• Ignacio Mayorga Alzate

El Enemigo y De Pasillo presentan: Sangre nueva


Negar la proliferación de nuevos artistas en el panorama nacional sería tan estúpido como solicitar la extradición de Aída Merlano desde Venezuela a Juan Guaidó. Lo cierto es que, durante la década pasada, decenas de actos musicales se han convertido en protagonistas de una revolución cultural y social en la que la consolidación de públicos nuevos y jóvenes, que apuestan y consumen lo independiente, han dado forma a una contracultura importante. Desde ciudades centrales como Bogotá, Medellín y Cali se han expandido actos vitales a lo lo largo y ancho de la geografía nacional que, a veces sin siquiera contar con el apoyo de medios tradicionales de comunicación como las emisoras y la prensa especializada, se han consagrado como verdaderos fenómenos, agotando la boletería en cada una de las plazas en las que se presentan. Sin embargo, para que floreciesen estas semillas, es clave tener en cuenta la aparición de nuevos críticos y difusores culturales que han fortalecido a través de nuevos canales el esfuerzo de las bandas emergentes.


En la década pasada el nuevo periodismo musical fue vital, no solo en Colombia, para la creación de un nuevo espacio alternativo en la música. El acceso libre a la información, aunado a la facilidad de difundirla, permitió que quienes habitaban las antípodas de la cultura oficial pudieran desarrollar una labor vital en la comunicación efectiva de nuevos fenómenos musicales. La proliferación de blogs y de vlogs durante la década pasada permitió que se generase un circuito en torno a lo independiente, saliendo de las vías tradicionales de los medios ya establecidos y longevos. Sin trazar toda una genealogía de esta labor, que igual y podría tener su génesis en la contracultura de los afiches de promoción de eventos inspirados en el art noveau del San Francisco de la década del sesenta o los fanzines punk de la Inglaterra de los setenta, lo cierto es que el periodismo independiente se ha convertido en una plataforma vital para la difusión cultural. En Colombia, que es el contexto que nos compete, la labor constante de difusores con El Enemigo, Santiago Cembrano, Sebastián Narváez o De Pasillo se ha constituido en un eje central para la movilización de nuevos públicos hacia el consumo de bandas emergentes. A través de la divulgación cultural estos críticos y periodistas, junto con muchísimos más, han sido piezas claves para que se revitalicen las formas de consumo y los productos culturales que consumimos.


Ahora, inaugurando un nuevo año lleno de música independiente, dos medios culturales han unido esfuerzos con uno de los bares más importantes del circuito alternativo para presentar dos fechas llenas de nuevos talentos. El Enemigo es una iniciativa que durante varios años se ha encargado de reseñar y difundir la música colombiana. Juan Antonio Carulla, quien fundase con un par de amigos del colegio esta iniciativa y quien continúa siendo el regente de este proyecto se unió a la iniciativa presentada por Juan Diego Barrera de De Pasillo para presentar dos fechas llenas de música nueva y de calidad. “La verdad la idea de este evento fue de Juan Diego Barrera de De Pasillo. Él desde el año pasado me dijo que tenía ganas de hacer un evento a principio de año que impulsara bandas bien, bien, bien nuevas, que tuvieran menos de cinco toques encima. Como para empezar el año nuevo con una declaración y decir ‘Estas son las nuevas bandas que se van a mover este año’”, explica Carulla. “Me comentó esa idea el año pasado y le dije ‘Uy, eso está una chimba, eso está muy bueno, aguanta. Yo me monto y te ayudo a hacer esa vaina’”. Así nació la idea de Sangre nueva.


Por su parte, explica Barrera: “Sangre nueva es una serie de conciertos organizada por El Enemigo y De Pasillo que buscan ser de alguna manera una vitrina para apuestas independientes de Bogotá, que lleven menos de cinco conciertos encima, pero que hayamos tenido la oportunidad de ver tocar en vivo, escuchar mucho de ellos”. Hacia finales de 2019 empezamos a conocer y a reconocer nuevas apuestas claves de la escena local. Estas bandas podrían llegar a definir este 2020 y construir sobre la senda de artistas independientes que los han presidido. “Quisimos apostarles a bandas que por el material que están grabando o que ya tienen listo para publicar, sumado a su puesta en escena, son promesas de lo emergente y lo alterno en Bogotá para el 2020. Hablábamos de que, aunque que muchos llaman la escena local independiente creció mucho durante 2018, hace falta renovación y oxigenación. Es decir, el público ya está. El público ha empezado a gravitar en torno de muchísimas bandas y va a sus conciertos. Pero hace falta darle visibilidad a cada vez más propuestas y cada vez más alejadas del indie rock”, continúa el periodista de De Pasillo.


Dar forma al cartel no fue una tarea sencilla. Pensar en bandas debutantes que igual y no fueran a disolverse prontamente y que cumplieran con una exigencia estética para el público capitalino implicaba un reto. “Le dimos vueltas durante diciembre y, al final, teníamos el nombre del evento y la idea de qué artistas teníamos ganas de presentar”, explica Carulla. “Teníamos una lista como de doce artistas. Inicialmente iban a ser como tres días de un mini festival, pero, finalmente, unas bandas no podían, otras cancelaron. Todo se nos enredó un poquito y terminaron siendo estas dos fechas en febrero. Básicamente esa fue la forma en que surgió Sangre nueva”. Durante los dos primeros sábados de febrero el evento se llevará a cabo en El Chamán, en Chapinero, pequeño y esencial venue para la música local que se ha consagrado gracias a su inventiva curatorial y la amenidad de su espacio en uno de los enclaves centrales del circuito independiente. El 1 y el 8 de febrero un total de seis proyectos emergentes, tres por noche, se tomarán las tarimas del bar para presentar su sonido.

El cartel es una colección variada de sonidos. Desde el indie pop electrónico de Chamo, hasta la estética noventera de Marta Rivera, que no se ha presentado sino un puñado de veces en vivo y sin embargo es una banda compuesta por músicos esenciales de la movida bogotana. Amantina también salió a la luz el año pasado y está compuesta por músicos ecuatorianos. En 2019 tuvo muy buena acogida y ahora inaugura un año que podría resultar ser excelente. La casa del frente recoge un poco el sonido que ha caracterizado el éxito de Nicolás y los fumadores y acelera un tanto la mezcla para presentar un formato más dinámico. Por el lado del trap llegan los productores Frick Trips, responsables de algunos de los beats más inquietantes y novedosos de tiempos recientes (Ángel Dumile, SmokerBambi, Lo más bello, etc.) quienes se montarán a lanzar beats para que una larga nómina de invitados pueda rapear encima. Yo no la tengo es quizás uno de los descubrimientos más impresionantes de finales de 2019 y, con apenas una serie de conciertos junto a Babelgam, Teatro Unión, Los Maricas, entre otros, se ha convertido en un fenómeno valioso para el ruido más sofisticado. Sangre nueva, en definitiva, propone una apuesta compleja por visibilizar nuevos actores en el sector y es un riesgo muy valioso que promotores, gestores y organizadores están tomando. Cáiganle al Chamán este 1 y 8 de febrero. Quizás su nueva banda favorita esté en este cartel fantástico.

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