N. Hardem ambienta el agosto bogotano con un nuevo clip

 

 

En marzo el “Perro Negro” volvió a las calles. Con la presentación de Lo que me eleva N. Hardem, MC bogotano con una proyección asombrosa y el pie fuertemente anclado en un público local que lo idolatra, dejó de lado ─una vez más─ los tópicos más estereotípicos del género y construyó un testimonio de seis tracks en el que reflexiona sobre las preguntas más oscuras del alma humana, los rezagos de la infancia en la identidad adulta y la manufactura de beats y rimas con una inteligencia lírica que haría estremecer a otros raperos con mayor trayectoria pero menor sensibilidad estética. El EP, producido por El Arkeologo, es en definitiva una obra de arte, un documento para las nuevas generaciones de rimadores.

 

El viernes, acertadamente, este altísimo rapsoda presentó el clip que acompaña uno de los cortes de Lo que me eleva. “Otro agosto” es una especie de declaración de cariño a sus fans y a su arte, a la perseverancia en su oficio de rimador y un recordatorio de las dificultades que enfrentan aquellos que desfallecen en el camino vital. Plagada de referencias musicales que van de Gorillaz a Mos Def y Wu Tang Clan, “Otro agosto” se presenta como una alternativa frente al desfallecimiento, el regreso al cuadrilátero de un boxeador con las piernas firmes y la mirada al frente.

 

“Otro agosto” es el primer clip que acompaña el lanzamiento de Lo que me eleva, un EP que se constituye como un universo infinito en sus casi veinte minutos. El video fue dirigido por Luis Rojas y Nano Carulla y muestra a un N. Hardem que, como en producciones audiovisuales anteriores, recorre ensimismado la urbe capitalina en medio del enamoramiento y la melancolía de la furiosa pero mágica ciudad. El MC ha venido este año celebrando el nacimiento de este nuevo hijo por un circuito alternativo de venues en los que siempre completa aforos. Como las tardes del agosto bogotano, la canción de Hardem es sol y lluvia, un funambulista vacilante entre la melancolía y la resolución. El rapero se proyecta como un ser un humano frágil pero constante, como el mesías de una masa que no representa la exuberancia característica del bling bling, sino, más bien, a la población del común que se levanta pese al frío con el ruidoso aullido de un despertador ingrato, que tiene sueños comunes, trabajos formales y la hermosa y cotidiana alegría de encontrarse al músico de su afectos ofreciéndoles un concierto.

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