• Ignacio Mayorga Alzate

Polikarpa y sus viciosas regresa once años después con “Hijas de la rebeldía”


Es una bonita coincidencia que el último álbum de Las Polas, Hijas de la rebeldía, haya sido lanzado el 9 de abril, fecha en la que se conmemora el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, quien sería la esperanza del pueblo campesino de una nación entonces en desarrollo y que, a pesar de los nuevos y modernos edificios que pueblan el espacio aéreo de sus principales capitales económicas, poco o nada ha cambiado desde que al político liberal lo acribillaron a plomo en una calle transitada del centro de Bogotá. Este contexto político es absolutamente necesario al hablar del nuevo trabajo de Polikarpa y sus viciosas, una banda que desde más de un cuarto de década está luchando desde el anarquismo para el reconocimiento de los rostros anónimos que componen esta nación llena de belleza y corrupción. Y es que, si bien el álbum tiene más de una década desde que se escribió, lo cierto es que continúa siendo absolutamente relevante al contexto nacional. Quizás hoy más, a la luz de dos décadas del uribismo como principal motor político del país, Hijas de la rebeldía tiene un valor actual, urgente y necesario para sacudirnos los piojos democráticos que envenenan nuestras ideas.


Grabado en 2018 en Panorámica Estudio y masterizado por Ralph Mertingk de la banda de hardcore y anarcopunk alemana Bluttat, que visitaron el país en 2018, Hijas de la rebeldía por fin vio la luz después de cuatro intentos de ser producido. Las anteriores tres veces se había perdido el material o está en manos de personas que no lo quieren lanzar. Sin embargo, los tiempos de la vida son un misterio asombroso, pues esta es quizás la mejor versión que pudo haber tenido el disco. A diferencia de sus tres álbumes anteriores, Hijas de la rebeldía encuentra a la banda en un estudio antes que en un garaje, lo que le permite a la producción jugar con cada uno de los elementos que conforman la propuesta: el sonido estridente de los instrumentos, los voces guturales y salvajes de las Polas y la posibilidad de que el mensaje sea coherente, legible y eficaz.


Con canciones de antes y de ahora, Las Polas se erigen de nuevo con el puño al cielo para reclamar justicia y presencia del estado en las conversaciones actuales de una nación en crisis. Dos líneas temáticas atraviesan este esfuerzo de 10 canciones y de 18 minutos: los abusos del conflicto armado colombiano (el abandono estatal, la infancia perdida, la corrupción, las mujeres que se convierten en botín de guerra por parte y la necesidad de hacer valer nuestros derechos como ciudadanos y ciudadanas) y, además, el abuso patriarcal contra la mujer por parte de una Latinoamérica endémicamente machista. Así, no es ninguna sorpresa encontrarnos con “Libertad” cerrando el disco. Es una versión más explosiva, enérgica y estridente del clásico de la banda, que llevan décadas demostrando en vivo sin mermar su emoción y entrega o la pertinencia del mensaje que trae consigo.


Hijas de la rebeldía es un álbum sacado de los ovarios, arrancado del centro de la Tierra (que es cosmogónicamente siempre femenina) con las uñas campesinas que cultivan nuestros campos, para la distribución a una nación sin memoria que ha olvidado las cuencas anónimas de calaveras en las fosas comunes que reclaman justicia, nuevas flores nacerán de sus lágrimas de sangre. “Caquetá”, que abre el disco, abre abiertamente de los abusos de los militares en zonas de conflicto colombianas: cuando el estado no puede ver, gruesas botas de cuero están prontas para agarrarnos a mansalva, a desaparecer nuestro espíritu y nuestros sueños en tumbas improvisadas entre la manigua. “Amor” es una suerte de balada explosiva que lleva la corporalidad al primer plano, prestándole atención a una mezcla llena de poderío y agresividad. “Botín de guerra” es una cruda reflexión sobre como el cuerpo de la mujer se convierte en un premio para los vencedores, de parte y parte, luego de la batalla. Las voces emulan el desgarramiento del cuerpo, la feminidad hecha trizas a fuerza de penetraciones violentas, esputos y moretones. Háblame de los héroes de la patria. De los patriotas.


“Capitalismo” es una obra maestra del anarcopunk nacional. Las voces más limpias e irónicas, a lo Bratmobile, que rápidamente suben la velocidad al corte para criticar, siempre con argumentos, este sistema de endeudamiento y desangramiento monetario en el que vivimos inmersos. Cada vez la vida vale más y nuestro dinero compra menos. Nuestros sueños no se concretarán en manos de este sistema desigual en el que siguen premiando a los millonarios y explotando al resto de ciudadanos y ciudadanas de a pie. “Hartas” se refiere al hartazgo que tienen las mujeres latinas del abuso sexual, físico y psicológico que tienen que padecer a diario en un territorio en el que “patria” sigue siendo una palabra solemne, a pesar de que etimológicamente remita a la figura patriarcal del macho salvador. El libertador. “Víctimas nunca más” continúa por esa línea. Es explosiva, violenta, una patada al rostro jadeante y excitado del patriarcado, el que mira los culos de soslayo, el del susurro no pedido en la calle, el que victimiza al victimario en razón del atuendo de la víctima.


“Mujeres por la resistenciA” es un corte clave del álbum. Con un bajo elástico a cargo de Sandra Rojas y alaridos estridentes en contra del odio, la tortura, la exclusión y la violencia, la canción busca llamar a la acción, empoderar a las mujeres de Colombia y el continente a que alcen su voz y se hagan oír. Llegarán nuevos vientos de creatividad, furtividad y suavidad para cambiar el destino impuesto de un sexo que es todo menos débil. Sobre todo, después de escuchar este álbum. “Aborto” es una reflexión sobre el cuerpo de la mujer y la estigmatización que sufre a voces de que no lo habitan, de quienes creen que es muy fácil opinar sobre las circunstancias particulares de cada una de las mujeres. “Excombatiente” pone el dedo en la llaga de un estado corrupto y asesino, que destruye y desplaza a sus habitantes. Es un corte urgente y necesario, que invita a la insurgencia ciudadana. Cerrando el álbum, “Libertad” nos da un atisbo de esperanza, recordándonos que tenemos que poner de nuestra parte para lograr la equidad, la inclusión, la paz.


Polikarpa y sus viciosas nunca han sonado tan coherentes y necesarias. Su discurso está articulado a una actitud que no ha dejado de ser contestaria en 26 años de historia. Este es el sonido que merecía una banda legendaria que ha roto esquemas desde el día uno. Nuestras riot grrrls criollas han sacado adelante un álbum necesario, urgente y dinámico que seguramente marcará a las viejas y nuevas generaciones de rebeldes que seguirán saliendo adelante a pesar de las circunstancias. Es un sonido insurgente y rabioso. Pero es que cuando se trata de Las Polas, olvídate de las flores. Esto es punk crudo y visceral. Y es perfecto.


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