• Ignacio Mayorga Alzate

The Kitsch plantea una película de serie B en la segunda parte de su trilogía de EPs


Hace mucho que la banda conformada por Albert Medina, Sebastián Pedroza, Juan Charry y Óscar Gómez que alterna con Miguel Laverde dejó de ser una promesa con proyección internacional, para erigirse como uno de los actos claves de la música alternativa colombiana. The Kitsch lleva más de siete años dando bombo, pata y traques en el mundo de la música y se ha convertido en un acto central para hablar del rock, el punk, el surf y el garage en la cultura nacional. Si el rock está muerto (como insisten los dinosaurios en los medios convenientemente transformados al hip hop, no que tuvieran que decidir, en todo caso), en The Kitsch renace de la tumba, se rasga las chamarras y sale a la calle a provocar pavor con una voracidad de escándalo y destrucción. La banda se ha presentado en importantes tarimas a lo largo y ancho del país, ha viajado por el mundo llevando su sonido demente y se ha mantenido firme ante la adversidad, alzando la voz para avocar por los derechos de las bandas emergentes, a las que a veces el circuito de promotores y gestores no valora tanto como debería.


En 2018 la banda presentó Los Kitsch de Colombia presentan: 1/3, primera entrega de ua trilogía de EPs que trabajaba sobre una estética sólida de distorsiones y alaridos, legándonos partes importantes de su repertorio como “Viaje astral” y “Pasasomnia”. Hacia principios de noviembre del año pasado la banda regresó con la segunda parte de esta serie de entregas titulada, apropiadamente, Los Kitsch de Colombia presentan: 2/3. En esta segunda placa, la banda plantea una fusión histérica y alocada que transita por los ritmos que han caracterizado su apuesta sonora, aunque dándole aún más fuerza y protagonismo a la guitarra. Las letras de Albert Medina se caracterizan por contar historias que parecen salir de la imaginación de un guionista de cine de serie B, una película de bajo presupuesto con salpicaduras de sirope de maíz tinturado de rojo y slime repugnante como sangre de alienígenas y criaturas monstruosas. Como una versión criolla de la banda más grande de todos los tiempos The Cramps (es una opinión, déjenme), los Kitsch han creado un universo propio en el que la viscosidad y lo escatológico es la materia prima de sus cimientos.


Los Kitsch de Colombia presentan: 2/3, que acortaremos en lo sucesivo como 2/3, abre con la historia de epidemia “Cytota”, recordando el virus indescifrable que inaugura la literatura de zombis contemporáneos con Soy leyenda de Richard Matheson y sus subsiguientes adaptaciones fílmicas The Last Man on Earth (1964), The Omega Man (1971) y la homónima interpretada por Will Smith de 2007, además de toda la genealogía que inauguró George A. Romero hace más de cinco décadas. “Cytota” cuenta una historia angustiosa en la que el paciente cero ve cómo está contagiando, a través del vómito, a sus conciudadanos, propagando una peligrosa epidemia. Sobre el bajo de Juan Charry las guitarras de surf orquestan esta primera saga de terror biológico. Es el abrebocas perfecto para un disco contundente y enérgico.


“Animal viscoso” tiene una reminiscencia de las bandas sonoras del cine de terror de la década de los sesenta sobre la que se va construyendo un motivo de bajo robusto en el que las guitarras discuten airadas. La mano de Miguel Laverde, guitarrista y vocalista de SAAIL se siente en los punteos esquizoides y psicodélicos, mientras que Medina cuenta la historia de una criatura viscosa, proveniente de nuestro propio planeta. El giro de la voz poética es interesante, en el sentido de que desvirtúa el concepto de otredad al presentarse a un ser de otro planeta, desarticulando la dinámica de centro y periferia que ha hecho de la hibris humana la culpable del agotamiento de los recursos de nuestro planeta, al ser el hombre la encarnación de la vanidad terrena que lo hace pensar que todo lo tiene merecido. Esto se reafirma con la frase “Soy de la Tierra, lo tiene todo y no tiene nada”. Las guitarras distorsionadas se sobreponen sobre una percusión furiosa sobre la que Medina gesticula irónico y divertido un estribillo en el que se reiteran fonemas sin sentido.


“La inquisición” es explosiva y llena de atmósferas espaciales con una base de platillos voladores y percutivos atronadora. La canción es una suerte de reflexión sobre la culpa heredada de la moral cristiana, una fuerte declaración con un bajo elástico y un poderío en el bombo que la convierten en una de las más alocadas composiciones del EP. Cabe resaltar que en este trabajo The Kitsch mantiene una identidad estética propia, pero no le tiene miedo a nutrir su música de otros discursos que enriquecen sonoramente la mezcla. Las guitarras en “La inquisición” son delirantes y certeras, mientras que un bombo contundente parece clavos sobre la cruz con cada uno de sus golpes para dar muerte a los infieles. Cerrando 2/3 se encuentra “Rosas”, la composición más “popera” del disco. La canción es una suerte de despedida romántica o el ritual floral que viene con la llegada de un muerto. The Kitsch echa aquí mano de todo un catálogo de influencias que viene desde el surf al psychobilly y que coordina muy bien con todo el esfuerzo anterior de las tres canciones, permitiéndole respirar a la mezcla con una larga pausa instrumental en que cada uno de los intérpretes puede castigar a su instrumento.


The Kitsch continúa construyendo sobre una base musical sólida y no le tiene miedo a la experimentación. La mano de Laverde como ingeniero es efectiva en el sentido en que, al hacer parte del proceso de composición y arreglos, entiende qué buscaba la banda en cada uno de los cortes, diseccionándolos con elegancia. No que no resulte manchado de sangre en el proceso, pero es parte del coqueto encanto de la banda. 2/3 es divertido y sin pretensiones, pero cuidadoso en su orquestación y en su resultado. Escuchar a The Kitsch es una de las experiencias más divertidas que ofrece el rock colombiano. Esto solo se intensifica en sus presentaciones en vivo. Parte de ello se transmite en este EP contundente y malévolo. Como con la saga de Night of the Living Deadseguimos a la espera de la secuela, seguramente nos pondrá a brincar dando alaridos. Por lo pronto, conozcan y disfruten la segunda parte que The Kitsch les presenta.



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