• Ignacio Mayorga Alzate

Vitam et Mortem: la gramática de la vida y la muerte desde Carmen de Viboral



Vitam et Mortem podría significar algo por el orden de “vida en la muerte” y es una de las bandas colombianas que más ha reflexionado sobre las posibilidades poéticas del final certero desde una perspectiva amplia, inquietante y responsable. Con su música la banda de Carmen del Viboral se ha convertido en un acto crucial de las músicas extremas en nuestro país, lo que quiera que eso signifique, para construir una identidad propia y avanzada a su época. Vitam et Mortem ha crecido con cada uno de los procesos de sus larga carrera de veinte años, presentando varios álbumes de estudio en los que la violencia incide sobre los cuerpos, el tiempo desarticula la musculatura y los cráneos de calcio se erigen sobre la fauna cadavérica. Con una inteligencia compositiva sin par, esta agrupación antioqueña se ha consagrado hito a hito como una propuesta versátil y honesta. En 2020 presentaron El rio de la muerte, un álbum inspirado por la lectura de Fals Borda, Castro Caycedo y, sobre todo, Los escogidos de Patricia Nieto, textos que retratan y explican el conflicto armado colombiano. Pensando en el río Magdalena como una metáfora del Aqueronte griego, la banda traza analogías complejas y sofisticadas con nuestra historia reciente y longeva, encontrando en este torrente de sangre la figura clave para hablar de las barbaries de la guerra. A propósito de su presentación en Rock al Parque, hablamos con el vocalista Julián David Trujillo, apropiadamente bautizado “Thánatos” en su alias creativo para la banda.


En el triste contexto colombiano, la traducción de vitam et mortem tiene aún más sentido. ¿Cómo apela la identidad de la banda a esta realidad social de nuestro país?


Vitam Et Mortem nace como una respuesta desde el arte a la guerra que vivimos en nuestro territorio, es un grito de dolor y asco. Pero también de resistencia y memoria.

Me interesa el tema del contexto nacional porque en veinte años de carrera han acudido a los sonidos de instrumentos prehispánicos para sus composiciones. ¿De dónde surge esta preocupación sonora?


El ejercicio de creativo de la banda ha estado muy centrado en la pregunta por la identidad, por escarbar en esas huellas del pasado sonoro e histórico que también hacen parte de lo que nos constituye hoy como sociedad. Es importante sentirse como parte de la humanidad sin sectarismos, pero también es conveniente que el artista responda en su cantar con su tiempo, su territorio y su identidad cultural.


En ese sentido, ¿cómo dialogan los tempos de ambas sonoridades en la música de Vitam et Mortem, los sonidos del black y el death europeo con los instrumentos originarios de nuestro territorio?


Vitam Et Mortem desde sus inicios ha sido una banda que rompió con los esquemas metódicos del género. Si bien se instala en esa suma de death metal y black metal, lo ha hecho con mucho carácter tomando además elementos sinfónicos y rituales, siempre al servicio del contenido narrativo y el concepto. Nunca ha sido un ejercicio de explorar por explorar o de hibridar por hibridar, sino un ejercicio consciente que obedece a la concepción de la música como una obra de arte total.



Hay una idea que se repite en su carrera y es la de “La sinfonía para el funeral de un ángel”. Fue su primer concierto, su primer videoclip (muy avanzado para la historia del género en nuestro país) y luego su disco de 2017. ¿De dónde nace esa imagen tan evocadora en sentido poético?


“Sinfonía para el funeral de un ángel es nuestra canción más antigua”, fue nuestro primer video y ese nombre marcó un álbum que la banda publicó en sus primeros 15 años de carrera. El disco, por cierto, se mantuvo inédito por más de 10 años… La poética se instala en la muerte sentida como una pérdida de las personas que amamos, pero también por la nostalgia que genera nuestra conciencia de la muerte al viajar “al mundo del silencio”.


Y, ya que tocamos el tema de este disco, quisiera hablar de “Una vida inmortal en la oscuridad” y la importancia de Mauricio “Bull” Metal en los primeros años de la banda.


“Una vida inmortal en la oscuridad” es una canción muy significativa, es una manera de devolverle al Bull su apoyo y amistad y, al mismo tiempo, nuestra manera de despedirlo. Tenía una fuerza interna y un carisma de otro mundo, creo que el metal de Colombia tiene mucho que agradecerle, el mito del Lobo en la oscuridad sigue vivo.

Sobre Masacre, hablemos de su tributo de 2006 y su versión de “Ritos de muerte”. ¿Cómo llegaron al proyecto de este homenaje y cómo se sienten de compartir con ellos en esta edición de Rock al Parque?


“Ritos de muerte” prácticamente fue de las primeras apariciones musicales que entregó Vitam Et Mortem luego de un par de sencillos de la época del Sinfonía… Desde que empezamos a escuchar sonidos pesados siendo unos chicos, Masacre ya estaba en la escena como un gran referente. Íbamos a verlos a sus conciertos y por acá nos rotábamos mucho un casete que tenía nuestro bajista Kadir del álbum Sacro, uno de los mejores discos en mi concepto, donde ya la banda a nivel musical mostraba otro proceso de madurez sin perder su crudeza.


Elegimos esta canción porque nosotros estábamos en ese ejercicio de generar unidad en esas dos palabras: la muerte y lo ritual. En cuanto a lo que se siente compartir con Masacre, debo decir que ya lo hemos hecho en varias oportunidades y es un honor, siguen siendo una gran banda que representa el sonido de su época y que se han mantenido con mucha fuerza y dignidad en la escena, ahora nosotros tenemos la responsabilidad de proponer el sonido de nuestra generación, la música es como una carrera de relevos, mucho respeto para bandas como Masacre, Reencarnación, Parabellum, y muchas otras que abrieron el camino sonoro del metal colombiano.


No quisiera terminar sin hablar de El río de la muerte y toda la investigación sobre bases periodísticas que realizaron para el disco. ¿Cómo desde la música podemos hacer el duelo y qué reflexión en torno a la memoria realizaron en esta placa?


“El río de la muerte” es un ejercicio de memoria histórica que busca reconocer las voces de las víctimas. Es un puente para entablar un diálogo con los muertos que de manera violenta han sucumbido en el conflicto armado colombiano a lo largo de su historia. Es un ejercicio de reflexión que parte de poner una relación con el río Aqueronte y el reino de los muertos para señalar a manera de denuncia sonora una práctica escabrosa como es la matanza y la desaparición en nuestros ríos.


La muerte, los silenciamientos y la manera tan violenta de relacionarnos como sociedad se nos volvió paisaje, pareciera que en muchos lugares de Colombia viviéramos en la era de la barbarie y, en este ejercicio, El río de la muerte se convierte además en una manera de reflexionar sobre el conflicto buscando con ello la no repetición.


Su más reciente sencillo, “Maha Kali”, está centrado en la figura de la diosa Kali del hinduismo. ¿Cuál es el valor de esta visión de la muerte al trasladarla a nuestra cultura?


Maha Kali es una figura muy significativa por muchas razones: representa la fuerza cósmica de la mujer, un discurso que hoy está más vigente que nunca. Creemos profundamente que el mundo está cambiando desde siempre y nos alegra enormemente que la mujer esté recuperando su lugar de valor en la sociedad, la fuerza de vida y el conocimiento de la naturaleza fueron satanizados por el cristianismo y es muy significativo que vayamos superando todo eso.


Kali es la luna, el sol, el fuego, es la destructora, pero también es la dadora de vida y es un personaje con el que nos identificamos mucho porque representa la capacidad de instalar un nuevo pensamiento, un nuevo mundo. Es la destructora de las maneras tradicionales de operar. Si vamos al mito los hombres se la pasan tratando de destruir al demonio Raktabija, y entre más lo cortan, a través de su sangre nacen más demonios, Kali entiende que para destruirlo no debe permitir que caiga una gota de sangre del demonio y lo devora, y así logra vencerlo y recuperar la estabilidad del mundo. Esto muestra que Kali es la representación de la destrucción de las concepciones más ortodoxas. Hay una alegoría al demonio Raktabija en la guerra colombiana que se multiplica y pareciera no tener fin.





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