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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

Dat García: “Yo también me transformo todo el tiempo”



Hablar con Dat García es conversar con una de la voces más interesantes de la nueva música argentina. A lo largo de una carrera que se extiende por más de seis años, esta artista criada a las afueras de Buenos Aires se ha convertido en uno de los fichajes claves de ZZK, sello argentino que juega a conjugar las formas de las músicas modernas con las formas tradicionales del folclore. Con Maleducada de 2017 la artista y productora empezó una carrera que la ha llevado a viajar por todo el continente y, próximamente a hacer parte del componente latino de SXSW.


Dat García estuvo presentándose en Colombia en la pasada edición de Rock al Parque, planteando una presentación en la que la música, el cuerpo, el baile y la moda convergen para tocar asuntos relativos a la identidad, la representación de la mujer en los espacios sociales o el control pleno que le hemos dado a las plataformas en la era de las redes sociales. Presentando su álbum de 2022, Las fuerzas almadas, la artista debutó en nuestro país con una presentación solista en la que su visión particular de mundo le permitió conectar sinceramente con un público ávido de propuestas transgresoras y vanguardistas. Pocos días después de esto, en el marco del triunfo de Argentina en el pasado Mundial de Fútbol, hablamos con Dat García sobre sus procesos musicales, su visión sobre el transhumanismo y la forma en la que el cuerpo puede ser un motor de sentido y reivindicación.



Quería comenzar hablando del cuerpo, tu relación contigo misma y la manera en que tu cuerpo dialoga dentro del cuerpo social.


Me encanta la pregunta porque estoy preguntándome sobre eso todo el tiempo y ahora me pasaron más cosas. Es medio ridículo igual todo. Pensaba con el triunfo de Argentina en Catar, yo que soy cero futbolera, que hay un foco de visibilización de Latinoamérica últimamente. Hablaba en pandemia con una dura del booking en Chile y ella me decía que confiaba en que eso nos ayudara a abrir los ojos hacia nosotros. Hay un súper festival y está encabezado qué sé yo por Arctic Monkeys, siempre bandas de afuera, cuando en realidad nosotros tenemos las mejores en nuestro territorio. Hay de todo, pero ese prestigio por lo de afuera hay que acabarlo, porque pagas más por lo de afuera y aquí no pagas nada por lo tuyo. Entonces estamos como revalorizando nuestro contenido, nuestros cuerpos también, que son los que hacen y los que muestran. Pensaba en eso del mundial porque como que se visibilizó más a Argentina como un foco de luz. Pensaba en los cuerpos de los jugadores como una cuestión de identidad, como algo icónico, como fue Maradona y ahora es Messi.


El cuerpo es tan importante que es lo que mostramos, es lo que se reproduce en la figurita. Pensaba en todas las ideologías y todo lo que traemos con nosotros. Pienso que este 2023 va a ser un año muy importante a nivel consciencia del cuerpo, del cuerpo mundial, del planeta. Me emociona mucho eso. Pensaba el cuerpo desde los simbólico, como ente para visibilizar. Porque nosotros necesitamos ver para creer y para entender. Están en este momento millones de personas yendo al Obelisco porque va la Selección, todas las calles están tomadas por cuerpos.


Y es que está en el centro de tu estética. Siempre que me encuentro con tus imágenes percibo una preocupación por el cuerpo. No solo el cuerpo que canta y se mueve, sino el cuerpo que percibe y es percibido. Es un cuerpo que reflexiona.


Totalmente. Es mi medio. Y también es como un canal que recibe y transmite. Durante mucho tiempo los cuerpos fueron pensados en la medida en que deberían responder a cierta hegemonía, una manera de hablar, de vestirse, lo que sea. Y creo que la disrupción de esta visión hegemónica de los cuerpos está resultando muy atractivo últimamente. A mí me atrajo toda la vida y amo lo que no es como debería ser, todo lo que no es normal dentro de los territorios de la normalidad. Todo lo que está por fuera de eso a mí me resulta muy atractivo y excitante visualmente. Si veo algo roto en la calle, lo contemplo. Todo lo que está fuera de la receta hegemónica a mí me atrae mucho y siento que estamos abriendo eso y que eso es muy importante para la sociedad. Está reflejado en muertes, reflejado en violencia, en un montón de cosas problemáticas. Por eso tengo esta mirada tan esperanzadora. Y me parece que la visibilización de nuestros cuerpos diferentes y transmisores es muy importante.




Pensé mucho en el cuerpo durante el Mundial. Pensaba en el Mundial del 78, la fiesta del fútbol, la fiesta del cuerpo. Pensaba en la tortura simultánea de cuerpos disidentes, de cuerpos que se salían del discurso hegemónico, la lógica del cuerpo social. Y me parecía muy fuerte pensar en esos dos mundiales.


Mi disco anterior, que se llama Maleducada, habla un poco de eso, de esa ruptura. Mi mamá nació en el 62, por lo que fue adolescente en la dictadura. La generación de nuestros padres es la generación del silencio, en la que si vos hablabas, te mataban. Nosotros fuimos criados en ese paradigma de no hables de más, no resaltes, no seas distinto. Era una manera de cuidar. Nos maleducaron a propósito. Porque eso era lo correcto para que encajaras y no te mataran. Creo que fue todo un trabajo de nuestra generación de los que nacimos hacia el final de los setenta y en los ochenta de crecer y ser adolescentes y decir no, esto no. Yo voy a hablar, yo voy a decir. Eso tiene mucho peso ideológico.


Y en ese orden de ideas, quería preguntarte qué es para ti el baile y por qué ocupa un protagonismo tan significativo en tu propuesta, más allá de lo escénico.


A mí la música me encanta conectarla con el cuerpo, entonces el baile es como lo primero que me hace hacer una canción. Qué me mueve, cómo me lo mueve. Ya desde que lo hago la música tiene el baile. Creo desde el baile. Y muchas veces no es un baile tradicional, es un baile deforme, pero siempre tiene un ritmo adentro que es lo que me mueve a mí personalmente y fue lo que primero conectó la música con el cuerpo, desde una lectura histórica y antropológica.


Hablemos de Las fuerzas almadas, de Björk y la pandemia. ¿Cuáles fueron los procesos detrás de este álbum?


En realidad, me pasa que si quisiera armar una obra conceptual, que todas las canciones van recorriendo un camino para llegar a este concepto, no hubiera podido. Hago canciones, en todos los discos, y luego cuando las tengo todas entiendo que tengo un disco. Hay una vibración que me hace sentido, que hace un recorrido en la sensación. Y cuando empiezo a ver qué me quería decir ese disco me venían palabras sueltas: ‘armas’, ‘almas’, ‘desarmada’, ‘desalmada’, ‘fuerza’… Era algo por ahí: el peso de las armas que irrumpe y cambia algo. Y, bueno, venía dando muchas vueltas a eso y al arte, que para mí es una carga muy fuerte, entonces estaba maqueteando la tapa del disco y tenía uniformes del ejército, pero con la cara derretida. Eran un montón de procesos y un día, cuando me voy a dormir súper quemada de esas cuestiones, sueño con que estaba Björk como en una guerra, íbamos en una marcha de como a la manera de ‘Ni una menos’, y me dice como en chiste, como imitando a un oriental, ‘Las fuelzas almadas’. Me dio mucha risa.


Me desperté con esta idea extraña de Björk hablándome como si fuera una niña. A mí me encanta la obra de Björk, pero no soy la más fanática. Solo me pareció muy gracioso eso. Recordé ese sueño y me empezó a marcar el panorama. Empecé a escribir y a escribir conceptos y probar encontrar esa idea oculta detrás de esas canciones que hacían un recorrido muy claro de cosas. La idea era un poco la de que todos somos la fuerza y que la fuerza no son las armas, ni biológicas, ni de guerra, sino nuestra palabra, nuestros anhelos. Era revalorizar esas palabras que están tan pegadas a lo bélico, la de la guerra y las armas. Son palabras que son muy importantes con lo que está pasando ahora.


¿Sabes, es como esa expresión “En la lucha”? Que alguien te pregunta "¿Cómo estás?" y respodes "Ahí, en la lucha".


Yo tengo un problema con eso y salto inmediatamente. Hace unos años tuve cáncer y estuve en quimioterapia. Y todo el mundo me decía “qué luchadora, qué guerrera” y a mí cada vez que me decían eso me enojaba, sin entender por qué. Cuando me pasan estos nudos, como les llamo, empiezo a escribir para entender. Y empecé a pensar en esto: la lucha contra uno mismo, la lucha contra la vida. Porque una lucha tiene claramente dos contrincantes o más. Es jodido ver la vida como una lucha y me parece que tenemos que empezar a cambiar las cosas desde las palabras. Porque las palabras son las que nos hacen ser, te meten en el cuerpo una definición que tú la interpretas y actúas. La palabra es muy importante.


También hay un interés por el transhumanismo y siento que hay una pregunta también por cómo podemos trascender los límites de nuestro cuerpo y seguir siendo, no obstante, humanos.


Creo que podemos ser transhumanos, no solo mutilándonos parte del cuerpo. Me parece que eso es lo más explícito. Igual a mí me encanta la intervención de los cuerpos. Toda esta necesidad de ser diferente físicamente en realidad nos está pidiendo una transformación desde otro lado, por la forma de pensar. Me parece que por ahí comienza la transformación y no por un lado físico. Igual yo no soy quién para juzgar. Yo también me transformo todo el tiempo. También tenemos muy metido en la cabeza la idea de que somos alguien y que venimos a ser esa persona y que es un personaje que te estigmatiza desde pequeño: el gordito gracioso, la nerd, el futbolista, la puta. Creo que reinventarnos todo el tiempo sin tener que responder a nadie es lo importante. El que supera todo tipo de paradigma es el verdadero transhumano. Parece que fuera algo muy hippie, pero imagínate lo que sería el mundo si cada uno fuera lo que es. Sería increíble todo.


Y en medio de ese paradigma de transformación, no podía ser de otra manera que la música de Dat García estuviera en otra disquera que no fuera ZZK. Quería hablar un poco de tu relación con la folktrónica, la familia del sello y Pedro Canales. ¿Cómo entiendes también este ejercicio de combinar el folclor desde otros lenguajes?


Para mí fue algo de valentía. Así lo llamaría. Pienso que son las primeras rupturas en la música electrónica dura. Durante muchos años, el folclore, lo digo desde mi contexto argentino, era algo de viejos, algo que escuchaban los abuelos. Al igual que el tango. Y, sin embargo, todos nos criamos escuchando folclore porque esos eran los vinilos que había en mi casa, no había de Depeche Mode. Toda la música que mamé, todos los instrumentos que había en mi casa eran del folclore latinoamericano. Mi primer contacto con la música fue ese. Y después uno se empieza a adaptar a las herramientas que empieza a tener. Yo escuché mucho metal, hardcore, jazz. Mi primer instrumento fue el saxofón. Entonces tengo una mezcla tremenda de data y desde muy chiquitita. Lo electrónico fue una herramienta para mí.

Cuando empecé a estudiar con Pedro Canales, fue él el que me metió en el mundo de la electrónica. Yo había ido a una escuela de música electrónica y ahí empecé a grabar cosas. Pero, entender la herramienta digital como un canal para poder plasmar todo eso se dio por Pedro, quien me enseñó esa sutileza de poder decir “esto es una herramienta con la que puedes hacer lo que quieras: música infantil, japonesa, folclore, lo que quieras”. En ese momento, cuando empecé a hacer mis producciones, siempre me gustó mucho el electroclash, pero era lo que quería hacer en ese momento. Mi primer disco, en mi mente, era electroclash. Si tú lo escuchas, es folclore. Es muy loco. Pensaba que estaba haciendo una cosa y cuando la escuchas es otra completamente. A mí me gusta esa música, tipo Catnapp. Y, no sé, pasó eso.





A veces la crítica piensa que tomaste una decisión estética rupturista por una cuestión política, pero a veces simplemente es un tema contextual, biográfico, natural.


Claro: biológico. Mi voz es como es. Me imagino que mi expresión también. Uno la puede moldear y decir que quiere hacer un disco de tango y llamar a un bandoneonista, pero seguirá teniendo tu expresión. Volviendo al tema de la disquera, cuando descubrí ZZK, estaba grabando mi primer disco. Me acerqué a un amigo muy rockero y le dije “mira lo que estoy haciendo” y me dice “ah, eso es folclore digital. Tienes que escuchar esto”. Me pasó Carnabailito, el disco de Gaby Kerpel. Gaby es el papá de mi hija, casualmente. Nunca había escuchado algo así y me volví loca. Era más del palo del rock. Y no podía creer lo que oía. Era la música más perfecta que había escuchado y ahí conocí ZZK. Cada vez que escuchaba algo era más increíble. Me parece que es un sello que recupera de alguna manera, porque eso existe y está vivo acá, pero lo que hizo Grant conmigo fue algo de magia. Yo pensaba que lo que hacía era súper crudo, súper nuevo, como menospreciando un poco lo que estaba haciendo. Hoy lo escucho y suena muy bien ese primer disco para ser un primer disco. “Hay que ir a presentarlo a Chile, a Colombia, a Ámsterdam”. En el orden que él me dijo se dio todo. Fui primero al Festival Frecuencias de Chile, después toqué en Boogaloop en Colombia y todo en el orden que él mencionó. Siento que es como un recuperar todo esto, porque es sacarlo de acá, llevarlo y mostrarlo. Siento que ZZK tiene esa misión, que Grant tiene esa misión y visión. Él es un apasionado. Antes que mandarte memes o stickers, te manda música. Es un descubridor que lo hace con una pasión desbordada.


Y, entonces, ¿cómo fue la relación con los remixes de Maleducada? Porque siento que es una suerte de remix sobre el remix, porque el sonido de ese disco ya es muy híbrido.


Fue muy sorprendente escuchar mi música de otras formas. Es como la canción en un mundo alternativo. Me encanta. Todas tienen una vibra distinta. A mí me encanta intervenir todo y que me intervengan, en todo sentido. Me parece que todo lo que nosotros creamos es una intervención sobre algo que ya existía. Te digo eso y, en paralelo, me cuesta trabajar con un productor. Porque hago todas mis producciones yo. Pero, después, si alguien agarra esto y hace otra cosa me encanta. De hecho, yo también trabajo haciendo música para otras personas. Es un ejercicio que puedo hacer todo el tiempo.



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