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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

Cordillera 2023, rugido iberoamericano


Concluyó la segunda edición del Festival Cordillera, una celebración multitudinaria que reúne las voces y acentos de la música iberoamericana y que con un único año desde su primer encuentro ya promete ser uno de los eventos más importantes para el sector privado. Con una nómina de lujo que incluyó a leyendas y nuevos destacados del ecosistema musical de habla hispana, la segunda edición de Cordillera reunió cerca de 65.000 personas congregadas en el Simón Bolívar alrededor de canciones que han sido parte esencial de nuestra educación musical, himnos generacionales de los que aprendimos sobre el amor, el duelo, la resiliencia y el compañerismo. Fue una celebración por todo lo alto que puso a temblar la tierra en el espacio metropolitano coronada por una producción de ensueño, un estricto seguimiento horario y un diseño de experiencia novedoso, cómodo y sostenible que hicieron que, a dos ediciones recién, el Festival Cordillera se erija desde ya como nuestro evento privado favorito.


Día 1


El viernes por la tarde se desdobló en agua y hielo el cielo capitalino. Tras haber celebrado durante días que el sol mostrase su rostro por encima de los cerros de la ciudad, la realidad nos recordó que las precipitaciones son parte esencial del paisaje bogotano. Así las cosas, se intuía la posibilidad de que la lluvia intentara hacer agua la fiesta al día siguiente, como es costumbre en celebraciones musicales a cielo abierto. Empero, la mañana del sábado nos regaló una sonrisa cálida conforme bañaba de luz el ladrillo y concreto de la capital, por lo que, optimistas, bajamos la guardia.


Abiertas las puertas, los boyacenses de Nasa Histoires abrieron la tarima con el melancólico festejo de sus canciones construidas sobre la identidad del gipsy jazz francés. Inaugurar una tarima es en extremo difícil, sobre todo si es una banda que no ha tenido la circulación que merecería en la conversación de los medios y la crítica cultural. Sin embargo, la agrupación demostró toda la fuerza de un catálogo sorpresivo e innovador, un puñado de flores que se desprenden de su segundo álbum, próximo a estrenarse, además de aquellas historias que ya habían compartido con nosotros durante la pandemia en su debut discográfico.


Superlitio ratificó su popularidad y talento con una presentación muy temprana que, de cualquier modo, reunió a miles de asistentes para quienes su música ha sido materia prima para los cócteles de sus rupturas y desaires amorosos. No se puede decir mucho más de una banda que nos ha acostumbrado a la calidad con sus enérgicas presentaciones. Más adelante, cobijada por árboles imponentes, Bella Álvarez debutaba en la tarima más pequeña con un show sobrecogedor e imponente que permitió evaluar el crecimiento de su proyecto a apenas un año de haberse presentado en el Estéreo Picnic. Álvarez es una de las voces esenciales de la alternativa contemporánea y sus viscerales poemas cantados se han convertido en algunas de las canciones más fascinantes de nuestro contexto.

Silvestre y la naranja, Damas gratis y los Caligaris enarbolaron en alto la bandera albiceleste de su geografía para dejarla fijada en esta Cordillera cargada de canciones. Damas gratis reunió a una asistencia sorprendente que no permitió que la lluvia pronosticada les dañase la fiesta. Siendo uno de los exponentes representativos de la cumbia villera, los bonaerenses liderados por Pablo Lescano no permitieron que la gente dejara de bailar bajo el pesado aguacero que se desprendió del cielo. Fue una presentación impecable y explosiva. Los Caligaris, por su lado, aprovecharon la tarima para presentar “Flechitas”, su más reciente sencillo junto a Monsieur Periné, además de las nuevas composiciones que hacen parte de Muchas noches, buenas gracias, un álbum prolífico y pulido que no acaba de convencer. Sin embargo, el espectáculo de los Caligaris es siempre zambullirse en un mundo mágico en el que el tiempo se detiene entre acrobacias, malabares y aires de cuarteto cordobés, ska y cumbia.


Los Ángeles Azules tuvieron algunas dificultades para conectar con un público que esperaba encontrarse con las imprescindibles de su historia musical y que desconocía las letras de sus últimas canciones. Sin embargo, más de cuarenta años en el ruedo le ha permitido a la orquesta mexicana la posibilidad de sortear cualquier contratiempo, quienes aprovecharon esos momentos en los que la gente conectaba con las canciones que conocía para invitarlos a conocer sus nuevos éxitos. Para una agrupación que se popularizó hace relativamente poco en todo el continente a fuerza de colaboraciones insospechadas y emotivas, su show nos dejó esperando más invitados, aunque la participación de Pablo Lescano de Damas Gratis en “Cumbia del infinito”, fue francamente insuperable.


Mientras los mexicanos presentaban cuarenta años de éxitos, Diamante Eléctrico reventaba en una tarima lejana un bosque sembrado de láseres, neblina y luces de colores. Después de una década en ejercicio como banda, el proyecto liderado por el bajista Juan Galeano es un punto neurálgico de la evolución de nuestro rock y nuestra industria. Cuando empezaron, las situaciones eran precarias, la inversión pública casi nula y los escenarios minúsculos y mal equipados. Diamante Eléctrico sencillamente podría cerrar la tarima principal del Estéreo Picnic en unos años, pues tiene también la humildad de acomodarse a cualquier circunstancia, cualidad que probaron el sábado con su difícil posición horaria y logística que, de cualquier modo, congregó una cantidad importante de asistentes. Sencillamente impecable.


El regreso de Los Bunkers después de más de quince años de esa entrañable presentación en Rock al Parque de 2007 saldó una deuda con una fanaticada extensa que habían conquistado en 2005 con la presentación de su ejemplar Día de perros, tercer álbum de la banda que consolidó su estatus de estrellas del rock a partir de su rotación constante en MTV Latino. Fue un show imponente en el que sus himnos históricos posibilitaron la histeria desatada en la asistencia congregada. “Miéntele”, “Bailando solo”, “Llueve sobre la ciudad” o “Ven aquí” fueron coreadas a voz en grito en el único escenario techado del venue. Su presentación fue medida y justa, permitiendo que las canciones contaran las historias, sin perderse en anécdotas o discursos, dándole espacio a la guitarra para transmitir lo que los músicos estaban sintiendo.


Café Tacvba puso a prueba el estatus como banda alternativa más importante del país a Margarita Siempreviva, pues estuvieron programadas ambas agrupaciones en la tarima más grande y la más pequeña al mismo tiempo. Los paisas presentaron un show elegante, fresco y conmovedor del que resultaron airosos, sembrando de flores el escenario sobre el que presentaron sus demoledoras composiciones. Por otro lado, Café Tacvba sigue siendo una de las presentaciones destacadas de cualquier evento en el que se presenten. La banda ya había cerrado en 2022 el Cordillera con una presentación esencial y ahora reiteraba al presentar una avalancha de éxitos que incluyó a clásicos de su debut autotitulado o el Re que cumplirá treinta años en 2024.


Plastilina Mosh cerró las presentaciones de México lindo y querido en el escenario Cotopaxi, conjurando sonidos de sus veinticinco años de trayectoria en una presentación a momentos disonante y punkera, lo que contrastaba con las elegantes producciones de sus placas discográficas. Todo esto sumó a que su reencuentro con los bogotanos después de esa presentación en Festelar de 2017, en la que el público se mostró soso y aburrido, fuera una explosión de sonidos, una ratificación de por qué son una de las bandas centrales de ese hermoso momento de la música de principios de milenio que han llamado la Avanzada regia. Toda la admiración para una banda que debería girar más seguido por estos territorios.


A Residente ni lo asomamos a ver. Pese a su popularidad y su legado a la música latinoamericana con su proyecto Calle 13, sentimos que es necesario dejar de celebrar la carrera de una persona que ha probado una y otra vez su misoginia, su homofobia y su falta total de respeto por las causas justas del momento social que habitamos. “Sexo” no es una celebración de las sexualidades no normativas sino una instrumentalización de mal gusto de los cuerpos de belleza alternativa, mientras que “René” no deja de ser un ejercicio narcisista y ensimismado que instrumentaliza la conversación sobre la salud mental para cortar más dólares, pretendiendo que olvidasemos la vulgar caricatura que hizo de la neurodivergencia en “John el esquizofrénico”. Parece ser que su presentación fue impresionante, no podía ser de otro modo, y que la participación de Wos fue la cereza del pastel para un show perfecto. Sin embargo, no deja de causar curiosidad por qué no invitó a iLe a tarima, ahora que, liberada de la etiqueta de PG-13, milita abiertamente por las causas del feminismo.


En cambio, nos encontramos con que Los espíritus dio el mejor show del día en una presentación íntima e hipnótica que sobrecogió por la elegancia y el calmo encuentro de texturas y emociones en canciones sofisticadas, largas e introspectivas. Después de su presentación en Rock al Parque 2019, los argentinos regresaron con fuerza y nobleza a ofrendar joyas de extraña belleza al puñado de personas que asistió a su presentación. Ningún acorde fuera de lugar, una interpretación excelsa de la banda devenida en cuarteto luego del difícil 2019 que vivió el cantante y guitarrista Maxi Prietto, cuando la cultura del escrache desarmó una alineación de casi una década que dio forma a tres álbumes imprescindibles. Sea como sean las cosas, y dado que la justicia social deviene en linchamiento la mayor de las veces, la presentación de Los espíritus fue el acto más redondo y coherente de este primer día.


Para cerrar este primer día la organización del Cordillera programó en simultáneo a 2 minutos y a Bomba Estéreo, buscando un balance en la asistencia que sobreviviera al éxodo masivo que devendría tras la finalización del show de Residente. Fue una elección astuta. Los de Valentín Alsina celebraron más de 35 años de carrera con una plétora de cañonazos que se desprenden de una historia discográfica de casi tres décadas. El Mosca, líder de 2 minutos, es un frontman improbable que, sin embargo, se prueba carismático, cercano, explosivo. Regresando al Simón Bolívar después de su presentación en 2017 en Rock al Parque, los argentinos dieron la presentación que merecían hace seis años, cuando una organización cauta decidió ponerlos como segunda banda del escenario principal a las dos de la tarde, para evitar todo tipo de problemas por parte de un público históricamente estigmatizado, la comunidad cercana al punk, que igual e inundó la plaza del Simón Bolívar para repartir piñas.


Bomba Estéreo fue una elección acertada para cerrar el festival. Su concepto, show y estética tiene todo el sentido del mundo en medio de un evento como el Cordillera. Empero, a nuestro parecer a la banda le falta en vivo la fuerza de Simón Mejía, quien fundó el proyecto, y que ha dejado de aparecer en las presentaciones de la banda desde diciembre de 2021, tras el lanzamiento de Deja, primer álbum interesante de la agrupación tras los desastres sonoros (que no comerciales) que lanzaron después del exquisito Elegancia tropical en el lejano 2012, tras su arribo a Sony. Para gustos, los colores y, de cualquier modo, Bomba Estéreo los ostenta todos en cada una de sus vibrantes presentaciones. Pero aquí ya no nos emociona.


Día 2


Afortunadamente esta vez no llovió. El día comenzó con Linda Habitante en la tarima Aconcagua, quien presentó cada uno de los exitosos sencillos que ha ido construyendo en una carrera ardua. La cantante, quien fue uno de los últimos fichajes junto a Nasa Histoires al ser ambos ganadores de una convocatoria de BBC, se movió como un pez en el agua y demostró un dominio pleno del escenario. La mayoría de artistas habría temido inaugurar el segundo día del festival o se hubiera sentido apabullada por la asistencia leve de las primeras horas de la tarde. Linda Habitante, en cambio, estaba genuinamente conmovida y transmitió con certeza este sentimiento a quienes tuvieron el privilegio de asistir a su presentación. Es una fuerza imparable y conmovedora a quien le auguramos todo tipo de éxitos: son más que merecidos.

Linda Habitante. Imagen tomada del perfil de Facebook de Páramo Presenta.

El proyecto nuevo de Ángel y Jesús de Zoé, Astronomía Interior, fue una revelación. No sólo su sonido es muchísimo más interesante en esta nueva aventura, sino que la delicadeza de su ensamble envolvió a la audiencia con paisajes sonoros delicados e hipnóticos. Mientras tanto, en la tarima principal, Juan Pablo Vega reiteraba por qué este año vuelve a ser nominado al Latin Grammy. Su música está construida con responsabilidad artística y cada uno de los momentos de su carrera estuvo representado en una presentación impecable. Vega jugó de local y tampoco hizo mucho por innovar un sonido que ya lo ha consagrado como uno de los músicos y productores más prolíficos de nuestro país. Al final, sin embargo, el show fue demasiado seguro, poco arriesgado y en ocasiones derivativo y obvio.


No así Las Áñez. Las gemelas Juanita y Valentina lograron una de las presentaciones más conmovedoras del festival. Su ensamble minimalista reconoce la importancia del primer instrumento humano, la voz, y juega con una entonación perfecta para dar forma a paisajes introspectivos, cálidos y entrañables. Al otro lado del Simón Bolívar, iLe demostraba por qué es una de las voces caribeñas más relevantes de la actualidad y cómo su propuesta musical pone en evidencia las desigualdades sociales y el difícil papel de la mujer latinoamericana, además de presentar algunas de las canciones más entrañables y conmovedoras de la producción musical reciente de Puerto Rico. Su interpretación de “Triángulo”, uno de los primeros sencillos de su carrera, fue un punto álgido de una presentación potente y emotiva, cargada de mensajes de empoderamiento que escapan de lo panfletario para encontrarnos en un punto medio propositivo.



El regreso a Colombia de los Enanitos Verdes fue un viaje al pasado cargado de nostalgia, pero que invitaba a seguir marchando con la mirada hacia un futuro más cómodo para todos. Felipe Stati, quien lleva la antorcha de la legendaria agrupación como único miembro fundador aún en sus filas, ofreció un espectáculo sobresaliente, jugando con los clásicos de un catálogo que ya es parte del cancionero latinoamericano desde hace décadas. Mientras tanto, Ácido Pantera invitaba a la boricua Calma Carmona a unirse a sus filas durante su presentación, siendo la única banda en traer a un invitado internacional a su presentación que no hiciera parte de la programación del Cordillera, aunque Plastilina Mosh aprovechó el día anterior la coincidencia espacial de tener a María Daniela y su sonido láser en la ciudad para tocar en vivo “Pervert’s Pop Song”. Los Pantera conocen el juego, su carrera está enfocada en el circuito de festivales del verano europeo y han logrado una sofisticación de su sonido para que cada canción se convierta en una parte esencial de su alta pachanga.


Los Cafres corroboraron por qué han tenido una de las carreras más fructíferas del reggae latinoamericano. Después de todo, son pioneros al llevar las formas del roots a nuestro contexto continental con álbumes como Frequencia Cafre (1994) e Instinto (1995), además de regalarnos algunos de los himnos románticos más dedicados en nuestro territorio. Una presentación impecable que recogió clásicos de sus más de treinta años de trayectoria y que desbordó el escenario en el que asistieron fanáticos de todas las edades. Para seguir la fiesta del one love, Cultura Profética continúo con una presentación delicada y vibrante, llena de buena onda boricua y una elegancia en su puesta en escena que denota su estatus de leyenda. Dos de las agrupaciones más representativas del reggae en castellano completaron la hazaña iniciada el día anterior por el también argentino Dread Mar I: fiesta de leones, fiesta del amor y para el amor, una celebración a la que todos estaban invitados.


Pero, si de leyendas se trata, la participación de Claudio Narea interpretando los clásicos de Los Prisioneros hizo honor a su legado, contagiando a una asistencia multi-generacional frente a su tarima. Este baile de los que sobran, este viaje al sur, este reconocimiento a nuestra identidad Sudamerican Rocker mantuvo una curva ascendente sobre la que orbitaron canciones entrañables de la post dictadura chilena, ratificando un lugar clave que no siempre se reconoce en los anales del rock en tu idioma, pero que es cierto e innegable: Chile es tierra de músicos y su participación en el cartel de Cordillera de este, sumada a la presentación de Mon Laferte en la edición de 2022, prueba que las canciones producidas sobre el fértil suelo de esta tierra de fuego reconforta con una calidad equiparable a sus mejores vinos. Narea nos recordó por qué cantamos, cómo sentimos la música y de qué manera las canciones nos ayudan a alivianar la tristeza cuando a los ladridos de un perro solitario se suma una guitarra de palo y nylon.

Los Cafres. Fotografía por Juan Pablo Paredes

Wos y Drexler contrastaron en simultáneo en tarimas colindantes. El argentino, parte de la nueva camada de artistas urbanos argentinos, reventó la tarima con la vitalidad propia de su juventud signada por veinticinco primaveras y un catálogo plagado de éxitos que lo ubican entre géneros musicales, plural y fascinante. Por el otro lado, el cantautor uruguayo regó de flores el escenario Aconcagua antes de que la frecuencia del hip hop se apoderara de esas tablas. No es necesario sumar más a su presentación. Como siempre, perfecta, íntima, vital.


Desafortunadamente, todas las flores que le hemos echado a las leyendas continentales marchitan cuando llegamos a la conversación sobre la presentación de Calamaro. El salmón ya no puede navegar por estos altos mares. Visiblemente afectado por la altura, el músico aceleró su presentación y la culminó quince minutos antes de lo programado. Además, olvidó la letra de algunos de sus sencillos imprescindibles, equivocando el poema en algunos de los cortes de su vital Alta suciedad. Cumplió, pero faltó mucho. No fue su mejor presentación en estas tierras y, a pesar de incluir en el show la presentación de legendarias composiciones para los Abuelos de la nada o Los Rodríguez, deja un mal sabor de boca para quienes han seguido de cerca su carrera de más de cuatro décadas y para quienes sus canciones son parte intrínseca de su inteligencia afectiva. Quienes asistieron a la presentación del dominicano Vicente García corrieron con mejor suerte, pues se encontraron con una de las propuestas más importantes de la historia reciente de la isla. Nada que objetar.


Nach venía de dos días de conciertos por nuestro territorio, en Cali y Medellín, pero el agotamiento no se manifestó durante un show retrospectivo que tuvo una de las mejores introducciones del festival con una entrada monumental por parte del rapero de Albacete. El MC recorrió los clásicos de principio de milenio, cuando llevaba el rubro de Nach Scratch, permitiéndonos viajar al recuerdo con “Amor libre” o “Basado en hechos reales”. Coño, cada una de sus canciones fue bálsamo y resguardo, abrazo y sonrisa. Nach es una figura vital para el hip hop en nuestro idioma y su presentación se suma a la participación de Kase O y Jazz Magnetism del año pasado, por lo que el festival tiene una veta interesante que explorar en próximas ediciones. ¿El Chojín, una reunión de Violadores del verso, La Mala Rodríguez? O, por el lado de los nuevos, ¿Santa Salut, Rayden, Natos y Waor o Cráneo? Vale la pena reflexionar al respecto.


Cypress Hill. Por Juan Pablo Paredes

Juanes pagó la boleta para decenas de miles de asistentes y se explica por qué. El paisa es uno de los músicos más prolíficos de las últimas cuatro décadas de nuestra historia sonora y ya va siendo hora de que los críticos más under y alternativos empecemos a reconocer una trayectoria en la que ha producido himnos generacionales, desde su temprana militancia en el ruido con Ekhymosis durante la convulsa década de los ochenta en Medellín. Juanes es un tesoro nacional y su recorrido por tres décadas de canciones imprescindibles fue un recordatorio necesario de que no tenemos que mirar para afuera para encontrar composiciones que nos determinen. Con una arquitectura precisa en las formas de su guitarra, el paisa nos recordó por qué es uno de los íconos de nuestra cultura. Sin embargo, la participación de Mabiland durante su presentación no aportó mucho a un show cargado de pirotecnia y elegancia.


Cerrando el festival Cypress Hill saldó una deuda pendiente con una ciudad que tuvo que soportar el fiasco de una mala producción en 2016, cuando en su concierto del Castillo Marroquín se fue la luz y todo se fue al carajo. Ahora, con una producción comprometida que podía soportar el montaje de la leyenda de South Gate, los raperos legendarios pudieron celebrar con altura la riqueza de su catálogo en una reunión canábica marcada por los palos de “Dr. Greenthumb”, “Tequila Sunrise”, “Insane in Brain” y un cover fantástico de House of Pain que elevó los ánimos de un público entregado, pero cansado, que volvió a la vida entre las densas humaredas de B-Real y Sen Dog. Mientras tanto, el Cuarteto de Nos nos recordó por qué es una de las bandas más querida en Colombia. Su presentación corrobora su legado. Intachable.


Estas dos agrupaciones le dieron al festival un cierre por todo lo alto para un festival esencial, probablemente el mejor evento privado celebrado en el área metropolitana de Bogotá. Con una asistencia de cerca de 65.000 en sus dos días de música, cultura y comunidad, el Festival Cordillera es ya una joya de la corona en el entretenimiento nacional. Su ejecución milimétrica pone en jaque al sector público y obliga a la gestión de Rock al Parque a ponerse las pilas con relación a asuntos claves como son el diseño de experiencia, la unidad visual, la sostenibilidad y la necesidad de celebrar el pasado siendo coherentes con el momento contemporáneo.



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