• Por Ignacio Mayorga Alzate

Los Prisioneros, Narea y Tapia y una historia esencial


En 1988, en un evento que partió la historia musical del país, se llevó a cabo el legendario Concierto de Conciertos. En esa oportunidad, promoviendo los primeros ecos del llamado “Rock en tu idioma”, un grupo de empresarios presentó un cartel de lujo en el que participaron importantes agrupaciones de todo el espectro rockero iberoamericano. Eran otras épocas, la tecnología y la organización de espectáculos masivos apenas y empezaba a hacer sus pinitos en la que ahora es una de las capitales musicales del continente suramericano. En aquella ocasión el estadio El Campín fue el epicentro de una explosión portentosa que trajo por primera vez al país a Miguel Mateos, Timbiriche, Océano, Los Prisioneros y Los Toreros Muertos. Acompañados por los colombianos Compañía Ilimitada y Pasaporte, la primera vez que se utilizó la comparación de “El Woodstock colombiano” se convirtió en un evento que se extendió hasta las primeras luces del día siguiente y que ha quedado grabado en la memoria de los asistentes que quizás y por última vez celebrarían las decisiones políticas de Andrés Pastrana Arango.

Casi treinta años después, en una noche mágica, dos de estos actos se reunieron de nuevo en la misma tarima. A principios de diciembre de 2017 Los Prisioneros y Los Toreros Muertos le devolvieron la juventud a una generación que había bailado con ellos durante su adolescencia y primera adultez y, durante más de tres horas, gritó con la intensidad de un primer amor juvenil todas las canciones de estos dos actos esenciales del rock en castellano. Aunque en estas tres décadas la alineación de la agrupación española se mantuvo intacta, aunque sus presentaciones no fuesen frecuentes, Los Prisioneros experimentaron varios cambios en su alineación, incluyendo brevemente a Álvaro Henríquez de Los Tres haciendo las veces de Claudio Narea quien poco después de su regreso de Colombia abandonó la banda. Tras el final de la banda durante el principio del milenio, el trío de músicos se embarcó cada uno por su cuenta en una serie de aventuras musicales que dieron a luz una serie de proyectos solista y agrupaciones que continuaron revolucionando el escenario musical chileno. Ahora, tras la dolorosa despedida de Jorge González de los escenarios debido a un accidente cerebrovascular que afectó sus sistemas motrices, la banda que hizo temblar a la dictadura chilena con un catálogo extenso de canciones combativas y revolucionarias, ha regresado en forma de Narea y Tapia. Acompañados de nuevos y jóvenes miembros, los miembros restantes de este trío de ensueño mantuvieron vivo el legado de casi cuatro décadas de historia y pusieron a temblar a la asistencia colombiana, devolviendo con sus acordes y voces intactas un ápice de esperanza a los corazones de una hinchada que creció amando cada una de sus composiciones. Antes de regresar a Chile, hablamos con Claudio Narea y Miguel Tapia sobre sus recuerdos profesionales, el valor de la convicción personal, el legado de su música y sus planes para el 2018.

Quería comenzar felicitándolos por el concierto junto a los Toreros Muertos y haciendo una observación sobre el tema del teclado que mencionaron durante la interpretación de "Tren al Sur". Ahora la banda tiene un sonido completamente distinto. ¿Cómo tomaron esa decisión estética en el cambio del sonido y qué tiene que ver esta resolución con los ritmos que han transitado con sus otras bandas Profetas y frenéticos, Jardín secreto, Travesía, además de sus aventuras solistas?

Claudio: Se me ocurre un poco lo que dije en ese momento cuando estábamos tocando. Cuando empezamos con La voz de los ochenta no nos cabía en la cabeza tener que grabar una batería sin ese sonido característico de las bandas que nos gustaban, que tenían una batería impresionante en los ochenta. Cuando nosotros tocábamos no sonaba tan impresionante. En el estudio para el primer disco había una intención de que la batería sonara distinta, que sonara más potente. En esa época no nos imaginábamos tocando una batería con palo, por tanto, poco tiempo después apareció una batería electrónica, la Simmons, y empezamos a tocar con esta. Porque sentíamos que queríamos sonar como sonaban las bandas de verdad. Con los teclados era lo mismo: que los teclados fueran los mejores, los que usaban las bandas importantes. Ahora, pasado el tiempo, apareció el MTV Unplugged y eso. A partir de ahí las canciones empezaron a poder tocarse de cualquier forma. Con una sola guitarra puede tocarse una buena canción, es lo que demostramos con "Muevan las industrias" en la que no utilizamos ningún teclado, pero que sonaba bien, sonaba muy bonito. Pienso yo que todo tiene que ver con relajarse también porque en esa época no éramos relajados, en esa época pensábamos que las cosas tenían que ser mejores, que las cosas tenían que ser cien por ciento como estaban en nuestra cabeza. Pasa el tiempo y ahora podemos disfrutarlas de todas formas. Seguramente, que también lo queremos hacer, vamos a incorporar después los teclados y vamos a tocar las canciones más cercanas a lo que eran en un principio. Para no estar tocando siempre lo mismo. También queremos hacer canciones nuevas. Entonces hoy en día nos nutrimos de todo lo que hemos aprendido con nuestras otras bandas y proyectos solistas, con todo eso y además de habernos relajado con respecto al sonido. Siempre una buena canción con una guitarra acústica va a ser una buena canción.

Alrededor de su regreso a Colombia se habló mucho del Concierto de Conciertos que se celebró en septiembre de 1988 cuando su música pasaba por un momento difícil en Chile. ¿Cómo fue regresar a su país en octubre y encontrarse con el resultado del plebiscito? ¿Cómo sienten que ello impactó el estatus de la banda?

Miguel: Se pensaba, de hecho, cuando cayó la dictadura militar que la banda iba a tener un retroceso, un bajón, porque las canciones ya no iban se iban a identificar con una razón política. Pero el tiempo demostró que no fue así. Las canciones siguieron sonando y siguen sonando hasta el día de hoy. El tema social y político, aunque ya no haya dictadura, sigue siendo muy desequilibrado cuando entramos en el detalle de las realidades de las personas, hay mucha pobreza en Chile y en toda Latinoamérica. Entonces las canciones hasta el día de hoy han seguido sonando y representando mucho a mucha gente, por un lado, por lo que dicen las letras. Y, por otro lado, tienen ese romanticismo que tienen canciones con sonidos del recuerdo. Cuando llegó la democracia justamente sacamos en Chile el disco Corazones y de ahí ya al poco tiempo nos separamos definitivamente, Claudio se había ido un poco antes, y ese disco tuvo un tremendo éxito. De hecho ese disco, que al principio se pensaba que la banda por lo que había llegado la democracia no iba a ser lo mismo, fue un disco de canciones de amor principalmente, abrió y se ganó un nuevo público. Igual había mucha gente que a la que no le gustaba Los Prisioneros, pero cuando salió el disco realmente se masificó nuestro público. Claudio no estuvo ahí, yo tuve la oportunidad de tocar en Perú mucho con Jorge, por Bolivia también. Y también por Chile. En ese sentido no hubo cambio. Al principio se pensó y se rumoró un poco eso, los mismos medios nos dijeron eso. Pero la verdad fue todo lo contrario, fue el disco más grande y hasta el momento de hoy sigue como una tremenda ola todo lo que tiene que ver con Los Prisioneros.

Durante la década de los noventa llegó al continente la señal de MTV Latinoamérica y el primer videoclip que fue emitido allí fue "We Are Sudamerican Rockers". Más allá de la ironía detrás de la canción, ¿qué significó para Los Prisioneros este hito?

Miguel: Para nosotros fue interesante, importante, pero en Chile no tuvo una repercusión, nada de repercusión. Cuando abrió la señal de MTV Latinoamérica con "We Are Sudamerican Rockers", con un grupo latinoamericano, chileno ni más ni menos, en Chile ni se supo. Porque como hubo una dictadura directamente en contra de lo que tenía que ver con nosotros, con nuestra música, todo lo que estaba relacionado con Los Prisioneros no lo decían, lo ocultaban. Para nosotros fue un tremendo suceso porque fue muy importante, pero a la vez resultó súper frustrante. Yo por lo menos me sentí muy frustrado. Esto fue un sábado y al otro día ni los programas de televisión ni las personas comentaron nada. Entonces de verdad se sintió frustración, pero era normal para nosotros. En ese momento éramos una banda muy popular, muy conocida, llenábamos todos los lugares donde quisiéramos tocar en Chile, pero los medios de comunicación no reflejaban esa popularidad que teníamos. No la reflejaban. Que pasaran por alto que la cadena MTV abriera con nuestra canción ya era una más para nosotros para nosotros de lo que hacían con nuestra carrera, con la información que les daban de nosotros. Había un canal nacional que estaba al servicio del gobierno y los otros canales también eran de una corriente política que estaba de acuerdo con el gobierno de la dictadura. Era lo mismo.

Revisando en la red me encontré en Spotify con una playlist titulada "This Is Los Prisioneros". Viendo todas las transformaciones que ha tenido la manera en que consumimos la música desde que empezó su carrera, ¿qué opinan de los servicios de streaming y, además, qué opinan del formato del álbum en la era de los Hot Singles?

Claudio: Hay cosas raras. Me llamó la atención que hicieron una selección con cosas raras, un montón de cosas en esa playlist. A mí me parece bien lo del streaming, pero no me gusta más que el formato del disco. Me gusta el disco porque es un objeto artístico completo en el sentido de que la música está producida, si es un vinilo por ejemplo, el arte del disco, las letras y las fotografías son importantes. Entonces el streaming es una cosa que a mí me sirve si quiero conocer una banda, si quiero escuchar algo rápido, me sirve, pero no me seduce tanto como para dejar de comprar discos o botar todos mis discos por espacio y seguir con el streaming. A través de comprar discos he aprendido mucho porque a veces los CD traen mucha información entonces uno sabe qué estaba pasando en la época. Creo que el streaming es un poco vacío y, sin embargo, está bueno, sirve. Es como cuando yo compraba discos en el año 2002 o 2003 y se escuchaba pura música en el computados y yo no le encontraba sentido a escuchar la música en el computador y ellos no escuchaban discos. Ahora, con el tiempo le aprendí el sentido a tener música en el computador. Para mí es súper valioso tener un MP3 de una banda de la que nunca voy a poder conseguir el disco. Para mí es súper útil. Cada cosa puede valer. El tema de la música por streaming está bien, pero no deja muchas regalías, no me preocupa. Soy feliz con un CD, con un vinilo, con mi MP3 en el computador o escuchando algo por Spotify.

¿Cómo podría esto afectar la posibilidad de futuros lanzamientos de Los Prisioneros?

Claudio: Es algo que justamente estábamos hablando. Un tiempo atrás hablamos de hacer un disco completo, hace años. Finalmente Miguel sacó un disco por su cuenta, yo saqué un disco por la mía y ahora que el proyecto está mucho más claro de qué es lo que tenemos que hacer, cómo vamos a enfrentar cada cada canción, cada entrevista, cada concierto, cada futuro disco. Sabemos que nosotros podemos sacar un single bien escogido y puede ser un buen aporte a la carrera de Los Prisioneros, a nuestra carera. También puede ser que hagamos un EP con cuatro temas y también va a estar bien. Pero yo creo que sacar un disco completo no tiene tanto sentido hoy día, yo lo veo más bien como marcando hitos: sacar un tema con un video y salir a promocionarlo después y ahí nos metemos en el tema del streaming, no venderíamos el disco, pero saldríamos a tocar, nuevamente por acá, giras por Chile, Colombia, Perú, Ecuador, no es malo. Los tiempos van cambiando y uno tiene que adaptarse a eso. A mí me gusta más el disco, pero no por eso el streaming no tiene mérito. Igual está bien.

¿Qué planes tienen como banda ahora que han regresado?

Claudio: Yo soy papá recién, tengo una hijita de seis meses, Miguel está en la construcción de su estudio de grabación, entonces estamos en un momento en que estamos esperando para poder trabajar en algo nuevo.

Miguel: Claro. Yo hace poco saqué un disco con mi banda Travesía y estuve todo el 2017 de promoción y tocando por aquí y por allá. Con Claudio y los muchachos todo este 2017 hemos estado full también. Ya en 2018 nos vamos a concentrar para hacer algo nuevo y todos juntos con los nuevos miembros.

Quería también hablar sobre el momento actual de la música chilena. Mon Laferte, Javiera Mena y Francisca Valenzuela dominan hoy por hoy los mercados musicales latinoamericanos. ¿Cómo ven a esta nueva ola de creadores?

Miguel: Ellas son personas que llevan casi diez años haciendo música. No son nuevas aunque ahora es cuando están en lo más alto. También está Alex Andwanter. Gepe también tiene cosas que me gustan. Pero sin duda apareció una movida en Chile de música, lo cual es súper positivo. Creo que, a diferencia de lo que pasaba en los ochenta, ahora hay mucha gente que hace música y que le está yendo muy bien. Y muchos de ellos están haciendo, no todos, música que es más reconocida como algo de Chile o que tiene más mezcla con cosas más autóctonas, que es más latinoamericana. Es un sonido más chileno. Tiene más raíz aunque esté mezclado con lo electrónico o con el rock y eso le da una identidad y tal vez por eso estén más banda emergiendo y apareciendo porque antes estaban Los Prisioneros, Los Tres y La Ley, que pegó muy fuerte aunque su carrera la formaron en México. Ahora hay una nueva camada de gente que está haciendo cosas muy interesantes y la idea es que siga ahora nueva gente, y hay, hay mucha gente que en este momento está haciendo muchas cosas y seguramente dentro de cinco años vamos a estar hablando de ellos.

Han pasado más de tres décadas desde las primeras grabaciones en Fusión y cuatro desde que el amor a Kiss uniera a tres jóvenes chilenos...

Claudio: No exactamente. Ha ido cambiando la historia. Kiss nos gustaba a Jorge y a mí. A Miguel le gustaban los Beatles. A todos nos gustaban, pero Miguel y Jorge cantaban las canciones de los Beatles. Yo los escuchaba cantar todo el tiempo porque yo no me atrevía a cantar.

Miguel: Yo siempre me atreví a cantar. Yo tenía un hermano que tenía una banda folclórica y ensayaban en la sala. Siempre los vi. Claudio y Jorge tenían una conexión por Kiss muy entretenida, yo estaba por otro lado, pero los veía. Estábamos todos conectados.

Claudio: Miguel la gracia que tenía es que yo siento que sabía que quería ser músico. Jorge quería ser abogado, quería ser el presidente de Chile. Tocaba y todo, pero como trabajo se imaginaba como abogado. Igual se metió a estudiar música. Yo no sabía qué quería estudiar, creía que era bueno para las matemáticas y entonces me metí a estudiar Ingeniería Civil. Pero al menos siempre estuvo la claridad de Miguel de ser músico, no sé de dónde sacaste la idea porque para vivir de la música en ese tiempo estaba difícil.

Miguel: Bueno mi hermano tenía una banda, otro hermano escribía canciones. Yo que también tenía que ver con mi fanatismo por los Beatles. Entonces yo veía que los tipos estaban grabando, me gustaba la imagen de de estar en un estudio de grabación lleno de cables y con las guitarras. Esa imagen me gustó toda la vida. Cuando conocí a Claudio y Jorge fue cuando empatamos con la idea de la música. En ese momento me sentí mucho más seguro de que lo podía hacer. Ahí empezamos a empujar hacia el lugar en el que estamos ahora.

Entiendo, pero, ahora que empieza esta nueva etapa, ¿alguna vez se imaginaron con sus primeras actuaciones que resultarían siendo una de las bandas esenciales de lo que se llamó el "Rock en tu idioma" o el rock en español?

Miguel: Yo siempre tuve la idea de estar en una banda y siempre pensé que quería armar una banda, pero siempre quise el éxito. Y cuando ya armamos la banda yo sentí que a nosotros nos iba a ir bien. Todo tiene que ver con la convicción.

Claudio: Pasa todo por la convicción. Uno puede querer tocar en todos lados, pero si no tienes convicción no pasa nada. La convicción que tengas tiene que estar muy ligada con algo interno, con lo que eres.

Miguel: Nosotros nos creímos el cuento de la banda muy pronto. Yo puedo mirar atrás y decir que estábamos hechos para esto. Porque además nos fue bien muy rápido. Al poco tiempo que teníamos una banda armamos canciones, empezamos a tocar, grabamos un disco y antes de empezar a grabar ese disco tocamos en algunos colegios, en algunas universidades, la banda impactaba inmediatamente, ya fuera por sus letras o por su actitud en el escenario. Partimos tocando primero en colegios, pero cuando ya pasamos a tocar en universidades ahí ya el grupo tomó otro color más intelectual y más fuerte. Pero fue rápido y creo que pasa por ahí y creo que tiene que ver con la claridad de lo que quieras hacer, pero es un trabajo. Es un trabajo que merece sacrificio, que merece cansancio. Siempre lo enfrentamos de esa forma: éramos jóvenes, pero nuestra forma de enfrentarlo era muy seria. Creo que empieza por ahí.

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