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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

llilli, lo solemne y la ligereza, las flores y el manicomino.



La mente de Pablo Escallón va por todas partes, pero de manera sorprende siempre llega al punto al que apuntaba. Su diálogo es como transitar un camino escarpado entre maleza, flores de valle y árboles mustias para encontrar, finalmente, un recodo de calma en medio del bosque. Escallón, quien fundó llilli hace un par de años, ha reflexionado sobre su oficio con calma, ha contemplado lánguidamente sus manos en la noche oscura y ha encontrado en ellas la fuerza para seguir dando forma a canciones de una delicadeza conmovedora, sonidos de una calidad frágil y prístina que recorren una serie de reflexiones elocuentes sobre la vida, el amor, la cultura moderna y, más recientemente, la ligereza. Como si se hubiera escapado de las páginas de una novela checa, Escallón oscila como un péndulo entre canciones solemnes, densas, y cortes ligeros de una calidad folk pop envolvente como el abrigo del fuego en una noche a la intemperie.


llilli debutó en medio del encierro, en 2020, cuando Escallón todavía tenía que cantar sus canciones con tapabocas. Quizás por eso, en parte, Dalia, el EP con el que salió a la luz es un viaje en el que se busca recuperar una especie de magia perdida en el corazón de los hombres. En este proyecto, después de varias aventuras con bandas y como solista, Escallón parece encontrarse muy cómodo. Es un espacio fértil para la experimentación con el ambient, el kraut, el art rock y el folk pop. Es también un valle del que nacen canciones conmovedoras de una poesía reflexiva, un espacio para sincerar el alma y desnudar a la composición de artificio. llilli inaugurará el jueves 23 una de las tarimas más emocionantes del Estéreo Picnic y es una de las razones fundamentales para madrugar a esta edición monumental del encuentro de las músicas alternativas. En tal virtud, hablamos con Escallón de las canciones personales, las no tan personales, Paula Pera y Peras al Olmo, entre muchas otras cosas.


Antes de llilli estuviste en varios proyectos musicales, desde Planes a Buenas Noches y Po li. ¿Cómo es el recorrido de Pablo Escallón en la música?


Fui estudiante de Música en la Javeriana, pero un estudiante de Música muy fracasado. No terminé y me fui a estudiar Economía. Terminé muy rayado con la Música. Me parece que esas academias no son lo mejor para explotar la parte creativa de muchos músicos. Cuando estaba estudiando Economía hice un poco las paces con la Música, de manera progresiva. Hice el proyecto de Planes con otro amigo que estudiaba Administración, algo muy diferente a lo común, porque no estábamos en la Facultad de Artes. Planes duró como cuatro años, fue muy chévere. Después me fui para México e hice este proyecto que se llama Buenas Noches, ese sí era solo. Estuvo lindo, pero me terminé desencantando. Sobre todo de la parte tecnológica del proyecto, porque estaba en una especie de intermedio digital: o necesitaba más tecnología o menos. Terminé buscando estéticas muchísimo más orgánicas y ahí empecé a organizar la idea de llilli, que era como una banda muy experiencial. Ese es un poco la historia muy reducida de lo que he hecho. Igual he hecho otras cosas porque no solo he trabajado en mi propia música, sino que he trabajado con otros proyectos. A mí me gusta encontrar cosas que no giren en torno a mí.


llilli es una cosa muy distinta, desde el relato de Dalia se plantea una narrativa súper interesante. Hay unas atmósferas muy cinemáticas en el primer EP, como si fuera música incidental y estuviéramos viendo una película. Quería hablar de ese primer momento del proyecto.


A mí me parece que ese disco es un ejercicio interesante. Todo surgió alrededor de “II / Dalia”, el segundo corte. Seguía interesado en escribir canciones pop en el sentido amplio de la palabra, de la escuela de las canciones populares. Pero también estaba interesado en el ambient, en la música desde otras perspectivas. Entonces estaba tocando mucho esta canción y, un poco también por la letra, empecé a convertirla en un jam eterno. Literalmente empieza a bajar de tempo hasta que llega a cero y todo eso se da mientras sucede la historia que cuenta sobre esta chica Dalia que se pierde y está esta gente medio indeterminada, el pueblo en el que vivía Dalia, que se va a buscarla porque se dan cuenta que la necesitan. En el primer jam después de la canción, que se llama “III / buscando”, están como estos gritos de búsqueda, es un track bien largo y va bajando hasta que llega al siguiente track, en el que sigue este motivo bajando, que se llama “IV / esperando”. Es como esta metáfora del proceso de buscar una cosa cuando deja de ser un proceso activo y se empieza a convertir en una cosa pasiva de esperar a ver si aparece o no. Va llegando todo a una quietud. Me parece que es un ejercicio interesante, sobre todo si se escucha completo.

¿Hay algo biográfico de Pablo en este primer momento de llilli, en la metáfora de Dalia?


No tan personal, la verdad. Para mí eso estaba hablando, no sé cuál sea la conexión realmente, pero estaba hablando un poco de lo que estábamos viviendo todos al principio de la pandemia, una pérdida de camino, como que no se veía a dónde ir y, para mí, Dalia representaba un poco esa angustia. Esa canción fue escrita con un amigo mexicano, Peras al olmo. Él fue el que empezó a escribir de Dalia, comenzó la historia y yo la terminé. Cuando agarré lo que él escribió para mí era una historia que se sentía como algo que se había perdido en ese momento. No sé si en ese momento, o un poco en general pero, para mí, Dalia representa un poco la magia, las cosas que no entendemos que no por eso dejan de ser fundamentales para nuestra existencia. Este pueblo la da por sentado un poco y exilia a Dalia. Después todo se va para la mierda y ya no pueden encontrarla, porque se convirtió en la naturaleza. Esa parte me gusta: primero la llevan para el manicomio y luego la empiezan a extrañar, van y el manicomio ya no existe y es todo selva. Dalia representa para mí la magia de lo que no entendemos y, al mismo tiempo, representa la naturaleza. Porque, en el fondo creemos entender y dominar a la naturaleza, pero no la entendemos para nada. Es un imperio absoluto. Es magia. Pero, al momento de creer que la entendemos y la dominamos, estamos matándola, quitándole esa dimensión mágica que tiene. Estaba sintiendo eso cuando hacía ese disco.


Luego llega “Distancia/Flora”, que demuestra una especie de interés por lo natural y el mundo natural perdido al que quizás no regresaremos. Cuéntame de ese sencillo que enlaza ambos EP.


Esta canción, por el momento en que salió, pareciera que estuviera hablando del distanciamiento social, pero es una casualidad. De hecho, estaba escrita antes de la pandemia. Siento que sí se puede conectar con esa perspectiva que le estás poniendo, pero, para complementarla, mi perspectiva en ese momento era más personal que social. Cuando dice “Mi español no es tu español”, ese “tú” sí era una persona específica, pero al mismo no necesariamente porque puede referirse a la gente en general y era un momento en el que me sentía muy alienado de las personas, de todo lo que me rodeaba. Me sentía encerrado en mi propio mundo y sentía una distancia que no podía saltar para llegar al mundo de las personas que me rodeaban. Entonces esa canción habla de sentirse flotando, lejos de esas personas.


Y es bonito porque termina haciendo parte de Valle, un ejercicio un poco más optimista, pues completa este encierro en el que estabas encontrando un poco más el amor.


Es un retrato de una época medio difícil para mí, no por nada que haya pasado externamente, sino por cosas internas que suceden o no suceden. Es un viaje interno, más o menos. Y me parece que es chévere que termina tratando de ser optimista en la medida de lo posible. “All you need is love” y todo eso.



En Valle cantas con Paula Pera y el fin de los tiempos. ¿Cómo se dio ese encuentro? ¿Cómo es trabajar con otras personas para ti?


A Paula la conocí en pandemia. En esa época estábamos trabajando muchísimo, porque estábamos empezando a trabajar en el proyecto de Paula Pera y el fin de los tiempos, pero al mismo tiempo estaba trabajando en llilli. Todos los días estábamos trabajando juntos. Ni siquiera fue un proceso, era mi partner de trabajo diario en ese momento. A mí me parece que hay procesos de escritura que son muy personales y otros que no lo son tanto. Valle es un disco ultra personal. Pero Dalia no lo es. Para empezar, lo escribí con Peras al Olmo y no estoy hablando de mí. Hoy en día quisiera escribir un poco más saliendo de la ecuación. Es agotador y se siente un poco egotista. También es chévere hacer sentir a la gente más parte de lo que uno está cantándoles. Quisiera dejar de cantar por un momento cosas tan mías. En este momento, las canciones que estoy escribiendo las trato de pensar más en plural. Es ahí donde están mis intereses: tratar de entender mejor nuestras interacciones y el animal que somos entre todos.


En ese sentido, ¿hacia dónde va el proyecto? ¿Cuál es el mapa de ruta?


llilli comenzó alrededor de lo que se llamaba en una época discos conceptuales, una obra compuesta por canciones, pero que iba más allá de las canciones. Hoy en día no voy mucho por ese lado, hay una exploración más específica con canciones sueltas. La idea ahora es trabajar las canciones como un mundo en sí mismo. Ya salió “Canciones malas” y “Bien y mal” y la primera habla un poco de eso: queremos hacer más canciones y queremos dejar de esperar algo específico de nosotros mismos y simplemente potenciar lo que sea que somos, no editarnos tanto. Es una especie de promesa de que vamos a empezar a sacar canciones, sean buenas o malas, pero son canciones y son las que tenemos para cantar. Ese es un poco el momento en el que vamos a estar. Quisiera empezar a colaborar más con otros proyectos y empezar a traer cosas menos dirigidas y también más inciertas, menos planeado. En ese sentido, toda cosa de la figura del disco, el EP o el álbum, me sobra en este momento un poco.


Yo me tomo muy en serio ese tipo de cosas y se empieza a convertir en un peso difícil de manejar. Hacer un disco es difícil. Estos discos que yo estaba haciendo que son un recorrido entero se convierte en una cosa complicada de manejar. Por ahora quiero ver las canciones independientes. ¡Plop! Se cierra, vamos a otra cosa. Mi interés personal también está regresando como a la parte de escribir canciones. llilli va un poco desde lo experiencial y la experimentación instrumental, lo espontáneo de la experiencia musical, versus la composición de una historia que necesariamente es algo un poco más procesado y pensado. En este momento está acercándose llilli hacia la parte de escribir canciones populares.


No vamos a dejar de experimentar, pero el péndulo va un poco en esa dirección. Me gusta en este momento la ligereza. La música tiene cosas importantes que reflejan procesos de uno que no solo están relacionados con el goce y el disfrute, sino a veces con el significado. Pero es chévere también a veces ver que el disfrute puede ser el mismo significado. Ahí entran canciones como “Bien y mal” que, aunque no es una canción alegre, es más ligera. Es una canción más tranquila de disfrutar de una manera ligera. La ligereza se trata de poder interpretar cosas que no tienen que definirlo a uno, pero que tú puedes actuar y vivir. Yo ya no estoy en el plan solemne, que fue chévere, pero ahora vamos por otro lado.


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