Electric Mistakes ha creado un álbum de singular belleza con "Vicente"

Desde su formación en 2013 Electric Mistakes se ha caracterizado por ser una banda muy sensible al arte de componer canciones. Con Chavela, su primer álbum, de 2017 el dúo de rock alternativo probó ser uno de los actos claves de la nueva ola de rockeros nacionales que, junto a Nicolás y los fumadores, Aguas Ardientes o Piel Camaleón está construyendo una narrativa muy poderosa, volviendo a la lírica, regresando al lado sensible de las emociones humanas antes que recurrir a trucos compositivos de largas explosiones de guitarra o poderosos solos de batería. La banda sabe que lo más importante es conectar con la audiencia desde el poder que transmite una historia empática y, aunque su música es a veces explosiva y siempre muy dinámica, sus melodías están siempre acompañadas de una sensibilidad poética fuerte, de manera que sus canciones siempre son conmovedoras y tienen la capacidad inmediata de conectar y de transmitir un sentimiento tangible. Chavela puso a esta banda en el mapa de la nueva música nacional debido, en parte, a su sensibilidad DIY, a un sonido lo-fi y sucio que daba a sus composiciones un hálito  de garage rock sin pretenciosos y honesto. En 2019, sin haberse quedado un solo día quietos, el dúo conformado por Laura Perilla y Juan Hernández regresó con Vicente, un álbum enérgico en el que avanza sobre un universo poético plagado de momentos difíciles, pero también de una luz al final del túnel, una Esperanza que llega al final de la tormenta liberada por la caja de Pandora.

 

Para empezar, Vicente ve una transformación en el sonido de la banda, que muda de dúo a cuarteto, lo que permite que las canciones logren respirar más y los colores se abran a un abanico de posibilidades inquietantes. Si bien el álbum construye sobre el sonido que ya la banda había explorado en Chavela, este nuevo lanzamiento demuestra que lo mismo puede Electric Mistakes construir sobre canciones lentas y atmosféricas que sobre veloces explosiones de guitarra y batería. Si bien no es un álbum propiamente conceptual en el que un arco narrativo explore la caída y superación de un héroe, lo cierto es que Vicente explora de una manera muy auténtica y honesta un universo textual que poco o nada reconocemos en la actualidad del rock mundial. Y es que, si bien es cierto que canciones sobre la depresión, el hastío vital o la falta de conexión empática con el mundo que nos circunda existe en casi todos los catálogos del rock desde “Paint It Black”, nunca nadie en nuestra geografía había trabajado un tema tan importante tan a fondo. Además de experimentar con el sonido, la banda ha ampliado su universo textual, creando imágenes pertinentes, eficaces y conmovedoras que nos adentran en una realidad que queremos tapar con un dedo en la era de la industria de la felicidad.

 

Vicente abre con “Tom”, una canción de una fragilidad melódica conmovedora que empieza a erigirse lentamente sobre un motivo de guitarra y batería para alcanzar una explosión en el coro con un Hernández desconsolado frente al duelo, sin saber muy bien hacia dónde ir luego de que la presencia de la muerte se haga tangible. En un juego de correspondencias entre el alarido exterior al silencio que todo lo envuelve cuando no queremos o no podemos hablar con nadie, Electric Mistakes empieza a construir las líneas que dan dirección al disco. “La Fe”, segundo corte de Vicente, presenta otro de los motivos del disco: la medicina. Y es que el papel de esta figura en el entramado textual del disco es de vital importancia, pues a veces obra como milagrosa cura y, en otras, se comporta como la enemiga de la voz narrativa del trabajo, pues lo mismo nos apacigua como también nos corta las alas. El coro final, que remite hasta el extremo “un milagro que me pueda sanar, sanar, sanar, sanar…” emula el acto de la compulsión, como si detrás cada golpe en los tambores de Perilla nuestro protagonista estuviese ingiriendo una pastilla.

 

La primera de las colaboraciones de disco llega en “John”, al lado de Camilo Maldonado de Árbol de Ojos. Aquí Hernández lleva su voz hasta un registro punkero que contrasta sobre la sofisticada cadencia de Maldonado que logra una inquietante conversación sobre un tambor galopante de Perilla. “Dolores” está construida sobre una base rítmica que recuerda algunas de las composiciones de la primera etapa de The Libertines, colorida y alegre, lo que es irónico a la luz de que retrata el hastío cotidiano de vivir con una depresión, la involuntaria pasividad de ver desaparecer a quienes nos querían de nuestra vida, aunque también la posibilidad de redención y de seguir adelante a pesar de todo. Tanto en esta canción como la subsiguiente “Elliot”, el diálogo entre guitarra y bajo le da una nitidez redonda a la banda, que ya se configura dentro de las formas más estables del rock, a pesar de conservar su identidad intacta.

 

“Intoxicado” es uno de los momentos más hermosos de Vicente. Aquí la medicina obra en contra de la voz poética pues, si bien lo auxilia en el día a día, lentamente va mermando su persona y borrando sus rasgos característicos. Resulta una imagen poderosa el calvario de tener que atiborrar el cuerpo con químicos y compuestos para funcionar de una manera que nos obligamos a llamar “normal”. El disco continúa creciendo y explorando diversos escenarios y características de las condiciones psíquicas de nuestro protagonista hasta alcanzar el clímax en una composición hermosa que marca la segunda colaboración del álbum, “Feral”, al lado de SoyEmilia. Esta es quizás la conclusión idónea a la luz del viaje interior de nuestro héroe, a quien hemos conocido durante tres cuartos de hora en medio de sus batallas invisibles con demonios muy reales y que ahora, en la voz de la bajista bogotana, concluye “no me trates de cambiar”. Y es que, al final, adaptarnos a una situación para recibir la mirada complaciente de quien no entiende nuestras luchas es el camino sencillo, pero quizás no el correcto para una persona que es consecuente consigo misma, pese todo lo que pese.

 

Vicente es un álbum hermoso. En más de una decena de canciones Electric Mistakes ha asumido el difícil reto de explorar un universo doloroso y muy cercano que desmiente las mentiras de una sociedad fascinada por la felicidad express. Desde la ventana de su habitación en el sanatorio Saint-Rémy-de-Provence, Vincent Van Gogh miraba las estrellas y ya calmo aceptaba que el mundo podía ser hermoso con toda su tragedia y dificultades. En un homenaje a esta pintura de 1889, 130 años después, Perilla ilustra a Vicente contemplando un cosmos similar. Y es que también este es un lugar fértil para construir canciones hermosas, canciones que retraten a los protagonistas del día a día. A todos los que nos levantamos de la cama a pesar del frío, el dolor y el desengaño. La propuesta de Electric Mistakes es sincera, valiente y oportuna, solo por eso este es un disco para recordar el 2019. Pero, no conformes con hablar del problema, la banda ha encontrado la manera más hermosa para hacerlo y esa es razón suficiente para no olvidarla nunca.

 

 

 

 

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