• Ignacio Mayorga Alzate

YNUK, la reivindicación de los ancestros para el buen futuro



El trabajo de YNUK es preciso, metódico, responsable y emotivo. Durante años la banda emplazada en Bogotá ha integrado los aprendizajes de las culturas originarias del continente para adecuarlas a una propuesta sonora que, en medio de la estridencia del metal y el apacible uso de instrumentos autóctonos, ha buscado reivindicar el pensamiento mitológico ancestral. En este sentido, cada uno de los integrantes de esta enorme agrupación reflexionan sobre su lugar en la tierra, su relación con los espacios naturales de nuestra rica geografía y su responsabilidad para con el resto de la comunidad, ahora fragmentada por los procesos modernos que apelan al individualismo y la mirada egotista. YNUK ha trabajado de manera honesta con el legado vivo de varios pueblos originarios, primeros pobladores de nuestro territorio, de quienes admiran su resiliencia, su amable trato de la Pachamama y su relación con el paisaje que los rodea, que es sagrado y precisa protección y respeto. Es una de las agrupaciones más interesantes del metal colombiano desde su estructura simbólica, ética y estética y ofrecen una elocuente conversación de la que podemos aprender muchísimo. A la luz de su próxima presentación en el Simón Bolívar, hablamos con YNUK sobre su visión particular del mundo, la delicada línea que no cruzan de la apropiación cultural y su respeto por las comunidades y lenguas que dieron forma al pensamiento mitológico de nuestro continente.


Comencemos hablando de cómo nace YNUk. ¿Cuáles fueron los procesos y reflexiones que se extendieron en el espacio académico para que naciera el sonido de la banda?


Desde la Universidad Distrital, facultad del medio ambiente, fuimos partícipes de diversos espacios culturales relacionados con los saberes ancestrales y el medio ambiente; espacios como huertas dentro de la universidad, conversatorios, salidas de reconocimiento al territorio, músicas comunitarias andinas y danzas.

Además de estos espacios, el docente Carlos Martínez, impartía la cátedra de “Territorio, medio ambiente y pensamiento ancestral” y “Arte ritual y medio ambiente”. De estas cátedras surgió la idea, junto algunos miembros, de crear una fusión andino ancestral y que fue fácilmente realizable, toda vez que los músicos tenían ese bagaje y conocimiento de ambos géneros musicales.


La principal particularidad del sonido de YNUK es la incorporación de instrumentos de los pueblos originarios de la región andina. ¿Cómo sobreviven las tradiciones culturales de estos primeros pobladores luego de los procesos de colonización que sucedieron en nuestro territorio? ¿Cómo los integra YNUK en los sonidos propios del metal?


YNUK ha denominado a su propuesta como una fusión andino-ancestral junto a los sonidos estridentes del metal. En esa medida, incorporamos tradiciones culturales vivas y latentes que se encuentran a lo largo de la Cordillera de los Andes, sostenidas por pueblos originarios que, a pesar de tantos siglos de colonización, las mantienen en su cotidianidad.


La agrupación es parte de esas tradiciones en los territorios a través de diferentes viajes realizados por algunos integrantes y que son el insumo para la producción lírica y musical. Se ha tenido, además, el contacto con autoridades y sabios de estás comunidades, buscando no solo crear un proyecto musical, sino un proyecto de vida basado en el rescate de esa sabiduría. Por ello, en la música de YNUK se puede encontrar tradiciones de los pueblos MHUYSQA, KOGUI, QUECHUA Y AYMARA.


La integración con el metal se da en un proceso colectivo. Primero, la banda define el ritmo musical andino (san juanito, tinku, huayno, toba, sikuri, trote, entre otros) que se interpreta de forma acústica, acoplando las líneas melódicas. Posterior a esto, al tema se va incorporando los sonidos propios del género como la batería, el bajo y las distorsiones eléctricas de las guitarras, buscando los riffs que mejor se adecuen a los géneros del metal (heavy, death, entre otros) y, por supuesto, al concepto andino que queremos transmitir.





YNUK propone un retorno al pensamiento mitológico ancestral en su identidad como banda. ¿Qué implicaciones tendría esto para una cultura occidentalizada a la luz del momento social y político que estamos viviendo?


El retorno al pensamiento mitológico lo vemos como una necesidad imperante en una sociedad occidentalizada que va rumbo al despeñadero. La ciencia no ha servido para restaurar los daños que ella misma ha cometido, las religiones son cada vez más decadentes y es más latente retroceder a los saberes de los antiguos. El mito como estructura de pensamiento no sólo modifica la mirada del mundo sino las acciones sobre él, en esta medida se puede recuperar la idea holística, la idea del todo. En el actual momento social consideramos que es importante esa mirada holística para restablecer el balance planetario desde todos los aspectos que abarcan al ser humano.


Lo ceremonial, lo ritual y lo místico es una idea transversal en la enunciación de YNUK. A la luz de esto, y revisando un poco el valor que tenía la música de los pueblos originarios en sus ceremonias, ¿creen que el individuo moderno ha perdido esa habilidad de escucha, de conectar con algo que trasciende a la música misma?


El rito, la ceremonia y lo sagrado es algo inherente a YNUK porque la agrupación surge de esas ceremonias, de esos espacios donde comunitariamente se comparte la sabiduría ancestral. A través de la hoja de coca y el tabaco se trazan los derroteros de la banda y se transmite, así mismo, al público esa sacralidad. Para los pueblos ancestrales la música es ese vehículo en el que viaja el espíritu a diferentes dimensiones y el hombre moderno no está excluido de esa intención, por lo que la música de igual manera le permite expandirse en diferentes sensaciones y estados mentales.


Desde una música que inspire al hedonismo hasta la música que inspire la introspección más profunda, todo es válido. Pero nosotros reivindicamos el TAKI ONQOY o la música como resistencia. El TAKI ONQOY fue ese movimiento cultural que se originó a la llegada de los españoles. Fueron los propios nativos quienes resistieron y mantuvieron su inconformismo, dolor y pensamientos en la música andina, razón por la cual se mantiene hoy en día.


En el contexto contemporáneo, iniciativas necesarias como las de YNUK podrían herir sensibilidades para un sector poblacional que es pronto a gritar “¡apropiación cultural!” sin entender el interés reivindicativo detrás de estas producciones culturales. ¿Ha sido esta una preocupación de la banda? ¿Cuán delicado este asunto cuando se está trabajando con el patrimonio vivo de los pueblos originarios?


Es importante mencionar que en el caso de YNUK no tomamos elementos puntuales de las culturas, más bien nos inspiramos en ciertos elementos para la puesta en escena, somos muy cuidadosos y respetuosos de los elementos propios de las comunidades. Es importante mencionar que varios integrantes llevan un proceso individual con diferentes pueblos o comunidades y ya en el caso musical son sonidos que han sido producto de un mestizaje. La instrumentación claramente se toma de forma tradicional como los sikuris, pero en sí estos instrumentos vienen de un mestizaje y va teniendo sus cambios, como es el caso del charango que es un instrumento tradicional, pero que fue tomado de ejemplo por los instrumentos de cuerda que traían los españoles, como las guitarras.


Culturalmente escuchando los sonidos de YNUK, las músicas andinas transmiten y se remite a los pensamientos nativos del territorio por la instrumentación que tomamos. Musicalmente estos sonidos ya han sido adaptados de las músicas occidentales. Igual sucede con las estéticas visuales, ya que no estamos tomando elementos propios de las culturas para exponerlos como propios y, si en algún momento tomamos algo puntual, nos remitimos directamente al autor, nunca nos atribuimos la autoría de esos elementos.


En el vestuario de los integrantes el uso de los textiles peruanos o bolivianos como lo son los aguayos damos el crédito a quienes elaboran estos textiles. Sin embargo, esto ya ha sido industrializado y en el caso del uso de la lengua en algunas canciones usamos la lengua Mhuysqa, el muysccubun, pero no es un elemento de apropiación nociva, porque de alguna manera se ha caminado con la comunidad. En el caso de Carlos Martínez en su proceso individual ha sido parte de la comunidad y durante muchos años ha estado apoyando. Sabemos que es un tema delicado, pero estamos abiertos al debate.


Somos conscientes que también se presenta en el ámbito artístico ese manoseo de lo étnico, por lo ancestral. Y, por esa razón, YNUK hace un trabajo sincero con respecto a ese patrimonio vivo de los pueblos originarios. Consideramos que así lo ha sentido el público. Ese trabajo de investigación y de vivencias que realiza la banda se siente en el escenario. Aclaramos que no hacemos una presentación retomando símbolos de los antiguos en aras de impactar a un público, sino que realizamos un recital en el que cada canción, cada ritmo y cada momento transmite una idea clara con respecto al trabajo de recuperación y resignificación cultural que hacemos.





Las locaciones de sus videoclips son espacios de poder de varios pueblos originarios de la geografía. Las cuevas con pinturas rupestres de Sibaté, la laguna de Teusacá, una de las cinco lagunas sagradas del pueblo Muisca, o Anolaima, lugar de vida de los fieros Panches. Hablemos un poco de la elección de estos espacios.


Los videoclips oficiales de la banda tienen el propósito de ilustrar al público sobre la importancia de la historia del territorio. Se busca que cada tema sea ilustrado de la mejor manera lo que conlleva una producción ardua pero muy significativa.


Así, “TISQUESUSA” lo ilustramos desde las cuevas y pictografías de Sibaté porque consideramos que hay códigos importantes en esas pinturas que aún no comprendemos, así como la verdadera historia de este importante zhypa o cacique de la sabana. En otro de nuestros vídeos, “MAHUY”, resaltamos el valor del centro de Bogotá y sobre todo el paso del río Vicachá o San francisco, también los murales que exaltan símbolos nativos en Puente Aranda y el mural de MAMANI MAMANI, pintor boliviano, en la avenida décima. Todo lleva un mensaje y hace parte de la investigación constante que realiza cada miembro de la banda.


Con relación a su segunda participación en Rock al Parque, ¿ha cambiado algo en su pensamiento como banda en estos siete años?


La primera participación de nosotros en Rock al Parque fue como músicos invitados de la agrupación Serpentarius. Fue una experiencia interesante porque se puso sobre el escenario las músicas comunitarias andinas y la propuesta de Serpentarius es bien conocida por el público capitalino. La aceptación fue total y nos sirvió para darnos cuenta de que el público sí estaba preparado para recibir esta propuesta musical de metal andino ancestral.


Sabemos que no somos los únicos que estamos trabajando en esta línea de rescate cultural y de antemano queremos saludar a todas esas bandas que, al igual que nosotros, reconocen la importancia de visibilizar nuestro legado.


Cerrando, quisiera saber cómo han percibido las manifestaciones de resistencia de comunidades indígenas y el trabajo ininterrumpido, arduo y difícil de la Minga en estos años de estallido social.


Las resistencias indígenas son muy valiosas, no solo en Colombia sino en toda Latinoamérica. Ellas son el reflejo de un pensamiento que se niega a desaparecer y de una nueva generación que está dispuesta a heredarlo. Este es el tiempo del cambio y se vendrán días difíciles para la gran mayoría de la población, el sistema capitalista está colapsando y la tierra ya no aguanta tanta contaminación y devastación. Llegará el momento en el que esa sabiduría antigua, que les permitió vivir por más de cinco mil años a los pueblos originarios, se retome y se adecue a estos tiempos. Para nosotros eso es lo que está pasando y apoyamos a nuestros hermanos indígenas en sus luchas, sabiendo que pronto nos tocará a nosotros asumirlas para un buen vivir.





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