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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

Diseccionando la cumbia continental junto a Amantes del futuro

Actualizado: 25 oct 2023


Immanuel Miralda, Ima Felini para cualquiera que no sea su enemigo, es una de las voces claves del movimiento de la cumbia electrónica en el continente. Con su proyecto Amantes del Futuro, el mexicano ha construido una discografía contundente cargada de colores fluorescentes y voces ralentizadas y gruesas que celebran un ritmo que es la espina dorsal musical del continente. Inspirándose en las varias manifestaciones del sonido cumbiero mexicano, que va desde el jolgorio sonidero a la lenta cadencia de la movida de Monterrey, el músico y productor ha construido un proyecto sólido y portentoso que ha puesto a bailar a miles de personas a lo largo de una carrera extensa, atravesando geografías diversas como son las tierras de diversas arenas de su madre patria, nuestro país y Europa. Junto a Pablo Marín, además de regentar la misteriosa agrupación Zafiro Zafiro, es creador y promotor de la fiesta Mucha Cumbia, que se ha celebrado en Barcelona, Medellín (de donde es Marín) o Bogotá.


Creador del movimiento Súper cumbia futurista, que antecede por lo menos en una década a la disquera ZZK, Ima ha estado dando pasos por una música que le apasiona desde principios del milenio. Además, seducido por la aparición de la cumbia electrónica en manos de bandas como El grupo soñador, el mexicano no ha parado de experimentar con el género desde las vertientes más experimentales de la electrónica hasta las formas más puras con base en el acordeón. Visionario y estudiante perpetuo de la cumbia, Ima es una persona carismática que cree que en la base de su sonido hay una posibilidad de transformación social y humana. En su última visita a la fría capital colombiana como parte de una nueva celebración de Mucha cumbia, nos reunimos con el cálido mexicano para diseccionar con precisión entomológica este bichito que nos ha picado para celebrar las formas de la cumbia continental y la base de su propuesta.


Después de varios años haciendo música, del techno a la electrónica y varias vertientes dentro de ese campo, ¿qué es lo que te empujó al final a presentar la música de Amantes del futuro en 2019, si bien el rubro existía desde hace tiempo?


Amantes es el proyecto original. Yo venía del ambient, del techno, del dub y varias líneas electrónicas. En música, en el terreno lírico no utilizo letras, pero sí llevo haciendo música desde niño y me aburrí. Yo quería algo que fuera muy mexicano y lo que encontré en la mezcla de lo popular y lo electrónico estaba en la cumbia. La cumbia desde niño me gustaba mucho y había hecho experimentos con cumbia desde 1996, pero cuando definí en el 98 o 99 que iba a hacer cumbia en serio se me ocurrió ese nombre. Amantes del futuro viene de un chiste que tuve con mis dos roomates, de mis mejores amigos. Incluso los invité a hacer cumbia y también fueron parte de mi viejo colectivo: Súper cumbia futurista.


También me interesaba, en relación a Súper cumbia futurista, pensar en el acceso a la tecnología de producción que tenían para esos momentos. ¿Cuáles eran los programas? ¿Los crackeaban?


Por supuesto. Teníamos cero gear, apenas y teníamos computadora. Yo hubiera hecho música electrónica en cumbia como Sonido Gallo Negro, pero mis amigos nunca me hicieron caso. Entonces hice cumbia como pude y fue con mi PC destartalada, con programas crackeados, obviamente, y así fui avanzando e invitando a estos amigos que se volvieron en el futuro parte de otras agrupaciones de la Súper cumbia futurista.




Hablemos un poco de “El paso del gigante”, “Cosas bonitas”, “Vamos a comernos eso” y todas esas canciones que te inspiraron. ¿Cuál era la tecnología que ellos usaban?


Exacto. De mis cumbias favoritas de toda la vida. Esa era también mi duda: ¿cómo hacían esos sonideros para hacer esas canciones? ¿Con qué programas las hacían? Nunca tuve acceso a esa gente sonidera, más cumbia real, pero al escuchar esas mezclas electrónicas me voló la cabeza y entonces dije “por ahí va”. Y por ahí nos fuimos mis amigos y yo, pero en esos años nadie estaba mirando a la cumbia, la verdad. El único que había hecho cosas era Toy Selectah, nada más. En México. Parece que en Chile estaban Las Congas Pensantes. Años más adelante, en mis investigaciones de cumbia, descubrí que estaba este dúo en Chile, Gonzalo Martínez y sus congas pensantes [conformado por Jorge González y Dandy Jack], que ya habían hecho experimentos antes, pero en México solamente Toy Select, fuera del ámbito real, popular. Creo que después estos chilenos y Señor Coconut hicieron no sé qué experimentos cumbieros. Pero yo no tenía ni idea de eso. Lo conocí hasta 2003, 04, 05, cuando ya nosotros estábamos haciendo nuestras cosas y después ya en Argentina estaba Dick el demasiado. Pero ignoraba todo eso.


También hay un tema de clases, pues siempre hay una asociación peyorativa hacia los ritmos populares.


Pues por eso es que yo hago cumbia. Porque siempre me cagó que en mi país, aunque ya saliendo y creciendo hemos visto que está en toda Latinoamérica, se discrimina a la gente por el asunto popular, clasista y racista. Eso me caga. También por eso hacemos cumbia. Porque es bien hipócrita en México, por ejemplo, que la gente durante muchos años veía a la cumbia como algo naco, malo, feo, barrial, de gente sucia, etcétera. Algo muy denigrante, clasista y racista. Pero los gomelos siempre en sus bodas sonaban tres o cuatro cumbias. Era una especie de momento kitsch o popular, de desfogue, de hora loca cuando ya estaban borrachos. Ponían, por ejemplo, a Los Ángeles Azules o cumbias de Selena o Bronco, pero sí estaba por ahí. Pero sí, esa hipocresía siempre me ha molestado.


Me parece interesante que hoy la música ha logrado trascender los espacios sociales, como si lo nuevo alternativo fuera lo reivindicativo de lo propio.


En mi caso, varios amigos y yo hemos traído de vuelta la cumbia a Colombia, porque ustedes son la madre, y pocas personas se han puesto a evolucionarla. Están los amigos de Frente Cumbiero, Romperayo, Muérdeme el dedo, Meridian Brothers, Los Pirañas, pero son casi los únicos que han buscado una evolución de la cumbia. Con Pablo Marín con Mucha Cumbia, en Medellín y ahora en Bogotá, llevamos varios años empujando y empujando, reviviendo o despertando esta cumbia que se durmió por muchos años, pero es interesante porque traemos otras cumbias. Ya no es la cumbia decembrina que todos escuchan, que si las tocamos en marzo se enojan (porque nos ha pasado). La cumbia ha evolucionado en Argentina, en Perú, en Chile, en México y hay miles de cumbias. Entonces es bien bonito ver cómo ahora nuevas generaciones están bien contentas volviendo a absorber esta cumbia y, al mismo tiempo, descubriendo su propio legado cumbiero colombiano. Supongo que lo mismo pasó en Ecuador, en Perú, donde la gente indígena se identificó con el ritmo porque es algo que nos une a todos.



Hay un momento que es importante para ti que fue el descubrimiento del sonido de Monterrey. Cuéntame un poco de esa distinción, porque hay un nivel de detalle que la distancia geográfica nos impide apreciar en Colombia.


Eso es cabrón porque sólo en mi país hay como cinco potencias cumbieras. Está la sonidera que es la de la ciudad de donde yo vengo; está la poblana, que tiene que ver con “El paso del gigante”, que a mí me impactó mucho. Yo hacía cumbias rápidas y, años más tarde, fui a Monterrey y me cambió la visión de la cumbia; me ayudó a darle otra vuelta de tuerca en su evolución a Amantes del futuro. Yo estaba buscando unas cumbias muy para DJ y Monterrey me ayudó y me enseñó lo que es la cumbia rebajada. También ahí estaban mis amigos cumbieros que me ayudaban. “Estoy buscando unas cumbias como muy DJ, con pequeños samples, pero no las encuentro”. Y un amigo DJ me resolvió el tema. Esa es la cuarta potencia de la cumbia mexicana que es la cumbia wepa o las cumbias editadas de San Luis Potosí. La quinta sería como la tropical, que hay muchos de tropical en mi país, es cumbia, pero no es cumbia, es más rapidita y hay varios estilos. Esas son las cinco potencias, nada más en México.


Y, en ese sentido, ¿sientes que en Amantes del Futuro hay una necesidad de recoger, catalogar, diseccionar esas vertientes?


Pues me influyen. No es como que diga “Ah, voy a sentarme a hacer una cumbia a la manera poblana”. Pero, más bien las mismas notas me van diciendo: bájale, súbele, ésta más rapidita, ésta más wepa, ésta más Monterrey. Me influencia toda esta música de mi país, más todo el legado cumbiero latinoamericano, ya deja tú colombiano. La cumbia villera argentina me fascina, la chicha peruana me encanta, las cumbias de órganos de Ecuador son de mis favoritas.



Hablemos un poco de Kumbiatitlán, el disco que publicaste en 2023. Escuchando “Terror virus”, sentí una influencia como de John Carpenter. ¿Estoy muy equivocado?


Puede ser. Esos sintetizadores que aparecen por ahí. Ese disco es un disco que me encargó TurboSonidero para Kumbia obscura antes de que se acabara Kumbia obscura. Me encargó cuatro canciones en la pandemia. Yo ya las tenía y me dijo “Se acabó Cumbia oscura, ahora voy a hacer mi disquera que se va a llamar Discos Pirámide. Quiero un LP”. Entonces me puse a hacer más canciones y quería un título que fuera como una ciudad de cumbia. Eso es lo que quiere decir en náhuatl. También la última canción del disco, como yo ya no vivo en la zona náhuatl, sino que vivo en la zona maya, se llama “Kumbiahahuil”, que es lo mismo, pero en maya.


Además de todo el estudio continental de la cumbia, ¿qué más informa musicalmente el proyecto?


Yo realmente no pensé en Carpenter, sino más en la idea de noticieros de los noventa. En la pandemia salieron dos compilaciones increíbles de Kumbia obscura, entonces tenía mucho esa influencia. Kumbia obscura ahora se llama Kumbia net, que es nuestro colectivo con TurboSonidero, Grupo Jejeje, El Satánico y varios más. El viejo colectivo era la Súper cumbia futurista que yo hice hace mucho tiempo. Este nuevo colectivo no es mío, pero soy parte. Orihuela MSS, Plastic Toy Sound, Silly Tang están ahí, si te gusta Amantes, te van a gustar.


Cuéntame de la trilogía fluorescente. Esa idea tiene que ver con toda la gráfica sonidera, ¿no?


Mi logo sí. Desde hace muchos años yo quería hacer un logo muy sonidero. No es taaaaan sonidero, es más bien mi búsqueda futurista del sonidero, porque yo tampoco soy sonidero. Me encanta la cultura sonidera y en ella me baso mucho. He logrado después de veinte años meter mi música en algunas fiestas, que es para mí el máximo honor, pero no es mi mundo. Yo también vengo de otros mundos y de otra experimentación porque mis cumbias son, primero que nada, experimentales. He logrado meterme en esos ámbitos populares, pero no provengo de allí. Ojalá. Si hubiera nacido en familia sonidera hubiera sido muy feliz. Entonces yo siempre quise hacer vinilos fluorescentes y un gran logo sonidero. Y la verdad es que mucho levanté mi proyecto gracias a mi logotipo de un gran grafitero mexicano y de vender camisetas. Yo quería algo fluorescente, fluorescente, fluorescente.


Entonces, ¿es una cuestión solamente visual o también tiene que ver con algo sonoro?


En el primer disco sí hay canciones de colores. La idea era tener sintetizadores fluorescentes. Estos instrumentos le dan, para mí, un componente sinestésico: amarillo, rosa, etcétera. Pero no quería que eso sólo quedara en ese disco, sino que también fuera la trilogía o más discos. Ya hay “Cumbia del monte”, “Cumbia del río”, de la vaca y del perico. Por eso se llaman así. Ya me encontré con otra “Cumbia rosa”, en Argentina, pero nada que ver. He entendido con los años que, en las canciones, uno tiene que lograr contundencia porque, si no, te pierden.


Es muy bonito porque es una forma de reconocer el lugar del que uno viene, pero dejando un poco de lado el espacio geográfico referencial de un contexto, apelando a un futuro, tal vez, en el que haya construcciones identitarias más universales como los colores. ¿No? La “Cumbia rosa” funciona en cualquier lugar.


Y ahora, con la “Cumbia rosa”, hay todo un tema. Se ha vuelto el hit del disco naranja

(Sabor Sónico). El primer hit que jaló fue “Cumbia de la montaña” en Monterrey. Yo le hice un homenaje a Monterrey porque Monterrey volvió a inspirar mis cumbias, le dio esa vuelta a mi propio trabajo. Me dicen: “Hay un huevo y tú lograste acceder ahí y por eso gustó”. Ese fue el primer hit de mi disco, chiquito. Y después los sonideros se volvieron locos con la “Cumbia rosa”. Para un país tan machista y tan jodidamente violento hacia la mujer como es México, para mí, que les llegara tan profundamente al corazón la puta “Cumbia rosa” fue como decir “Tomen, cabrones”. Qué bonito. Hay que darle vuelta a muchas cosas y se me hace algo muy interesante esa cuestión de la “Cumbia rosa” en México.




Yo vengo del ska y pensaba en el fenómeno de los soundsystem. No son idénticos, evidentemente, pero hay una similitud entre la cultura del soundsystem, la cultura del picó del Caribe colombiano y la cultura de los sonideros.


Me encanta el ska. Y, por supuesto que la hay. Tú la encontraste y la encontró Mario Galeano, la encontré yo y mucha otra gente porque ahí está. Ya nada más, desde la guitarrita, está. Hasta todos los sistemas de sonido de calles, los micrófonos, etcétera. La comunidad unida por la precariedad. La gráfica popular también une a las tres. También hay, no sé si el tema de los soundsystems, pero en Perú y Argentina la parte gráfica, que es central: colores fluorescentes y guapachosos.


Y es que está bonito que la gente compre tu vinilo, pero también que vuelva a las discotecas de los abuelos a buscar oro negro.


Claro, nos encanta. En nuestras fiestas se ve toda la diversidad. Tenemos escuchas desde los quince que están volteando a ver a la cumbia y toda la cumbia que va a venir después. Nosotros sabemos, a los que nos encanta la cumbia, que es un mundo que es infinito y que todo el tiempo está evolucionando y cambiando. Sale Lgante en Argentina, mezclándola con el trap y el reggaetón. Eso nos encanta. Que chavos cada vez más jóvenes se estén metiendo en la cumbia se nos hace fascinante.


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