• Por Ignacio Mayorga Alzate

Encarta 98, un viaje al corazón del Internet


En la era digital las posibilidades creativas son infinitas. A diario millones de personas utilizan las ventajas democráticas de una conexión submarina que les permite alcanzar todos los puntos del planeta, los poderosos tiemblan ante la posibilidad de que sus secretos más oscuros se vuelvan virales y, cada vez más, cientos de miles de personas se hacen ricas con cripto divisas que no existen en ningún banco del planeta, sino que flotan en el éter y se materializan a través de los píxeles de los monitores. Frente a este panorama de libre circulación, miles de artistas exploran cada día millones de permutaciones que les permiten dar forma a universos particulares llenos de vida, usuarios anónimos crean piezas que se cuelan en servicios de streaming y el monopolio de las disqueras palidece a la luz de artistas como MØ o Mura Masa, quienes han encontrado en un mundo intangible la posibilidad de llegar muchísimo más lejos que los límites geográficos de sus lugares de origen. A principios de la segunda década del 2000 aparecieron creadores que inventaron sus propios géneros que terminarían siendo cooptados por Rihanna y compañía y dieron forma a estéticas vitales para nuestro pensamiento cultural como son el seapunk y el vaporwave, estilos que, influenciados por el imaginario visual de las primeras computadores y los glitches, generaron una identidad visual que es hoy tendencia. Dentro de este panorama digital aparece Encarta 98, quizás para objetar también cómo estas nuevas tecnologías nos están encerrando en una tendencia solipsista abrumadora.

Fundada en 2015 por músicos bogotanos, este proyecto de shoegaze y dream pop ha logrado dar forma a una de las bandas más interesantes de la nueva ola de artistas nacionales. En abril la banda presentó E:// 98, su primer EP, y es realmente un documento fascinante de cómo las nuevas tendencias globales pueden influenciar un sonido que, sin embargo, posee una nostálgica reminiscencia de una infancia en la que aún estudiábamos con libros y la información no era tan inmediata. Los cuatro temas que componen este EP nos recuerdan nuestro lugar en el mundo, son oscuras composiciones que giran sobre líricas de abandona, soledad y melancolía. Sin embargo, el sonido es vibrante, la batería es evocativa y el juego de guitarras y pedales resulta hipnótico. En la era de Internet, Encarta 98 prefiere lo análogo aunque beba de la estética de tendencias contemporáneas que pululan en foros y canales de YouTube. Quizás en esta ambivalencia es que está el secreto de por qué este trabajo es tan emocionante y resuena con tanta fuerza dentro nuestro a pesar de que los sonidos de los que bebe llevan ya décadas conmoviéndonos.

E:// 98 abre con “Corriendo (AM)”, un corte con una finísima guitarra acústica que se convierte en una desalentada súplica escapista, para luego dar paso a “Emo3000”, un tema de orden existencialista que nos recuerda que, a pesar de toda nuestra base de seguidores en nuestras redes sociales, estamos absolutamente aislados en un mundo narcisista en que la interacción con el otro sólo existe para que tengamos la oportunidad de responder. “Capo” es un desalentador recordatorio de la monotonía infructuosa de nuestro tiempo y “Olas. 1º49'58"S 80º45'10"W” recoge las coordenadas de una playa en Montañita que, aunque apacible, recuerda el ominoso poder de la naturaleza que nos sobrecoge y que no puede ser abarcada en su peligrosa dimensión dentro del marco de nuestra fotografía desde un teléfono inteligente.

E:// 98 fue grabado y mezclado en Bogotá en el 2017 por La Colmena Record, mientras que las baterías fueron grabadas por Jairo Muñoz en La Coneja Ciega y el máster se hizo en Montreal, Canadá, durante los primeros meses de este año. El resultado es un trabajo ambiguo de poderosa envergadura, pues, aunque la instrumentalización es maravillosa, las voces se escuchan intencionalmente lejanas, como si el ser humano hubiese sido reemplazado por una máquina. En tiempos digitales, Encarta 98 ha creado un documento híbrido, una bestia bicéfala en la que converge la angustia existencial con las magníficas posibilidades que nos presenta el mundo moderno. El sonido es casi demasiado perfecto para los seres que lo enuncian, que se saben frágiles y temerosos tras este muro de sonido, casi demasiado humanos frente a una música que no es de este plano falible. Con este EP Encarta 98 nos presenta la paradoja del mundo moderno, en el que prima el concepto de comunidad, siempre y cuando ésta esté delimitada por el egoísmo del individuo. Nunca habíamos estado tan conectados y, al mismo tiempo tan solos. Quizás por eso a veces el mensaje de Encarta no nos llega, difuminado por el ruido blanco. Quizás el Internet nos ha hecho menos seres y más números. Sea como fuere, lo cierto es que estamos frente a un trabajo fascinante y lleno de vida.


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