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  • Ignacio Mayorga Alzate

Rosa Profunda, los nuevos sonidos de Córdoba, Argentina



Cuando todo se sentía escrito en el rock argentino, apareció del fango una flor de extraños colores. Germinada en el seno de Córdoba capital, en Argentina, Rosa Profunda es un colectivo de productores musicales que desde su debut se han consagrado en el under de su ciudad al tejer distintos sonidos en una propuesta hipnótica y envolvente. Fundada por Tomás Gaiero como un proyecto junto a su antiguo profesor Nico Giecco, la banda debutó con un EP sorprendente en el que integra las lecciones de sampleo con vinilos de actos como Massive Attack, canaliza el imaginario de producción de luminarios del dub como Mad Professor y construye fríos poemas de una belleza de cristal resplandeciente. Luego de lanzar Rosa profunda, Gaiero sumó a varios colegas al proyecto para darle una noción de banda, pero sobre todo de colectivo artístico en el que disciplinas como la moda, el video o el performance complementan una puesta en escena coqueta y nocturna. A finales de 2022, antes de su show junto a Mad Professor, hablamos con Gaiero sobre las películas de terror, la literatura de Borges y la importancia de la colectividad en la construcción de proyectos artísticos de largo aliento.


Quería comenzar preguntando cómo nace Rosa Profunda y si, digamos, el proyecto hace cinco años y si tenía algo de pronto que ver con el libro de poesía de Borges.


Bueno, yo leí ese poemario cuando era muy pibe, tipo 2013, y me quedó el nombre para algo. Venía pensando “hay que ponerle a una fiesta la Rosa Profunda, hay que ponerle a algo la Rosa Profunda”. Y, de repente, apareció el proyecto este y me pareció adecuado. Y el libro está buenísimo, yo hace poco lo volví a leer y es como la parte más plomo de Borges. Duro, súper racional, habla de Cartago y no sé qué cosas. Así que, poéticamente, no sé si es lo que más me identifica. Yo estudié filosofía un tiempo y me fui topando con las rosas en todos los lugares. Y, además, somos una comunidad muy cannábica, la Rosa Profunda, entonces empezó a tener sentido que se llamara así el proyecto.


Pero surge, en realidad, con un disco. Yo antes tenía otra banda y me separé de ese proyecto y me encontré con Nico Giecco, que era un profesor de la Colmena, donde yo estudié producción, arreglo y composición. Y pegamos mucha buena onda. Yo tenía estos temas y empezamos a elaborarlos. Fue un proceso súper experimental. O sea, él medio que me hizo su padawan en términos de Star Wars, me hizo su discípulo. Y tuve la posibilidad de probar un montón de cosas con él hasta que terminó siendo ese hijo que es el disco. Fue un periodo todavía en el que no tenía tanta información como ahora con respecto a la música. En ese momento era todo muy intuitivo. Y surge primero con un disco porque fue hecho todo en el laboratorio, por así decirlo. O sea, trajimos músicos de sesión que eran amigos míos.


Después del disco armamos la banda. Conocía a mis compañeros de proyecto en la facultad. Ya cuando salió el disco dije. “Tenemos que armar esto. Esto lo hice todo en la compu, pero tenemos que tocar, con gente de carne y hueso. Quiero un batero, un bajita, quiero que sea como una banda de rock”. Era importante no salir a botar pista, no tipo hacer karaoke medio DJ. Yo siempre fui de tocar con bandas y quería volver a esa instancia. Se fue dando el proyecto y se empezó a dar algo que yo siempre había querido, que es que se fuera colectivizando la creatividad. Con los colegas, las colegas, fui armando lo que es Rosa Profunda hoy. También nos dimos cuenta de que, para hacer los shows, para hacer los discos, para montar el proyecto en vivo, había toda una cadena de producción, desde el manager hasta la Emi, que es quien hace la visual y la dirección de arte, la Sari que hace las tapas. Como que se empezó a armar cada vez más una crew, por así decirlo, alrededor del proyecto.



Claro, y con ese disco ustedes recibieron el premio del Fondo Nacional de las Artes, ¿cómo fue eso?


Eso fue una sorpresa terrible. Lo mandamos, me acuerdo, apenas salió. Fue la única convocatoria a la que aplicamos ese año, porque yo todavía no tenía mucha idea de todo lo que uno puede hacer para ganar plata con la música. Y de repente nos cayó. Salimos primeros en la categoría rock. Estaba creo que “Uma-T” Tuñón, de Babasónicos, de juez. Era todo anónimo esto. No se podía decir quién era, quién había hecho el disco, por una cuestión de que no fuera tu reputación la que ganara el premio, sino que fuera algo lo más imparcial posible. Y nada, fue loco.


Ahí fue un momento re importante para mí en lo personal, porque de repente con mi familia, era como “¿qué vas a hacer con esto, chabón, con la música?”. Y estaba como medio preocupado por eso. Ganar les dio un toque de tranquilidad y la idea que no estábamos pelotudeando, que estábamos jugando a hacer las cosas bien. Eso, por un lado. Y, por otro, la experiencia de compartir con los pibes. Nos fuimos a Buenos Aires, nos llevaron a la premiación. Fue una locura, muy divertido. Motivó muchísimo a seguir apostando y a seguir en la línea que veníamos, que era básicamente muy abocada a hacer la música que nos gusta hacer, que disfrutamos, y poner el corazón ahí.


Claro, siempre es muy loco que uno espera que sea el otro el que esté diciendo que los procesos creativos propios valen la pena. Necesitamos también ese aval externo. Creo que tener ese hito tan temprano en la carrera igual motivó un montón.


Olvídate. Realmente creo que, viendo en retrospectiva, fue fundacional para el proyecto. Al final era muy importante saber que no estamos trabajando y haciendo todo este sacrificio, mental, económico, lo que fuera, por nada. O sea, de igual manera si no hubiera pasado lo hubiéramos seguido haciendo, no es que no haya cambiado nada, ¿no? Pero realmente fue una caricia.


Después del debut también se han hecho unos lanzamientos que son remixes. Es un ejercicio también de repensar la música. ¿Cómo percibes esta práctica en la música y por qué es importante para Rosa Profunda?


Yo creo que el sampling en un momento pasó a ser una forma de ver la vida. Uno se está sampleando todo el tiempo lo que ve, lo que escucha en la calle. Somos gente muy melómana nosotros, nos encanta escuchar música de todo tipo, desde música clásica, música contemporánea, reggae, qué sé yo. De todo se puede rescatar y lo disfrutamos. Uno ve que la música se va repitiendo ciertas cosas, viste, siempre hay homenajes de uno al otro o cosas que se, hilos que se van trazando en la historia. Lo creativo y la música y la arte es un proceso colectivo por el que vamos construyendo, uno va rindiéndole tributo a ciertas cosas. Si tengo la posibilidad de abrirlo para que otras personas también puedan usar este material que nosotros hicimos para hacer música nueva, genial. Fue algo como que está desde el principio. “Che, loco, tenemos que crear la tradición de que, cada vez que sacamos un tema, cada vez que sacamos un disco, abrir los stems”. Siempre ese es el concepto, “toma y haz lo que quieras. Yo no te voy a decir nada. Esto es lo que hay y vos te las arreglas”. Y se arman cosas lindas. La verdad que hay un bonito feedback con los otros artistas. Es importante también para resaltar este aspecto comunitario y colectivo de las creaciones, de las artes en general. Atravesamos un periodo, a mi modo de ver, en el que prima el “yo”. Ya casi no hay bandas, de hecho, son todos nombres propios en general y hay un gran poder en lo colectivo. Muchas cosas geniales que consumimos y que vivimos nunca vienen de una sola persona, siempre son del tráfico entre personas, ideas, culturas. Hacer eco un poco de esos procesos, era un poco idea.





Es como el soltar un poco soltar ese ego, “mis cosas, mi canción, mi arte”. Soltar un poco esa idea como de la genialidad del artista. Me parece supremamente interesante poder crear para que también se convierta en un insumo de la creación al final. La historia del arte es eso, ¿no? Construyes sobre lo construido.


Total. Además, te vas dando cuenta también, a medida que vas avanzando en esto de la música, que cualquier proyecto implica muchas personas trabajando desde siempre. Desde lo más sencillo como hacer una presentación. Nosotros producimos nuestros shows al principio y todavía lo seguimos haciendo. Hay una cantidad de trabajo y si te pones en ese mambo de que “yo soy el genio, vos no tenés idea” no vas para ningún lado, ¿no? Complotamos y no hay nada más lindo que saberse cómplice con otro para hacer arte. Más cuando son amigos, porque todas estas personas somos amigos desde que éramos pendejos. A la Emi la conozco desde que tengo 14, la que hace las portadas también.


De acuerdo, y en ese sentido también, ¿cómo se plantea desde Rosa Pistola el diálogo

con otras disciplinas artísticas?


Eso pareció en el momento en que empezamos a tocar en vivo. Era algo que venimos pensando, ¿viste? La música que estábamos haciendo era bastante, no sé, como introspectiva, como viajera, tiene como cierta psicodelia en la que vos entras, ¿viste? Como un universo no... Es una música que la puedes consumir tirado en el sillón, mirando el techo. Y para mí era muy importante poder lograr que nunca se cortase el viaje cuando nos estuvieras oyendo. Ahí empezó a parecer como este diálogo con otras áreas, ¿no? Lo visual, el vestuario, solemos hacer instalaciones también. Era intentar plantear un universo coherente.


También tenemos otra forma de tocar más laxa, ¿no? Eso es como una eventualidad cuando se junta todo el equipo para hacer una producción, un show. Pero hay veces que no se puede porque te invitan a tocar a tal lugar y vamos con la banda sola, no podamos desplegar toda la parafernalia, digamos, en todos lados. Pero creo que también en esto del diálogo con las otras artes, más allá del en vivo, es que la forma como nosotros hacemos música viene también de un diálogo con otras cosas. Hay mucha inspiración que viene de la música, pero también leemos, vemos pelis, consumimos otras cosas. Entonces, todo el tiempo está ese tire y afloje, ese tráfico de ideas con otras disciplinas. Creo que les pasa también a las otras artes. Sobre todo para comunicarnos entre nosotros, pasa muchas veces que hablamos de escenas de películas para explicar la sensación que queremos transmitir.


Ahorita que hablas de la forma en la que también tienen de componer las canciones basándose, por ejemplo, en recuerdos y sensaciones de películas te iba a comentar que sí había un elemento cinemático en el sonido, ¿no? Es una mezcla ahí medio entre Tricky y un poco de John Carpenter o Portishead por un lado y está Atticus Ross y no sé, como de pronto allá atrás el Trent Reznor de las películas de David Lynch. Hay un diseño sonoro con un poder cinemático como evocativo, muy narrativo, muy fuerte.


Total, yo soy medio un pesado de la narrativa, es algo que me interesa mucho tanto en la música como en lo que hacemos con los shows como en cómo vamos desenvolviéndonos. Que tenga narrativa y que parezca cuidar eso es súper importante. Dijiste algo clave que es lo del diseño sonoro que es un concepto muy cercano a la música para cine. Pasa que estamos viendo películas y nos sorprende el diseño sonoro de las cosas. Me pasa que me sale una canción después de ver una película de terror como El faro. Por el diseño sonoro no sabes si es lo que escuchan ellos o es el sonido del faro el que suena constantemente. Eso sirvió para hacer uno de los temas más recientes que produjimos con mi amigo NVRR.


Y con Rosa Profunda pasa mucho eso. Lynch o la literatura y el cine de terror, el terror muy cuidado, muy fino en lo ambiental o lo atmosférico, nos importa. Lees Marina Henrique o Edgar Allan Poe, lo que sea, y hay como un cuidado en la narrativa para generar tensión, para que algo te asuste. En David Lynch pasa lo mismo y la peli es toda una cuestión muy climática lo que te termina generando sensaciones más que lo que está sucediendo en sí. Cómo traer eso a la música es divertido, estaba ahí dando vueltas. Yo sí creo que es cinematográfico, siempre lo pensamos así.





Claro y hablando de eso también está el video de “Road Trip” que me voló la cabeza, me pareció tremendo el corte del video. Me sentí como en Matrix Revolutions.


Matrix es algo que siempre está. “Road Trip” se da trabajando con Gracielo LeDue. Ahí se da un poco también esto de lo colectivo, porque nosotros teníamos el tema y básicamente él hizo lo que quería con eso. Con Gracielo compartimos cierto universo que nos gusta mucho, tipo que también nos gustan las mismas bandas, muy de Los redondos de ricota. Eso compartimos un montón todos en la banda, somos bastante ricoteros en general. Todo lo que ellos hicieron desde la autogestión y la independencia es realmente es una referencia de cómo hacer las cosas tú mismo, una cosa muy punk.


También nos organizamos: vamos a hacer las cosas con lo que tengamos y con lo que podamos. Cada vez, por suerte, los recursos van siendo más. A veces, en algún área faltan cosas, en otras sobran y lo vamos haciendo. “Road Trip” se dio de esa forma. Yo le había dicho a Gracielo que el concepto era el de gente en una fiesta. Una noche con gente. También yo venía re loco con el Need for Speed: Carbon y esos juegos de autos. Quería algo medio Tokyo Drift. Pasó algo re loco en “Road Trip” que el auto que aparece, un Saab 9000, es de una persona que trabaja en el barrio donde yo vivo, en Alta Cordoba. Con Belén, que es la cantante de la banda, estábamos buscando un auto desesperadamente. Vimos a este tipo andando en la calle y lo seguimos, cuando estacionó le dejamos una cartita en el parabrisas que dices “Che, somos una banda acá del barrio. ¿Te gustaría salir en el video?” y va se aparece con el auto. Eso también tiene algo que ver con esto de la colectividad. De repente tu propia ciudad te va dando los recursos, los actores, la gente


Y ahora le van a abrir a Mad Professor.


Sí, eso no lo puedo creer. Es un regalo. Es una de esas personas que la banda escuchaba. De hecho, la última canción del primer disco se iba a llamar “Rosa profunda dub”, por que se terminó haciendo con todos los procesos del género, con el delay y el reverb. Como que desde la mezcla ya lo habíamos solucionado, pero creo que fue el último día antes de que se fuera a masteriza el disco que aplicamos sus fórmulas: un poco de esto, un poco de aquello y terminamos el tema. Así que tocar con una persona así, con una leyenda como es él, o sea el discípulo de Lee “Scratch” Perry que para mí es un tipo que influyó en toda la música global. Como que al principio no había muchos discos punk para pasar en los recitales entre las bandas, entonces pasaban a Lee Perry, qué se yo, y eso termina como haciendo que el post-punk tengo un poco ese tema de base de bajo y batería, una voz cada tanto, entra una guitarra y se van yendo en todos lados muy emocionantes.


Yo voy a llevar mi disco de No Protection de versiones Massive Attack para que lo firme. Estoy muy contento. Eso realmente no lo esperábamos. Además, hay un club aquí en Córdoba que se llama Casa Babylon donde va a ser el concierto. Es un club muy místico y es como el templo del underground de la ciudad, por así decirlo. Las fiestas de DJs alternativos suceden ahí y es un lugar con mucha historia. Tocó Tricky, tocó Lees “Scratch” Perry, Mad Professor ya ha ido ahí a tocar y de repente nos llamaron para hacer esta fecha. Es una fecha soñada: en el templo del dub de Córdoba tocar con una leyenda del dub, una música de la que además somos fanáticos.


Acá tenemos un bar también que se llama Casa Babylon, porque el disco de Mano Negra se grabó en Bogotá.


¡Esa historia no me la sabía! Ese disco lo tenía mi viejo, me acuerdo. Quiero tocar en su Casa Babylon.


No. Te aseguro que no quieres.


[Risas] Te hago caso. Ha sido un gusto.



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