que es en lo que más me descubrí a mí misma, en esto de generar mis sonidos y saber que soy esos sonidos. La parte quizás un poco retro creo que la da la elección de instrumentos. Todo lo que utilizo son sintetizadores que existen desde los ochenta. Al utilizar tanto análogo se genera ese audio, quizás sólo a nivel técnico. Aunque sí es verdad que las progresiones, los acordes de las melodías y todo lo demás pueden ir hacia esa nostalgia. Ahí se entrecruzan muchas cosas.


Cuéntame también cómo se construye el personaje de ELETÉ.


ELETÉ nace en mi disco anterior. Es un sitio al que quiero ir. Sobre todo porque siento a veces que es un poco fuerte tener tu nombre, el que está en tu pasaporte, en tu proyecto. Es rara la sensación, porque me genera mucho orgullo, pero hay una parte privada, íntima, que quiero que siga siendo mía. Entonces me divertía encontrando un seudónimo para esta Lucía que es la productora, la que hace remixes, la que compone, la que experimenta. Me divertí un poco al encontrar este nombre y finalmente con este disco decidimos que fuera el primer momento también para explicar un poco a la gente que existe esta especie de alter ego con el cual iré subiendo otras cosas que no sean las que están en el perfil de Lucía Tachetti, sino que sea mi lado más de productora, más de experimentación, en el que va a haber tracks que no están en el otro proyecto.



Me hace pensar en los heterónimos de Pessoa, los muchos personajes que hablan distinto en sus poemas.


Sí, sí, sí. A mí también me encantan los proyectos que sorprenden de esa manera. Digamos que te gusta un artista y cuando vas a buscar en Internet te encuentras que tiene otra banda con otros músicos. A mí eso me vuelve loca. Me parece que es de lo más lindo del arte. Siempre estoy buscando desde ese lugar. Me encantaría que viniera una banda a invitarme a ser su tecladista, porque me parece un súper plan. Me divierte en todos los frentes. Eso me parecía súper interesante.


Hablemos de las colaboraciones. Quería saber si hay algún tipo de sentido patriótico en invitar a wiranda johansen o a Delfina Campos a hacer parte del disco. Además quería que me contaras cómo se da el encuentro con Margarita quebrada, Maika Loubté o MULA, quienes, además, se salen muchísimo de su zona de confort en este álbum.


Las colaboraciones son algo que a mí me encanta hacer. Las disfruto muchísimo y siento que aporta siempre juntarte con colegas y hacer música o que simplemente pongan su voz a una canción, ya con eso le dan otro color. Pero también a veces pueden ser un poco forzadas. Siento que ahora todo tiene que ser una colaboración y me encontré un poco en esa situación de “Tengo un disco nuevo, tengo que tener colaboraciones, pero quiero que sean naturales”. Estaba en un momento en el que no sabía para dónde salir y fue muy lindo el proceso porque a todas estas personas las fui conociendo conforme armaba el disco. Margarita quebrada, por ejemplo, trabaja muchas cosas con Duelo, los chicos de los videoclips, y así nos conocimos. Empezamos a hablar, les mostré el disco, les encantó “Solos” y a la colaboración le sumaron toda la parte en la que ellos cantan, todo es composición de ellos.


Lo mismo me sucedió con Mula. Nosotras somos parte del mismo sello en España, que se llama Costa Futuro, pero nunca nos habíamos conocido más que en lo virtual. Nos tocó por suerte coincidir en tres festivales y tuvimos viaje de coche, de avión y de bus juntas. Ahí nos hicimos amigas. Ellas estaban componiendo cosas, yo estaba terminando el disco y se los mostré. Les encantó “Rota” y la hicimos juntas. Tal cual salen de su zona de confort, pero fue muy lindo porque la grabamos en Madrid en un estudio y pudimos compartir. Con Miranda me sucedió lo mismo. Ella estaba por Madrid y ahí sí puja la parte argentina, de músicas y colegas. “Veámonos, tomémonos algo”. Empezamos a vernos y grabamos aquí. A Delfina ya la conocía de antes y ella escuchó “Órbita” y le encantó, entonces fluyó también muy bien.


A Maika también la conocía, lamentablemente de manera virtual, pero con ella siempre tuvimos la idea de hacer una canción juntas. De hecho todavía queremos hacer un EP desde cero, que estaría increíble. Surgió esta canción, ella envió un montón de ideas y toda la parte de la letra la compuso ella. Al final fue algo muy natural y sentí que todas las canciones que están en el disco es porque tienen que estar, las tenía que conocer y me tenía que cruzar con ellas. En eso soy de la creencia de que las cosas suceden de manera orgánica. Y fluyeron de esa manera, aportaron muchísimo al disco y no sería lo mismo sin su participación.



Y es bonito que cada uno se subiera en la canción que le gustó. No es como un tema del “Featuring Pitbull” del indie, algo forzado.


Sí, es que es duro. Entiendo que es parte de lo que estamos viviendo. Todos escribimos mensajes para hacer feats y todos recibimos rechazos y todos lamentablemente tenemos que decir que no a muchas cosas. Está buenísimo por un lado y por el otro se vuelve como una especie de obligación. Al final es música y te tiene que gustar y tienes que conectar con lo que está sucediendo. Te tiene que gustar la letra, el mensaje, lo que dice. Para mí no es un tema liviano.


Para cerrar, quisiera saber cuáles son tus percepciones culturales sobre Madrid, en un sentido personal. Vienes de una capital musical como Buenos Aires a otra, pero las dinámicas no son necesariamente las mismas. Más allá de la comunidad musical, ¿cómo habita la gente los espacios musicales en cada una de estas ciudades?


Tal cual decías, son dos ciudades muy fuertes a nivel cultural. Las dos sienten muchísimo y la gente es parte de absolutamente todo. Aquí vas caminando y te puedes encontrar con un escenario montado en cualquier parte de la ciudad. Y en Buenos Aires te puede pasar lo mismo. A mí eso me conecta mucho porque es una de las razones por las que decidí vivir en Buenos Aires. Me parece alucinante vivir en una ciudad en la que haya muchísimos conciertos, obras, cosas para ir a ver, festivales. En eso las veo muy similares. En cuanto al público, me parece que son dos culturas en las que el plan puede ser ir a ver un concierto o estar en un sitio y que esté tocando una banda. Es algo muy natural. Es muy valioso, porque cuesta encontrar ciudades así. No es como que en todos los lugares cosmopolitas suceda eso. Aquí sí lo que veo es que en el género que estoy ahora, que es más electrónico, le gusta mucho a la gente. En Buenos Aires también, pero es una ciudad más rockera. Ahí sí noto una diferencia de público. Pero, en general, son ciudades muy abiertas. Sí es verdad que aquí hay muchos más festivales, muchísimos en todo el país. Y es más federal. No sucede todo en Madrid. En mi experiencia he ido a muchísimos sitios en estos dos años. En Argentina es un poco más el tema de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza: cuesta más abrir el panorama para todas las ciudades. Pero, la música es fundamental para las dos. Eso es importante.




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