• Por Ignacio Mayorga Alzate

Les Deuxluxes, retrato de un encuentro


Este año, después de una serie de casualidades y encuentros, llegó por primera vez a Colombia Les Deuxluxes, una de las propuestas más inquietantes de la música reciente canadiense.El dúo conformado por Anne Frances Meyer y Étienne Barry lleva ya cinco años echando bombo por el país más al norte del continente, presentando su estruendosa fusión con ritmos del lado más estridente del rock en el circuito under de su país y los Estados Unidos. Este año la banda se presentó en una celebrada actuación en el SXSW de Austin, Texas, y, a mediados de octubre, conoció Colombia como parte de los invitados internacionales del Manizales Grita Rock, un festival clave de la movida rockera del país que pese a la falta de estímulos ha logrado, año tras año, presentar un cartel impactante en cada una de sus ediciones. Antes de su explosivo set en la capital caldense, esta electrizante dupla se presentó en dos ocasiones en la capital colombiana. La primera en compañía de Nanook el último esquimal y, la segunda, como acto único de un íntimo concierto en RPM Records.

La historia del dúo de Montreal es una historia de amor. Durante la huelga estudiantil de Quebec en el año 2012 ambos músicos, que provenían de una formación musical clásica, se encontraron y decidieron reunirse para crear un sonido visceral y contundente que tomaba lo mejor del rock and roll de la primera escuela en una fusión en la que colindan el indie, el garage y arreglos psicodélicos que hacen de su experiencia en vivo un show demoledor e impactante empapado de la teatralidad propia del género y un sonido como pocos en el globo. En 2016 la banda presentó su segunda placa discográfica, Springtime Devil, un álbum explosivo y elegante que los llevó por primera a Suramérica con presentaciones en México, Brasil y Chile. Precisamente durante una de estas explosivas presentaciones fue que la banda terminó formando parte de la cuota internacional del Grita Rock, una celebración que en el mismo día de su show contó con la presencia de importantes actos internacionales como Reincidentes y Bad Manners.

La presentación en vivo de Les Deuxluxes es una experiencia particularmente poderosa. Étienne interpreta varios instrumentos a la vez. Con un kit de batería configurado, el músico puede encargarse de la percusión con los pies mientras que con las manos prende fuego a un dobro o una guitarra barítona. Por otro lado, Anna desgarra las canciones de la banda con su poderosa voz a la vez que se ocupa de las labores de guitarra guía. El resultado es una explosión rítmica que evoca una cantidad mayor de músicos en tarima. Una banda es siempre la suma de sus partes y Les Deuxluxes han provechado mejor que nadie la economía instrumental para construir un sonido implacable y lleno de fuerza.

Pocas horas después de su primer encuentro con el público manizalita, Étienne Barry, el barbado percusionista y guitarrista, aún estaba sorprendido por la energía que había generado el diálogo entre el público y la dupla. Ataviado impecablemente con una chaqueta blanca con flecos y padeciendo un calor impropio en una ciudad por lo general fría el músico explicaba que en ninguna presentación de la banda se había producido un pogo tan largo y enérgico. “Aquí viven el rock and roll”, soltó antes de volver con sus nuevos fanáticos que, hipnotizados por la música de Les Deuxluxes, solicitaban una foto con los intérpretes de esta explosiva mezcla musical. Un par de días antes de su presentación en el Grita Rock Les Deuxluxes se sentaron con 120dB Bogotá para hablar de la trayectoria y estética de la banda. La noche anterior había sido su presentación con los Nanook y ya la banda intuía lo que le depararía el público nacional.

Comencemos hablando de cómo surge la banda, tengo entendido que fue durante una serie de protestas estudiantiles.

Étienne: Básicamente, en 2012, hubo unas protestas estudiantiles y unas huelgas en Quebec que reclamaban las alzas en las matrículas. Yo no podía estudiar porque la universidad estaba en huelga.

Anna: Las universidades estuvieron en huelga durante seis meses.

Étienne: Pero no todas las universidades, ella estaba en el sistema inglés. Ellos se vieron afectados, pero supongo que no les importaba [risas]. Así es que estábamos en una especie de limbo: no sabíamos cuando iban a empezar de nuevo las clases, estábamos matriculados, pero no sabíamos si podíamos trabajar mientras se retomaban las actividades. Así es que decidimos empezar a hacer música, salir al metro, afuera de los supermercados y simplemente organizar un toque en la mitad de la calle. Así es cómo empezó todo, básicamente.

Anna: Luego nos volvimos eléctricos y nunca más miramos atrás [risas].

Étienne: Conseguimos algunas residencias, algunos shows y aquí estamos en Colombia, cuatro o cinco años después.

Sin embargo, el rock no fue su primera opción. Ustedes venían de un lado, digamos, más clásico de la música. ¿Cómo terminaron tocando la guitarra?

Anna: Yo tengo un título en ópera y él tiene uno en piano jazz. No sé cómo eso devino en una banda de rock, pero así fue. No son nuestros instrumentos, pero simplemente sucedió. No teníamos formación, aprendimos nosotros solos.

Étienne: Bueno, somos músicos. Nos puedes dar cualquier cosa y aprenderemos a tocarla.

Anna: Hemos sido músicos desde que tenemos cinco años.

Étienne: Con los años nos volvimos buenos [risas]. Al principio éramos aceptables, sabíamos los acordes, pero supongo que era un poco más simple. Ahora es un poco más orquestal. Ahora nos sentimos más cómodos con nuestros instrumentos.

¿Cómo fue el proceso detrás del primer álbum, Traitement Deuxluxes?

Étienne: El primer álbum fue completamente auto producido. Lo hicimos de principio a fin. Lo hicimos con un tipo llamado Francis Duchesne, un buen amigo nuestro con quien hicimos también el segundo disco. Nos vio en uno de nuestros primeros shows y nos dijo “Ustedes suenan una mierda” [risas] y luego nos hicimos amigos. Desde ahí empezamos. Lo grabamos en el auditorio de un colegio.

Anna: Grabamos 24 horas sin parar.

Étienne: Fueron dos sesiones en el auditorio del colegio. Simplemente trasladamos el estudio allí. Un auditorio para 300 o 400 personas. Allí lo grabamos y él tiene un estudio casero y allí apilamos algunas capas, pero fue mucho como una presentación en vivo a la que le hicimos un par de arreglos.

Anna: Un amigo, Alix Trigger, nos apoyó en la batería en un par de canciones y en nuestro siguiente álbum Springtime Devil, pero la banda somos nosotros dos. En el estudio siempre grabamos en vivo, lo grabamos como si estuviéramos tocando en vivo. Lo grabamos todo juntos porque somos como un solo instrumento, una sola máquina. Él toca la batería al mismo tiempo que toca la guitarra, con los pies, y no va a grabar sólo los pies: se vería ridículo zapateando [risas], no hay nada mágico en eso. Así es que grabamos todo en bloque y luego pasamos mucho tiempo en el estudio, arreglándolo. Le ponemos capas, le agregamos algunas veces instrumentos para que suene un poco más orquestal y elegante. Pero lo que ves en vivo es el núcleo crudo de lo que hacemos. No tocamos con pista. Es espontáneo, es un poco peligroso: así nos gusta [risas].

¿Cómo surgió, luego, Springtime Devil?

Anna: [Springtime Devil] es un poco más producido. Además, teníamos dos años girando de forma que esas canciones se habían presentado en tour antes de que fueran prensadas en el disco. Pudimos ponerlas a prueba en el público varias veces, se formaron mientras estábamos tocando y girando. Nos tomamos nuestro tiempo y estamos felices con el resultado.

Étienne: Tenemos que jamear. Usualmente una persona tiene una idea y sobre ella construimos. Es un esfuerzo colaborativo.

Anna: Y ahora cada vez más. Para nuestro próximo álbum dijimos “A la mierda, vámonos al campo” y nos exiliamos en una cabaña para escribir. Para el último no pudimos hacer eso: teníamos muchas fechas programadas así es que, básicamente, lo escribimos en el camino. Los dos de hecho. Pero cada vez más se vuelve más complicado, necesitamos ponerle más amor a eso.

Étienne: No sé si sea más complicado, ciertamente estamos experimentando más. Vamos a ver qué pasa.

¿Cómo llegaron a Suramérica? ¿Cómo son los públicos con relación a los de los eventos en Canadá y los Estados Unidos?

Anna: Fuimos a Chile, Argentina y Brasil. México fue en mayo. Hicimos una gira de cuatro semanas en México y grabamos un video en Cabo San Lucas, el de “Tobacco Vanilla”, lo grabamos en baja California del sur. Eso fue divertido.

Étienne: Fueron bastante similares. Los mexicanos son muy fans, les encanta tomarse fotos. No sabemos si siquiera conocen a la banda, eso es bastante raro. Pero el público suramericano es el mejor. Es completamente comparable a los asistentes de nuestros shows en Quebec. Nos están empezando a conocer, lo cual es genial. La gente es muy entusiasta, le gusta la música, no tienen pena. Bogotá fue bastante alegre.

¿Estaba lleno el show con Nanook?

Étienne: Estaba lo suficientemente lleno. Fue mejor que la mayoría de conciertos que hicimos en un tour de dos semanas por Canadá occidental. El concierto de Matik fue mejor que la mayoría de esos shows. Fue muy divertido.

Anna: La gente aquí está más involucrada en la música, creo yo. La gente tiene menos miedo de expresarse y moverse en los shows.

Étienne: Creo que la cultura del baile hace una gran diferencia y Suramérica tiene una cultura del baile enorme. En los Estados Unidos y en Canadá la gente aplaude en el segundo y el cuarto tiempo, y hasta ahí. Es muy divertido, por eso, estar aquí. Es una experiecia electrificante.

Hay una estética vintage en su música y su identidad visual: ¿cómo llegaron a eso?

Anna: No decimos que hacemos música de antes. Nuestra música es de ahora, no podría haber sido hecha en esa época por la manera en que la producimos. Es una cuestión de gusto, básicamente, las cosas hoy día tienen una tendencia a ser feas, ¿sabes? [risas]. La ropa que nos gusta ya no la hacen. Al igual que nuestros instrumentos.

Étienne: Yo toco guitarras viejas de los sesenta que tienen como 4 pick ups, una guitarra barítona de Japón que grita. No hay realmente una comparación con las guitarras de ahora: hoy sólo hay una Gibson o una Fender, es todo. Hace 40 o 50 años estaban ensayando cosas distintas, eran creativos con los instrumentos. Hay muchas más opciones con estos instrumentos. Es mucho de lo que nos gusta. Nos gustan los sonidos un poco distorsionados, no nos gustan el sonido de algo muy producido como lo que oyes en la radio. Es una estética. Nos gusta la calidez de los discos de los 60, 70 y 80. La energía. Es una cosa en sí misma: usualmente los discos hoy en día tienen una tendencia de ser grabados canción por canción. Incluso en el mundo del rock los discos se graban canción por canción. A diferencia de, no sé, hace treinta años. Antes de los ochenta no podías hacerlo. Podías hacerlo, a nivel técnico, pero no era lo común. No tiene sentido para nosotros grabar algo de una manera distinta a como lo tocamos en vivo. Estas canciones siempre las tocamos juntas. No tiene sentido para mí entrar al estudio y separar algo para después tratar de ensamblarlo de nuevo.

¿Cómo entra Les Deuxluxes dentro del paisaje musical canadiense?

Étienne: Hay muchas bandas en Canadá, es variado. Pero lo que más predomina es la música folk. El country en la Canadá occidental. Quebec es bastante folk en este momento. También tenemos la música que está sonando en la radio: todo el mundo está haciendo copias de lo que es popular. Hay bandas influenciadas por el dream pop y el pop electrónico. Pero siento que en los últimos años ha explotado un poco: hay más bandas que están haciendo cosas diferentes, cosas propias. Hubo un período de diez en que todo el mundo estaba tocando la misma mierda. Ahora es un poco interesante.

Anna: Fuimos a Canadá por primera vez. Sé que suena raro de entender, pero nosotros somos de Quebec, la parte francesa de Canadá. Tiene su propio sistema de estrellas, tiene su propio mundo musical, es como el Brasil de Suramérica. Es un mundo francés rodeado por el inglés. Hace poco estábamos en Canadá y estábamos descubriendo nuestro propio país, porque nunca habíamos ido, es lejos, es un gran país. Hicimos 5000 kilómetros en dos semanas, es mucha extensión de tierra para andar por ella. Para ir de una punta a la otra son más de 60 horas en carro. Las ciudades están alejadas mucho entre sí. De Montreal a Toronto hay una distancia enorme, son provincias distintas. Hablamos lenguajes distintos, son como dos mundos aparte.

Étienne: Sí. Toronto es como el mundo pop, es la ciudad de la gran industria. Montreal es un poco más multicultural. Toronto es más corporativo, de ahí viene Drake [risas]. Esa es la sensación que tienes: que todo está muy producido.

Anna: Fuimos a Regina y Winnipeg y son pueblos rurales. Oyen música country. La mayoría de las bandas hacen una variación sobre la música country o el folk, o el country rock. Es muy distinto. Es una cosa muy variada. Es difícil hablar de la escena musical canadiense, pues ni siquiera sé si existe tal cosa. Hay mucha gente, es un gran país y hay muchos linajes y herencias. Es un lugar interesante para vivir.

Este año también debutaron en SXSW en Austin. ¿Pudieron ver a las bandas colombianas que estaban allí? ¿Cómo es el festival?

Anna: Tocamos en SXSW en marzo. Es muy loco. Tocamos como siete shows en ocho días. Fuimos con dos bandas. No tuvimos mucho tiempo de ver otros actos.

Étienne: No pudimos ver muchas bandas latinas, pero pudimos reencontrarnos con gente que habíamos conocido en Chile seis meses antes. Y reencontrarnos en Austin fue genial. Vimos bandas canadienses que no conocíamos, descubrimos algunos actos geniales. Digging Roots fue genial. Desafortunadamente no tuvimos mucho tiempo de ver música en vivo, es una locura: hay miles de personas borrachas y enloquecidas. La mayoría de los shows se agotan. Nosotros teníamos pases de artistas, pero, básicamente, lo que pasa es que entras después de todas las personas de la industria. Entonces, si hay un show importante, básicamente está lleno de la gente de la industria.

Anna: Porque los artistas no tienen naaaaada que ver con la industria discográfica, eso tiene mucho sentido [risas]. Pero tienes que hacerlo alguna vez. No es obligatorio, pero es divertido.

Étienne: Es una ciudad que vibra como por cuatro días. Nosotros nos quedamos hasta el domingo, creo. Y ya al final no había nadie. Era un pueblo fantasma. Quizás tenían resaca. Pudimos vivir toda la experiencia y hacer un show con guayabo para enguayabados. Eso estuvo muy bien.

¿Cómo terminaron en Manizales?

Anna: Tocamos en Guadalajara en México. Nos fue muy bien, por alguna razón, y había muchísimas personas de la industria latinoamericana. Fue la tercera o cuarta vez que nos vieron. Ya los habíamos conocido en Chile, Argentina y Brasil. Además de habernos reencontrado en Austin. Y luego fue México. Los colombianos afortunadamente estaban y nos invitaron a Manizales. Realmente estamos muy felices de haber venido. Es un show en México el que nos trajo aquí, es la magia del show, la magia del rock and roll.

Étienne: No hay ningún show que no cumpla un propósito al final. Puede no ser mucho, pero cada show siempre lleva a algo más. Estamos aquí porque tocamos en México. Y tocamos en México porque tocamos en Chile o en Brasil. Y terminamos en Chile porque otra banda que se suponía que tocaría no pudo ir. Eso nos funcionó muy bien [risas].


57 vistas