• Ignacio Mayorga Alzate

50 canciones colombianas para recordar el 2020 (parte 1)


Este año tuvimos una cantidad extraordinaria en todos los géneros musicales que continuaron ratificando el importante lugar que ocupa el país dentro del panorama global musical. Escogimos veinte canciones que van del ska al punk, del rock y a la electrónica a las reinvenciones folclóricas, de la salsa al hip hop. Es importante destacar que no son estas las mejores ni mucho menos las únicas, sólo algunas que para nosotros resultaron esenciales para nuestra música. Así mismo, estas canciones no tienen un orden específico, simplemente responden a nuestro criterio de selección, pero ninguna es superior a la otra. Esperamos que las sigan bailando en 2021 y que entren a formar parte de sus repertorios musicales, que los acompañen, los conmuevan y los emocionen tanto como lo hicieron con nosotros. Elegimos 50 canciones, que iremos presentando a lo largo de esta semana, para recordar a los artistas que le ponen el pecho a la cultura en este país. No son las mejores, son algunas de las que quisimos destacar desde nuestra propia orilla. Que se venga el próximo año con toda la nueva música y, ojalá, una situación cultural más amena para nuestros creadores y el público que no deja de creer en nuestras bandas. Volveremos a las tarimas.


Aguas Ardientes – “Orinoco”


Aguas Ardientes es una de las bandas centrales de la música en Bogotá. Aunque este año tuvieron poco material, sobresale su lanzamiento de mayo, “Orinoco”. El sencillo presentó la única grabación profesional de Aguas Ardientes en formato sexteto, utilizando a Felipe Orjuela Ruiz en las labores del acordeón, quien reemplazó al bajista Nicolás Arévalo durante unos meses. El músico se había unido a la agrupación después de que Nicolás Arévalo se fuera a un viaje académico durante seis meses. En ese semestre Orjuela se unió a la alineación de la banda y le dio un nuevo aire a su sonido. Ahora, con su influencia cumbiera de la que es un erudito, su participación le da un dinamismo particular a la mezcla, permitiendo que la propuesta estética del proyecto crezca más allá de lo imaginable. José David Fernández le prende fuego a las teclas concatenándose con el acordeón de Orjuela, creando una dupla contundente y sobresaliente. Así mismo, la participación de Joropio en la parte de la llanera, cuando Estefanía Lopera y Javier Fernández intercambian contundentes coplas, le da a “Orinoco” una fuerza tórrida y lleva a la banda hacia una dirección colaborativa en la que su propuesta se dinamiza y se expande. “Orinoco” es un pregón por el respeto de los inmigrantes venezolanos, recordándonos que todos venimos del mismo lugar y que la división hace parte de un discurso centralista mandado a recoger.



Andrés Guerrero - “Victoria”


Andrés Guerrero nació en Pasto y ha creado y liderado distintas agrupaciones a lo largo de su carrera musical de más de 10 años. La labor de Guerrero ha sido constante y se ha mantenido al mando de esta iniciativa. Entre todas estas labores, Guerrero encontró el tiempo para lanzar el año pasado su EP Joya que conmemoramos como uno de los mejores del año. “Victoria”, su primer sencillo de 2020, abre con una batería acompasada sobre la que se suman, delicados, unos teclados espectrales y una guitarra con reminiscencias del sonido de los setenta. “Lejos había trazado un rumbo que se hacía viento. Pronto se fue a perder el hombre que una vez volvió” canta Guerrero con entrega resignada. “Antes había una ley impuesta que lo permitía. Ahora se fue a perder a un circo hasta que conquistó. Hasta aquí todo fue victoria. Hasta aquí todo fue victoria”, canta el pastuso acompañado de Gabriela Ponce de Búha 2030 y Verbalia. Conforme se construye el relato de este sobreviviente de las encrucijadas y veredas vitales, los instrumentos van construyendo una base rítmica que muta espectral hasta alcanzar un solo de guitarra afilado y evocativo a cargo de Nicolás Makenzy de Los Makenzy. El primer sencillo de Guerrero de 2020 es una reflexión sobre el recorrer y el recuerdo. Si lo primero es la configuración del ethos humano, el segundo se constituye como el registro intangible de nuestro paso por la tierra, una huella psíquica que nos reconforta y nos da el ánimo para entender y celebrar que por aquí estuvimos.

Alexis Play – “Polka”


Ángel Alexis Ríos Valencia es un nombre clave en la historia de la música reciente en el país. Nacido en Quibdó, Alexis Play empezó a improvisar rimas a los catorce años, mientras caminaba las calles bañadas de lluvia de la capital de Chocó y pronto se convirtió en un artista versátil que aportó a los primeros pasos de ChocQuibTown. Como solista ha llevado una carrera sólida en la que su inteligencia para la improvisación colinda con una necesidad por rescatar los ritmos afro de su tierra de origen. Así, contrastando el hip hop con el currulao, la chirimía, el abozao, el aguabajo, entre varios otros, Alexis Play se ha convertido en un artista clave de la movida del Pacífico colombiano. “Polka” fue la primera de una serie de canciones basada en ritmos y aires musicales del Pacífico Norte colombiano. Con aires de reggae, raga y dancehall, el músico del Chocó presenta una reversión moderna de la chirimía tradicional del Pacífico, en un estilo que el músico ha llamado “ChirimíaBeat” que explorará a fondo en Rebulú, un nuevo álbum que saldrá más adelante. “Polka” abre con un aire de chirimía antes de que Alexis entré de lleno en modo urbano. Con el sample de un bombardino en el fondo y una marimba de chonta como base rítmica, el tema se va entintando de trompetas, percusión africana hasta llegar a un coro idílico sobre la necesidad del escapismo en tiempos de reclusión urbana. “Polka” es la respuesta perfecta para un encierro que se está haciendo ya demasiado largo.


ana_bah – “Amargo”


La música de ana_bah es un bicho raro en la música colombiana. Afortunadamente, nos encantan los bichos raros. Nos emociona que en un país en el que la música urbana hecha a machetazos es la que predomina, una banda se atreva a proponer una sonoridad completamente distinta. Con el EP debut de ana_bah, 12, ya no los perderemos de vista, pues su propuesta es tan interesante como atrevida, su sonido tan hipnótico como virtuoso. Vamos por partes: ana_bah es un trío bogotano conformado en 2018 que, lentamente, ha venido presentando una serie de actuaciones en vivo de mediana resonancia, en las que el proyecto ha sobresalido por su inteligencia compositiva e interpretativa, creando delicadas atmósferas sonoras que invitan a un estado de trance. “‘Amargo’ es un tema especial, pues revive en cuarentena, obligándonos a buscar nuevas maneras de hacer”, explicaba la banda en el comunicado de prensa del lanzamiento. El sencillo es una composición espaciada y lenta, en la que el bajo genera un eco cavernoso sobre la armonía que genera la guitarra desde lo lejos. Los vientos aparecen como aves espaciadas, surcando nubes de reverberaciones y voces lejanas, como espejismos evanescentes en un desierto de características extrañas. De a pocos, elegantemente, un vaivén de olas se conjura sobre una mixtura de sonidos emocionantes y reflexivos: el bajo plantea una suerte de aire flamenco, mientras que la guitarra ondula sobre dunas infinitas de arena espacial.


Armenia – “Limón y sal”


Armenia es una banda de Bogotá liderada por Juan Antonio Toro, guitarrista y vocalista y uno de los compositores más jóvenes firmados con Warner Chapel en Colombia. Este proyecto tiene como influencias bandas como Vampire Weekend, The Police, The Smiths, The Vaccines, Metronomy, Parcels, entre varias otras que le han dado a la propuesta bogotana una identidad sólida y emocionante. La banda rápidamente se ha convertido en uno de los actos nuevos más interesantes de la capital colombiana, amasando una fanaticada fiel que devora cada uno de sus lanzamientos debido a la inteligencia pop de Toro para crear melodías entrañables y pegadizas. En esta oportunidad, Armenia presentó una versión de electro rock de “Limón y sal” de Julieta Venegas. Incluida en el cuarto álbum de la ex vocalista de Tijuana No!, este sencillo le dio una notoriedad a la mexicana luego de que en 2003 obtuviese una rotación poderosa en canales de música del continente. Con Limón y sal de 2006, Venegas se hizo un nombre rutilante en el firmamento de estrellas latinoamericanas. Ahora, Armenia decide reversionar este ya clásico latinoamericano mientras se prepara para el lanzamiento de su segunda placa discográfica. Esta dinámica no es nueva para la banda bogotana, pues ya en su debut discográfico del año pasado había versionado a Rosalía y su poderosa “Pienso en tu mirá”, parte de El mal querer de 2018.


Arrabalero y Santiago Navas – “Todo se olvida” (Santiago Navas remix)


“Todo se olvida” es una de las composiciones más interesantes de Arrabalero. La canción llegó luego de ese virtuoso Sudoku que presentó la banda hace un par de años y con un videoclip emocionante luego de su tremenda presentación en Estéreo Picnic. La composición ahora recibe un tratamiento minimalista y activo de Santiago Navas, quien acaba de presentar un EP maravilloso con La Muchacha, de Manizales. Es una visión nueva y tecnológica en la que lo sintético y lo orgánico colindan para crear un nuevo valor sobre una composición delicada y hermosa. La voz de Luisa Quiroga recibe un tratamiento introspectivo e hipnótico que le da una ansiedad claustrofóbica al sencillo. Este remix aparece en el marco de una tanda de colaboraciones que se irán publicando a lo largo del año que le abren campo al proyecto sobre nuevas facetas para seguir evolucionando. Es un momento de experimentación electrónica para una banda que ha construido una delicada propuesta de valor desde una instrumentalización intrépida y delicada. Así, Arrabalero continúa explorando las posibilidades de música desde la distancia, ahora que Quiroga y Aguilar adelantan estudios en el viejo continente. El remix de Santiago Navas llega en un momento fértil para la banda, que continuamente está explorando, experimentando y jugando con el sonido.

Babelgam – “KYC”


Hablar de Babelgam es hablar del triunfo de la independencia, la visión artística y la declaración de principios. Aunque la banda lleva poco tiempo moviéndose por la capital y ciudades aledañas, se ha convertido rápidamente en un fenómeno musical que nos tomó a todos por sorpresa con la fuerza de sus oscuras e hipnóticas melodías, su contundente puesta en escena y su visión creativa que excede la estrategia básica de lanzamiento de sencillos para construir una identidad propia, una base de fans fiel y una estética propia y por demás implacable en la movida nacional. “KYC”, su segundo sencillo del año, es un electro-clash de factura delicada, pero con una fuerza política importante, nueva veta creativa que estamos felices que exploren. “KYC” encuentra a Babelgam explorando un sonido cercano al electro-clash neoyorquino de principio del milenio, influenciado por el trabajo de bandas como The Knife, pero también de la fuerza de Robots in Disguise o la dinamita lírica de “We Are Rebels” de Alice in Videoland. Jugando con un nuevo sintetizador KORG para darle una delicada base de secuencias electrónicas, la banda crea un sonido distópico que se complementa con guitarras afiladas sobre una capa de calma percusión sincopada. La voz de Juan Tuaty es un furioso y crudo grito de independencia punk, mientras que las influencias de los new romantics ayudan a construir una atmósfera hipnótica que obra como la fuerza de la propaganda en la construcción y recordación de un mensaje directo y elocuente: la necesidad de construirnos como individuos dentro de un gran cuerpo social que nos vigila. Frente al ejercicio disciplinario de la biopolítica, la banda alza la voz y le dice “¡cállese!”.

Balandra – “Muere un ruiseñor”


Balandra comenzó a tomar forma como proyecto en 2014 cuando Andrea Hoyos y Ana Romero decidieron revitalizar el sonido del jazz colombiano con aires de ritmos folclóricos de nuestro territorio. En 2017 presentaron su debut homónimo que causó un impacto importante en los círculos de la crítica independiente por su emocionante honestidad desnuda y la belleza innegable de sus arreglos. Balandra era un álbum lleno de erotismo físico, pero también de una ternura inusitada, que recogía la experiencia de la piel y el aliento en una conversación íntima con un objeto amado invisible. Todas las cosas están condenadas, o alcanzarán la salvación eterna, desdoblándose en el éter. Nuestro aliento viaja al cielo y se convierte en viento que llevará nuestra presencia a nuevos valles y montañas, nuestro cadáver será el oxígeno de nuevas flores, nuestro paso por la tierra se convertirá en arena que el aire llevará a nuevas costas. “Muere un ruiseñor” es una oda a la voz humana cantada. Nada es permanente, excepto por las voces de las personas que las han levantado en forma de canto y canción. Por eso la canción se transforma y se hace nuevas túnicas con sonidos modernos que compaginan con influencias folclóricas latinoamericanas con una una sutil exploración electrónica.

Böjo – “Echo, Interlude 1”


Desde que Böjo, el alias creativo del productor colombiano Samuel Lizarralde, empezó a mostrar sus composiciones solistas en el primer semestre de este año, su propuesta de valor no ha dejado de legarnos una serie de sencillos emocionantes e implacables que lo han convertido en uno de los músicos más prolíficos en el panorama colombiano contemporáneo. Desde la presentación de “Solo, Op. 1: No. 1” en abril, el músico ha completado un EP y ha lanzado colaboraciones y reversiones que muestran su implacable inquietud compositiva, una que no respeta los términos del mercado, sino que se alimenta solo de su propia creatividad y demuestra una habilidad irrefrenable para producir track a track un camino que parte de la música clásica para convertirse lentamente en una hermosa criatura llena de neones y colores vivos prestados de la electrónica. Con Opus, su primer EP, el músico fue virando lentamente del piano clásico hasta los beats más oscuros del techno, presentando cuatro cortes que se construyen de manera evolutiva hacia un sonido híbrido y fascinante. Luego unió esfuerzos con Santiago Navas en “Centro”, un sencillo más cercano a la electrónica experimental, y ahora regresa con “Echo, Interlude 1”, un corte inspirado en la estética de la década de los veinte del siglo pasado.

Búha 2030 – “Tengo un sol”


Una cosa es clara: la música de Búha 2030 es una amalgama de finísimas imágenes poéticas que retratan la experiencia femenina, o mejor, una experiencia femenina: la de la muy inteligente Gabriela Ponce, una joven promesa de la música nacional que llegó desde la tierra del Galeras para comerse el mundo nocturno de la capital. “Tengo un sol”, cuarto sencillo de la banda, es quizás su corte más evidente, pero no por ello no posee el bellísimo encanto de producciones anteriores. La canción abre con un saxo calmo de Joe Days, exmiembro fundador de Acid Yesit, que se complementa con la batería acompasada de Camila Moreno, de Gil de Gils, a quien Ponce, vocalista del proyecto, conoció cuando trabajó en Bardo de Odio a Botero hace un par de años. La canción transita por momentos que recuerdan el ska latino y al jazz moderno, mientras Ponce hace piruetas vocales. La canción plantea una reflexión bellísima sobre las relaciones humanas. Y es que a veces tanta luz es solo un disfraz que llevamos en público para no mostrar realmente todos nuestros colores. En ese sentido, la voz poética busca protegerse del otro y lo hace no ya escondiéndose entre las sombras sino brillando como el sol para cegarnos y que no podamos descifrar si en su rostro lleva estampada una sonrisa o una mueca de pesadumbre. Es una canción que parece más divertida por el ritmo, pero guarda una melancolía hermosa y frágil.