• Por Ignacio Mayorga Alzate

Little Jesus ratifica que el rock no ha muerto, solo se ha transformado


Hace seis años, durante el 2013 en el que Yeesus de Kanye West se convirtió en el disco más celebrado del año a nivel crítico, llegaba el debut discográfico de uno de los actos más importantes y sólido de México. Con Norte Little Jesus se hizo un nombre en la escena latinoamericana debido a lo novedoso de su sonido, una estética que si bien bebía de una importante serie de referentes, creaba un sonido novedoso y puro que su líder Santiago Casillas había refinado en la tranquilidad de su dormitorio y pulido a través de su experiencia como productor. Al proyecto se sumarían más tarde músicos aztecas, aunque en un principio fuese una aventura de Casillas nacida durante sus años en Boston, donde convivió con algunos de los músicos colombianos más representativos de la actualidad. Norte puso en el radar de novedades a Little Jesus como apuesta para revitalizar el género en el país de El Tri, Caifanes y Café Tacvba, imprimiéndole una nueva estética al rock que desde hace varias décadas ha marcado tendencia en el continente. Luego, con Rio salvaje de 2016 la banda ya sonaba como un proyecto colaborativo y se hizo un importante lugar en nuestros afectos. El álbum debutó pocos meses después de su presentación en el Estéreo Picnic y durante la época en que fueron elegidos para ser el acto de apertura de los Rolling Stones en su país. Ahora, firmados por una disquera importante, la banda preserva su estética independiente y anticipa su tercer álbum de estudio, del que ya conocemos el sencillo “Los años maravillosos”. Aprovechamos la visita de la semana pasada al país para poder hablar con Casillas sobre la evolución de su banda, el sonido de su próximo disco y sus recuerdos del Picnic.

Comencemos hablando un poco de cómo se siente la banda hoy día. Norte fue un disco que tú grabaste en su mayoría y en Río salvaje ya había un espíritu más colaborativo y se unían más las piezas de la banda. ¿Cómo se ve Little Jesus en este nuevo álbum?

Estoy muy contento de cómo fluyó. Creo que volvimos un poco al espíritu del primer disco con el que me encerré a hacer demos, pero hubo más colaboración entre nosotros y con otros artistas. Colaboramos, por ejemplo, con Salt Cathedral, que son unos colombianos residentes en Nueva York. Vinieron a México una semana y trabajamos en un par de canciones. El resto sí las hice mucho en mi cuarto y como que iba sacando ideas y después las explorábamos. Fue mitad encerrado en mi cuarto y mitad que esas ideas las jameaba con la banda y ahí iba agarrando forma la música. Fue un proceso medio raro. Hace un año, en marzo de 2018, hicimos dos canciones y las grabamos muy rápido. Curiosamente van a ser los dos primeros sencillos. Y después pasaron como seis hasta que volvimos al estudio. El resto del disco lo grabamos entre septiembre y noviembre. Así como de jalón las otras nueve canciones. Y las voces las grabé en mi casa en mi casa en de dos semanas encerrado. Fue un proceso muy diferente al del Río salvaje que fue un poquito estructurado, pero igual estamos muy emocionados con el resultado, pienso que logra reflejar lo que queríamos.

Río salvaje los puso un poco en el mapa latinoamericano como uno de los focos del indie o la música alternativa, ¿cómo se siente este disco ahora que trabajan con una disquera?

Fue un proceso muy similar. El proceso independiente que tuvimos, por lo menos en México y en algunas partes de Latinoamérica y en Estados Unidos, nos permitió hacernos un nombre lo suficientemente grande para que una disquera confiara de manera casi ciega en nosotros. A pesar de estar firmados con ellos nos han tratado casi como una banda independiente. Obviamente sí escuchan, le ponen su input, pero no hubo ningún tipo de límite ni ningún problema. El disco lo produje yo, grabamos en el estudio que quisimos grabar, lo mezcló quien quisimos que lo hiciera. A pesar de que ellos tenían buenas ideas no quisieron imponernos nada. Lo único nuevo para nosotros ha sido el tema de los procesos, de la burocracia. Antes si queríamos sacar un sencillo lo subíamos a YouTube y era nuestro problema, ahora si queremos sacar un sencillo ellos nos dicen la fecha que les parece más apropiada y toca subirlo como tres semanas antes para que lo suban a un sistema. Ese tipo de procesos son los que nos resultan más nuevos. Fuera de eso, todo relajado.

Fuera de eso y desde un punto de vista más estético, ¿dónde está parada hoy la banda? ¿Cómo sientes tú la esencia de Little Jesus?

Siento que está en un momento en que queremos seguir sorprendiendo y tratando de innovar. Por lo menos en México hemos sido una banda que innovó mucho desde los videos, ahora las bandas hacen producciones más pulidas que antes y siento que nosotros tuvimos mucho que ver con eso. El arte de nuestros primeros discos y los diseños de los flyers siento que han sido novedosos. El segundo disco, por ejemplo, quisimos hacer la portada como muy thrash, como de disco de carretera, como de disco regional mexicano que te comprabas muy barato. Siento que también estuvo chido. En este ya queríamos hacer un diseño mucho más inspirado, por lo menos en la portada, el hip hop. Siento que los hip hoperos están haciendo cosas muy chidas en cuanto al diseño. Queremos que tanto el show en vivo, como el arte y el nuevo lifestyle tenga un poquito más de guiño hacia el hip hop, pero manteniendo nuestra personalidad y también siendo conscientes del hecho de que nos estamos haciendo viejos. También queremos jugar con eso, con esa nostalgia de que ya no somos unos jóvenes punkeros y patinetos, como que ya estamos más viejos.

Me llama la atención que menciones esto porque siempre he sentido que el hip hop es un género que no se agota, que puede tomar influencias de cualquier parte y hacerlas partes de su propuesta sin ningún problema. ¿Qué ha aprendido Little Jesus de él más allá de estos guiños que mencionas?

Pues justo, yo me acuerdo cuando era más chiquito y también de las bandas viejas que conozco por mi papá que eran los rockeros los que estaban a la vanguardia del espectáculo en vivo o de la vestimenta y quienes marcaban la tendencia. Por ejemplo, un show en vivo de bandas como Pink Floyd y sus videos eran algo súper revolucionario y que cambiaba la música y le daba un sentido más artístico. Siento que el rock ha estado perdiendo eso en los últimos años. Visualmente y sonoramente hay bandas muy chidas como Tame Impala, pero siento que el lifestyle alrededor y lo que hay en sus personalidades no es tan rockero como antes. Las extravagancias de los The Who o los Led Zeppelin ya no las hacen los rockeros, las hacen quienes están en el hip hop. Como que Kevin Parker de Tame Impala, que es probablemente uno de los rockeros más importantes actualmente, hoy se tomó un té y una ensalada. Antes lo que esperarías de un rockero es lo que hoy haría Kanye West y eso que hoy está más veterano, aunque es como un rockestar. Querimos seguir ese ejemplo no tanto en hacer locuras sino en el sentido de que el show esté un poquito más ostentoso, que los visuales estén un poquito más revolucionarios y transgresores. Tratamos de hacer cosas nuevas, sin miedo.

De acuerdo. Hace tres años los vi en Estéreo Picnic en un show tremendo y recuerdo que esa vez llovió muy duro y Ximena Sariñana tuvo que compartir camerino con ustedes porque el de ella colapsó con la lluvia. ¿Qué recuerdas en particular de esa fecha?

Fue una época muy loca. Nos había ido muy bien con el Norte en México. Estábamos más jóvenes y éramos más rockeros. Me acuerdo que ese día había llovido un huevo, había caído granizo y colapsó todo, los camerinos. Hicimos una guerra de hielo contra los Alabama Shakes y después le dimos asilo a Ximena Sariñana en nuestro camerino y allí armamos el cotorreo. Ese día nos acababan de avisar que les íbamos a abrir a los Rolling Stones en México entonces estábamos impresionados porque se había creado una avalancha con los medios en el país que nunca habíamos experimentado. En México estaban acostumbrados que puras bandas legendarias le abrieran a los Rolling Stone y la gente estaba escandalizada de que unos niños les fueran a abrir, entonces estábamos muy divertidos viendo eso, sorprendidos y emocionados también. Otra cosa es que ya habíamos terminado el Río salvaje, aunque no había salido, y estábamos ansiosos de tocar nuevas canciones. Se nos ocurrió tocar como tres canciones de ese disco que no habían salido en ese entonces. Fue una decisión muy rara por parte de nosotros, pero creímos que era buena idea en ese momento. El show fue de 45 minutos y tocamos veinte de canciones que no habían salido, que nadie conocía. Abrimos con “La luna” y nadie la conocía [risas]. Fue muy raro, pero fue chido. Tocamos “Trágame tierra”, “La luna”, “Mala onda”, entonces sí fue extraño. Estuvo bien.

Hablando de Ximena y Río salvaje, mi canción favorita es “TQM” porque también toca Elsa y Elmar. ¿Cómo surgió esa colaboración?

A Ximena la conocimos porque el hermano de Poni, nuestro guitarrista, es diseñador y él le hizo merch para un disco y después le hizo el arte del disco pasado. Nos pidió ayuda creativa para ver cómo le ayudábamos con la portada y en una reunión nos la presentó y nos hicimos muy amigos. Nosotros obviamente la conocíamos de la carrera que tiene y ella ya conocía nuestra música. Principalmente, antes que relación de músico a músico se volvió una amistad muy rápido. Nos hicimos muy, muy amigos. Empezamos a convivir mucho y a pasarla bien. La invitábamos a nuestras comidas, la invitábamos a los shows en vivo, recuerdo que una vez cantó con nosotros. Cuando surgió la canción de “TQM” sabíamos que necesitábamos dos voces de mujeres y pues decidimos decirle. Con Elsa la relación es básicamente como de familia porque yo estudié en Boston música y ella estaba estudiando también, ella era novia de mi roomate. Convivíamos muchísimo porque ella andaba con mi roomate y pues canta súper bien y en la canción “Norte” la invité a que cantara con nosotros. Y cada que podemos la invitamos porque además de que canta súper bien es como nuestra hermana. Cuando nos dimos cuenta que necesitábamos dos voces de mujeres para “TQM” no buscamos muy lejos y decidimos decirle a dos amigas que cantan muy bien.

Hace algunos días se presentaron en KEXP a través de una alianza con los Panoram Studios en un ciclo de conciertos sobre la música en México. ¿Alguna vez se imaginaron haciendo parte de los contenidos audiovisuales de este faro para la música alternativa?

Nos fue bien, fue un poco duro. No nos dio tiempo de prueba de sonido y el monitoreo estuvo rudo, pero la experiencia estuvo muy bien. Estuvo muy loco. Nosotros convivimos con KEXP hace muchos años entonces ha sido muy chido conocerlos, que conocieran a la banda. Ellos igual ya la conocían y se sabían canciones, eso fue una grata sorpresa. La verdad, cuando empezamos, no lo veíamos tan fácil, pero últimamente nos hemos dado cuenta que hay un mercado de jóvenes con ascendencia latina en los Estados Unidos que están muy interesados en la música latinoamericana independiente. O sea, cada que vamos a tocar allá nos va muy bien en los shows y hay chicos latinos que a veces no hablan español porque nacieron allá, pero que les gusta mucho consumir música de por acá. Hay artistas como Cuco a los que les va siempre súper bien y están levantando intereses en otros proyectos latinoamericanos independientes. Hay un mercado muy importante allí. Antes como que no lo veía probable, pero hoy ya no me sorprende. Quiero ir a tocar más allá porque la gente quiere vernos allá.

Volviendo al tema de la gira por Colombia, ¿qué es lo que más les emociona de tocar en ciudades nuevas? ¿Todavía hay magia en esta experiencia?

A nosotros sí que nos emociona. La verdad nosotros tenemos una relación muy cercana con Colombia desde el inicio de Little Jesus. Cuando Little Jesus empezó como mi proyecto, mis músicos eran colombianos todos. Eran Gabriela Jimeno que hoy es Ela Minus, Mateo Lewis y Felipe Piedrahita de Balancer. Entonces convivía a diario con ellos, me contaban muchísimo de diferentes ciudades de Colombia, el lifestyle del joven colombiano se me hace muy parecido al lifestyle del joven mexicano y estamos ansiosos de conocer otras ciudades aparte de Bogotá, que Bogotá se convirtió en una especie de segundo hogar de lo seguido que íbamos hace algunos años. Fuimos a Cali una vez, pero estuvimos sólo como ocho horas ahí, entonces tengo muchas ganas de conocer las otras ciudades. Todo el tiempo nos hablan muy bien de Cartagena, Medellín y Barranquilla. Estamos muy emocionados.

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