• Ignacio Mayorga Alzate

50 canciones colombianas para recordar el 2020 (parte 2)


Este año tuvimos una cantidad extraordinaria en todos los géneros musicales que continuaron ratificando el importante lugar que ocupa el país dentro del panorama global musical. Escogimos veinte canciones que van del ska al punk, del rock y a la electrónica a las reinvenciones folclóricas, de la salsa al hip hop. Es importante destacar que no son estas las mejores ni mucho menos las únicas, sólo algunas que para nosotros resultaron esenciales para nuestra música. Así mismo, estas canciones no tienen un orden específico, simplemente responden a nuestro criterio de selección, pero ninguna es superior a la otra. Esperamos que las sigan bailando en 2021 y que entren a formar parte de sus repertorios musicales, que los acompañen, los conmuevan y los emocionen tanto como lo hicieron con nosotros. Elegimos 50 canciones, que iremos presentando a lo largo de esta semana, para recordar a los artistas que le ponen el pecho a la cultura en este país. No son las mejores, son algunas de las que quisimos destacar desde nuestra propia orilla. Que se venga el próximo año con toda la nueva música y, ojalá, una situación cultural más amena para nuestros creadores y el público que no deja de creer en nuestras bandas. Volveremos a las tarimas.


Cachicamo - “Voz del río”


Lo de Cachicamo es único y nace de la mente inquieta de Andrea Hoyos, una de las pianistas más solicitadas de la escena alternativa bogotana, quien nos regaló en octubre de 2018 el debut discográfico de una de las bandas que lidera. A medio camino entre el jazz experimental y los ritmos típicos de los Llanos orientales, esta primera entrega del octeto musical era una experiencia única cargada de largos pasajes instrumentales que recorrían varias emociones en cuestión de compases. Cachicamo surgió del interés de Hoyos por las músicas tradicionales de los Llanos orientales, ese lugar entre Venezuela y Colombia que no puede dividirse por fronteras y que comparte una preocupación natural e idílica por narrar el paso del ganado sobre el río, o el vuelo de los gavilanes y las garzas sobre un horizonte interminable de cobre al fuego. “Voz del río”, su sencillo de 2020, estrenó a mediados de abril y marca una nueva dirección estética para el proyecto de Hoyos. “Escribí ‘Voz del río’ queriendo contar una historia de cómo alguna vez la humanidad fue sabia y un ente ("El Pez") le quitó toda su luz y la dejó en la oscuridad”, explica la pianista y compositora. “El pez tiene las interpretaciones que le quiera dar el oyente. El pez puede ser el machismo, el capitalismo salvaje, el miedo, el fanatismo religioso, los políticos despiadados, el daño a la naturaleza, etc. Sin embargo, esta canción es ese himno entre ruinas (tomado del poema de Octavio Paz) que cantará la humanidad sublevándose ante las injusticias que vivimos. Todo esto queriendo inspirar a las personas a que vuelvan casa sus propios cuerpos, y recordándoles que tienen un poder inmenso dentro suyo. No muramos esperando a que alguien más nos salve, hagámoslo nosotros mismos”, explica reflexiva la líder de Cachicamo.

Catalina Ávila – “Macorina”


Aunque Catalina Ávila está educada en las artes dramáticas lleva cerca de 20 años detrás de los tambores y, en general, de cualquier instrumento de percusión, en una investigación rítmica que nunca se ha detenido y la ha llevado al estudio de la música sefardí, rusa, brasilera, británica o argentina, así como de las raíces de nuestro folclor nacional. En 2018 año presentó su aventura solista, un álbum construido en garage band en una tablet, que se ha convertido en un hito de las músicas femeninas nacionales, Origen. Además de colaborar con artistas internacionales como Alejandro y María Laura, la percusionista colombiana se ha mantenido firme creando algunas de las músicas más inquietantes y arcanas de nuestro territorio, presentando a principios de marzo su nuevo sencillo, “Macorina”. La canción es un homenaje a la fallecida Chavela Vargas, quien inmortalizó a una de las mujeres más interesantes de la primera mitad del siglo veinte cubano. María Calvo, “La Macorina”, fue un personaje de leyenda que vivió plenamente su libertad femenina en un momento en que era mal visto el no casarse, frecuentar el Tropicana y vivir en medio de la exuberante noche tropical. La reversión de Ávila presenta un arreglo minimalista lleno de encanto en el que su voz se entreteje con un contrabajo moderado y una guitarra nostálgica, revistiendo su canción con un halo fantasmagórico y emocionante que hiela la sangre.

Coco Jadad - “Incompleta Op 2”


Coco Jadad no es una artista cualquiera. El año pasado recibimos Ene., un EP pulcro producido lejos de casa que sobresalía por unos arreglos elegantes de pop delicado y emotivo. Este año, Coco Jadad no ha dejado de moverse y regresó con “Incompleta, Op.2”, una reversión del sencillo presentado antes este año, “Incompleta”. La primera versión de este sencillo vio la luz el Día de los Enamorados, el 14 de febrero. Sobre una guitarra acústica y una percusión orgánica, la barranquillera se entregaba a su pareja con el pleno reconocimiento de que algo le hacía falta, de que se entregaría a la relación, sí, pero nunca estaría completa. Al final, quedaba una ambigüedad en la historia pues no sabíamos si efectivamente ambas partes estarían de acuerdo con este acuerdo por siempre. Así mismo, la mezcla tenía una melancolía latente que se complementaba con un solo de guitarra en el puente musical que no auguraba el mejor resultado. De cualquier manera, la canción brillaba con la luz que solo el color de la voz de esta artista podía darle y, en su tristeza, era una joya de belleza singular, una composición envolvente y de fina factura. En su versión más electrónica, “Incompleta Op.2”, la composición alcanza nuevas alturas y presenta un optimismo melódico que la hace llegar muy lejos. Renunciando a la guitarra y a la percusión e incorporando sintetizadores luminosos y calmos, la melodía se torna heroica, casi como si se tratase de una declaración de principios que aboga por la imperfección, abrazando el lado wabi-sabi de la vida, el deterioro natural de las cosas.

Dr Honey – “Nana”


Dr Honey es un dúo de electrónica conformado por las hermanas Laura y María Camila Narváez, nacidas en Pasto, pero residentes en Bogotá. Influenciadas en su estética por el arte clásico, las estatuas de mármol y una paleta otoñal, Dr Honey llega con una propuesta diferencial inteligente y única, lo que permite anticipar el impacto en la escena electrónica que tendrán en un futuro. Su segundo sencillo, “Nana”, desde sus primeros momentos, presenta una identidad sonora mucho más oscura que “Loud”, su corte anterior, en el que las voces infantiles jugaban de lleno un papel central que apaciguaba la música. “Nana” se adentra en un momento más pesado de la noche, cuando el límite entre el cuerpo físico y lo eterno se desdibuja para alcanzar un estado de tránsito que nos conecta con lo trascendente, con un mundo en el que las mundanas preocupaciones quedan a un lado para llegar con los brazos abiertos hacia la plenitud. En ese sentido, “Nana” se convierte en una suerte de canción de cuna en el que tres guardianas, ilustradas por Camila Narváez, una de las dos mitades del proyecto, nos guían de un lugar a otro, invitándonos a dejar de lado las preocupaciones. No se trata necesariamente de una metáfora sobre la muerte, sino que también hace relación a ese momento mágico en una fiesta en que nos olvidamos de nuestras paredes de carne y hueso para fundirnos con el éter y los demás. En “Nana” predominan las programaciones pesadas, gruesas, casi industriales que recuerdan una bodega clandestina en la que se celebran los más privados placeres del rave, la noche y la plenitud.

El Kalvo – “Trueno”


Con “Trueno” encontramos a El Kalvo igual de reflexivo, pero más metafísico y místico, expresando los vicios de su espíritu que ha de abandonar para poder erigirse como energía suprema, como estruendo revelador de una nueva verdad oculta entre nubarrones negros. La canción abre con una atmósfera meditativa sobre la que El Kalvo construye un relato surrealista en el que se va transformando conforme avanza la narración, primero de corazón palpitando y acongojado a mancha de sangre y agua turbia de tubería, para luego erigirse como un trueno en el cielo. En ese sentido, la voz poética protagónica asume una suerte de camino del héroe contemporáneo, sacrificando una parte de su identidad que lo ata a la desesperanza y adquiere un aprendizaje verdadero que le permite convertirse en su propio dios, en un Zaratustra del subsuelo. Es un recorrido lleno de imágenes poderosas y evocativas que terminan por demostrar por qué El Kalvo es uno de los rimadores más intrépidos del rap nacional. Con una inteligencia poética sin par en la escena, nos ha regalado una historia de redención y renacimiento que es potente y conmovedora, sin rayar nunca en lo cursi. Del coágulo sangriento a la luz en el cielo en medio de nubarrones, “Trueno” plantea un viaje reflexivo hacia el perfeccionamiento. No será fácil.

Encarta 98 – “Diciembre”


En abril de 2018, Encarta 98 presentó E:// 98, su primer EP, un documento fascinante de cómo las nuevas tendencias globales pueden influenciar un sonido que, sin embargo, posee una nostálgica reminiscencia de una infancia en la que aún estudiábamos con libros y la información no era tan inmediata. En la era de Internet, Encarta 98 prefiere lo análogo, aunque beba de la estética de tendencias contemporáneas que pululan en foros y canales de YouTube. Quizás en esta ambivalencia es que está el secreto de por qué este trabajo es tan emocionante y resuena con tanta fuerza dentro nuestro a pesar de que los sonidos de los que bebe llevan ya décadas conmoviéndonos. Cada lanzamiento es una declaración de principios DIY, por una estética lo-fi que nos hermana a público y artistas con la belleza instrumental de cada una de sus composiciones. “Diciembre” es una canción compuesta, grabada y mezclada por Ivanna Palacio, una inquietante y melancólica frontwoman que le ha puesto palabras a los paisajes sombríos y hermosos que la banda genera en su instrumentación. La canción es un retrato frágil de la ansiedad y los paisajes mentales que genera la imposibilidad de exteriorizar nuestro ruido interno. La voz de Palacio denota una humanidad herida que es tan pura como es bella, llevándonos a través de un sombrío recorrido musical lleno de guitarras distorsionadas y reverberaciones atmosféricas. La canción, jugando entre el éxtasis y el estatismo, nos guía por momentos de duda, pánico y ansiedad. “Diciembre” presenta un cuerpo atrapado en una ciudad que lo ahoga, pero también que se ahoga en sí mismo, en una vorágine de sentimientos ansiosos en los que se cavilan posibilidades irrealizables.

Filter Fauna - “Amor visceral”


Filter Fauna es un proyecto radicado en Bogotá procedente de Ipiales, que presenta una propuesta de música alternativa en fusión con el folclor andino. Con una trayectoria de cinco años, en la cual lleva dos producciones discográficas, videoclips, sesiones en vivo, programaciones radiales y shows en la escena nacional, Anderson Lucero ha creado una identidad artística emocionante y visceral. Después de presentar hace un par de meses “Escarlata”, su primera reflexión en torno a los pecados capitales, el músico nariñense presenta “Amor visceral”, su visión propia sobre la gula. El sencillo es una composición en clave de cumbia villera con teclados noventeros y aire tex mex que concatena con un teclado funky y unos vientos nariñenses. La composición encuentra al hombre orquesta jugando con diversos referentes de su pasado y su presente, integrando ritmos que le son propios y otros que se han convertido lentamente en parte de su nuevo sonido. “Amor visceral” viaja por distintos ritmos y se convierte en un contoneo sabroso para coquetear en una noche oscura, en la que la única testigo es la luna sobre un cielo cómplice.

Grupo Bahía – “Una razón”


El Grupo Bahía es una institución de la nueva música del Pacífico. Desde 1992 la agrupación que regenta Hugo Candelario ha hecho una tarea juiciosa para rescatar las músicas tradicionales del Pacífico, integrando en su propuesta sonidos prestados del jazz o la salsa para crear una propuesta estética sólida que se ha convertido en escuela para algunos de los músicos más virtuosos del país. Han sido veinte años haciendo historia y conmoviendo con la fuerza calma de la marimba de chonta, los tambores del Pacífico y letras evocativas y enternecedoras que sobrecogen y alimentan el espíritu. Candelario se ha convertido en ese sentido en uno de los músicos más respetados de nuestro país, siendo uno de los primeros en explorar y rescatar los ritmos tradicionales del Pacífico Sur, viajando por el Guapí y más allá en busca de nuevos sonidos o, mejor dicho, sonidos ancestrales que clamaban por ser redescubiertos. En 2019 el Grupo Bahía hizo parte de Ojo de agua, un álbum en compañía de la orquesta de Lucho Bermúdez y de Totó la Momposina que se convirtió, para nosotros, en uno de los lanzamientos más sobresalientes del año. “Una razón” es una delicada mezcla de acentos que nos recuerda que, a pesar de todas las dificultades, siempre podremos salir adelante, solo se trata de encontrar la razón adecuada para seguir marchando, riendo, sintiendo, cantando. Con una orquestación preciosa entre violines, marimba de chonta, tambores y vientos, “Una razón” nos ofrece una luz de esperanza en estos días difíciles a los que nos ha tocado acostumbrarnos a la fuerza.


Indus – “Gaitas del León”


El sonido de la nueva música electrónica encuentra un exponente inquietante en el trabajo de Indus, dúo colombiano de música Andigena y Afrofuturista dirigido por Oscar Alford, productor colombiano quien ha trabajado con artistas como Richard Blair (Sidestepper), Jhon Montoya (Zzk records), Ghetto Kumbé, y Pedrina y Rio, entre muchos otros. Junto al percusionista Dr Keyta de Ghetto Kumbé y la participación en la gaita de El León Pardo, Indus presentó “Gaitas del León”, parte de su álbum debut, una interpretación electrónica que evoca los ritos de las culturas precolombinas del Caribe, recordando al espíritu que se le atribuye el haber cantado antes de tener lenguaje hablado. Explorando una serie de melodías y acentos de la herencia caribeña colombiana, concatenadas a las gaitas indígenas insignes del León Pardo, la banda ha creado una vigorosa mezcla, que es a la vez contemplativa y calma, invitando a la audiencia a regresar a la raíz, al sonido de percusión que es mimesis del latido del corazón. “Gaitas del León” está enmarcada en la fiesta del hombre toro en el Sinú (Córdoba), una celebración que encuentra a bailarines y participantes escapando de la mítica criatura, que se ve enloquecida por la bulla y las festividades. El hombre toro es un animal solitario que habita en el monte y que valora el silencio reflexivo de la naturaleza. Los hombres, en cambio, se dejan llevar por los ritmos del fandango y celebran sin descanso, lo que trae consigo la llegada de esta criatura para apaciguar los instrumentos y devolver el mundo a su estado silencioso, a esa música anterior a la llegada del hombre compuesta por el sonido de los ríos, el canto de las aves y los árboles que se mecen al viento resignados en su calmo estatismo.


Ismael Ayende – “La sangre”


Ismael Ayende viene de una montaña mágica, un territorio lejano y, sin embargo, extrañamente familiar. Con una propuesta que apropiadamente bautizaron como psicosurf hace siete años, la banda bogotana ha logrado crear un sonido en que convergen las sonoridades de la música andina con el frenesí del surf setentero norteamericano. Con dos largas duraciones y dos EP, este contestatario conjunto ha llegado al panorama musical colombiano afianzando una sólida base de seguidores. En 2017 tuvimos las últimas noticias de la banda con el lanzamiento de su segundo EP Los malos espíritus, un trabajo elegante de cuatro cortes en el que empezaba a perfilar una nueva dirección musical. Ahora, tres años después de ese lanzamiento esencial, Ismael Ayende regresó con una serie de sencillos liderados por “La sangre”, un corte introspectivo y fantasmal que se aleja de su lado más rockero para adentrarse en los sonidos de la cumbia y la tropicalidad latina, respetando su colorida psicodelia fundamental, pero explorando otros paisajes musicales. “La sangre” es una crítica política en franca lid. Retratando un paisaje en el que la propaganda política es tan extensa como la miseria en la que viven sus pobladores, Ismael Ayende presenta una oportuna contestación a la maquinaria estatal, aquella que destina miles de millones de pesos para que la fuerza policial se arme hasta los dientes cuando el país requiere de ayudas en sus poblaciones más lejanas, reformar su precario sistema de salud y dinamizar la cultura que estará en crisis indefinidamente. La evolución musical de Ismael Ayende es evidente en cada momento del corte, llevándonos por lugares emocionantes que lo mismo recuerdan a Los Espíritus como a Los Destellos y a The Coasters.



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