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  • Foto del escritorIgnacio Mayorga Alzate

Los muchos colores de la Ramona


En el contexto de la música colombiana reciente nos hemos encontrado, cada vez más y para nuestra suerte, con una serie de mujeres poderosas quienes, desde su cuerpo femenino, enuncian todo su sentir para construir, reparar y acompañar. En ese orden de ideas, la figura de la Ramona ha venido cobrado cada vez mayor importancia, no sólo por la sensibilidad poética con la que aborda el cuerpo de la mujer inscrito en el abyecto y violento cuerpo social sino con la visceralidad de loba con la que se enuncia e interpreta los poemas de su autoría. La Ramona, así mismo, ha sido una figura central para el movimiento LGBTIQ+ al incluir en sus producciones audiovisuales y en sus presentaciones en vivo la presencia de cuerpos diversos, aquellos que han quedado en las antípodas de la narrativa y han sido flagelados por miradas, palabras y, lamentablemente en nuestro contexto, todas formas de violencia física que incluye, también la erradicación de la persona que la reduce a mero objeto: el asesinato.


Hay una luz propia en las historias de la Ramona, un cálido mensaje que reconforta para afrontar el día a día, ponerle el pecho a la adversidad y seguir comunicándonos a través del amor. Su música no está impregnada de ese optimismo ingenuo del pop, de las películas de princesas, de las marcas de perfumería y cremas creadas con elementos que explotan el suelo marino. Es, antes bien, un reconocimiento de que hoy podemos estar hechos mierda, que sentimos en el fondo del pecho una alimaña royendo nuestra musculatura y osamenta, pero que, juntos (jueputa, juntos), podemos encontrar amor, empatía y paz. Y eso vale cada lágrima. Y eso vale todo el esfuerzo. Porque cada que La Ramona abre sus alas policromas en el escenario somos todos más fuertes. A propósito de su nuevo disco y su exitosa presentación en el Festival Estéreo Picnic, hablamos con la artista bogotana sobre el cuerpo, la fuerza política del performance y las canciones que curan.


Con relación a tu primera presentación en Estéreo Picnic, en 2018, ¿cómo sientes que ha evolucionado y se ha transformado La Ramona?


La Ramona del 2018 hasta ahora tenía la valentía para poder hablar, cantar y verbalizar un montón de cosas que necesitaba depurar. Hoy es una Ramona que ya aprendió a comunicar y verbalizar y que quiera ahora comunicarse desde otros lugares. Son lugares más interesantes en los que se explora no desde un lugar de víctima ni desde la herida, sino desde las ganas de evolucionar ese dolor. Desde la exploración de otros géneros musicales también. Definitivamente también explorar la misma comunidad y el contexto, la teatralidad, los colores y texturas. Siento que ahora se siente una Ramona un poco más madura, definitivamente más fuerte, más recorrida, por así decirlo, que en el 2018.




En ese sentido, ¿cuál crees que es la valentía detrás de una canción de amor? ¿Cómo podemos ser fuertes en la vulnerabilidad?


De las cosas más poderosas y de las fortalezas más grandes que un ser humano pueda tener es la vulnerabilidad, saberse quebrar y romper y usar eso como una catapulta que te ayuda a transformar dolores, tristezas, supuestas debilidades, en fortalezas, en un camino diferente. En perspectivas nuevas. Nuevas pieles. Nuevas maneras de sentir. Cambio. Las canciones de amor, las más cercanas a la realidad, son aquellas en las que uno se encuentra más vulnerable como artista y como escucha. En esa colectividad es donde uno se siente acompañado y es donde uno se siente fuerte, se deja de sentir solo.


Y, adicionalmente, ¿cuán importante o peligroso es ese imperativo social de que las mujeres están obligadas a ser fuertes hoy por hoy?


Creo que en el contexto que seguimos viviendo no sólo nos exigen a las mujeres ser fuertes, sobre todo hoy día, como en esta nueva ola de ser mujeres independientes que trabajan, pero que también pueden ser amas de casa y cumplan todos sus sueños. Se le ha obligado y se le ha impuesto al hombre ser igual de fuerte. Creo que es un problema en general, que va conectado a la pregunta anterior, y es que definitivamente seguimos viendo a la vulnerabilidad como una debilidad y no como una fortaleza. Siento que es ahí donde uno logra reinventare y renacer de esas cenizas. Ahí está la evolución: en aceptarse a uno mismo como uno es. Dentro de este marco de tener que ser fuertes.


Primero que todo es muy bonito que hoy día nos alentemos como mujeres a ser fuertes. Sin embargo, siento que también es muy bello ver cómo las mujeres podemos, queremos y somos también vulnerables dentro de esa fortaleza. Porque, además, es una fortaleza que se nos ha negado a lo largo de los siglos. Es una fortaleza inherente a la naturaleza femenina: la de poder parir, la de poder renacer en cada día, la de generar vida, la de generar familia, la de generar conciliación, la de la compasión. Me parece que todo eso va dentro de esas fortalezas que tal vez mucha gente ve como debilidades. Creo que el peligro está en caer en la trampa de tener que ser algo. Tanto hombres como mujeres tenemos que aprender a quebrarnos y a ser fuertes dentro de esa vulnerabilidad.


Cuéntame de cómo percibes la idea del cuerpo en tu propuesta, que es altamente performática y que viene de otros contextos asociados a un tabú social. ¿Cómo se convierte el cuerpo en un lugar de resistencia?


El cuerpo, desde que estudié Artes Visuales, ha sido un foco muy importante de interés y auto análisis del dolor, de abuso, de todas las cosas que uno vive a través de él. Desde esa época, que me parece bonito traerlo a colación porque no es algo de lo que hable mucho, me gustaba muchísimo hacer performances. En estas prácticas empecé a encontrar una libertad, una libertad de cómo resignificar ese cuerpo que había recibido tantas laceraciones, que había sufrido tanto abusos desde tan chiquita. Era también un cuerpo que se sentía sucio y culpable por ser como era. A medida que fueron pasando los años, conforme me fui involucrando en la comunidad LGBTIQ+, en donde me sentía a salvo porque no me decían ni puta ni perra por las razones equivocadas, sino por las correctas de ser fuerte y libre, y poderosa, fue que empecé a descubrir el cuerpo desde otros lugares performáticos como el drag o el transformismo y la teatralidad que hay detrás de eso.


Poderme ver reflejada y querida por mí misma y después por una comunidad que también ha sido tan lacerada por todos los siglos de la humanidad, me permitió encontrar un lugar en el que podía ser más fuerte y en el que me podía perdonar. Ese fue el primer paso para poder llegar a la música que estoy haciendo hoy día. La Ramona empezó con canciones que hablaban muy directamente sobre el abuso. Después ese abuso pasó de la canción a ser reivindicado con el cuerpo a partir del transformismo y con el hecho de poder ser más controversial a la hora de salir en un video o en escenario y dejar de sentir culpa por tener el cuerpo que uno tiene, dejar de darles la razón a las personas que piensan que por tener un cuerpo de X o Y, por vestirse de manera X o Y, por estar en un lugar X o Y, es que te pasan cosas malas.


Desde ahí empiezo a renacer y es el momento de “Biutiful”, que empieza a hablar de que todos somos hermosos, desde un lugar de una especie de espiritualidad muy personal que empecé a desarrollar desde que empecé a encontrarme dentro de esa teatralidad. Así se fue desarrollando todo hasta ahorita que ya llegué a un lugar en el que siento que el cuerpo es una herramienta de comunicación muy poderosa y una manera muy incómoda de botarle en la cara a las personas que siguen viviendo en el Medioevo verdades y de alguna manera conciliar con todas esas personas que no han podido encontrar un lugar seguro en sus cuerpos y en sus comunidades.


Para mí el cuerpo es una piel prestada, es un lugar donde una habita y vive muchas experiencias. También hay que despojarse de todos esos prejuicios, estándares de belleza, para entender que el cuerpo tal y como lo ves en redes sociales, o como lo idealizas, es como deberías ser tú. Es también un cuerpo versátil porque lo que hay dentro es lo que más importa. Es lo que debería, de alguna manera, potenciar eso que se ve afuera. El cuerpo es un catalizador, un transporte, un espejo, un disfraz muy bello, con base a lo que uno lleva adentro y la manera como decida decorarlo de adentro hacia afuera. Jugar con él desde esos espacios de performance es bellísimo para quitarle todos esos pesos y esas culpas y estos prejuicios.





Hay una conversación que hasta hace poco empezamos a tener, la de la salud mental. Nos han llamado la generación de cristal porque dicen que todo nos ofende e incomoda, pero es que ya estamos hablando de la tristeza, de la depresión, de la ansiedad. Antes la mujer podía llorar porque se le percibía como débil, pero el hombre no. Y por eso salía a molerse a golpes, a coger a bala a cualquier atravesado, a pegarle a su esposa. Hay una consciencia muy importante en torno a esto que sucede y tú estás ahí también diciéndolo, compartiendo desde tus redes.


Definitivamente. Todo lo que me has preguntado tiene que ver lo uno con lo otro. Esto que mencionas de que hoy nos consideran la generación de cristal es real porque ofende e incomoda a todos los del Medioevo que siguen pensando que llorar es para débiles. O ser marica. Y que ser marica es malo y que la mujer libre e independiente es puta, etcétera. Son un montón de conceptos mandados a recoger peyorativos, tristes e ignorantes. Poder hablar hoy de la salud mental, de la depresión, de la tristeza, de la ansiedad, de la neurodivergencia sin que nos de vergüenza, porque antes daba vergüenza, es un alivio.


Como lo dices, antes la mujer sí se podía quebrar porque es débil y es mujer y el hombre no puede llorar porque si no es débil, entonces más bien le doy bala a todo el mundo o le pego a mi esposa, etcétera, y nadie dice nada y todo está bien. En teoría. Menos mal esa ya no es la realidad en la que vivimos y ha empezado a haber muchísima consciencia en torno a estos comportamientos un poco bestia. Ya no somos cavernícolas, tenemos consciencia y poder hablar desde la plataforma de los artistas sobre salud mental me parece clave, porque también es hablar de este cuerpo roto que no siempre está feliz, que ha sido diagnosticado con depresión, con neurodivergencia, que tiene problemas de ansiedad, al que le da ansiedad hacer entrevistas, que le encanta pararse en un escenario, pero que le da ansiedad estar en una muchedumbre.


Entender esa dicotomía que se presenta a diario dentro de estos problemas de salud mental de manera pública me parece importantísimo porque así la gente también deja de sentirse sola. Igual que las canciones de amor. Igual que un performance de la libertad, la sexualidad, del abuso. Todo esto va unido al cuerpo y a una experiencia encarnativa y hay que dejar de pretender que somos maniquíes perfectos 90/60/90, guapos todo el día, que solamente sonreímos y que estamos hecho como arlequines para hacer a todo el mundo feliz. Definitivamente es importante humanizar también al artista y, desde el artista humanizado, acompañar a la colectividad.





Y, en ese sentido, ¿cómo has sentido la conexión con tu audiencia? ¿Cómo tus canciones han ayudado a sanar? ¿La gente que te escucha te comparte esos testimonios?


Ha sido súper poderoso. De hecho, parte de la razón por la cual continué la carrera musical después de haber lanzado “Brío”, que fue un experimento para sacar algo de mi pecho, fue que conectó tanto con la audiencia que me dio el impulso para seguir haciéndolo. Me pareció que valía todo el esfuerzo y toda la pena. No solamente por algo muy personal, sino por todo el mundo. Es un propósito de vida también ayudar a sanar colectivamente a través de la música. Obvio se acercan a mí. Obvio me comparten sus testimonios, mis redes sociales siempre están súper abiertas a que la gente me escriba y me cuente sus cosas y muchas veces hago ejercicios en lo que pregunto para que me regalen sus historias y su dolor para que todos juntos podamos sanar en comunidad. Siento que gran parte de la razón por la que yo canto hoy en día en vivo y por la que estoy haciendo la carrera que estoy haciendo es por lo que se lo debo a la audiencia, que me ha dado mucha fuerza y a la que amo en exceso.


Cuéntame, para finalizar, de estos nuevos colores de la Ramona y las exploraciones que estás realizando en torno a tu sonido.


Recientemente y esto viene de un proceso que comenzó en el 2019 en el que he estado buscando nuevos sonidos y colores, ya el año pasado tuve la oportunidad de empezar a trabajar con Mateo Camargo y con Jota García, que son mis productores de esta nueva etapa y con los que estoy terminando mi primer disco, por fin. Con ellos lo que estamos haciendo es buscar una suerte como de sonido más disco, más funk, pero que tuviera un tinte más electrónico, sin irnos a crear un house, sino más italo disco, que va muy de la mano con mis DJ sets y con esa faceta de la Ramona. La idea es poder empezar a unir estas dos caras del proyecto y poder también mezclar mis canciones nuevas en mis DJ sets y poderlas cantar en vivo. Eso es a lo que le estamos apuntando en esta nueva etapa y en estos nuevos sonidos y colore de la Ramona. Se viene un disco súper empoderado.



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