• Ignacio Mayorga Alzate

Rock al Parque 2017: la diversidad es ley

Actualizado: feb 19


Dejamos atrás una nueva edición de Rock al Parque, el festival gratuito al aire libre más grande de todo el continente. Una referencia mundial y una parada obligada para una cantidad enorme de actos musicales, un obligado en la bucket list para un sinnúmero de proyectos que van del rock al ska, del punk al metal y, cada vez más para fortuna de todos, de la fusión a la electrónica y ese amplio espectro que la crítica no logra definir y que cobija bajo el difícil rubro de “alternativo”. Fueron tres jornadas en las que el color negro perdió su ubicuidad y dio pie a que una fauna policroma, afluencia de nuevos ritmos, deambulara con tranquilidad por los prados del Simón Bolívar.

Quizás es uno de los carteles más diversos y ricos en opciones que ha tenido el festival en su historia de más de dos décadas. Quizás por eso mismo tuvo tan tremenda afluencia y tan tranquila dinámica en el público participante. Desde hace algún tiempo Rock al Parque ha venido transformándose, gústele a quien le guste, en tres tarimas en las que todo puede pasar. Y eso nos hace mejores como audiencia. “Cerebros cerrados dan orejas cerradas”, me comentaba antes de su presentación el domingo Toby Morse, calmo vocalista de la enérgica H20, uno de los actos más estridentes que pisó el Escenario Plaza, mientras se subía unas medias con la estampa de Public Enemy.

La administración viene adelantando una serie de esfuerzos por constituir un festival incluyente y diverso en el que cualquier persona puede sentirse a gusto. Ya el año pasado Pedrina y Rio la reventaba con su show rosa, al que vino a converger enorme parte de la afluencia del desfile del orgullo de ese año. Háblame de rebeldía y rock and roll: en un espacio donde el madrazo es ley y el gutural el lenguaje de la tribu, melodías calmas y colores chillones se convierten en el gesto último de resistencia cultural, la diversidad se constituye como respuesta a la cerrada mentalidad de los más conservadores. Porque hay públicos que son terriblemente conservadores, a pesar de que lleven sobre su pecho el logo de una agrupación legendaria que hizo todo lo posible por romper los estereotipos y las barreras de la cultura. Este año, estando el público más educado, la propuesta musical siguió ampliándose y los resultados fueron muy positivos. Más ánimos para entender que por allí es el camino.

Rock no faltó. A pesar de lo mucho que lloraron los usuarios de Facebook con el nombre de algún acto de glam legendario en su nombre de usuario, rock no faltó. Quizás a estos “puristas” les convendría revisar la historia del género que dicen respirar y sentir, entender que todos los productos artísticos son parte de un proceso de sincretismo entre culturas, aceptar ─de una vez por todas─ que el rock (como todo en la música del siglo xx) es un género híbrido, un amplio océano al que van a dar infinitud de ríos. Si se hiciera todo lo que dictan las camisetas desteñidas de Iron Maiden el festival mucho habría perdido. Por ejemplo, no habríamos sido testigos de la fascinante interpretación de Juliana Ronderos y Nicolás Losada, Salt Cathedral, una apuesta imposible hace solo cinco años en el festival y que el lunes se convirtió en uno de los favoritos de los participantes.

No es una crítica a los rockeros, después de todo por ellos nace el festival. Pero sí es vital entender que, así como la música se transforma, la experiencia en estos multitudinarios eventos tiene, por necesidad, que mutar. De lo contrario Rock al Parque seguiría siendo un canto a la nostalgia, lo que no tiene nada de malo (gracias Los Tres, enorme Draco Rosa, larga vida Reencarnación, adiós para siempre Darkness), pero que tampoco es la esencia del evento. Bogotá está entendiendo cómo es la movida y, gracias a este crecimiento racional, las cosas funcionan mejor. Es cierto, este año enterramos a Elkin Ramírez, pero de Providencia tuvimos un mensaje cálido de unión entre hermanos a cargo de Elkin Robinson y, desde México, un Titán distinto se perfiló como una de las presentaciones más impactantes de todo este enorme y amplio cartel.

Sigamos creciendo. Permitámonos conocer otros sonidos, empaparnos de ricos sonidos, cambiar los colores un ratito. Solo para ver qué pasa. A los que fueron: muchas gracias. A la organización: felicitaciones. A las bandas: siempre bienvenidas. A Rock al Parque: cómo hemos crecido.


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