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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

Mariscos y el sumergirse en un océano sin reglas


Mariscos y el sumergirse en un océano sin reglas
Foto: cortesía de la artista

El título de este perfil es engañoso, pero sólo hasta cierto punto: Mariscos, proyecto solista de la artista plástica Marianna Velasco, juega con sus propias reglas. Quizás por su condición de artista es que no necesita conocer a cabalidad toda la teoría musical que deglutieron sus compañeros en las distintas facultades del país, sino que juega de una manera más libre con la escritura de canciones (y micro canciones), permitiendo que su proyecto musical, presentado a través de Discos Infante, tenga un potente diferencial artístico que no tiene comparación en el contexto contemporáneo. Por ello, con su álbum debut de 2023, Televentas y tú, Velasco siguió surfeando una ola de interés que nació cuando presentó “Petunia”, uno de sus primeros sencillos, que eventualmente la llevó a hacer parte de la edición 2024 de Estéreo Picnic. 


Velasco nació en Bogotá, pero a los trece años se fue a vivir a Bucaramanga. Fue allí, en Santander, que la artista se encontró con la música y un mundo nuevo que difería radicalmente con el que había conocido en la capital, pues había crecido en el marco de un espacio muy conservador, de educación religiosa. “Llegué a un colegio mixto y me llevé muy bien con las manes. Me hice muy amiga de un montón de ellos y todos eran “los alternos” de allá”, recuerda. Fue un momento fértil para la cultura en Bucaramanga, pues empezaban a emerger importantes agrupaciones de su nuevo circuito indie. “Siento que eso no pasaba tanto allá. Llegué y dije ‘no hay nada que hacer aquí’ y, de la nada, empezaron a pasar muchas cosas. Me la pasaba de toque en toque con unos amigos y todos ellos tocaban guitarra, o bajo o piano o guitarra y tenían bandas”. Velasco “se antojó” de la música y empezó clases de guitarra, obsesionándose luego por el arte de los arpegios, aprendiéndose cuantas canciones pudiera de Silvio Rodríguez o José González. 


Mariscos, la pandemia y las artes


Tras finalizar el bachillerato, Velasco regresó a Bogotá para estudiar su carrera de Artes Plásticas en una universidad del centro de la ciudad. En el efervescente espacio de diálogo y formación, en el que pudo reconocerse con personas que compartían sus intereses, la artista dio rienda suelta a su curiosa creatividad. “Siento que llegué a la universidad a conocer gente, un montón de grupos, un montón de cosas. Conocí a una de mis mejores amigas y el novio, en ese momento, tenía un colectivo de arte”, recuerda Velasco. Sin embargo, con las cosas marchando, inevitablemente se presentó la pandemia, que puso en frenó los planes de todos los habitantes del globo. A pesar de ello, la idea de Mariscos empezaba a gestarse, en la medida que la bogotana retomó su contacto con la guitarra y empezó a escribir sus primeras canciones.  



“En la pandemia me dediqué a tocar guitarra porque no tenía nada más que hacer. Tomaba clases virtuales, pero me sobraba mucho tiempo”, explica. Fue en este momento que nació la idea de una serie de residencias artísticas a través de la virtualidad, la nueva normalidad, a partir de un perfil de Instagram que el novio de la amiga de Velasco y su colectivo habían creado. En un ejercicio que funcionó como una suerte de Cabaret Voltaire en la era de los avatares, se invitaba a personas a tomarse el perfil de Instagram y realizar cualquier actividad que quisieran. Velasco fue invitada a participar y aprovechó el espacio para compartir sus canciones. “Tenía estas canciones muy cortas, porque siento que nunca me salió bien hacer canciones largas porque a la mitad sentía que había dicho todo”, puntualiza. “Hice mi residencia de micro canciones y ahí empezó”.


Estas primeras canciones se convertirían, con el tiempo, en la mejor carta de presentación del proyecto de Mariscos, causando una impresión significativa en el panorama nacional en 2023 por la habilidad de síntesis, además de la lúdica e ironía con la que la artista puede abordar casi cualquier tema, imbuyendo su perspectiva personal en cada composición. Las canciones de Mariscos a veces se escriben desde la restricción o la regla. Por ejemplo, si no cabe el poema en los 300 carácteres que permite Twitter, no se considera una mico canción. Más adelante, Mariscos participó en un festival curado por la artista colombiana Raquel Moreno y una compañera de la universidad dedicado exclusivamente a la visibilización de artistas femeninas de nuestro contexto y al que llamaron No quiero ser tu fan. 


Mariscos logró llamar la atención de Daniel Pacheco, Ricardito :(, quien hacía parte de Discos Infante, el sello en el que al final saldría el álbum debut de la artista bogotana. El disco, que nace de inquietudes que la artista venía desarrollando tiempo atrás, se demoró cerca de cuatro años en tomar forma. “Nos fuimos a Sueca grabarlo una vez, de las muchas sesiones que tuvimos. O sea, eso está todo regrabado y regrabado, hasta que en un punto, dije ‘ya no puedo posponer más esto’. También estaba haciendo la carrera de verdad y sentía que me quitaba muchísimo tiempo así fuera hacer arte”, recuerda. Pacheco y las demás personas de la disquera, como Tilo Tranquilo, también tenían una serie de obligaciones, por lo que el atropellado lanzamiento del disco casi coincidió con el anuncio del cartel del Estéreo Picnic, porque estos dos hitos se sumaron al tercero de finalizar sus estudios profesionales. “Entre esos dos grandes pasos, hay muchas cosas pequeñas. He conocido mucha gente desde que empecé a tocar y eso me gusta un montón. Y pues no sé ahorita estoy como pensando es que sigue porque yo siento que a uno le venden mucho la idea de que algo tan grande como el FEP es un logro así para anclar la carrera musical, pero después de eso qué sigue”.


Televentas y tú, nuevas formas de reírse de uno mismo y refranes viejos


Mariscos, antes que una afición particular por la comida de mar, nace de una coincidencia nominativa, el aburrimiento estudiantil y la creatividad lingüística de una amiga cercana de Velasco. “Estaba en el colegio y una de mis mejores amigas cuando se aburría en clase hacía anagramas. Un día cogió mi nombre, Marianna Velasco, y me dijo ‘Si coges las primeras cuatro letras de tu nombre y las tres últimas de tu apellido, queda marisco’ y en ese momento fue como ‘ah, pues qué chimba’ y lo puse de usuario de Instagram. De hecho, Velasco apenas y puede comer camarones, porque no es cercana a este tipo de gastronomía pero, como era la única forma como la conocían las organizadoras de No quiero ser tu fan, el mote se convirtió en un alias artístico. 


Televentas y tú, en ese sentido, presenta una distancia con relación a la artista que es hoy Mariscos, pues las canciones datan de distintos momentos de su experiencia vital. Más aún, sus composiciones nacen plenamente de un desdoblamiento de la voz poética, en el sentido que no necesariamente se corresponden con procesos personales de Velasco, como puede ser el desamor o la melancolía.  “Me sentaba a imaginarme cosas que no me habían pasado. Muchas canciones que tengo, por ejemplo las de tusa, las escribí en un momento en el que no había vivido una tusa. Jamás en mi vida. Siento que ahorita sí que me han pasado todas las cosas de las que yo escribía sin saber absolutamente nada de ellas”, explica. 



Mariscos y el sumergirse en un océano sin reglas
Foto: Juan Pablo Pares

El nombre del álbum debut de Mariscos, Televentas y tú, nace de una fascinación de Mariscos por los infomerciales que hicieron parte de la infancia del colombiano promedio al verse bombardeado por una cantidad estúpida de información, en la que los problemas más fáciles de resolverse se convertían en una tragedia doméstica que podría culminar en un divorcio. “Los amo. Alguna vez también hice un compilado de infomerciales y me parece muy chistoso: coger los problemas más ridículos del mundo y pues encontrarles una solución que realmente era un producto. Siento que los infomerciales tienen un lenguaje, el típico vídeo en blanco y negro de la gente cagándola”, explica. El concepto funcionaba de manera redonda, pues también explicaba el carácter descomplicado de las canciones e informaba a la audiencia de la personalidad de una artista que no tiene que tomarse en serio para ser genial. “Yo sentía que había canciones que hacía que tenían el mismo lenguaje de los infomerciales. Hay una que se llama ‘Microrecordatorio’ y es una canción sobre la situación de dejar la billetera en la casa que se transforma en toda la letra de la canción”, expresa. “Por eso le puse Televentas y tú. Sentía que Televentas era como lo chistoso e insistente, lo repetitivo y la exageración de la cotidianidad y el Tú era como para meterle lo cursi, porque hablo en las canciones que a mí me parecen cursis, de alguien, pero no hay nadie”.


Micro canciones, ejercicios y la libertad de la restricción


Clasificar el primer trabajo de Mariscos resulta complicado en la era de los algoritmos. Podría o bien ser un álbum completo, por la cantidad de canciones, o un EP, por la duración completa de la obra. Esta dificultad clasificatoria nace precisamente de la particularidad estilística de Mariscos, quien también se ha dedicado a producir pequeñas canciones a las que ha llamado micro canciones. “Creo que lo mejor que me pudo haber pasado fue no aprender música en una academia, no saber los acordes que tienen que ir juntos, las progresiones”, reflexiona Velasco. “También sentir la libertad de hacer cosas cortas es muy gratificante. Siento que en el arte puede pasar de todo y siento que llevar eso al mundo de la música fue muy divertido. Todas las cosas, también, las hago un poco desde el chiste, no desde la burla, que es una cosa muy diferente. Siento que no todo tiene que ser solemne”, explica.



“No hay ningún deber ser de las cosas. Creo que lo que más me gusta de haber sacado las micro canciones es que no tienen un deber ser. No tienen que ser ridículamente cortas, pero tampoco tienen que ser largas. Yo no tengo un mínimo o un máximo”, reflexiona. Sin embargo, como se señaló anteriormente, Mariscos emplea una serie de reglas autoimpuestas en sus ejercicios escriturales, como lo hace, por ejemplo, Rick Rubin en sus ejercicios con Brian Eno o el propio Edson Velandia en álbumes como El Karateca de 2016.


“Siento que poner esas reglas no fue una camisa de fuerza. No son iguales a las reglas musicales de que ese acorde no puede ir con este acorde, sino eran como un poco como parámetros para para guiarse y yo siento que cuando uno tiene una lista de instrucciones que lo más lo más chimba las instrucciones es que todos los resultados pueden ser diferentes”, añade. Remitiéndose a momentos de la historia del arte, como el movimiento Fluxus, Mariscos considera que estas limitaciones le han ofrecido, antes bien, una oportunidad para la creatividad y para la difícil tarea de enfrentarse al síndrome del impostor y al vértigo que produce la página en blanco. 


“Empecé a hacer esto para ser parte de una residencia y tenía que escribir tantas micro canciones seguidas, que me funciona eso de tener una guía, pero pensando que la guía no iba a hacer que el resultado fuera idéntico todo el tiempo. Sí es una es una regla pero no es una restricción”, resume la artista. Y es que es precisamente en estas micro canciones en las que se puede entender a cabalidad la personalidad de Mariscos: una inteligencia irónica que permite develar verdades certeras de la condición humana, o honrar la memoria de su abuelo al convertir uno de sus refranes favoritos en una composición cuyo único poema sea el recuerdo del ancestro riéndose de sus propias ocurrencia. “Una canción trata de cualquier cosa, puede ser tan larga como sea, tan corta como sea, pero en ese momento sí me sirvió mucho sentarme a pensar como esos parámetros para sacarlas”, concluye la artista.


Mariscos fue una de las encargadas de abrir el Festival Estéreo Picnic en 2024, presentándose muy temprano la nublada tarde del jueves. Su presencia denota una apertura curatorial por parte de la organización del evento multitudinario, pero también ratifica el valor de una propuesta artística sin par en nuestro contexto. La música de Mariscos es ingeniosa, versátil, cercana y se puede relacionar en un nivel personal casi que de manera universal. Ya sea el réquiem a una petunia que no quiso sobrevivir, las rimas del abuelo o la reacción divertida ante una de las miles de pequeñas tragedias que padecemos en el día a día, la propuesta de Mariscos es un océano insondable en el que cualquier cosa puede pasar. Hay muchos peces en el mar, pero el proyecto de Marianna Velasco es único.




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