Hablemos de Titán

 

Una de las cosas más importantes de la organización de Rock al Parque es que, cada vez más, se está abriendo a nuevas propuestas musicales, está permitiendo que el abanico se expanda para ofrecer sombra a un público más amplio y refrescar, en este ejercicio, a la mayor cantidad de oídos posibles. Sin esta nueva visión de las cosas uno de los eventos claves de este festival que dejamos atrás simplemente no hubiera existido: el cierre de Titán del escenario Eco la noche del domingo. Esta fue una presentación que hizo estremecer los rincones más oscuros del Tártaro, la región más profunda del Inframundo.

 

Presentando por segunda vez en Bogotá su más reciente producción Dama (la primera había sido en el marco del Festival Centro a principios del año), la recientemente renovada alineación de la banda los encontró en su mejor momento. Jay de la Cueva (genio creativo detrás de proyectos como Fobia o Moderatto), Emilio Acevedo y Julián Lede (su Majestad Imperial Silverio) crearon, a mediados de los noventa, uno de los proyectos más interesantes de la electrónica en Latinoamérica. Combinando la estética del new wave, los sonidos del desaparecido e interesante fenómeno del electroclash y una destreza para la programación y los sintetizadores, Titán se convirtió en un referente de un sonido análogo cargado de la sensación oscura que llega con la madrugada tras una noche de excesos. Dama, de 2016, los encontró colaborando con el legendario Gary Numan y El columpio asesino, un acto español en que converge la electrónica, el punk, el rock y una descarga letal de sintetizadores.

 

Acompañándolos en el escenario estuvo Cassandra Church, cantante, fotógrafa y modelo californiana que también participa en Dama y hace parte de la escena indie punk de Los Ángeles. Su presencia, como un súcubo del nuevo milenio, hipnotizó a los asistentes hasta el punto de cederle voluntariamente el control de sus movimientos. Sin embargo, la fuerza de Titán está en la suma de sus partes, en la colaboración exhaustiva entre sus miembros que logra que su sonido se convierta en un ente orgánico y construya una atmósfera única en el escenario. Con un juego de luces sencillo pero impactante, la banda recorrió la hora de su oscura presentación con una facilidad ininterrumpida por discursos o sensiblería. Para los que se quejan de la presencia de electrónica en un festival de rock les recomiendo revisen los videos de la presentación, en los que la guitarra de Lede (cuando no estaba en los teclados) estallaba con punteos psicodélicos, dementes, profundamente rockeros.

 

Titán es una fuerza demoledora, una bala perdida, el desgaste de un cuerpo bajo los reflectores y las mentiras de neón de una urbe sobrepoblada. Su presencia en Rock al Parque demuestra que, hoy por hoy, el rock es más una actitud que una estética determinada. Sin pavoneos de rockstars y cargados de enérgicos sonidos los mexicanos demostraron por qué ocupan el lugar que ocupan en el canon de la electrónica mundial.   

 

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