• Ignacio Mayorga Alzate

Delaporte, un viaje íntimo y experimental a “Las Montañas”


Sandra Delaporte y Sergio Salvi presentaron hace algunos el proyecto italo-español Delaporte, con el que empezaron a abrirse un espacio importante en la movida de la nueva música alternativa europea, logrando un papel protagónico en la escena española con una serie de lanzamientos que los puso en el centro del radar con melodías complejas embebidas de varias fuentes de la historia de la electrónica europea. Luego de presentar dos EPs y una serie de sencillos, la banda presentó Como anoche en 2019, un disco conciso y ejemplar con el que se tomaron el circuito de festivales europeos, creando una conversación en torno a sus explosivas presentaciones y haciendo una serie de amistades que ahora colaboran con ellos en su reciente álbum, Las montañas, presentado en septiembre. Si Como anoche era un álbum clubero y casi pop, este nuevo lanzamiento encuentra a la banda recorriendo un sonido más oscuro marcado por el lado menos fabuloso, pero quizás más emocionante, de la historia de la electrónica mundial. Hay visos del sonido noventero, pero también referentes más under como el industrial europeo y ese giro maravilloso que significó y significa la figura de Trent Reznor en las programaciones que lleva realizando más de tres décadas con su proyecto Nine Inch Nails.


Las Montañas es un álbum excepcional que utiliza los aprendizajes de El mal querer de Rosalía o el estilo urban trash de Die Antwoord en Sudáfrica para producir un producto emocionante que, durante trece canciones, nos guía por un ascenso hacia una cumbre arcana en la que podemos ver el universo bajo nuestros pies. No será un viaje cómodo, sin embargo: la banda se plantea menos cómoda con las fórmulas dictadas por la industria y la radio y una primera escucha del disco podría generar una ansiosa incertidumbre no apta para cardíacos. Hay momentos en el que se percibe el club, pero no es ya ese lugar de ensueño lleno de brillantina y copas de oro, sino el de los rostros desvencijados, los cuerpos agotados y menos fabulosos que sobreviven a la hora del Diablo. También se plantea como un testimonio político que, desde el sonido de la electrónica, crea poemas alucinantes sobre cómo el cuerpo sigue atado a una serie de referentes ingenuos de una cultura retrógrada y nociva para la libertad individual. Nos reunimos con Sergio Salvi para hablar del alucinante viaje de Delaporte, sobre cómo el en vivo les permitió reformular su sonido y cómo las etiquetas, insistimos, están mandadas a recoger.


Quisiera comenzar hablando del recorrido del dúo, hay un cambio de dirección muy fuerte entre Como anoche y Montañas, pasando por esos dos EP que funcionan como una suerte de puente entre los discos.


Bueno, los dos EP fue lo primero que sacamos y después vino Como anoche. Los dos EP, en realidad, juntos hacían un disco. Pero decidimos sacarlos en dos discos, porque había temas en castellano y en inglés, lo lanzamos en dos capítulos. Y, además, hoy en día que un grupo que acaba de empezar saque un disco es algo ya muy inusual. Siempre se intenta sacar sencillos y ver cómo funciona. Nosotros hicimos lo mismo con los EP. Luego ya sacamos Como anoche y ya Las montañas es el álbum de más larga duración que hemos tenido. Sí, hay bastante cambio en el sonido porque Como anoche se compuso en el 2018. Se compuso en julio, en el verano. Mientras que este, Las montañas, lo hemos compuesto en parte en septiembre de 2019 y parte en enero en 2020, o sea, que ya ha habido un año u año medio entre un disco y el otro. Y este año, en el medio, Sandra y yo hemos estado escuchando mucha música. Nuestros gustos cambian cada rato, se van modificando. Cambian los gustos, cambian las vivencias. Entre un disco y el otro, también, es importante decir que ha habido una gira bastante larga y en la gira pues también cambian las cosas porque tú vas tocando los temas en directo y los mismos temas cambian al tocarlos. En el directo nos gusta abrir los temas y casi como hacer remezclas en el mismo en vivo, meter momentos de club, hacer que la gente baile e improvisar. Esa misma cosa experimental y con tus mismos temas te hace cambiar. Yo creo que eso nos ha enriquecido mucho y se nota en parte en este último disco, porque hay más experimentación electrónica, pues hemos visto que en directo eso funciona. A nosotros nos encanta y lo pasamos genial y a la gente le encanta. Aunque no sean festivales de electrónica, la gente baila y lo goza.


Es divertido que es un disco bien technero, pero como para el confinamiento.

El confinamiento no estaba planeado en este disco [risas]. Aunque, luego, una parte final del disco la hicimos en el confinamiento. Cuando empezó el confinamiento, el disco estaba listo en un 75%. Hubo un tema que nació totalmente en el confinamiento, el primero, “Refugio”. Y hubo un par de temas, “Se va” y “La bestia”, a los que les dimos muchas vueltas en el confinamiento y que cambiaron bastante durante la cuarentena. Luego, toda la postproducción y la mezcla lo hicimos en el confinamiento. Así es que quizás haya algo del confinamiento que haya entrado en el disco, algo de esa sensación inicial. Y, de hecho, al principio, teníamos alguna duda de sacarlo ahora o sacarlo más adelante. Hay muchos grupos que están decidiendo aplazar los lanzamientos de sus discos. Al final, es un disco que hemos hecho ahora y que representa lo que somos ahora. Entonces es más honesto sacarlo ahora. No tendría mucho sentido sacarlo el verano que viene, por ejemplo, porque nosotros estaríamos en otro momento. A nivel personal y social. Así que creo que es un disco que, a pesar de que no es la mejor época para sacar un disco, es más honesto lanzarlo ahora.


Las montañas presenta cortes muy oscuros, densos sonoramente a la manera del industrial y el drum and bass de los noventa, incluso del 2step británico. Pero también hay una influencia latina, de sonidos andinos y de guitarras acústicas a la manera de Natalia Lafourcade. ¿Cómo fue el viaje de definición del sonido para esta placa?


El disco se compuso en dos tandas. Septiembre del año pasado y enero de este año. En la primera tanda veníamos escuchando mucha electrónica de los noventa, clásicos como Chemical Brothers, Prodigy y Underworld. También mucho techno de Berlín o gente como Burial de 2Step. Cosas que se nutrían mucho de los noventa. Nosotros componemos siempre en la montaña, vamos y nos autoconfinamos en la montaña. Llevamos nuestro estudio y nos quedamos allí diez días o dos semanas componiendo. Para esa primera tanda decidimos llevarnos unos sintetizadores muy noventeros. Llevamos el Yamaha DX7, un clásico de los noventa, nos llevamos librerías de loops que habíamos estado recolectando en el período de cosas muy de los noventa y automáticamente estábamos en ese viaje. De ahí en adelante la pincelada drum and bass y house bien clasicote. Luego, en la segunda tanda unos meses después, nuestros gustos estaban más hacia la PC music, grime, bass. También el último disco de FKA Twigs, la producción de Nicolas Jaar y era otro enfoque. Al final se mezclaron esos dos enfoques, uno más noventero y otro más actual y experimental, productores como SOPHIE, A. G. Cook, el último disco de Charli XCX nos gusta mucho. Y la parte folclórica de alguna manera siempre la tenemos ahí porque ya en la época de Como anoche escuchábamos Natalia Lafourcade, por ejemplo, es una referencia que tenemos hace mucho tiempo. Con “Se va”, que es el tema que tiene la referencia más acústica, estuvimos picoteando hasta Inti Illimani, de sonidos más andinos. O incluso de sonidos más andinos pasados por lo electrónico como Chancha vía circuito y esa gente que nos trae aquí en España esa sonoridad que nos encanta también. Todo se mezcla de una manera inconsciente. Lo tenemos ahí en nuestras escuchas y, al final, de alguna manera sale.



Claro, porque también hay momentos bien Vengaboys y de eurodance.


“Volcán” es muy eurodance, es verdad. La verdad no sé de dónde ha salido eso [risas]. Bueno, ha salido porque hay cositas también que estábamos escuchando también de electrónica más europea, productores polacos, rumanos o rusos. Hay cosas que nos flipan de techno ruso que últimamente están saliendo, nombres impronunciables que no sabemos ni leerlos. Empezamos a enganchar videos en YouTube y lo guardamos en favoritos y no sabemos ni pronunciar el nombre. Pero sí. De allí han venido esos sonidos más eurodance, como dices tú.


Es la primera vez que colaboran con tantos artistas heterogéneos, lo que plantea una experiencia de escucha distinta. Está el club presente, pero también un diálogo con otros géneros como el rock de Ginebras, el pop electrónico de Ximena Sariñana y el hip hop de Arkano. ¿Cómo fue el proceso con los featurings? ¿Cómo decidieron trabajar con estos artistas?


Teníamos ganas ya de colaborar con gente que nos gustaba y, sobre todo, habiendo girado tanto el año anterior, tuvimos la oportunidad de conocer muchos artistas. Sobre todo de conocer personas con las que llegamos a conectar y que nos gustaron primero como personas. Es gente que conocimos detrás de un escenario o en algún evento y nos inspiraba y luego íbamos a investigar su música. En algunos casos era distinto. A Ximena ya la conocíamos, a PUTOCHINOMARICÓN también. Pero a Arkano lo conocíamos de nombre, no habíamos investigado mucho lo que hacía, y le conocimos en un evento benéfico que hicimos y pues estuvimos charlando con él detrás del escenario y nos encantó. Te surge entonces la gana de colaborar con esta gente simplemente por lo buenas personas que son y, no sé, aprovechamos esto y los llamamos. Primero empiezas, cuando decides colaborar, a tantear. Mandas un mensajito diciendo “oye, ¿te acuerdas de mí? ¿Qué te parecería hacer un tema nuevo para nuestro disco?”. Y cuando ves que la gente contesta encantada, con ganas e implicándose, empieza un proceso creativo conjunto y acabas componiendo juntos un tema. El filtro principal son las personas con las que hemos conectado, más allá de su música. Y luego te das cuenta de que son personas musicalmente muy potentes, sabes que le puede aportar un filtro muy interesante al tema. Con Ginebras, por ejemplo, nos flipan como son y sabíamos que podrían darle un toque punk al corte. Y así fue. Ese tema en directo va a ser genial.


La electrónica es la base musical principal del álbum, pero está lejos de ser un sonido para ambientar los vestidores de Bershka. Tiene una atmósfera más oscura, rabiosa y nocturna. ¿Influyó el confinamiento de este año pandémico en las decisiones estéticas del disco con los temas que se produjeron en pandemia? Es un sonido menos amigable, pero más interesante e hipnótico, ¿por qué tomar este riesgo creativo?


La verdad estábamos medio preocupados, aunque esa no sea la mejor palabra. Siempre cuando lanzas un disco te preguntas cómo va a resultar y cómo lo va a tomar la gente. Este disco es distinto. Efectivamente es menos radio friendly, o dentro de cortes radio friendly siempre hay cosas que no respetan las fórmulas. Pero es que nosotros sentimos que nosotros tenemos que ser honestos. La música que nos gusta, los artistas que nos gustan y que nos inspiran, creemos que es gente que es honesta con lo que dice. Hace la música que les gusta hacer. Entonces sentimos que la única manera de destacar, de poder crear tu espacio y tu voz es ser honesto. Contigo mismo, para empezar. Nos ha salido un disco así, menos mainstream, pero es lo que queríamos. No concebimos otra forma de hacer música. Es un riesgo que queremos asumir. También es una manera de fidelizar público. Al final, si la gente te acepta cuando te arriesgas, ya estás seguro de que ese público se va a quedar. Para siempre. Si quieres durar, si quieres que tu proyecto y tu música sea algo que llegue a durar años y que dentro de diez años podamos seguir haciendo música y discos, hay que apostar por un sonido tuyo. De lo contrario, estás dependiendo de las modas, dependiendo de lo que suena en el momento. Eso es una esclavitud al final. Y eso no nos haría felices, no es nuestro camino: estaríamos frustrados.


Líricamente el álbum tiene una reflexión muy interesante sobre el lugar de la mujer en lo público y en lo privado. Es una reflexión política, si se quiere, sobre la violencia simbólica y los micormachismos que dominan la cultura. ¿Cómo fue el proceso de escritura de Las Montañas y cómo obran estas reflexiones en la poesía final?


Las letras las compone Sandra. Cuando Sandra empieza a componer la letra es casi un flujo de consciencia. Normalmente cuando empezamos un tema, llegamos a una melodía, a algo que nos gusta, Sandra se va a una habitación. Yo sigo con detalles de producción y ella se va con la libreta y vuelve a los quince minutos con algo que ha vomitado. Normalmente ese proceso es inconsciente, o sea, ella escribe lo que le viene sin saber de qué va a hablar. Luego, una vez que teníamos casi todo el disco, diez temas o así, mirando la letra nos dimos cuenta de que estaba hablando de algo muy concreto y era un proceso de construcción de la identidad fuera de cualquier tipo de opresión social. Se puede hablar de patriarcado, de machismo, pero también puede interpretarse con otro tipo de opresiones como son la homofobia o el racismo, cualquier tipo de estereotipo o crítica social que te quiere imponer una etiqueta, un comportamiento, te quiere hacer más pequeño por no seguir ciertas normas. Esto fue un proceso personal por el que Sandra estuvo trabajando en los últimos dos años y obviamente se ha visto reflejado en la letra. Lo político es consecuencia de eso, porque somos seres políticos. Entonces hablar de lo que nos frustra, de los problemas, hace que de alguna manera estemos hablando de algo político. No digo sin quererlo, porque sí que queremos hacerlo, pero de una manera natural.


Concatenar influencias como GusGus, Purity Ring, Underworld y The Prodigy, incluyendo una cita a Reincidentes, le da al álbum una cualidad de collages, casi un compendio de citas personales que terminan definiendo la identidad del proyecto. ¿Cómo se ve Delaponte de frente a la necesidad enciclopédica de la crítica de encasillar proyectos en un único género?


Eso para nosotros es algo tonto. Directamente pasamos de las etiquetas y de lo que vaya a decir la crítica. Y en España es un problema porque la gente se encasilla mucho. Pero creemos que las nuevas generaciones, lo que estamos observando, es que los jóvenes pasan de las etiquetas. Escuchan de todo y en sus playlists puedes encontrar un tema de Residente como de Caetano Veloso o de Ella Fitzgerald, Paramore o Coldplay. Hay de todo. Creemos que la música es una, sin barreras, sin fronteras y que así la gente lo está empezando a concebir. Así es que ¡a la mierda las etiquetas! Quienquiera poner etiquetas, que las ponga, nosotros no tenemos problema. Pero a la hora de hacer música pensamos simplemente en lo que nos emociona.