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MULA, resistencia caribeña desde el dembow afectivo

Foto del escritor: Ignacio Mayorga Alzate
Ignacio Mayorga Alzate
7 sept
8 min de lectura

Nota introductoria: este artículo está sustentado en un cuestionario que se le presentó a la banda de manera remota. De igual manera, como ejercicio periodístico, se apoya también en el trabajo indispensable de plumas del periodismo musical latinoamericano, reivindicando de este modo el esfuerzo de autores esenciales quienes, desde su orilla independiente, colaboran día a día a la construcción de un relato coherente, respetuoso y honesto de los muchos colores de nuestro paisaje musical. A ellos, gracias por el camino trazado sobre el que esta pieza transita.  

 

En 2015, cuando MULA se formó en Santiago de los Caballeros (República Dominicana), la disidencia sexual en la música dominicana era prácticamente una anomalía estadística. Más de diez años después, y aunque el país sigue rezagado frente al resto de la región en materia de matrimonio igualitario y reconocimiento de identidad de género, un régimen de discriminación sancionado por el Estado contra agentes LGBT de la Policía y las Fuerzas Armadas fue derogado por el Tribunal Constitucional a finales de 2025. Un año antes, en 2024, una comisión legislativa había tramitado un proyecto de código penal que, según denunció Caribe Afirmativo, amenazaba con criminalizar de facto las prácticas sexuales entre personas del mismo sexo mientras mantenía la prohibición total del aborto. Avance y retroceso en simultáneo durante las mismas semanas: ese es el país desde el cual MULA compuso ETERNA, su último esfuerzo discográfico publicado en 2025, que presentarán en un esperado showcase en el marco de la edición 2026 del BOmm.  


Rachell Rojas, Cristabel Acevedo y Anabel Acevedo llevan una década trabajando sobre esa ambivalencia, esta dinámica de tira y afloja en la que, una vez se da por sentado el resultado positivo de una lucha social y cultural, hay que volver al punto de partida porque otras victorias fueron derogadas. “Siento que hay algunas luchas que hace unos cinco o seis años se consideraban resueltas y hoy es muy notorio el retroceso que ha habido en ellas. Hoy más que nunca es impresionante la polarización que hay en las narrativas sociales”, señala Cristabel a vuelta de correo.


MULA surgió de la fusión de dos proyectos distintos: la producción electrónica que Rojas venía desarrollando tras estudiar en Argentina y Las Acevedo, dúo folk que las hermanas gemelas habían formado en 2010 y con el que, como recuerdan, tuvieron la oportunidad de aprender muchísimo de la escena indie latinoamericana, tocando extensamente en muchos países y festivales. Esa lógica de hibridación —folk casero y electrónica de club, tradición e insubordinación— sigue siendo el motor de ETERNA, publicado el 25 de junio de 2025 como su cuarto álbum de estudio. Es quizás su placa más sofisticada a nivel estético y más combativo en un sentido político, reafirmando un compromiso adquirido por el trío desde sus orígenes, una promesa de valor sostenida a lo largo del tiempo.


Explícita electrónica caribeña


Richard Villegas, quien entrevistó al trío para Rolling Stone en la antesala del lanzamiento, fue categórico: nunca la política de género y sexualidad de MULA había sido tan explícita como en ETERNA, un disco cuya portada exhibe un arcoíris radioactivo y cuyos videos están cargados de imaginería sáfica, como señala el periodista independiente. Por su parte, Beehype describió el proyecto como “el resultado de una alquimia de música electrónica, herencia caribeña y una estética queer militante que ha evolucionado con intención y convicción” [traducción propia]. Por último, para cerrar con una tríada de lecturas, el balance de fin de año de Discolai resumió ETERNA como un “álbum que fusiona electrónica, ritmos caribeños y una estética queer militante en un manifiesto que mira al futuro sin desprenderse de sus raíces”.


A pesar de la diferencia de enunciación en las voces autorales, una constante se evidencia de las tres lecturas arriba ejemplificadas: ETERNA se enmarca como un manifiesto de vanguardia estética queer, un álbum que subvierte las lógicas tradicionalmente masculinas del reggaetón para dar forma a una suerte de perreo espiritual que enciende el fuego de los cuerpos durante el baile, sin mediar ideología u orientación de género.


No es una estrategia de posicionamiento en el centro de la crítica musical, sino una agenda política signada por las tecnologías del cuerpo, por efectivas biopolíticas menores que subvierten las lógicas del control y el poder: “siento que la música se ha prestado perfectamente como un escenario para que la gente se cuestione los discursos que repite y pueda ‘bailar’ entre esos puntos medios”. Así, el lugar de la resistencia no reside únicamente en el componente lírico que declara una postura, más bien se explaya sobre un cuerpo que se mueve sin obviar la contradicción funámbula entre dos mundos.


El reggaetón sin el hombre en el centro


Sobre "Acelero" y "COLMADON", los temas en los que el reggaetón y el dembow mutante dominicano se cruzan con las voces de Javiera Mena (Chile) y Lao Ra (Colombia), Cristabel plantea algo más radical que una reivindicación de género dentro del género: una relectura de qué es, en primer lugar, el reggaetón. “Es precisamente la riqueza de ese ritmo lo que abre las puertas a que encima de él hagamos lo que sea. Las lógicas masculinas que han definido su aparato lírico son las mismas que definen el aparato lírico de cualquier otro género y de la vida misma”, explica. Es una distinción incómoda: no atribuye el patriarcado al reggaetón como su pecado original, antes bien lo subraya como el síntoma de algo más amplio que el ritmo —dice— permite trascender puesto que “lo que el reggaetón ocasiona en la gente [...] se aparta de lo lírico y es mucho más instintivo, hasta espiritual”.



En este orden de ideas, las posibilidades dentro de las formas en el pentagrama de este género urbano son infinitas, toda vez que es la base musical y rítmica la que interesa al trío dominicano. Desde los primeros compases del disco asistimos, en ese sentido, a una experiencia que trasciende las dinámicas de la pista de baile para reivindicar, desde la orilla de tambores y programaciones digitales, un género que también ha sufrido la discriminación, pues ha quedado reducido a una negativa de consumo por parte de cierto sector poblacional por considerarlo intrínsecamente sexista.


Así las cosas, como en Inserciones en circuitos ideológicos, obra clave del artista brasileño Cildo Meireles, ETERNA aprovecha los circuitos de circulación para insertarse como elemento disruptivo. Para Meireles, el circuito era una estructura de circulación que podía ser intervenida desde adentro: no se trataba de rechazar el sistema, sino de infiltrar en él una información capaz de volverlo contra sus propios fundamentos. Por ello, escribía frases antimperialistas con pintura blanca en botellas vacías de Coca-Cola que regresaban a la fábrica para ser embotelladas de nuevo: cuando las negras aguas del imperio volvían a su recipiente primero, el mensaje cifrado por la luz se hacía textual. Consumir la bebida gaseosa era también participar de la crítica que el artista estaba haciendo. En el caso MULA, el reggaetón opera de un modo similar: conserva su potencia rítmica y popular, pero desplaza el centro masculino que históricamente organizó buena parte de su imaginario.


Así mismo, las colaboradoras del disco —Javiera Mena, Lao Ra, Letón Pé, Lucia Tacchetti, Niña Dioz, Jessy Bulbo— no funcionan como invitadas de lujo sino, en palabras de Cristabel, como parte constitutiva del proceso: “las colaboraciones de este disco ya de por sí son un statement [...] estas mujeres han sido parte de nuestro proceso como MULA. Son amigas”. Es una precisión que vale la pena sostener frente a la lectura fácil del “álbum femenino”: antes que una cuota, es una genealogía de afectos que antecede al disco, una congruencia emocional que denota la importancia de construir comunidad por parte del trío dominicano.

Más allá de que Jessy Bulbo, por ejemplo, hubiera sido una de las piezas claves de la icónica agrupación de punk feminista Las Ultrasónicas, o que Mena sea una feminista práctica que lidera procesos de inclusión de la comunidad LGBTIQ+ en la música y cultura chilena, la importancia de su participación en ETERNA responde, antes bien, a una idea de sororidad, una familia estética extendida que configura un disco imprescindible del Caribe contemporáneo sustentado en el cariño.


Cien canciones, un criterio afectivo


Si las colaboraciones nacen de un afecto extendido por agentes claves del sector musical latinoamericano, la construcción de las canciones también guarda una relación con este sentimiento. Así, ETERNA nació, según MULA, de una carpeta con más de cien canciones producidas por Rojas de la que el trío fue seleccionando las que resonaban entre sí. Anabel explica el filtro con el que se hizo esa curaduría: “el criterio era, primero, que nos hicieran sentir ‘rico’ mientras las escuchábamos [...] y, segundo, que [las pistas] nos llevaran a sitios que hacían congruencia con lo que queríamos hacer sentir en el disco, que era una sensación etérea y de atemporalidad”.



Por su parte, Cristabel ha descrito ese ejercicio de atemporalidad en otras entrevistas como una decisión consciente de mezclar “melodías cargadas de nostalgia, fusionando géneros y texturas de distintas épocas y geografías, y mirando tanto hacia atrás como hacia el futuro”. Por ello, si el álbum lleva por nombre ETERNA, se infiere un carácter atemporal en su sonido: es un ejercicio lúdico con instrumentos y percusiones que podrían ser tanto de un merengue tradicional de 1950, como de uno de calle de 2025. También suena a una canción de MULA hipotéticamente producida en 2050. En ese orden de ideas, el sonido es lo suficientemente elástico para evitar la contextualización histórica inmediata. Si, por ejemplo, 808’s and Heartbreaks de Kanye y su uso del Auto-Tune suena evidentemente a 2008 y “Believe” de Cher hace patente los primeros usos vanguardistas de la misma herramienta diez años, el dembow futurista de las dominicanas se sabe fuera de su contexto, probablemente adelantándose a las formas del género que vendrán en el futuro en nuestro paisaje sonoro continental.


El regreso a Las Acevedo


El gesto más personal del álbum ocurre en los créditos de “Llamada Definitiva”, En el que Las Acevedo —el mentado proyecto folk que las gemelas abandonaron para fundar MULA— aparece acreditado junto a Rojas y a la propia banda. Cristabel lo explica como saldar una deuda simbólica de una década: “desde el primer disco de MULA siempre fue una idea ‘colaborar’ con Las Acevedo porque sentimos que, independientemente de que ambos proyectos salen en gran porcentaje de las mismas cabezas, cada uno tiene una esencia muy única [...] nos interesaba hacer esa diferenciación creativa y dejar a cada proyecto evidenciado, hacer notar que salen de las mismas personas, pero son particulares en su esencia”. La declaración tiene una carga adicional si se recuerda que, según contó Cristabel a Remezcla en 2017, siempre había expresado el deseo de revisitar Las Acevedo en un futuro donde trabajar con MULA no ocupara todo el tiempo de la banda. “Llamada Definitiva” no es esa revisita completa, pero es su primera cita formal en un crédito.



El territorio del presente


Cuando se les pregunta sobre el diálogo del disco con la historia latinoamericana, Cristabel rechaza la lectura retrospectiva: “es que precisamente ese diálogo con la historia ocurre desde el presente. El presente es más importante que nunca y, por más irónico que suene esto si tenemos en mente que la vida misma es un presente constante, hoy por hoy toca SER PARTE del presente. Desde la portada del disco que para nosotras es un arcoiris infinito, hasta las colaboraciones, el universo lírico y sonoro, todo en este disco desea contar desde NUESTRA realidad, NUESTRO presente, NUESTRO caribe, y esa realidad nuestra es muy particular y a la vez disidente. No es el discurso tradicional que asocia la música que hacemos a un tipo de letra e incluso a un tipo de intérpretes y para mí es la riqueza mayor de este disco, que cuenta otro universo por el hecho de estar narrado desde lo genuino.”.


Este presente tiene, además, una geografía concreta. El disco fue grabado en varias ciudades —entre Santiago de los Caballeros, Ciudad de México y Madrid— y Anabel confirma que ese desplazamiento quedó inscrito en las canciones: “las ciudades dejaron su vibra en las canciones y también siento que se nota la forma en la que interpretamos e interiorizamos nuestra experiencia de esas ciudades”. La próxima escala de ese itinerario es Bogotá. MULA se presentará en los showcases internacionales del BOmm, que este año celebra su edición número 15 entre el 8 y el 11 de septiembre con 160 artistas, managers y bookers seleccionados, de los cuales 46 provienen de 18 países distintos, marcando la primera vez que el mercado abre su programación a artistas internacionales. Que MULA se integre a este circuito artístico reafirma su vigencia continental, además de que subraya el mapa de afectos del trío, que vuelve a la capital para intoxicarnos con su esencia electrocaribeña, con su resistencia desde el amor.


MULA estará presentándose en Kaputt el jueves 10 de septiembre, a las 20:15.  



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