• Ignacio Mayorga Alzate

María “Luli” Zamtlefjer se reinventa luego de Las Ligas Menores con Tigre Ulli, su proyecto solista


Si vamos a hablar de la nueva música latinoamericana sencillamente no podemos dejar de lado el impresionante catálogo a cargo de Laptra. Es el hogar de artistas trascendentes como Él mató a un policía motorizado, 107 faunos, Bestia Bebé, Niño elefante, Srta. Trueno Negro o Atrás hay truenos, entre muchos otros. Dentro de este gran universo sonoro, uno de los proyectos de más rápido ascenso ha sido las Ligas Menores, una banda porteña que ha resignificado el indie latino con dos álbumes contundentes en la que la narrativa de pequeños momentos de intimidad colinda con guitarras furiosas y un sentimiento general de melancolía que catapultó muy rápido a la banda al estrellato. Cuando un proyecto de amigos toma un vuelo tan alto, además de convertirse en el acto apadrinado de los motorizados, nuevas leyendas de la Argentina post milenio, es difícil que la vida se mantenga igual. Las giras, los medios, el dejar de lado tu empresa y tu vida afectiva concentrando toda tu energía en un proyecto que se ha convertido en tu vida puede truncarle los planes a cualquiera. Por eso es que, en marzo de 2019, María “Luli” Zamtlefjer, bajista fundadora de Las Ligas tuvo que decirle adiós a un grupo que se había convertido en su vida para darse un respiro, reencontrarse consigo misma y su profesión y decidir hacia dónde quería orientar su vida.


Más rápido que tarde, sin embargo, Zamtlefjer se encontró con que tenía mucho tiempo libre, que no sabía cómo llenar las horas de los días. Entonces la inspiración volvió y nacieron prontamente una serie de canciones que este año verían la luz bajo el alias de Tigre Ulli. Zamtlefjer empezó a componer de manera vertiginosa y, alentada por Tom Quintans (baterista de Bestia Bebé y padre de sus mellizos), decidió volver al estudio para ver qué salía. El resultado es abrumador. Tigre Ulli es un álbum de una redondez genuina que tiene tras de sí la experiencia de creación y producción de los dos álbumes de las Ligas Menores, mientras que presenta un sonido fresco y revitalizado como el que solo puede lograrse con los nuevos comienzos. Zamtlefjer escribió la totalidad del álbum en el que Pipe Quintans (107 faunos y Super1Mundial) fungió como productor, después de haber participado en los dos lanzamientos de Las Ligas. Así mismo, Zamtlefjer se reencuentra con Micaela García, baterista de su anterior proyecto, y se permite hacer un homenaje a Tobin Sprout (anterior miembro de Guided by Voices) como parte de una celebración de su panteón de influencias.


Tigre Ulli es un álbum visceral y honesto, un punto de inflexión en la vida de una mujer supremamente creativa, con una sensibilidad propia y un sonido particular que lo destacan como uno de los lanzamientos más interesantes de lo que lleva este año encima el rock argentino. Le robamos veinte minutos a Zamtlefjer en medio de sus actividades como arquitecta en su firma propia (de la que Nina Carrara, teclista de Las Ligas, es socia) y como madre debutante para hablar del proceso detrás del álbum, la manera en la que dialogan las dos partes de su sensibilidad en el proceso creativo y por qué, a pesar de la contingencia del COVID en el mundo, 2019 fue uno de los años más difíciles de su vida.

Quisiera empezar, si te parece bien, hablando un poco de los procesos detrás de este primer EP. ¿Cómo fueron ordenándose las canciones en el papel, cómo se desarrolló la química en el estudio?


Básicamente dejé de tocar en las Ligas Menores en marzo de 2019. Tenía un plan que era dejar de tocar y dedicarme de lleno a mi carrera como arquitecta y muy rápidamente, más rápido de lo que yo imaginaba que podría llegar a pasar, me encontré con un deseo un poco distinto. Teniendo tiempo libre, que añoraba un montón cuando tocaba en la banda, ya no sabía qué hacer con él. ¿Ahora qué hago con esto? Me estaba costando mucho el ocio y empecé un poco porque Nina, que toca el teclado en las Ligas, es mi socia como arquitecta y cuando ella se iba a ensayar me agarraba el afán de, bueno, ahora, ¿qué hago? Y empezaron a volver a salir canciones, cosa que cuando estaba en la banda me sentía bastante trabada en el último tiempo. Empezaron a salir una tras otra, una tras otra. Me empecé a entusiasmar con esta cosa, empecé a grabarme de una forma muy precaria estas ideas. Hasta que un día me animé y se las mostré a Tom y le gustaron y se empezó a entusiasmar, empezamos a probarlas en la sala, a ver cómo quedaban, yo en general escribo las canciones en la guitarra y tocaba el bajo en Las Ligas, entonces siempre toqué la guitarra acústica, criolla, entonces fue como una forma de aprender a tocar con la guitarra eléctrica. Todo fue como muy orgánico, era la excusa para aprender esto y tenía a Tom que era otra motivación y me ayudaba a terminar de darle forma a las canciones. De repente tenía todas estas canciones nuevas y las ganas de grabarlas. Nos animamos, las grabamos y estoy muy contenta con lo que quedó.


Estudié con arquitectos y me fascinaban sus cuadernos, lo metódicos que eran. Quisiera saber si esa pulsión por lo perfecto se coló de alguna manera en el proceso de creación del disco. ¿Cómo dialogan esas dos partes de tu personalidad?


Siento que hay un punto en el que soy bastante obsesiva con la vida, con lo cual siempre hay una cosa con la forma de hacer que siempre está ahí. Pero más que nada me parece que lo metódica que soy sirvió para el arte del disco, esa cuestión de los tiempos, de los plazos. Soy muy ordenada y no me gusta cuando se descontrola todo. También es un espacio en el que esa cuestión más del método o de la cuestión científica utilitaria que tiene la arquitectura, justamente esto me sirve para compensar, como un espacio en el que no tengo esa presión o esas angustias de tener que cumplir. Creo que a mí lo que me estaba pasando con el ritmo que estaba llevando en la banda es que cuando un proyecto se vuelve tu trabajo es muy distinto a cómo lo empiezas a encarar. Todavía no sé bien hacia dónde va, puedo hacer lo que quiera, no tengo ninguna presión y creo que eso también fue lo que me terminó de convencer.


Me gusta mucho el espíritu DIY detrás del arte del disco y de las copias físicas limitadas que sacaste. ¿Cómo fue el proceso artesanal del producto en el que también ilustraste la portada?


Yo ilustré todo y lo diseñé. También otra cosa de volver a tocar y de armar este proyecto desde cero fue como una oportunidad de reencontrarme con dibujar más por lo lúdico que por una cuestión profesional. Como arquitecta recurro más a lo digital, planos y renders: el dibujo a mano lo tenía mucho más postergado y apenas empecé esto y empecé a pensar en la posibilidad del arte y todo se me juntaron tres cosas. Por un lado, está la cuestión de lo oriental, esta especie de alter ego que me fui armando a lo largo de mi vida que es una cuestión media japonesa y el tema de los animales, mezclándolo todo con el dibujo a mano y la cuestión más artesanal. Fueron surgiendo estas imágenes como surrealista de mí misma y su representación, rodeada de estos personajes. Hice un montón de pruebas y terminó quedando el tema de los conejos. Estaba buscando como una cuestión surrealista.


Me hace pensar en Julie Ruin, el proyecto de la cantante de Bikini Kill antes de Le Tigre. Es muy íntimo, muy de ella como mujer reencontrándose en su habitación y siento que tiene un carácter muy confesional en las canciones. También hay un tema muy bonito con el recuerdo y la memoria. ¿Cómo sientes tú eso después de haber salido de esas canciones?


Justo el otro día estaba hablando un poco de lo que fue el año pasado. Siento que uno de los años más difíciles de mi vida, la verdad. Sin contar todo lo que pasó este año, aunque creo que incluso, en perspectiva, fue peor para mí. Hay un montón de cosas que me ayudaron mucho. Esas canciones son una foto de un momento en el que estaba teniendo que revisar un montón de ideas que tenía armadas y posiciones muy seguras que tenía sobre un montón de cosas. Lo sentí como un soplido que desarmó todo y ahora me doy cuenta de que no, que no fue tan así. Había un montón de cosas que estaban elaborándose y que terminaron de explotar, para volver a armarlas desde un lugar más sano. Escucho las canciones y las siento muy verdaderas, aunque las canciones que hacía con Las Ligas también tienen eso. Pero creo que por eso me siento tan orgullosa de este disco. Esto soy yo. Si te gusta, genial. Si no te gusta, no lo escuches [risas]. Es eso.


Me gusta mucho la sinergia que tienen las bandas del sello Laptra, son el referente latinoamericano. Me emociona que siempre están en un circuito, en una escena, colaborando. Quería saber cómo fue trabajar con los Quintans en la producción del álbum y también volver a tocar con Micaela García, de Las Ligas, en una de las canciones.


Con Tom y con Pipe fue súper inaugural. Con Tom estaba armando las canciones y nos llevamos muy bien, claramente. Todo era mucho más sencillo. Incluso cuando discutíamos por algo también era desde un lugar muy honesto. Cuando empezamos a pensar en grabarlas, la primera persona que se me ocurrió fue Pipe porque me parece que es muy bueno como productor y técnico de grabación. Todos los discos en los que Pipe metió mano de Las Ligas me encantaron, lo mismo con Bestia Bebé y 107 faunos. Me parece que tiene un potencial enorme. Luego, lo de Mica, se dio de una forma espontánea. Pero también tenía la necesidad de tenerla cerca. Somos amigas desde los 13 años. Yo no me fui peleada con los chicos. Esta era la forma de sentirme aún parte de este grupo desde un lugar muy emocional.

También quería preguntarte cómo sientes el ritmo de trabajo de este proyecto solista a comparación del ritmo con Las Ligas, que fue lo que terminó saturándote.


Es raro porque justo se dio este año. Cuando estábamos empezando a tocar y todo ocurrió una pandemia mundial, todos entramos en cuarentena entonces pude tocar muy poco y, a todo esto, ya estaba embarazada entonces un poco la idea era aprovechar a lo máximo lo que pudiera y tocar y no pudo ser. Fue raro. De repente me sentía dentro de una película del siglo XVIII cuando mandaban a las chicas a parir a un internado y nadie sabía lo que había pasado [risas]. La gente no sabe que estoy embarazada y de repente ya tengo unos bebés acá. Fue todo un poco extraño. Quise sacar el disco igual y a un montón de gente le gustó. Por lo menos eso lo pude hacer, ya eso para mí tiene un valor. Lo bueno es que también me da la oportunidad de que cuando todo esto termine aparecerán canciones nuevas. Será otra experiencia.


Echemos marcha atrás al 2014, al debut de las Ligas, pero también de Alvvays. ¿Influyeron los canadienses en el sonido de Tigre Ulli?


No sé si es tan directo, quizás la forma de arreglar las canciones que me encantan. Me parece que tienen una cosa bastante genuina, pero no sé si siento que haya sido una influencia tan consciente. Creo que las cosas que más me influenciaron fueron las cosas que toda la vida me han influenciado. Siento que tengo una cosa como de primeros amores. Es gracioso que va pasando el tiempo y de repente me descubro escuchando a mis propias canciones y digo ‘pará, esto me hace acordar a’ y voy a escuchar y es The Cure o Pixies. Súper tradicionales. Estoy influenciada por estos nuevos gustos, pero siempre está como el trasfondo de este eterno retorno.

Me gusta también que como forma de cerrar un ciclo y empezar otro incluiste una canción que alcanzó a sonar en algunos recitales de Las Ligas Menores hace casi diez años. ¿Cómo cambió “El final” para Tigre Ulli?


Es raro porque para mí esa canción estuvo terminada desde siempre. Nunca entendí muy bien por qué no se grabó. Siempre quisimos grabarla y nunca la terminamos grabando, estaba por ahí dando vueltas. Siempre estaba ahí, era una canción que a mí me encantaba. Ahora lo pienso y justo esa crisis que había pasado cuando escribí esa canción es medio parecida a la que viví después. También me da como esa sensación de una foto de un momento en el que presentí algo. Para mí hay canciones que tienen una magia cuando salen tan rápido. Así sabes que están bien. Yo en esas cosas soy medio purista. Si le das muchas vueltas es porque hay algo en la esencia de la canción que no es correcta. Y me pasó un poco con esta. Cuando la empezamos a probar con Tom en la sala, era gracioso porque la forma era muy parecida con Las Ligas. Tom tiene también esa cuestión que a mí me fascina como toca la batería y como que le dije lo que quería y a los diez minutos la canción ya era perfecta. Y dije ‘listo, ya está. La vamos a grabar. En algún lugar tiene que quedar’.


También hay un tema que no es de composición, sino el ejercicio de traducción, una traducción casi libre en “Bestias de las almas”. Es un reencuentro con tus héroes anteriores. ¿Cómo calza este cover en el proceso del disco?


Siempre hay un ejercicio que por algún motivo se fue dando casi desde que empezamos a tocar con Las Ligas que era la posibilidad de hace run cover. Nos pedían que hiciéramos un cover en alguna fecha especial y era un buen ejercicio, tiene una cosa que ayuda a la cabeza y con Tom veníamos diciendo que estaría bueno probar un cover y probamos un montón y todos nos parecían la cagada. Un día le mostré esta canción y le dije ‘el problema que tengo con esta canción, que a mí me encanta, siento que es una genialidad, es que es muy difícil la letra de traducir’. Un día me senté y empecé a interpretarla, a darle un sentido y me encantó. Quedó una cosa bastante distinta a lo que dice la letra en realidad. El sentido de la letra. Surgió eso, me gustó. Sentí que nos la apropiamos. Es como un experimento que siento que funcionó mucho.


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