Miedo, manipulación mediática y buenos amigos. Una entrevista con Elvis de Estados Alterados

 


Estados Alterados no necesita presentación. Durante más de tres décadas la banda pionera en Latinoamérica nos ha regalado una serie de lanzamientos necesarios para entender la historia musical de un país convulso, de un mundo en el que el abuso de los medios de comunicación y los grandes sistemas de gobierno nos han llevado a tragar entero, a no cuestionar la realidad que nos circunda y ver más allá de las representaciones de sombras en una caverna a la que estamos amarrados en nuestra comodidad. Con un catálogo lleno de experimentaciones sónicas, de ricas texturas que utilizan lo mejor de la tecnología para crear paisajes de vívida riqueza estética, la banda paisa ha consolidado una carrera que desde el subsuelo ha cosechado un estatus de culto y ha puesto a bailar a miles de personas en la transmisión de su mensaje. Ricky y Elvis no muerden el soma de los sistemas de gobierno y son tan contestatarios como toda la movida del punk londinense de mediados de la década de los setenta. Ahora, poco antes de servir como teloneros de Depeche Mode en Bogotá, hablamos con Elvis, cantante de la icónica banda, sobre su nuevo álbum, sobre el miedo al futuro y de su necesidad de regresar a lo análogo para crear música con carácter y personalidad. Esto nos contó el músico sobre Lumisphera, su próximo lanzamiento discográfico, y “Miedo”, el primer sencillo de este nuevo momento de la banda.

 

Comencemos hablando del lugar en el que estaban cuando terminaron Intruso armónico y cómo se plantearon este nuevo álbum, Lumisphera, en materia de sonido.

 

En el Intruso armónico queríamos recuperar el sonido electrónico original. Eso ya había empezado en el Romance científico. Cuando paramos que estábamos con Discos Fuentes y teníamos toda la carga de ser un artista de Discos Fuentes dijimos “Bueno, volvamos a lo que somos nosotros, a lo que nos hizo empezar”. Y fue este proceso de estos dos últimos discos. Fue un proceso muy bonito porque, además, el Romance científico se produjo con Phil Vinall, el productor de Zoé y muchos más, y el Intruso armónico fue producido por Víctor García, quien produjo nuestro primer disco, en ese sentido fue cerrar un círculo.

 

Como el uróboros.

 

Exactamente, que es un tatuaje que tengo en la nuca [risas]. Entonces es como reconectarnos con nosotros mismos y pararnos de nuevo en el lugar en el que somos sólidos y puros. Eso está aquí expresado. Ahora bien, este nuevo disco que viene, de entrada, Lumisphera es una máquina sonora que construimos dentro de la exploración que estamos haciendo. Digamos que a principios de los años noventa era muy pionero hacer música electrónica, ahora es lo más fácil que a uno se le puede ocurrir. Entonces seguimos explorando máquinas sonoras electrónicas, yo no diría sintetizadores porque esto es muy básico. Pero son interesantes. La lumisphera es una de esas máquinas, es una esfera de vidrio que adentro tiene circuitos que responden a la luz. Entonces el sonido se altera si uno la alumbra o le hace sombra.

 

Una especie de theremín lumínico.

 

Más o menos: el theremín te da un tono siempre, esta máquina tiene filtros y cosas que se distorsionan, es más caótica. Es temperamental totalmente: yo digo que a estas máquinas uno no las toca, uno negocia con ellas. Algunos de esos sonidos mismos se incorporaron en el disco y luego nos pareció que la imagen misma de la máquina era muy poderosa. Nosotros estábamos trabajando con fotografía antigua para este disco, tuvimos acceso al Archivo Histórico Fotográfico de Antioquia. Ahí hay unas fotos increíbles. Entonces cuando Ricky vio la máquina lo primero que comentó fue “Eso parece un invento de Edison o de Tesla”. Ahí como que hizo clic la cosa y se volvió la imagen del disco.

 

En Lumisphera hay una inquietud científica que los llevó a trabajar y a cruzar otras disciplinas en los ámbitos del arte y de la ciencia. Hablemos de ese deseo de explorar y de sacar a la música de sus restricciones y llevarla por otros caminos que resultan en estos experimentos tan interesantes.

 

Nosotros siempre hemos tenido otra cara, otra faceta: Ricky es psiquiatra, yo soy diseñador industrial. Natalia y Pipe sí son músicos de tiempo completo, pero vienen de otros géneros. Eso de tener como disciplinas ajenas a o que vienen de otras partes siempre nos ha funcionado muy bien a la hora de innovar. Si uno escucha música para hacer música va a hacer muy buena música dentro de ciertos parámetros. Pero si uno lee, digamos, sobre el funcionamiento del cerebro, que es lo que hace Ricky todos los días, para hacer música, eso necesariamente te va a llevar a otras partes. Ahí fue que terminamos trabajando con esto: toda la cultura del DIY, de construir uno sus propias cosas, lo que llaman circuit bending que es coger un juguete sonoro y sacarle las tripas para con los circuitos crear otros sonidos. Cuando uno tiene tantas posibilidades dentro de un computador en el que tienes infinitas posibilidades de hacer música, eso lo pasma a uno, no sabe por dónde empezar. Entonces es bueno limitarse un poquito. Estas máquinas son limitadas, son inestables, son fundamentales. Eso nos ha ayudado a crear directrices, a encontrar rutas que nos hacen tener un producto con más personalidad, un producto más propio.

Es una identidad muy suya en el sentido de que sí, los computadores tienen millones de opciones, pero, al final, tú vas a un concierto de electrónica y sabes con cuántos Mac están tocando porque todos tienen la misma tarjeta de sonido.

 

Exactamente y yo pienso que a todo nivel que las labores artísticas cuando se hacen con un computador se vuelven en tomar del menú: estos son los sonidos, estos son los efectos, estos los ritmos, estas son las velocidades. Y puede que estés trabajando en gráfica tienes un millón de colores en la paleta, pero sí tienes tres frasquitos de tinta tienes infinitos colores mezclándolos. Esa mirada a lo análogo es importante. Ela Minus, por ejemplo, está haciendo estos procesos. Hay otra cosa ahí y es que la música electrónica se vio muy sesgada porque decidieron que los sintetizadores debían tener teclados. Eso fue una decisión más bien comercial: un sintetizador puede generar muchos sonidos de maneras distintas, fue una discusión importante cuando estaban diseñándolos al principio sobre si debían o no tener teclado. Si bien estas máquinas son mucho más sencillas, generan otro tipo de emoción precisamente por eso. Si miramos, por ejemplo, a Imogen Heap que está diseñando un guante expresivo que con los gestos de las manos le permite generar sonidos. O uno oye que renacen instrumentos como el theremín que es gestualidad pura. Son otras maneras de experimentar con el sonido que te genera distintas formas de expresarte y lenguajes más propios, porque todo el mundo tiene distintas maneras de moverse, de funcionar en el espacio.

 

Hablemos del trabajo junto a Amir Derakh, ex Orgy. ¿Cómo fue colaborar con un músico de este nivel y, hasta cierto punto, un poco más extremo al sonido que ustedes venían explorando?

 

Hay una cosa que a mí siempre me ha llamado la atención y es que nosotros tenemos muchos seguidores dentro de esa rama gótica o industrial. Nosotros sí bebimos mucho de las fuentes del industrial, pero nunca hemos sido mucho de matricularnos dentro de un club. Sin embargo, sí hay algo de eso en nuestra música y la banda de Amir sí es de pelo alisado oscuro, de todas las pintas negras y también en su sonido son muy consecuentes. Eso nos sirvió mucho porque nosotros en este afán de investigar a veces nos volvemos dispersos, a veces un disco puede tener demasiadas cosas que dificultan la unión conceptual de los temas entre sí. Él nos ayudó a concentrarnos. Además, es un tipo que tiene muy clara la producción musical, además de ser músico es muy buen productor y sabe trabajar con cosas que se salen de su entorno. Nosotros le dijimos “No queremos sonar a Orgy, no queremos sonar a Julien-K”, él lo tuvo clarísimo y nos mostró una cantidad de proyectos en los que había colaborado, muy chéveres, tiene un proyecto de dance muy bueno que se llama Circuit Freq. Nos dejamos llevar, el tipo nos dijo “Pónganse en mis manos, confíen en mí, no va a ser el proceso más agradable, pero sí va a ser el más productivo”. Sí hubo momentos poco agradables, momentos difíciles. Curiosamente nosotros ya habíamos trabajado con productores ingleses, por ejemplo, y no habíamos sentido el choque tan fuerte como con Amir. Bueno, él es norteamericano de origen iraní, pero uno lo ve y es gringo. Sí hubo unas cosas que uno no entendía, pero sí hubo un cuento de comunicación que de alguna manera se permeó a la música, un asunto de cómo plasmar lo que uno está sintiendo ahí. Teníamos distintas maneras de aproximarnos a eso y eso le permitió ser muy único.

 

 

 

Hace poco estrenó “Miedo”, un llamado de atención sobre la manipulación mediática. ¿Por qué la urgencia de empezar esta serie de nuevos lanzamientos con este corte muy a la 1984?

 

[Risas] Bueno, ya que lo mencionas, hay una versión que es como la comedia de 1984 que es Brazil. Con esa película me volví un súper seguidor de Terry Gilliam. En todo caso, siempre ese tema nos ha llamado la atención. Uno ve la historia de Estados Alterados y puede ver una serie de temas que están jugando sobre esa reflexión. “Infecto” es un poco eso, “Amos de la información” y ahora está “Seguridad” del Intruso armónico. Y, si bien es un tema que siempre nos ha interesado, en este momento ya se puso insoportable con el cuento de que nos asustan todo el tiempo, a todas horas, no solamente para que votemos por fulanito, sino que hay gérmenes en la atmosfera, que los peligros de la comida chatarra. Yo no sé. Estamos viviendo en una era en la que tenemos la expectativa de vida más larga de la humanidad y aun así nos quieren hacer creer que nos vamos a morir por tomar un vaso de leche.

 

También va muy de la mano con el momento político del momento.

 

Totalmente, ya lo de Venezuela no aguanta más.

 

Ya para terminar, después de 31 años en el ruedo como banda pionera en Latinoamérica, ¿qué quiere decir Estados Alterados con Lumisphera luego de la conquista de tantos y tan importantes hitos?

 

A ver nosotros, es cierto, hemos tenido momentos importantes, y tenemos unos seguidores muy fieles, pero yo no podría decir que somos una banda famosa, creo que somos más una banda de culto. La gente que nos sigue nos sigue de verdad. Queremos establecer una relación directa con estas personas que nos siguen, ampliar el círculo lo más posible, aunque eso está difícil. Los medios masivos de comunicaciones, volviendo al tema, te ponen lo que ellos quieren que oigas. Hay un movimiento fuertísimo en el underground que no tienen nada que ver ni con la música urbana, ni con todas estas fusiones tropicales, que nunca va a tener la difusión que merece. Nosotros queremos llegarle a quien de verdad le interese, a quien de verdad lo valore, y establecer una relación muy directa, de amistad, con esas personas. Estamos trabajando muy fuerte por eso. En los noventa cuando nos preguntaban qué queríamos respondíamos que dominar el mundo, quizás hoy sería chévere tener un buen grupo de amigos.     

 

  

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