• Ignacio Mayorga Alzate

Brina Quoya encuentra el propósito en la primera de cuatro partes de su primer LP



Brina Quoya nació como proyecto en 2017 como proyecto solista de Ana González, bajista, cantante, compositora y productora colombiana con un largo recorrido en la escena local colombiana. Su EP homónimo le valió a la artista miles de reproducciones en plataformas digitales y la inclusión de tres de sus cinco canciones en playlists destacadas en Colombia y Latinoamérica, así como una cálida recepción en artículos y reseñas de variados medios independientes en Latinoamérica. En 2018 año lanza un EP de remixes de sus canciones “Quédate” y “Lo que ves no soy yo”, en el que cuenta con versiones de DJs y productores musicales de México, Perú y Colombia. Ahora, la artista está lista para presentar su primer álbum de estudio, trabajo que viene trabajando desde 2019 y que irá presentando en un recorrido de cuatro partes cuyo primer momento nos llegó este pasado viernes luego de la presentación este año de sus primeros sencillos.


I.Propósito es la primera parte de un recorrido musical que Brina Quoya estará presentando de 2021 a 2022 y encuentra a la música en un momento de creatividad desbordada que se materializa en un amalgama extraordinaria de sonidos, un esfuerzo coral en el que la voz de la compositora nos transporta a los lugares más complejos del amor. “Intro (Propósito)”, corte que abre el EP y que fue presentado al final de este primer momento, anticipa una confrontación y un reclamo hacia el otro por no ser franco ni tener voluntad, y hacia uno mismo por no haber tenido valor antes. El sencillo parte de una instrumentalización onírica de ecos y atmósferas sobre la que la voz meliflua de Brina Quoya empieza a encontrar la fuerza para orientar su cariño y su afecto hacia sí, dejando atrás el peso lastre para abrir sus alas y volar sola. Con un bajo emocionante que crece entre la mezcla de elementos electrónicos, este primer corte es la forma perfecta para orientar el propósito poético del EP, que encontrar el amor propio antes que buscarlo en los demás. Baterías de jazz de vanguardia y de rock, una línea de bajo que canta, rhodes acuáticos, sintetizadores ambientales, pequeños gestos del trap fusionados con riffs de guitarra poderosos y una producción vocal llena de color hacen de esta canción un recorrido por un túnel para al final encontrar la luz. Es una épica excéntrica para abrir un lanzamiento emocionante y presentarse como promesa de valor para el disco.


Siguiendo el EP, aparece “Millas”. La milla romana eran mil pasos: mille passus. Antes de disponer de medios más sofisticados, los seres humanos medían las distancias con su propio cuerpo, que es el primer medio y medida por excelencia, además del motor de relacionamiento con el espacio. El corte, más que un recorrido físico, es un viaje sensorial y emocional para reconocer que puede haber muchos tipos de distancias entre dos personas y que el medio para recorrerlas (y la medida) es la voluntad humana. A su neo soul y a la cadencia folk de la melodía principal, la poderosa bajista colombiana suma una serie de programaciones electrónicas que le dan un aire disco y sideral a “Millas”. Es una canción que transita varios momentos reconfortándonos en cada etapa de su recorrido. Es una canción que habla de sospechar que las ganas invertidas en el recorrido hacia alguien no están siendo igualmente correspondidas y la forma de saberlo es un anhelo que se desvanece, un espejismo que se desgasta para revelar las verdaderas formas del desengaño. Para ilustrar el recorrido por paisajes emocionales diversos, “Millas” hace uso del contraste entre lo electroacústico e íntimo, con Sebastián Izáciga en las guitarras (Mad Tree), sintetizadores ambientales, arpegiadores, beats profundos inspirados en el techno y el trip-hop de finales de los noventa, además de la producción vocal colorida que ha caracterizado a Brina Quoya y que consolida el contraste de estilos como sello característico de la propuesta de la artista.


Cerrando el EP aparece “Nada que salvar”, primer sencillo publicado en 2020, que habla del entendimiento que surge al dejar que la relación con la persona antes amada se consuma y abandonar la necesidad de salvar lo que sea que eso haya sido. Es una constatación de la intención del disco, que es precisamente la de reorientar el afecto hacia nosotros mismos, desprendernos de la negatividad que plantean las relaciones tóxicas a las que a veces nos aferramos con ahínco porque la sociedad contemporánea sufre de un pavor injustificado hacia la soledad. “Nada que salvar” abre entre programaciones de ensueño y la voz de Brina Quoya sobre una línea de bajo elástica y poderosa para luego crear un recorrido al que se suman riffs de guitarra a la manera de Kid A, aunque sobresale una fuerza armónica pesada en groove funk y voces de neo soul a la manera de la mejor deconstrucción del góspel clásico. La paleta sonora inspirada en baterías con pocket de los setenta, atmósferas cuidadas desde la síntesis y el bajo eléctrico, teclados acuáticos propios del neo-soul, una producción vocal rica en texturas, y todo el fuego de las guitarras de los noventa. Es un momento interesante en el álbum en el sentido de que Brina Quoya se ve acompañada ahora de un coro que soporta sus decisiones y las avala a partir de un delivery cálido y fraternal.


En I.Propósito Brina Quoya ha construido un documento delicado a uno de los momentos más difíciles y transformativos de las relaciones amorosas: el final de ellas y el duelo que sobrevive tras su final. Es un EP de texturas delicadas con muchísima fuerza vocal en el que el bajo no es ya el único protagonista sino el líder de un ejército musical que se adecúa a sus estrategias de combate, esto es una sensual cadencia de robusta envergadura sónica. La cantante y compositora presenta de esta manera un lanzamiento dinámico en el que queda en evidencia su habilidad compositiva, su inteligencia interpretativa y su cabal entendimiento de la naturaleza humana, partiendo de la base de su sensibilidad para conectar con todos aquellos quienes la escuchan. De esta manera Brina Quoya revitaliza las formas de su discurso sónico y se adentra en la primera etapa de un viaje musical que cristalizará, por fin, con la publicación de su primer álbum de estudio. I.Propósito es una maravilla sonora y Brina Quoya la única capaz de extraer de la tierra sus formas dormidas, como amuletos sagrados para curar los males del destierro amoroso.



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