Francisco, el Hombre, el poder de la independencia en las nuevas músicas brasileñas

No hay un rumbo trazado en el camino de la música. Hay quienes que, como los turistas, van siguiendo una serie de directrices, puntos en una cartografía predispuesta que los lleva a pasar por los mismos lugares que tantos otros han recorrido. Sin embargo, otros tantos (y cada vez más) afrontan esta travesía con el ánimo del viajero inquieto, con una brújula sólo como referencia mínima, pero permitiéndose la oportunidad de perderse entre recovecos, dar un giro inesperado para encontrarse con un callejón mágico que no figura en las guías de las ciudades. Este es quizás el caso de Francisco, el Hombre, banda brasilera formada por los hermanos Sebastián Piracés-Ugarte y Mateo Piracés-Ugarte, criados en México, que en 2013 decidieron cambiar el curso de su nave y enfilar hacia un horizonte desconocido en busca de sus sueños. De esta manera, afrontando una serie de tempestades y naufragios, han logrado convertirse en una de las bandas más interesantes de la nueva movida brasileña, pasando de conciertos en plazas y restaurantes a presentarse en los festivales más importantes del panorama latino. Con dos EPs y un álbum, SOLTASBRUXA de 2016, la banda no se ha quedado quieta en este extenso recorrido, gastando las suelas de sus zapatos a la vera del camino y permitiendo sorprenderse con cada lugar nuevo al que llegan. Conservando el espíritu punk de sus primeras aventuras en la música, los integrantes de Francisco, el Hombre son personas sencillas a las que el éxito no ha aminorado su mentalidad romántica, esa que se deja sorprender con cada puesta de sol y agradece el pan vital que nutre nuestros días. En 2017 la banda estuvo de paso por el país cuando se presentó en Medellín y, hace poco, conoció la capital para presentarse en dos fechas especiales. Aprovechamos la oportunidad para hablar con Sebastián, baterista fundador de la banda, y Andrei Martinez Kozyreff, guitarra, sobre el nacimiento de la banda, sus viajes por Cuba y su relación con el éxito.

 

Quisiera comenzar con una pregunta obligada, pero es que estamos en Colombia: ¿cómo nace el nombre de la banda? Tengo entendido que tiene algo que ver con Cien años de soledad.

 

Sebastián: No pensamos que iba a ser algo grande, la verdad es que sucedió leyendo Cien años de soledad en un viaje a dedo por México, reconectándome con mis raíces después de muchos años de no ir a México. La primera vez, tocando en la calle, me encontré con un primo distante que no veía hacía un tiempo, es un cuate francés que dejó todo lo que tenía en Francia para irse a tocar a las calles de México. Para mí era una novedad. Entonces tocando en las calles por primera vez, yo soy batero, pero tocando guitarra y cantando y leyendo ese libro, que por suerte me cayó en las manos, apareció la figura de Francisco el hombre: músico viajero que viajaba de plaza en plaza con su acordeón, con su instrumento, cantando sobre lo que veía en la carretera, trayendo buena onda. En Cien años de soledad no cuentan mucho, es un personaje secundario del que cuentan poquito, pero total que ese nombre quedó en la cabeza. Me marcó mucho. Corte en seco, como dos años después, cada uno tenía su propia banda, mucho de punk rock, de esa línea, y notamos que la verdad teníamos que aprender, teníamos que viajar, teníamos que crecer. Pasaba que en la escena en la que estábamos era mucho punk rock en inglés, todo en inglés, y sentíamos que teníamos que salir un poco de ese nicho que teóricamente era tan revolucionario, pero era tan cerrado, que decidimos que había que viajar y llevamos el nombre de Francisco el hombre sin conocer tanto su figura como ahora la conocemos. Es súper loco, porque cada vez que descubrimos algo nuevo sobre Francisco Moscote nos sentimos más identificados. Desde las leyendas de cómo peleó contra el Diablo con la música y las historias de altos y bajos increíbles hasta la idea de la música como comunicación. Nunca fue algo súper pensado. Hoy lo tenemos como una figura súper especial, pero fue una figura felizmente circunstancial.

 

¿Qué les cuenta la gente sobre esta figura? ¿Qué los impresiona más?

 

Sebastián: Todos nos cuentan algo por alguna parte. Sea su influencia estética como tal en el vallenato, no sólo como movimiento, sino como estética y toda su inspiración para la cumbia. Porque la cumbia sí: Colombia llevó la cumbia a México, pero también la llevó a Brasil y a toda Latinoamérica. La leyenda de cómo batalló contra el Diablo y le ganó. Para nosotros que no necesariamente creemos en dioses y demonios, es una referencia de cómo también traes algo bonito en algo que no necesariamente es tan fácil. Escuchamos muchas cosas, pero, la verdad, la verdad, aunque es la segunda que venimos a Colombia ─la primera vez fue a Medellín─ fueron dos días de llegar, tocar e irnos. Ahora en Bogotá fue lo mismo. Y yo siento que todavía nos falta mucho por conocer, quedarnos dos o tres semanas, salir un poco de las ciudades grandes para conectarnos con la cultura tradicional, que es lo que siempre hacemos, para tratar de entender más a fondo lo que es realmente este país.

 

Andrei: Cuando empezamos la banda viajábamos, tocábamos en plazas, nos veías en cualquier esquina, nos veías en los restaurantes también pasando la gorra y luego en la tarde nos veías en otro bar pasando la gorra de nuevo, nos veías en un hostal tocando un concierto acústico a cambio de hospedaje y haciendo de eso la manera como viajábamos. No era un concierto por semana. Ahora llevamos cinco años de gira. Eran conciertos pequeños, cuatro o cinco canciones aquí. Muy punk en la esencia.

 

Viniendo de una historia de bandas de punk, ¿cómo se relacionan ahora con el establishment?

 

Sebastián: La verdad creemos mucho en lo que hacemos. Lo hacemos mucho por el amor a la música y por el amor por este tipo de vida. Es súper loco de la manera como hemos crecido y en ese camino hemos tenido que tomar algunas decisiones de por ejemplo relacionarnos con marcas, de por ejemplo relacionarnos con festivales más grandes, que trabajan con marcas. En el comienzo de la banda teníamos una actitud más anti establishment, durante un buen tiempo, pero llegó un momento en el que notamos que quizás la actitud anti establishment que estábamos teniendo quizás estaba cortando el camino del mensaje que a veces la música puede transmitir. Por ejemplo, tenemos una canción que se llama “Triste, Louca o má” que la hicimos en nuestro cuarto, Ju trajo la letra, Mateo trajo otra y la hicimos entre todos, y hoy es un himno feminista, quizás el himno más fuerte de Brasil, y sale en la principal telenovela, del principal horario, del principal canal en Brasil. La Globo, a las 9:00, prime time. El personaje principal es una mujer a la que le pega su esposo y cuando eso pasa sale un mensaje de “Mujer resiste” o “Haz tu denuncia” y ponen nuestra canción. Tomar esa decisión de permitir que ese canal que es tan conocido por apoyar el golpe de Brasil, que es un canal manipulador, estuvimos como un mes pensando si lo hacíamos o no y en un primer momento dijimos no, la música no es para pasar por ahí, no es la intención. Después pensamos “¿Sabes qué? Es una canción que ya no es nuestra” hay mujeres que se tatúan la letra en el pecho, grande, decenas de personas, la música ya no es nuestra. Y, si no es nuestra, el mensaje tiene que ir para el frente y la gente que ve esa telenovela no es sólo la gente que ya fue a la escuela y fue a la universidad, es la abuelita que vive en el medio de la nada. Eso nos enseñó mucho sobre cómo relacionarnos con el sistema.

En canciones como “Como la flor” hay una actitud muy concreta sobre el trabajo. ¿Cómo es su relación con esta figura a la luz de que ser músico es quizás una de las profesiones más sacrificadas?

 

Sebastián: Yo creo que sigue pegado a la pregunta que hiciste antes. El momento de ser anti establishment, anti rutina, anti muchas cosas, no lo estábamos logrando hacer porque el mensaje estaba rompiendo esa frontera, teníamos que relacionarnos con el sistema, pues entonces hay que ser el sistema, tenemos que ser eso. No es que hay que seguir una rutina, tenemos que hacer nuestra rutina. Hay que trabajar, pero vamos a hacerlo a nuestra manera. Hay que disciplinarnos porque no vamos a tener jefes. Vamos a ser nuestros propios jefes. No vamos a esperar a que algo pase por nosotros porque hay bandas que explotan, pero no podemos contar con eso. El 0.001% de los músicos explotan y el resto, si quieres vivir de esto, le trabajas y le das duro. úsicos explotan y el resto, si quieres vivir de esto, le trabajas y le das duro. Cuando empezamos tocando en plazas, empezamos sin casi nada de plata, viviendo en una casa todos, prácticamente durmiendo uno encima del otro en la sala, en la renta más barata que podíamos conseguir y la idea era “Bueno, hay que mantenernos con la música, entonces hay que trabajar. Y si es nuestro sueño no importa cuánto hay que trabajarle”. No era trabajarle un final de semana y ensaya dos horas, no güey. Compáranos con un doctor, con un abogado, hay que trabajar para poder vivir de esto. Y no íbamos a ser los músicos güevones que quince años de carrera después no pueden ni tener una familia y tienen que dejar la música porque dicen que no es posible. No güey, vamos a hacerlo a nuestra manera y vamos a demostrar que sí es posible con nuestro mensaje, con nuestra actitud, con nuestro espíritu, vamos a demostrarle a la sociedad que sí podemos vivir de la manera como queremos vivir. Creo que ese fue un punto muy importante para nosotros, que fue disciplinarnos y entender que sí hay que divertirnos lo máximo posible, pero hay que trabajar también lo máximo posible porque nadie va a alcanzar los sueños por nosotros. Nadie nos va a dar eso. Si queremos llegar a alguna parte, hay que conquistarlo. Y eso sea durmiendo casi nada, eso sea sin tener casa ─creo que Ju fue la que tuvo récord de no tener casa, tres años durmiendo en sillones y camas prestadas─, eso sea durmiendo en el suelo, etc. Todo por alcanzar un sueño.

 

Andrei: Eso vino también de la experiencia con las otras bandas con las que ya teníamos todo un trasfondo de entender la industria, entender a los músicos, qué funciona, qué no funciona, por qué no funciona. Y de ahí vino esa necesidad de trabajar todos los días, no sólo los fines de semana. Si hay que dormir en el suelo, por lo menos lo estamos haciendo a nuestro modo.

 

Hablemos de Internet, las campañas de crowdfunding y los servicios de streaming. ¿Las reglas del mercado han cambiado, cómo lo perciben ustedes?

 

Sebastián: Sobre los sistemas de streaming y todo eso yo creo que, como en todo lo que vemos en esta máquina que es el sistema, en los momentos de revolución como que se cambian todos los pisos, pero después los poderosos siempre ganan. Entonces creo que, sí el Internet ha dado la oportunidad de que casi todos tengan acceso a él o a mostrar sus productos, pero igual la distribución y la fuerza continúan en las manos de los poderosos. Sólo que todo se ha transformado. Por ejemplo, SoundCloud era una herramienta súper nueva, pero ahora es de Warner. Spotify tiene todos sus engranajes detrás que ponen las disqueras sus artistas en los playlists. Cambiaron un poco las reglas, pero ni tanto. Creo que es importante entender eso. Sí, da el acceso a gente que quizás antes no tenía oportunidad de mostrarse. Si un chico en la favela de Río hace una canción súper pegajosa, independiente de la calidad, con su celular y la pone en el Internet, quizás eso explote más que Justin Bieber. Pero es el chance del 0.0001%. El resto de los artistas fuertes, o vienen con la estructura o se unen a ella. Pero la verdad eso a mí me encanta porque nos da un ingrediente que antes no había que es la aleatoriedad, antes era una empresa grande que lanzaba un artista. Ahora esa misma empresa lanza un artista, pero quizás mañana otro artista que ni siquiera sabía qué estaba haciendo, tenga más fuerza. Eso es interesante. Y pasa mucho. Pasó con Linikier, que está en nuestro disco.

 

Andrei: Tres videos en vivo y explotó.

Cuéntenme de Cuba y la campaña de crowdfunding.

 

Sebastián: Nos invitaron en el 2016 a un festival que se llama América por su Música. Y para nosotros fue una cosa súper rara porque una banda que estaba tocando, girando en plazas, de repente en el 2015 empezamos a sentir nuestro impacto, que era más grande de lo que pensábamos. En el 2016 nos empezaron a invitar a festivales grandes y de repente nos invitan a Cuba y a México, pero en Cuba no podían pagar los pasajes. Pero era Cuba y era un festival fuerte con Los Pirañas de acá, Inti Illimati, Bito Cebón de Argentina, teníamos que ir. Al mismo tiempo que nos hicieron esa invitación en Brasil la derecha estaba súper fuerte y tenían un lema tan cliché y tan chistoso: cuando la gente de la derecha se enojaba con alguien que parecía ser de izquierda, imagínate que estás en Sao Pablo y estás andando en bicicleta y tienes barba, pasa un coche que se enoja y te toca el claxon y te gritaba “Vai para Cuba” [Vete para Cuba]. Nos veían en la calle y nos gritaban “¡Comunista, vete para Cuba!”. Cualquier persona que se salía del molde le gritaban. Lo empezaron a hacer de una manera tan seria que era súper gracioso. ¿Sabes qué? Si nos dicen que nos vayamos para Cuba, nos vamos. Llamamos entonces la campaña “Francisco el hombre a Cuba” y a la gente le encantó eso y nos apoyó muchísimo. Grabamos un documental que aún no ha salido y con “Triste, Louca o má” grabamos el videoclip allá. En el documental están todos los detrás de cámaras. Hay un clip que se llama “Primavera” que muestra algunas escenas. 

 

Lo del crowdfunding fue loco porque fue la segunda oportunidad que tuvimos en la vida de notar que la gente nos apoyaba y es muy loco sentir eso porque nunca empiezas a tocar y de repente te dicen “Hey, tienes todo nuestro apoyo, está todo súper bien”. Empiezas y es toda una batalla. A la gente a veces no le gusta o no sabes si le gusta o no. Y hay algunos momentos específicos en los que sientes que tienes más apoyo del que pensabas y ese fue uno de esos momentos de decir “No estamos tan solos, nos quieren”. La gira en Cuba fue una experiencia increíble. Fue la Habana, Matanzas, Santa Clara y Varadero. El mar de Varadero es lindo, pero me gustaron más las otras ciudades. Es muy turístico. No necesariamente lo que es turístico es malo, pero a veces con el turismo viene una vibra medio negativa. Matanzas y Santa Clara fue una experiencia muy linda. Imagínate nosotros en un bus de los sesenta o setenta, todo roto, en el que si llovía entraba toda el agua y todo lo que viene de hacer una gira en Cuba que es desde conocer gente increíble hasta conocer otro sistema completamente distinto. El hecho de que la gente no use tanto el Internet y todo lo que viene de eso, de cómo se relaciona con la música o cómo se hace una gira. Desde historias como que estamos en Santa Clara, tocamos un concierto increíble, todo súper buena onda y bueno, despertamos el día siguiente después de no dormir nada para que nos recogiera la van para ir a la próxima ciudad. Sacamos los instrumentos y estamos ahí esperando, esperando, pasa una hora, pasan dos horas, pasan tres horas y pasan cuatro y no sabemos cómo ir a la otra ciudad. No sabíamos cómo comunicarnos. Salí corriendo a la plaza y grité “¿Alguien tiene un camión o un bus que nos pueda llevar a Matanzas?”, hasta que apareció alguien con un bus roto. Eso es loco porque ahora las giras que hemos hecho son un poco más a lo tradicional: vuelo, prueba de sonido, festival, entrevista, pero nos encanta hacer como la anti gira o la gira a nuestra manera que es llegar una semana antes e irnos una semana después, conocer toda la gente, irnos a todos los lugares que queremos conocer. Este año no nos ha dado mucho chance, pero es lo que siempre intentamos hacer. Lo estamos haciendo por ejemplo en México, nos ofrecen una fecha y nos quedamos un mes allá para conocer.

 

Creo que ese es el camino. Así los artistas están más cerca del público.

 

Sebastián: No sólo porque aprende uno y crece uno. Lo dije en una conferencia en Sao Pablo: hay bandas que llegan y dicen “¡Conseguí un concierto en México!”. Van, les pagan los pasajes o no, tocan el jueves, el sábado van de fiesta a algún lugar y el domingo ya se regresan. Obviamente no van a regresar a México: no crearon público, no crearon relaciones, no se enriquecieron por dentro, su alma regresa igual. Fue un viaje vacío. Ese concepto de gira que tenemos es porque primero hay que aprender, como esponjas hay que absorber de todo, si vamos al Noreste de Brasil vamos a intentar aprender y enriquecernos todo lo que podemos y, al mismo tiempo, conocer gente porque esa es una clave para todas las bandas que están empezando: el Internet no es la única manera de crear un público, es la manera más cómoda, es la manera más fácil. Pero si yo vengo aquí a Bogotá y te conozco a ti, a ella, nos conocemos todos, si hacemos un grupo de amigos de quince personas, no tienen que ser fans sino amigos, que nos sepamos los nombres y nos miremos a los ojos, significa que además del concierto, además de todo el trabajo por Internet, además de intentar contagiar naturalmente con la música, tienes casa. Y si tienes casa ya tienes la oportunidad de poder regresar. Lo importante es construir primero una red de amigos antes que pensar en fans, creo yo.

 

 

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