• Ignacio Mayorga Alzate

Gracias por todo, Bestia Bebé: una conversación su último opus



Bestia Bebé se formó en el barrio porteño de Boedo a finales de 2011 y, desde entonces, ha venido sembrando una estela de exitosas composiciones que los han convertido en una de las bandas claves del nuevo sonido argentino. Junto a Él mató a un policía motorizado y Las ligas menores, la banda liderada por Tom Quintans, ha marcado un camino sembrando álbumes de un sonido impresionante y vigoroso que contrapuntea con una inteligencia lírica vivencial y emocionante. Con una mezcla de melodías de los Ramones, Beach House, Guided by Voices, Car Seat, Headrest, Arctic Monkeys, Beach Boys, Frankie Cosmos y Oasis, la banda integró la fuerza del metal y el punk rock argentino de los noventa y el indie rioplatense de principios de 2000 para crear un sonido propio en el que las anécdotas de los amigos del barrio, la pasión por el fútbol y el amor por todo lo que nos rodea construía las bases de sus canciones. En 2013 la banda presentó su primer álbum en el sello de Las ligas menores y Él mató a un policía motorizado que llevaba el mismo nombre del proyecto. Para 2017 la banda editó Las pruebas destructivas y, en octubre del año pasado, grabaron lo que este año presentaron como su tercer álbum de estudio, Gracias por nada.


Este nuevo lanzamiento encuentra a la banda en un momento fructífero de creación, colaborando con artistas emergentes y leyendas del indie rioplatense (por un lado, Tigre Ulli, proyecto solista de María Zamtlejfer, con la que hablamos antes este año y, por el otro, con Santiago Motorizado de Él mató), dando forma a un esfuerzo de once cortes en el que Quintans presenta sus letras más personales e introspectivas. Quizás su momento más honesto y experiencial. Sonoramente el disco es una montaña rusa de momentos que nos guían de la euforia a la tristeza frente a los restos del naufragio, de la fiesta desaforada a la melancolía de recorrer las calles de una ciudad que no entendemos, pero de la que somos parte en ese paisaje que se ve desde la ventana de un autobús. Hablamos con Quintans sobre este nuevo álbum, sus colaboraciones, el sonido nuevo que consigue en cada uno de sus cortes y la satisfacción de organizar la lista de canciones como si se tratase de un concierto multitudinario. Esto es lo que nos contó sobre uno de los álbumes esenciales del 2020 para el indie latino.


Musicalmente Gracias por nada plantea una transformación sonora con relación a Las pruebas destructivas, ¿qué estaba buscando Bestia Bebé en el estudio cuando se planteó este nuevo álbum?


Ya desde de la composición hay un cambio. Las pruebas destructivas es un disco con canciones viejas, de antes de los primeros dos discos, son canciones que quedaron como afuera y como rarezas. Es un disco de rarezas. Quizás la comparación habría que hacerla con Jungla de metal 2 que es el disco anterior en orden cronológico de composición. La diferencia está en cómo surgieron las canciones. Antes yo componía mucho a partir de un riff de guitarra u algún arpegio y, a partir de ello, le hacía la melodía a la voz. Era una forma de componer bastante común y, en este disco, casi todas las canciones surgieron de una melodía de la voz y una armonía de guitarra. Bien cancionero: el gen de la canción es la melodía de la voz y la base. A partir de eso se fue armando lo demás. Quizás esa sea la mayor diferencia con el resto de los discos.


¿Influyó la decisión de postergación del lanzamiento por la pandemia en el sonido del álbum? Es decir, ¿cambiaron las mezclas después de este proceso de reflexión y recogimiento?


El disco estaba terminado en febrero. Iba a salir en mayo, pero por la pandemia tocó postergarlo. Ya estaba terminado, masterizado, se había mandado a la fábrica para hacer vinilos. Está exactamente igual a antes de la pandemia. Lo grabamos en octubre del año pasado y en febrero se terminó de masterizar, así que ya estaba listo.


¿Crees que el fenómeno de la pandemia ha hecho que la actitud de escucha haya cambiado? ¿Se han transformado las canciones a la luz del problema social que vivimos en este momento?


Para mí, personalmente, no. Pero ¿qué sé yo? Quizás mi opinión no valga tanto, por haber hecho las canciones. Pero creo que para la gente sí. Le dieron toda una nueva connotación. Es un disco muy nostálgico y reflexivo que es una cualidad de la banda, es algo que se repite en Bestia Bebé. Pero aquí se lleva al extremo. Es un disco muy personal en las letras que hablan de cosas que me pasaron a mí y antes las tapaba más. Estas letras están muy basadas en cosas que me pasaron a mí, obviamente con fantasía agregada en muchas de ellas, pero son bastante íntimas. Obviamente la gente le dio otro significado con la pandemia porque, como te decía, es un disco bastante nostálgico, reflexivo, es acorde con el momento que estamos viviendo. Está bien eso. Me parece algo loco que el disco tome otro color, otro sentido, por el momento este. Me parece algo loco y particular.


Boui Vilche se estrena en la guitarra para el álbum. Luego de años con una alineación fija, ¿qué trajo consigo la llegada de este nuevo intérprete? ¿Cómo participó en la construcción del sonido de Gracias por nada?


Primero que nada, es un gran amigo de hace muchos años, desde antes de haber formado Bestia Bebé. Él se sumó a la banda como un tercer guitarrista cuando salieron Las pruebas destructivas para tocar en vivo. Hacía unas acústicas y unas eléctricas en algunos temas. Y cuando Topo, el guitarrista anterior, decidió irse, le encantó que le propusiéramos a él unirse a la banda. Es un excelente guitarrista, muy exquisito, toca lo que hay que tocar. Es uno de mis guitarristas favoritos. Él sumó de su lado, haciendo algunos arreglos, dando su opinión. Es un guitarrista mucho más versátil y le sumó mucho por ese lado. Sabe mucho de música y tiene muy buenas ideas. Eso se nota más que nada en vivo. Es muy bueno tocando.


Creo que es a la fecha el álbum más introspectivo y reflexivo de Bestia Bebé, se siente como una colección de reflexiones personales y privadas, empapadas de melancolía y añoranza. ¿En qué paisaje mental estaba la banda al componer canciones como “Un documental sobre mí” o “El descontrol”?


No sé si hay una forma de definir el momento. Fue algo que surgió así y me dio ganas de escribir sobre eso. No sé si es un momento particular. Tampoco creo que refleje fielmente lo que me pasaba. A veces son pensamientos que uno tiene o un momento que vive. Me parecía que en esas letras en particular se planteaba un momento bastante pesimista que habla sobre una especie de sentimiento, no sé si de derrota, pero sí de frustración. Es como intentar mucho algo y no lograr nada. A veces uno lo piensa, pero es un sentimiento que solemos reprimir, es un sentimiento bastante de mierda. Pero me parecía divertido escribir sobre eso, también tienen melodías bastante arriba, pero la letra va en contraste un poco con eso.


También tienes a María cantando en “Eucalipto”. Después de haber estado apoyando la producción del primer álbum de Tigre Ulli, ¿cómo fue incluirla en el tuyo?


Esa canción fue bastante especial y me parecía que la voz de ella cuando canta canciones tranquilas es muy algo muy lindo, me gusta mucho. Y me parece que iba a quedar perfecto con esa canción, con esta balada medio onda de los cincuenta, medio Ricky Nelson. Más allá de eso, tiene un condimento especial y es que la participación de ella termina de cerrar lo que quería transmitir con esa canción.


El componente vivencial y narrativo es una parte central de la propuesta de valor de Gracias por nada. Se sienten cercanas y empáticas y ganan mucho con las colaboraciones, ¿cómo nacieron estos diálogos con otros artistas? Con Santiago motorizado o con Mora Sánchez.


La idea era esa. No fue tan pensado como un disco, sino era ver qué necesitaba cada canción, no limitarnos. Si un tema necesitaba un sintetizador o si una canción necesitaba una batería con escobillas o una distorsión furiosa, no nos limitamos. Cada canción necesitaba una búsqueda especial. Lo mismo con las colaboraciones. Decir “estaría bueno que cante María o Santiago o Morita”. Nos dimos el gusto de poder invitarlos y que participaran. Era buscar lo justo que necesitaba cada canción. Pensamos que sumando estos invitados la canción iba a crecer.


También hay un tema dentro del contexto del indie argentino y es la presencia de Santiago, el gran padrino de Él mató a un policía motorizado. Después de varios años haciendo música, tenerlo en el disco es una suerte de consagración.


No sé si es una consagración. Él, primero que nada, es mi amigo y es mi amigo hace un montón de años. Primero que nada, está invitado por amistad, no por ser el cantante de Él mató. Obviamente todos somos fanáticos de la banda, es una de las bandas que más nos influyó y nos parece genial que él esté, pero como amigo.


Claro, uno desde la crítica no ve las relaciones personales que tienen ustedes. Los periodistas tendemos a mirar los contextos.


Yo te aclaro por eso mismo [risas]. Entiendo lo que quieres decir en todo caso. Para nosotros es algo genial contar con él en la canción. Pero no lo vemos por ese lado que lo ves tú: él es nuestro amigo antes que el cantante de Él mató.


La figura de la fiesta se ve subvertido en cortes como “Un documental sobre mí” o “Media docena de maleducados”. Este espacio de subversión y libertinaje se ve anulado a partir de la soledad y una suerte de leve misantropía, ¿de dónde nacen estas reflexiones?


Justo la canción “Un documental sobre mí” no tiene nada de festivo. Lo hablábamos antes. Lo que sí tiene es un video, que va más con la letra de “Media docena de maleducados”. Pero lo divertido es que si hubiéramos hecho ese video para el otro tema era muy obvio, entonces nos gustaba el contraste entre la canción que mueve para abajo con este video lleno de humor, con estos personajes que se cuelan en esta fiesta, arman problemas y terminan siendo los héroes. La canción “Media docena de maleducados” es un poco reírnos de fiestas a las que hemos ido y en la que hemos sido esos personajes en algún momento y creo que todo el mundo también. Pero con ternura, no es una oda al descontrol, es como reírse un poco de esa situación, de lo estúpido que uno se siente después por haber hecho esas cosas. Pero es con humor.


Claro. Y justo antes del lanzamiento del disco lanzaron el sencillo de “El descontrol”, que plantea una cuestión interesante en términos de promoción del disco, los audiovisuales que los acompañan que precisamente no son obvios. Evidentemente hay un problema de no poder salir a la calle a hacer videoclips por la pandemia, pero también podemos encontrar nuevas formas y metáforas para poder narrar el proceso detrás. No siento tampoco que ustedes sean una banda que necesite jugar el juego de los sencillos, sino que hay una propuesta de valor real antes que estar vigente en el mercado.


Sin duda. De igual manera, con todos los videos el material ya estaba de antes. Lo que quisimos en este disco era que saliera en mayo, pero ya estaba la idea de poder sacar adelantos con video en ese momento. Nunca lo pudimos hacer, siempre quisimos, pero no pudimos porque obviamente es mucho trabajo y los tiempos siempre se complican. Sacar tres o cuatro adelantos con videoclips antes de la salida del disco es medio complicado. Pero, bueno, en este momento lo pudimos hacer y en esto de la pandemia nos ayudó entre comillas porque nos dio algo más de tiempo. El video de “El descontrol” está hecho de imágenes de grabación que un amigo estuvo filmando mientras grabábamos y su idea era hacer un documental sobre eso y nos pareció que era bonito mostrar cómo fue la grabación, porque fue muy particular y le tengo mucho cariño a como fue ese proceso, entonces nos gustaba la idea de mostrar cómo fue eso y que se viera en videoclip. Era una especie de pantallazo, de resumen de lo que fueron esos meses de grabar y de estar con los amigos. Ahí se ve. Fueron meses muy felices y divertidos.


Como premio para la audiencia funciona muy bien. En una cultura fetichista de la imagen ver el detrás de cámaras y ver los procesos creativos de los artistas que admiramos es muy valioso.


Antes de hacer el video pensaba que era el video obvio, el video de la banda grabando. Me encanta, son mis videoclips favoritos porque puedes ver dónde grabaron, la cosa más nerd de saber qué guitarra tenía o cómo estaban dispuestos los equipos. A uno le divierte, como el video de “Nothing Else Matters” de Metallica o hay uno de Arctic Monkeys en el estudio. Por más que sea obvio siempre estará bueno.


Finalmente, la presentación del disco en varios formatos como el vinilo, el cedé y el casete supone un interés por la obra plena, antes que por los sencillos para playlist editoriales. ¿Cómo consume Bestia Bebé normalmente la música y cómo organiza el recorrido de sus álbumes para la experiencia de escucha de su público?


Sí. Cuando están todos los temas terminados, armamos un orden, más que nada nada por la música, porque muchos me preguntan por las letras, pero nos guiamos por la onda y el estilo de cada canción y que haga que el disco fluya. Queremos que tú lo pongas y no se te haga aburrido, que no haya muchas canciones parecidas, que no haya muchas canciones en la misma nota, es una idea de que el disco vaya fluyendo. Es lo mismo que nos pasa en los recitales. Primero que no nos aburra a nosotros y después confiamos en nuestro criterio para que a la gente también le parezca divertido, que el orden no te aburra o al revés, que no haya muchas canciones arriba y después todo baje. Esa fue la idea en este disco. Es un disco que tiene un lado lento y un lado rápido. La idea era que fuera bastante variado, que fuera subiendo y bajando, medio como una lista de temas en un concierto.


El disco también sale con Sonido Muchacho en España. En vinilo.


Es una edición en vinilo muy especial porque tiene la tapa de las letras en dorado con relieve, la parte de atrás en relieve en dorado, la foto que brilla. Es una edición espectacular, que aquí en Argentina es difícil de hacer. Apostaron por el disco, por nosotros y estamos muy agradecidos.