• Ignacio Mayorga Alzate

Duplat encuentra las formas de la melancolía en las nubes de su “Cielo”



Duplat es un músico colombiano que ha estado presentando música desde el 2018 con la publicación de su primer EP, Sentido común EP, y que luego regresó en 2019 con el larga duración Sobrevivir además de Espuma el año pasado. Su música tiene una calidad melancólica que viene de su voz carrasposa y el sonido de un saxofón lejano, que rememora el city pop japonés de la década del 80. Este año Duplat presentó un EP alucinante que servirá como puente entre su anterior álbum y el próximo, que también llegará en 2021. Cielo es un documento melancólico que plasma las reflexiones pandémicas del joven multi-instrumentista bogotano, mismas que le llegaron al ver el cielo desde su ventana durante la cuarenta estricta de 2020. El EP presenta cinco cortes con detalles minimalistas que hacen ecos al cielo, a sus transformaciones y transiciones, a los estados anímicos que en él se representan desde una estética romántica en la que la naturaleza obra como un reflejo del alma humana. Conforme el bogotano empieza a adelantar los nuevos sencillos de su próximo sencillo, Párpados cerrados, no queríamos dejar pasar este esfuerzo redondo de artesanía musical, dándole su espacio en el canon sonoro de las nuevas generaciones.


Cielo abre con una composición lóbrega, “Todavía en mi mente estás”, con un piano lento y escalas de jazz melancólicas que se entretejen con la voz carrasposa del joven compositor. Es un corte melancólico con un piano delicado y tranquilo que rememora un amor pasado que todavía se encuentra en el afecto de nuestro cantante y que sirve para catalizar a modo de catarsis la colección de buenos ratos del escucha. Conforme la canción progresa, nuevos elementos se van sumando a la mezcla, como programaciones digitales, ecos, baterías por pad y, sobre todo, el saxo lejano y acongojado que parece venir de una noche tras las ventanas, entrando en la tranquilidad doméstica para recordarnos con su presencia ominosa que no estamos bien, que no hemos podido soltar ese amor que nos hizo tan felices. La canción posee una belleza singular que va sumando complejidades armónicas, detalles de producción y protagonismo instrumental para alcanzar un clímax que pronto se desvanece y nos devuelve a un piano solo y triste, metáfora sonora del corazón de un Duplat adolorido.

“Cielo”, sencillo que da nombre a este EP, posee un carácter melódico más alegre, con percusiones digitales acompasadas y brillos que, de cualquier manera, poco pueden hacer para desdibujar el rictus de tristeza en la faz del piano. En esta composición, Duplat se encomienda a una deidad ausente que intuye entre nubes para pedirle que le devuelva los días en que las cosas eran más tranquilas, más sencillas. En que los días no requerían más que la compañía de nuestro bien amado. “Cielo” no es musicalmente muy compleja, pero la magia de Duplat está en la economía de elementos, en el escape del solo heroico, en la grandilocuencia del rango dinámico. Con una serie de elementos en apariencia sencillos, el músico logra dar forma a una máquina perfecta en cada una de sus canciones: el saxo no roba el protagónico, el bombo no estalla en los oídos, los bajos no nos hacen temblar las vísceras. “Cielo” nos adentra en la arquitectura de la canción de Duplat, permitiéndonos ver su rigurosidad de relojero de los de antes en cada producto que presenta.


En Cielo, quizás por los recursos limitados con los que contaba el músico en su habitación para la composición del disco, Duplat ha empezado a navegar los lenguajes de la programación digital y ha permitido que estas nuevas máquinas se sumen al sonido de su viejo piano y saxofón. “Insomnio”, tercer corte del EP, está plagado de pequeños detalles electrónicos y de síntesis que le dan una orquesta fantasma a su piano y saxofón, este último más presente que en cualquier otro momento del disco como acompañante perfecto para el estado perpetuo de vigilia. Temáticamente no hay que inferir sobre qué versa esta canción, aunque Duplat sabe dale un nuevo rostro de luna a la sensación harto familiar de la ansiedad por no poder conciliar el sueño, agobiada la mente por puñales nemónicos de las cosas que dejamos de hacer y de las que no debimos haber hecho. El piano recuerda un viejo cabaré de furcias tristes, las antiguas cortinas de terciopelo rojas ahora empolvadas, apolilladas y tristes; la vieja vedette, una sombra ancha de carnes y arrugas, con la promesa del beso podrida bajo su carmín barato. Es de una belleza decadente sin par.




“Como una nube” es la única colaboración del EP y llega junto a Álvarezmejía, alias creativo de Daniel Álvarez, guitarra de Diamante Eléctrico. Con un piano de feria, o a la manera de la música incidental de un hotel en decadencia, el sencillo posee un aire festivo que no es ya melancólico en la rememoración del bien amado y ausente, sino anhelante en la posibilidad de trasfiguración, en la promesa de una transformación interna. Es un corte tan optimista como puede serlo un EP de tan lóbrega emoción, pues pronto reparamos que los ecos de la segunda voz se convierten en lamentos espectrales y el registro monocorde de Duplat no deja camino a la duda: a pesar de ser una canción claramente pop, no es tan maravilloso su viaje, pues culmina en el desdoblamiento en la nada, en la desaparición de la materia. Aquí hay una licencia poética en la música y es el protagonismo de la guitarra hacia el final del corte, lo que no desentona con el carácter del disco y no borra la delicada estética de este documento perfecto.


Cerrando el EP aparece “Paciencia”, otro corte de aparente altivo estado anímico. Y es que los instrumentos fuera de tono le dan un aire festivo y juguetón a la mezcla y la letra se convierte en una promesa para los días por venir, un aprendizaje luego de todos estos días viendo la misma porción de cielo tras la ventana. Es un corte romántico en el que hay un desdoblamiento de la voz poética en el espacio que la circunda, haciéndose nube, aire o escala en el saxo. Es una forma adecuada para cerrar este álbum sonoro de nostalgias, para ponerle punto final a la melancolía y seguir adelante construyendo un futuro en el que, con algo de suerte, podamos hacer espacio para esa persona que extrañamos y que ahora vuelve a nuestra vida.


Cielo es una nueva proeza del joven Duplat, quien paulatinamente nos ha venido acostumbrando a la creación de canciones exquisitas, extrañas y emocionantes. Durante cinco canciones tenemos un diagnóstico de su mente inquieta durante pandemia y encontramos un confidente que nos apoya en los momentos más difíciles. Duplat ha creado con minucia minimalista una obra redonda que está hecha de melodías, pero también del silencio. Y es que es precisamente la ausencia de instrumentos para evitar saturar la mezcla el elemento más bello de este Cielo de Duplat: el músico entiende con sagacidad cuándo debe parar, en qué momento las canciones y el sentimiento exigen un aire y es ahí, en ese breve momento antes de que explote la pompa de jabón, cuando se nos revela lo eterno de la tristeza, un suspiro corto antes de que la melodía vuelva a marchar y el mundo siga girando, antes de que nuevas nubes se crucen por nuestra ventana.




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