• Ignacio Mayorga Alzate

Ali a.k.a Mind sobrevive a las sombras de la fama en “Uno”


En el panorama del hip hop colombiano, que es tan rico como extenso, nadie ha explorado de manera tan científica y humana la parte blanda del corazón como Ali Rey Montoya, conocido por todos como Ali a.k.a. Mind. Desde hace más de quince años, el rapsoda bogotano ha presentado un diferencial de marca concreto, en el que sobresale su sensibilidad para narrar historias conmovedoras, haciendo de la ciudad y sus habitantes protagonistas centrales de su grueso catálogo de canciones. Su habilidad para apelar al lado más íntimo de las pasiones humanas lo ha convertido en un referente central de la nueva generación de narradores. Con la convicción de que el amor es más poderoso que cualquier trampa humana, Ali ha trazado una carrera plagada de éxitos en los que su visión particular de las cosas les ha permitido a sus escuchas relacionarse de manera personal con su universo lírico. Con una inteligencia lírica y emocional avezada, el compositor bogotano brilla con luz propia, regando su energía vital en el corazón de quien tiene la buena fortuna de toparse con su música. Ahora, el bogotano viene por más y prepara su noveno álbum de estudio con el lanzamiento de “Uno”, un corte emotivo en el que reflexiona sobre las verdaderas de la alegría que viene acompañado con un audiovisual de calidad suprema.


“Uno” es una composición épica en la que Ali se bate de nuevo contra los demonios de la sociedad del espectáculo, recordando que su arte no es para hacerse rico, sino una forma para conectar con quienes ama a través de historias cargadas de sensibilidad y amor por el arte. En “Uno”, Ali explica cómo la vida es una serie de momentos y decisiones que resultan necesarios para crear una identidad honesta en la que sobresalen nuestros valores, nuestras inquietudes intelectuales y el amor por la persona en cuyos ojos podemos ver el futuro lleno de luz vibrante. A pesar de la sensibilidad del corte, “Uno” tiene punchlines de competición maravillosos: la batalla que primero se gana es precisamente aquella en la que no participamos. En ese sentido, el aedo capitalino explica que no busca las luces rutilantes del escenario, artificiales soles hirientes, sino la calidez de un día con los suyos. “Por eso admiro al viejo que siempre llenó mi plato/ Y no a supuestos underground que odian el anonimato”, explica en el primer verso del corte. Así mismo, continua, “Yo no te compro, papi, esas poses de illuminati/ No me inspira tu honor frágil/ Me inspira es el amor fati”, agrega refiriéndose a los rimadores circenses que solo buscan el millón de copias obligadas.


El lanzamiento viene acompañado de un audiovisual heroico de Pivote Cine y Santiago Díaz Vence en el que nuestro protagonista se enfrenta a las cansinas maneras de la fama, al acción y corte continuo de la pantomima espectacular. Por ello, dejando atrás a Alejandro Riaño en su papel de director, huye hacia el reencuentro de su yo pretérito, un joven lleno de ilusiones para el que la poesía era la única forma de subsistir en un mundo obnubilado por el oro y el diamante. Este es su alter ego Manjit, la fusión del amor, la paz, la salud, la gratitud y la fe, todos estos elementos propios de su ideología y su universo creativo. Empero, tendrá que enfrentarse con su sombra, ese desdoblamiento jungiano de todo aquello que repudiamos de nosotros mismos, ese lado gris de nuestro corazón que proyecta una estela negra detrás suyo conforme se erige para latir. Así, Ali tendrá que escapar de los espectros que vienen obligatoriamente con el ser una estrella del rap, pero no de una manera cursi y mentirosa como René Pérez en su ególatra ejercicio de hablarle a la cámara con lágrimas en los ojos, retórica espectacular del reality show del capitalismo salvaje que canibaliza los sentimientos, sino con delicadas metáforas en las que su pasado y presente convergen para obligarlo a tomar una decisión sobre el futuro que quiere tener junto a los suyos. Es una joya, como siempre, pero vital aún más a la luz de la reflexión sobre el paso del tiempo que nos ha legado como aprendizaje esta nefasta situación pandémica.



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