• Ignacio Mayorga Alzate

La Claridad: revelación del soft pop español



El año pasado en medio del ruido que generó la crisis por el Covid-19 nacieron varios proyectos claves de las nuevas músicas en castellano. Es el caso de La Claridad, uno de los más recientes fichajes de Snap! Clap! Club que, hacia finales de año, presentó un EP autotitulado con cinco cortes de delicada sensibilidad pop. La Claridad es un proyecto afianzado en Madrid que, rápidamente, se ha convertido en una sensación musical en su país y en parte de América Latina. La elegante sencillez de sus melodías presentan una identidad pop que es sensible y honesta a nivel estético y conceptual. Conformado por distintos músicos (cada uno con otros proyectos), la banda ha demostrado ser una máquina sensitiva que depura el sentimiento humano para convertirlo en historia profunda sobre el pentagrama. Así, sus composiciones exceden al tiempo de los sencillos radiales y se configuran como parte de un cancionero integral que nos acompañará de ahora y en adelante para siempre.


La Claridad, EP publicado a mediados de noviembre de 2020, es un testimonio de una nueva sensibilidad en la música española, un regreso a algunas formas del pasado que, a la luz de nuestro contexto, generan un aura y un resplandor nuevo y atemporal. Estas canciones podrían haber funcionado hace treinta años, pero funcionan aún más hoy por lo que representan para una generación sin narrativas, para una población de lo inmediato. La Claridad nos obliga a parar en seco y ver cómo la luz se cuela por entre los intersticios del follaje, cómo la maleza rasga el concreto con ínfimas mordidas vegetales, cómo el hielo se convierte en charco en el fondo del vaso. A propósito de su EP debut, hablamos con Javier Sierra, uno de sus integrantes, para conocer el origen del cuarteto, la forma en que nacen sus canciones y su propia sensibilidad estética con relación al largo panorama español.


¿Cómo empezó la banda? ¿Dónde se conocieron?


Pues la banda empezó cuando se conocieron Javi e Irene en un festival, ellos fueron quienes empezaron el proyecto. Se dieron cuenta de que compartían bastantes gustos musicales y, además, Javi tenía ganas de empezar con algo nuevo. Un día quedaron para probar y grabaron la demo de lo que es la primera canción que publicamos titulada “La Orilla”. El resto nos fuimos uniendo progresivamente al proyecto y, bueno, aquí estamos.


Revisando la crítica en torno al disco, se habla del sonido de Donosti como parte de la identidad de la banda. ¿Podrían contextualizar a los colombianos sobre esta estética? ¿Creen que es una definición acertada?


A ver, todo surge en San Sebastián, que es una ciudad española ubicada en el País Vasco donde, a partir de los años 90, empezaron a florecer una serie de grupos que comparten un imaginario y un sonido común. Es todo muy cercano y delicado, canciones sencillas y bonitas a partes iguales. Con la aparición en la escena de grupos como Family, La Buena Vida o Le Mans aquello empezó a convertirse en una especie de escena que acabó llamándose Donosti Sound.


En lo que a La Claridad respecta, el único que sí que históricamente ha escuchado a Family y La Buena Vida es Javi, sí que le gustan mucho esos grupos. El resto escuchamos otras bandas, pero sí que compartimos una cosa y es el imaginario. Al final nuestras letras son muy descriptivas, tienen esa aura tan bonita que estaba presente en el Donosti Sound, pero no es que fuera nuestro referente. Ha sido simplemente la suma de nuestras influencias y la capacidad de aterrizar un sonido propio.


¿Cómo se escriben las canciones en la banda? ¿Cuál es la dinámica interna para crear los cortes?


Pues las letras las escribe Javi, quien por cierto es una de las voces de La Claridad. Él suele llegar con la letra y la guitarra rítmica hecha y ya en los ensayos vamos arreglando y perfilando. Siguiendo esa dinámica es como estamos más a gusto.




¿Cómo fue crear el disco en medio de uno de los años más raros de la historia reciente y cómo creen que la pandemia afecta el proceso de escucha de La claridad? Ciertamente hay una nostalgia que ahora se materializa de una manera nueva.


Lo cierto es que llevábamos ensayando el EP mucho tiempo, un año más o menos, lo teníamos todo programado con bastante tiempo de antelación y no contábamos con una pandemia y la posterior realidad distópica que nos está tocando vivir. La odisea vino a la hora de grabarlo: por las circunstancias nos tocó hacerlo como pudimos y cada uno grabó las voces e instrumentos por su lado y luego se lo enviamos todo a Lucas Bolaño de Estrella Fugaz, que es quien produjo el disco, para que montara un poco todo. Al final quedó como queríamos, pero fue un viaje por los infiernos de Dante.


No sabemos cómo ha afectado la pandemia a la escucha de La Claridad, sinceramente. Sí que es verdad que a la gente le ha gustado mucho, la prensa ha hecho críticas muy buenas de las canciones nos han dicho cosas preciosas, hemos hecho conciertos, se han vendido discos y merch. Bueno, al final esas son las dimensiones con las que hacemos la valoración porque no tenemos otras más objetivas.


¿De qué manera dialoga La Claridad con los demás proyectos personales de sus integrantes?

Somos amigos, admiramos muchísimo los proyectos personales de cada uno y los apoyamos siempre. Es una cuestión de organización. Al final, si le va bien a uno nos va bien al resto y todo suma, estamos para apoyarnos en todo momento. Lo complicado a veces es compaginar nuestra vida personal con los ensayos y demás, pero hacemos todo lo posible por ensayar regularmente y preparar los conciertos.


Hay una impronta de delicada sensibilidad poética que se cristaliza en la producción y el contenido lírico de sus canciones. ¿Fue una decisión consciente este diálogo o nace del proceso de ars poesis en el estudio? Es decir, ¿había una definición del sonido previo al momento del papel en blanco?


Definición de sonido previo desde luego que no. Si haces las cosas queriendo sonar con exactitud a algo, seguramente no tenga tanta magia. Lo que sí que teníamos claro es que queríamos hacer algo que nos gustara y que fuera bonito. Al final es la intención última de la banda: hacer algo que conmueva, aunque sea un poco. Lo cierto es que salió todo prácticamente a la primera, nos leemos bastante bien y tenemos el sonido que queremos, así todo es mucho más fácil y no hay que pensar en exceso.


Por último, pareciera que el pop ha regresado a ocupar la identidad de la música española luego de la grandilocuencia de actos más cercanos al rock. ¿Es el género una preocupación para la banda? ¿Es pertinente continuar con este tipo de conversaciones?


A nosotros el tema de los géneros nos da totalmente igual, entendemos que en esta vida todo tiene que estar categorizado y segmentado para que el consumidor pueda definir sus gustos e integrarse en la tribu de turno, para diferenciarse del resto o sentirse parte de algo, del indie, del pop, del rock o lo que sea. Lo que ha acabado siendo nuestro sonido no es porque seamos herederos de una corriente musical precedente y hegemónica, escuchamos desde Pop hasta Death Metal pasando por el Pop y 80 géneros más sin pensar qué somos dentro de todo eso.